lunes, 31 de mayo de 2010

Vathek, William Beckford




Vathek; William Beckford; 1787; Ediciones Siruela 1984; La Biblioteca de Babel: colección de lecturas fantásticas dirigidas por Jorge Luis Borges, libro 10; Inglaterra.


Encontrar este (y la siguiente, porque encontré otro ejemplar de esta colección) libro fue una agradable sorpresa. Estaba terminando hace poco “A Guerra Conjugal” y, buscando una foto de Dalton Trevisan en internet, para acompañar la reseña que haría, me di con una, de un fotográfo de la “Folha de São Paulo", quien logró captar al escritor saliendo de una librería con 2 bolsas en las manos: frutas en una y libros en la otra; alimento para el cuerpo y para el alma. Luego supe que al maestro del cuento brasileño no le gusta aparecer; vive recluso, y parece haber muchas personas que harían mucho por verlo; espero sea igual el entusiasmo por leer sus libros. Por cierto, no coloqué dicha foto en aquella reseña.
Fue por ese acaso que supe de la existencia de esa librería antigua, clásica, en Curitiba: “Livraria do Chain”, de donde Trevisan salía. En algún momento haré un post de las librerías que me hacen sentir como en el recordado Jr. Quilca, o los libreros del Jr. Camaná, o en las diversas Ferias del Libro en Lima.

Entre miles de libros segmentados por categorías, en sus dos amplios pisos, es en el segundo, terminando de subir las escaleras, al final del lado derecho, donde encontré un estante, apartado, al parecer olvidado, desordenado quizá, en comparación del resto de anaqueles, donde el polvo va cubriendo unos libros de un idioma extranjero con poco o nulo interés aquí -a diferencia del inglés-, y quizá esa sea la causa de que aquella área no sea visitada. Solamente el corredor -desde donde se puede divisar aquel rincón- que lleva a una pequeña oficina-almacén era transitada por vendedores que me observaban, vigilantes, algo perplejos, quizá porque nunca vieron persona alguna interesarse por esos libros. Luego de escrutar por más de 1 hora aquel pequeño paraíso, y ya en el primer piso, la amable vendedora-cajera me comentó en “portuñol” que le gustaba leer a Borges, y que lo había leído en portugués, y, a veces, cuando encontraba algún otro libro en español lo leía, consiguiendo entender. Acto seguido se puso a leer, con cierta fluidez, con las ansias que yo debo denotar cuando encuentro algo inesperado, interrumpida de pronto por la palabra “muchedumbre” e interrogándome: -“multidão” le respondí.- Luego preguntó por el lugar donde lo había encontrado; sólo atiné a responder “no segundo andar”, y antes de que repregunte, le pedí mi mochila y paraguas (aquí llueve como en Iquitos o Cusco) haciéndome a un lado y dejando que la persona siguiente en la fila le entregue lo que iba a pagar. El miedo se apoderó de mí. Había dejado un libro más de esta colección en aquellos estantes, y quizá ella lo haga suyo por ver en la tapa el nombre de Borges creyendo que es una obra de él. Por el brillo en sus ojos, aquel brillo que momentos antes tendrían los míos, concluí que no era una simple estrategia de su parte para comprar los dos, así que salí determinado a regresar por el otro ejemplar; eso sucedió una semana después. No mencioné el precio: RS25 (S/37 soles), considerando que un libro de Borges (este no lo es; pertenece a una colección dirigida por él, o sea, la imagino más difícil de encontrar, inclusive en un país de habla hispana) de RS50 no baja, y, sobretodo, encontrar un libro en perfecto estado y en mi idioma, el español, en un país de habla portuguesa; tenía que hacerlo mío. Aquí para encontrar libros de literatura, en español, y en buen estado, hay que echarse a buscar. En aquel rincón hay otros: los que consideré más interesantes los camuflé, intentando esconderlos, dejando los que creí menos interesantes en aquel momento más visibles. Este acto, que espero no esté penado, ya lo practiqué antes, también aquí en Brasil en otra librería, con una obra del Marques de Sade: “Os 120 días de Sodoma”, en una buena y antigua edición, sacándolo de su anaquel y dejándolo lejos, entre libros de medicina, hasta regresar días después (no muchos) y hacerme de él. Recuerdo que en Japón, hasta en dos oportunidades perdí dos artículos (no eran libros) por dudar y esperar comprarlo al regresar días después: una camiseta roja, de la antigua selección de futbol de la Unión Soviética, con el CCCP en el pecho, y la otra una casaca de buzo (agasalho, em português) Adidas de la selección peruana de futbol de 1978, con el escudo grueso y bordes en dorado, y el “Perú” en la espalda y en negro. En ambas ocasiones dudé, pensando: “ahí estará para cuando regrese”; hasta ahora el recuerdo duele. Así que cuando encontré, también en Japón, las zapatillas rojiblancas con el escudo de mi país en la lengüeta, que hacían parte de aquella colección retro de Adidas le dije a la vendedora que lo llevaba sin haberle preguntado el precio,

Retornando a la obra en mención: al regresar una semana después por el libro 27 de esta colección, pude cerciorarme que los otros estaban tal y como los había dejado: se podían ver las huellas, mis huellas, cubriéndose ya con un fino polvillo, diferenciándose de la gruesa capa de polvo que hay en la madera por donde mis manos no pasaron. También estaban ahí los libros que “oculté”, en su nuevo anaquel, camuflados entre libros de recetas, carros y otras nimiedades; espero poder regresar por ellos.


William Beckford (1760 – 1844) fue un escritor inglés, un dandy, quien heredó una gran fortuna y se dedicó a los placeres de la vida, viajando y escribiendo, construyendo el Fonthill Abbey con una torre de 90 metros, de la cual Borges comenta:
“Levantó una azarosa mansión en Fonthill; de la cual, quizá afortunadamente para el buen gusto, no queda piedra sobre piedra.”


Retrato de William Beckford de 1782, obra del pintor inglés George Roomey (1734 - 1802)

Indagando sobre la colección veo que ésta consta de 33 libros, todas bajo el título del inolvidable cuento de Borges, y fueron editadas en Madrid, España, en 1984. Esta idea fue concebida por el editor italiano Franco Maria Ricci, quien le propuso a Borges seleccionar los escritores y sus obras, y prologar también cada libro de esta colección.
Esta obra está escrita de una manera sencilla que hace posible leerla “de un tirón” (en mi caso fueron tres), te enganchas con la trama queriendo continuar hasta el final. Hay humor negro en sus líneas, en sus situaciones, en sus personajes, sobre todo en la excéntrica y perversa madre de Vathek: Carathis quien cultiva una pasión por el sufrimiento ajeno, desarrollada de una manera tal que lo hace ver natural; la trama siempre está al límite del exagero.

Vathek es el noveno califa de la estirpe de los Abásidas, hedonista por naturaleza, no se ahorraba nada por más absurdo que sea para complacer sus caprichos, como construir cinco palacios anexos al construido por su padre, siendo cada uno dedicado al goce máximo de cada uno de los sentidos, y una torre muy alta para descifrar los astros. Vathek, poseedor de una mirada fulminante, capaz de dejar en shock o matar a quien la recibiera. Un día llega hasta él un extranjero, de rostro horrible, quien le vende una cimitarra con unas indescifrables inscripciones, las cuales, se intentan descifrar por diversas personas, siendo todo intento fallido hasta que llega a él un anciano que consigue leer:

“Nos han hecho allí donde todo se hace bien; somos la menor de las maravillas de una región donde todo es maravilloso y digno del más grande de los Príncipes.”

Vathek feliz por conocer el significado lo llena de mimos y lujos, e incluso lo aloja en su palacio. Un día después, Vathek le pide que lea nuevamente el significado, y el perplejo anciano ve admirado que las inscripciones son otras, leyendo:

“Desgraciado el osado que desea saber lo que debiera ignorar, y emprender lo que es superior a su poder.”

Es así como empieza luego su relación con Giaour, quien le propone renegar de su fe musulmana y adorar al reino del mal a cambio de concederle la entrada al Palacio del Fuego Subterráneo, y, bajo inmensas bóvedas contemplar los tesoros prometidos por las estrellas, donde Suleïman Bendaúd (en el texto aparece Den-Daoud; en el prólogo de Borges “Bendaúd”) reposa rodeado de talismanes que subyugan al mundo. El Califa acepta teniendo que realizar para Giaour cincuenta sacrificios de los niños más bellos de su corte. Durante su camino a saciar su tremenda curiosidad y ambición, alentado siempre por su madre Carathis, llega a conocer el amor en la bella Nouronihar, tan ambiciosa como él. Juntos descubrirán, tardíamente, que el lugar anhelado por ambos, es el infierno.

Borges reseña que el infierno dantesco magnifica la noción de una cárcel; mientras que el infierno de Beckford, los túneles de una pesadilla.

2 comentarios:

Guely of Sweden dijo...

Esta colección es para mi casi como el santo grial de los libros de literatura. Poco a poco me voy haciendo de ella. Pero son caros y con paciencia (y mucha plata) algún día la completaré. Cuántos tienes?

manigna dijo...

Hola Guely of Sweden:
Sólo los dos que aparacen en el blog (el de Lord Dunsany). Luego de hacerme de ellos pude comprobar, en un site de internet, eso que dices: son caros. Estos los encontré a un precio accesible. Imagino que en mi país, Perú, de encontrarse deben estar a un precio más elevado.
Bienvenida(o).