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jueves, 28 de abril de 2011

Tokio, día 5

El quinto día la pasamos en Narita, en la prefectura de Chiba. Aquí está el Narita-san Shinshō-ji (成田山 新勝寺), templo budista fundado por Kanchō Daisōjō en el año 940. Este importante templo recibe miles de turistas, sobre todo en los “yasumi” o “feriados largos” (son 3 en Japón), además de los japoneses que suelen acudir a orar. Para poder ingresar hay que esperar pacientemente cerca de una hora, y podría ser más, pues la cantidad de personas es tal que sorprende. Como siempre, por respeto no saqué la cámara dejándola dentro de su maleta. Una lástima, puesto que el interior es tan lindo como por fuera; entrar en uno de estos templos es una gran experiencia. Cuenta además con un enorme parque y lago acondicionado desde 1928 tal y como se encuentra en la actualidad, donde se puede caminar por las diferentes trochas bajo la sombra de sus enormes y antiguos árboles, siempre en compañía de los cuervos que por allá abundan, también observar nadar a las diversas carpas: es muy relajante.

En el Komyo-do Hall que data de 1701, se encuentra el celestial Buda Dainichi Nyorai (Vairocana).

También se encuentra una antigua y bella pagoda de tres niveles, con 25 metros de altura, fundada en 1712, esta construcción se caracteriza por los lindos diseños polícromos debajo de cada ala así como las cabezas de dragones en pan de oro.

El Shaka-do Hall, edificado en 1858. Aquí está el Shaka Nyorai, o sea, el histórico Buda. Este templo se caracteriza por los grabados de las paredes.
La pagoda Dai-to es mucho más moderna, construida en 1984, es el lugar donde se expresa el “mandala”, diseño simbólico del Shingon Mikkyo, doctrina esotérica del budismo.

La entrada a todos estos complejos está llena de comercios de todo tipo, desde comida hasta recuerdos.

Japón sabe mezclar estos complejos tan antiguos y con mucha historia con edificios muy modernos. Ya de noche, tomando el tren de regreso a la ciudad, preparándonos para nuestro último día en la capital.



































































































sábado, 23 de abril de 2011

Tokio, día 4

El cuarto día re-cansados aceptamos ir a Tokio Disney. Nunca pensamos ir a aquel lugar, pues al estar en la capital japonesa no hay lógica ir a un lugar claramente definido como cultura estadounidense: error, este lugar ya forma parte de la cultura capitalina en la isla. Por otro lado, al estar tan cerca y estando también interesados en aprender más sobre fotografía aceptamos de buena gana la idea de nuestro “guía”: en todo lugar se pueden sacar algunas buenas fotografías, hasta en Disney.

La primera impresión es asustadora: la cantidad de personas que ahí van. Y el tiempo que esperan –muy a gusto- a Minnie & Mickey desfilar, para verlos pasar y sacarles una foto: no jodan. Aquí no encontrarán una sola foto de esa parejita, aunque confieso que me hubiese gustado sacarle una a Donald que de chico me gustaba, pero ni íbamos a esperar horas sentados en la pista por donde pasarían, y ni había espacio. ¡Cómo han hecho suya los japoneses esa cultura estadounidense!

Los chullos más caros que ya vi están aquí, en el local sobre la película “The emperor's new groove” (“Las locuras del emperador”), aquella película animada donde mezclan detalles de la cultura inca y pre-inca. Preciosos ponchos de alpaca que ni en Cusco vi a unos precios exorbitantes, y mucha artesanía ayacuchana (retablos) y de otras regiones del Perú, todo re-caro, aun así las filas en caja –como en todas las tiendas- eran kilométricas.













Esta japonesita es la Sumire de "Sputnik, mi amor", de Haruki Murakami:

































































Aquí se encuentran los productos "Made in Perú":







Llegada la noche el clásico Castillo de Disney es bellamente iluminado, y con trípode, disparador automático y sin flash salen imágenes que con cámara en mano sería imposible sacar por dejar el obturador de la cámara a una velocidad menor para que así capte una mayor cantidad de luz del área a fotografiar: pueden pasar personas caminando atrás tuyo y no saldrán, o, en el peor de los casos, si es que están caminando lentamente saldrán “como fantasmas”; de esta manera la cámara sólo captará los objetos o personas estáticas, o, como en una foto al final, una estela de luz dejada –en este caso- por el celular de Charles que pasaba caminando, y él, por estar en movimiento no aparecerá.