martes, 31 de enero de 2012

Los animales puros, Pedro Jorge Vera



Año de publicación : 1946
Editora : Colección La Honda, Ed. Casa de las Américas
Año de esta publicación : 1985


No todos los libros en castellano que voy leyendo y releyendo son del grueso grupo que traje de Lima. Muchos los voy encontrando sorpresivamente por aquí, en las grandes librerías de viejo que hay en la ciudad –llamadas de “livrarias sebo”-, y esa sorpresa al depararme con obras en ediciones antiguas y muy bien cuidadas en mi idioma es muy gratificante: el poder reconocerlos entre otros libros, tocarlos, sentir sus páginas antiguas, verificar las costuras, percibir ese olorcito entre sus hojas; sí, me declaro un friki, y por esos motivos mencionados líneas arriba no concibo –todavía- el comprar libros por internet.

Fue así que me deparé hace poco con esta edición ochentera muy bien cuidada y a un precio muy accesible de la obra prima y quizá más celebrada de Pedro Jorge Vera (Guayaquil, 1914 – Quito, 1999), quizá una de las más importantes en la literatura ecuatoriana junto a “Huasipungo” de Jorge Icaza, esta última data de 1934.

No es fácil encontrar algún libro publicado por Ediciones Casa de las Américas cubana –hasta ahora sigo buscando “La ópera de los fantasmas” de Jorge Salazar-, así que al ver el diseño clásico en esta colección me lancé sobre él, por puro instinto; no había nadie más en el área “literatura em espanhol” que amenace el hacerme del libro; tics que todavía guardo de Lima.

Aquí encontramos historias de personas de diversa índole pero con una misma ansia: revolución. David Caballero es el personaje principal, perteneciente a una noble familia guayaquileña, va en contra de toda su parentela pues se asquea del mundo en que esta se mueve, sintiéndose más identificado con la gente “del pueblo”, quiere ser un revolucionario, aunque no sabe cómo ni qué significa eso exactamente. Al ser expulso de la universidad es enviado a Chile, pero en vez de “reformarse” como su familia esperaba se juntará a bohemios poetas y escritores quienes lo animarán a escribir versos. En el transcurrir de la historia irá conociendo –quizá un mejor término sea “contactando”- otros personajes con el mismo ideal, como José Moreno, un tipo venido de una pobreza extrema, quien, aunque abrace la misma causa es muy desconfiado con esos burguesitos que juegan a revolucionarios, y para chocando constantemente con David. Los diálogos entre el grupo se tornan muy interesantes. Otro con quien José choca ideológicamente es Luis Rojas, más visionario e inteligente, parece conocer el terreno donde pisa, al menos cuando está junto a sus compañeros, ya en su soledad las dudas e incertidumbres lo atacan constantemente. Ya Carlos Suárez es un provocador innato, está entre ellos pero sabrá zafarse cuando ve que la realidad le da en la cara: este personaje representa a aquellos por los cuales una empresa –en este caso, una revolución- no camina, no se compromete cabalmente como otros, si todo va bien él estará ahí, si es todo lo contrario será el primero en huir. César Fernández encontrará en el grupo la manera de verter su rabia. Reniega de aquellos acomodados facilistas de los que ve por doquier en su ciudad y país, encontrando en la revolución la manera de sentirse libre. Ni él se imaginaría cómo acabaría: Dr. César Fernández Bodero, abogado, cortejando una millonaria; lo peor es convertirse en lo que más odias. Ironías del destino. El personaje femenino está encarnado en Julia Molina, la mujer que ha vivido la vida que quiere y no la que le querían imponer. Tiene amoríos con César Fernández y con varios más, no le interesa lo que de ella hablen, y termina encandilándose con David Caballero con quien llega a tener algo más serio. A este personaje también el autor la esboza muy fuerte ante todos pero entre sus cuatro paredes se le percibe muy frágil, llena de dudas, hecho interesante pues torna a sus personajes muy reales. Hay un flashback en la historia de este personaje, donde el autor se desarrolla la infancia, dura, de esta mujer, que explica su atípico comportamiento para la época en que tanto ella como sus compañeros se desenvuelven, mediados del siglo pasado.



El final no es el esperado para ellos, ni en lo grupal, ni en lo personal. Por no ser tan unidos desde un principio, increpándose los errores y los puntos de vista entre sí, su revolución no andará, llenándolos de frustración y derrota. Al terminar la obra encuentro el título muy hermoso, preciso.

Por pocos momentos la historia se torna densa, al fin y al cabo es una novela política –también con fuertes ribetes psicológicos-, hecho que me hacía pensar –antes de comenzar la obra- en la posibilidad de no terminarla, pero no, no es un manifiesto marxista, es la historia de un grupo de jóvenes muy diferentes entre sí pero con un mismo ideal, que no supieron enfocarse en su causa, enrostrándose sus diferencias a cada momento, y terminando a la deriva. Ayuda y mucho el excelente manejo del idioma por parte del autor, que torna en la mayoría de pasajes muy fluida la trama, siendo un tema quizá pesado de tratar, es un mérito a resaltar. Un gran hallazgo, una gran novela.

lunes, 30 de enero de 2012

Ysern, Sauvignon Blanc 2009



Bodegas Carrau
Ysern Roble
Sauvignon Blanc
2009
13,5% Grad. Alc.
Cerro Chapeu / Las Violetas, Montevideo, Uruguay.


Es común encontrarse con los vinos de la línea Ysern de Bodegas Carrau, pero siempre en la cepa tannat. Desconocíamos -hasta el momento de depararnos con esta botella- la producción de otras cepas, siendo este sauvignon blanc nuestro primer vino degustado de esta casa, bebida que acompañó muy bien nuestro cebiche.

Me encanta el diseño de las etiquetas de esta línea: las dos raíces entrelazadas (me recuerda la simbología del ayahuasca, mezcla de dos raíces, pero esa es otra bebida, en otros tiempos y circunstancias), simbolizando el destino de las uvas para crear este caldo: 50% de las uvas provienen de la región del Cerro Chapeu, de suelos arenosos y de clima continental, y el otro 50% de Las Violetas, de suelo arcilloso y clima marítimo, así, como versa en su etiqueta este es un blend de regiones.

El nombre es tomado de doña Margarita Ysern, esposa de Jaime Carrau quienes se casaron allá por 1680. La etiqueta posterior cuenta de cómo esta señora impulsó el interés en los viñedos a inicios de 1700; me encantan estas historias.

De un amarillo con tonalidades verdes, forma pequeñas burbujitas en la primera copa. En lo olfativo es cítrico, muy notorio, no se percibe alcohólico. Lo mejor estuvo al probarlo: es floral, muy fresco, nuevamente hay un toque de frutas cítricas; de una acidez equilibrada, muy agradable. De una excelente rpc, fue perfecto con los trozos de pescado del cebiche. Una sorpresa muy grata este ejemplar uruguayo.

viernes, 27 de enero de 2012

Anita Malfatti



Una de las artistas brasileñas más importantes y controvertidas es Anita Malfatti (São Paulo, 1899 – 1964). Controvertida como todo vanguardista, y sumado a eso el peso que tenía el hecho de ser mujer: Ser mujer y tener talento ¡qué pecado!, pues en aquella época la sociedad brasileña, machista, como quizá toda la latinoamericana, fue remecida con las cincuenta y tres obras que esta paulista expuso en 1917, provocando incluso que el renombrado escritor Monteiro Lobato vertiese feroces críticas hacia su obra en el artículo titulado “¿Paranoia o mistificación?” publicado en el diario “O Estado de São Paulo”, comparando los trabajos expuestos con los dibujos realizados en los manicomios, lo que motivó ser el centro de atención –para bien o para mal- aquí en su país y en el extranjero: sin proponérselo Monteiro Lobato le hizo una enorme publicidad a Anita y a su obra.



Burrito corriendo, 1909. Primera obra de la artista, basado en la portada de una revista.



Academia, torso de hombre, 1911



Muchacho napolitano, 1912-1913

Pero desde pequeña tuvo que enfrentar adversidades, como la de acostumbrarse a realizar sus actividades -incluyendo su pasión, la pintura- con la mano izquierda por un defecto congénito en su brazo derecho. Su padre, Samuel Malfatti, un ingeniero italiano, y su madre, Elizabeth Crug, de nacionalidad estadounidense, pintora y dibujante, políglota, y dedicada a la educación de la pequeña Anita.



Mi hermano Alexandre, 1914



Flores de campo, 1914



Desnudo femenino sentado 1915-1916

A los diez años de edad llegó a Berlín donde imposibilitada de acceder a clases en una escuela normal se inscribe para clases particulares en el atelier de Fritz Burger-Mühlfeld conociendo el impresionismo. En una exposición en Sounderbund asistió al trabajo de artistas desconectados totalmente de los medios académicos enseñado en las escuelas, “artistas rebeldes”, fascinada con aquello se inscribió en clases con Lovis Corinth, y luego con Bischoff-Culm con quienes aprendió la pintura libre y la técnica de grabado en metal.



Desnudo masculino cortando mala hierba, 1915-1916



Mujer de vestido rojo, sin fecha



Amapolas, 1919

Luego de un breve retorno al Brasil enrumbó a la tierra de su madre, Estados Unidos, donde se matricula en el Art Students League, asociación sin ningún vínculo académico bajo la orientación de Homer Boss, teniendo la libertad de pintar lo que le venga en gana, con toda la fuerza de la creación sin ninguna limitación estética, obteniendo un reconocimiento tanto de público como con crítica que la motiva a regresar e instalarse en Brasil, sin imaginar que por aquí los conceptos y estándares eran otros, sus compatriotas no estaban preparados para todo lo que ella absorbió en Europa y Estados Unidos, creando un shock en aquella muestra de 1917.



Retrato de Mario de Andrade I, 1921-1922



La china, 1921-1922



La japonesa, 1924

Ya para febrero de 1922 ella junto a otros poetas y artistas promovían la Semana de Arte Moderno en el Teatro Municipal de São Paulo.


Mujer de vestido rojo, sin fecha



Retrato de Oswald Andrade, 1925

Fue tal la depresión instalada en la artista con lo expresado por aquel reconocido escritor que llegó a abandonar por un corto tiempo la vida artística, pasando luego a estudiar naturaleza muerta con Pedro Alexandrino Borges, donde conoció a Tarsila do Amaral con quien iniciaría una larga amistad, incluso ellas dos serían parte del “Grupo dos Cinco” (“Grupo de los Cinco”) del arte moderno en Brasil, junto con Menotti del Picchia, Oswald de Andrade y Mário de Andrade, con quien Anita mantendría una febril correspondencia, ella dejando aflorar su pasión hacia él, pero Andrade indeciso, nunca ofreció respuesta alguna ante las insinuaciones de la amiga y compañera.



Dama de azul, 1925



Retrato de Liliana Maria, 1935-1937



Flores, sin fecha

Recluida en una hacienda en Diadema en São Paulo, muere el seis de noviembre de 1964, dejando inconclusa la obra “Cristo sobre las olas”.



Cristo sobre las olas, sin fecha



Los jóvenes, sin fecha



Muñeca japonesa, sin fecha - Grabado en metal

Hechos curiosos que sucedieron sobre esta artista y su obra: al conocerse el deceso de la artista varios diarios brasileños publicaron su muerte “a los sesenta y ocho años de edad”: en realidad estaba próxima a cumplir los setenta y cinco.


Cosecha de algodón, 1940-1941

Otro: en 1996, el Centro Cultural del Banco do Brasil en Rio de Janeiro celebró el “centenario del nacimiento de la artista”, pero el centenario fue en 1989.



Retrato de Sylvia, 1944-1945

El hecho más curioso se dio en 1974 cuando, el Secretario de Cultura de São Paulo mandó personalmente un telegrama a Anita invitándola a estar presente en una exposición donde sería la homenajeada. Anita no pudo ir. Había muerto diez años antes.



Paisaje en Bertioga, 1946

Esta excelente exposición estará presente solamente hasta este fin de semana, hasta el domingo veintinueve. Felizmente pude asistir a finales del año que pasó (está desde el cinco de noviembre), pudiendo dejar aquí algunas fotografías de un total de cien obras. Exposición que debería recorrer otros países.


Fuentes :

- Folder con información de la artista y la muestra de MON.

- Web Site pitoresco.com :
http://www.pitoresco.com/brasil/anita/anita01.htm

- Web site The Biography Channel:
http://www.mibio.tv/ar/biografias/Anita-Malfatti.html;jsessionid=7818F903977AE998F4ED71E680EB19CD

lunes, 23 de enero de 2012

Alma Negra Misterio II 2007




Tikal – Ernesto Catena
Alma Negra 2007
Misterio II
14,0% Grad. Alc.
Agrelo, Luján de Cuyo, Mendoza, Argentina.


El centésimo vino bebido tenía que ser uno de los que más gustamos, pudiendo ser alguno de los tintos del Marqués de Casa Concha o Montes Alpha, ambos chilenos, o un Alma Negra argentino; nos decantamos por éste último.

Haciendo las sumas y restas en realidad fueron ciento cinco las botellas abiertas, pero cinco de ellas se fueron directamente por el lavadero de la cocina pues ni para cocinar daban: el chileno Casa Sierra; los argentinos Carácter (dos botellas), y Elsa Bianchi; y el español Castillo de Liria, vinos para ser servidos en el coctel drink de bienvenida al infierno.

Así, comenzamos a degustar nuestro centésimo vino mientras cocinábamos. Bebida de un violeta oscuro, denota mediana corpulencia. De un intenso olor, inicialmente a frutas negras, ciruelas, luego de una hora aproximadamente –a más- se percibe algo de vainilla, agradable sensación. Sabor también intenso, taninos suaves, hay una leve sensación a madera, también como a tierra mojada, de mediana corpulencia, con el tiempo se percibe vainilla nuevamente, y retrogusto medio con algo de café. ¡Un vino de la puta madre!

De hecho las Bodegas de Ernesto Catena deben tener vinos todavía mejores, como la serie “Amorío”; “Locura”; “Júbilo”; “Patriota”, o el “Catena Zapata Estiba Reservada”, pero todos estos a un precio más elevado –el último mucho más elevado-, y eso es lo que torna a este Alma Negra un vinazo.

domingo, 15 de enero de 2012

Miguel Torres Chile, Gran Reserva, Cabernet Sauvignon 2005




S. V. Miguel Torres S. A.
Miguel Torres Chile
Gran Reserva, Cabernet Sauvignon 2005
13,5% Grad. Alc.
Valle de Curicó, Valle Central, Chile.


Estar frente a una botella de un vino Miguel Torres es estar en la previa de una garantizada buena experiencia, y hablar sobre el prestigio que esta familia tiene en el mundo vinícola sería motivo suficiente para una extensa entrada. La familia Torres cultiva sus propios viñedos desde 1870 allá en el Valle del Penedés, en Cataluña, para que posteriormente Miguel Torres hijo se hiciera en 1979 -tres años después del Juicio de Paris, y diez años antes de la sociedad de Robert Mondavi con Eduardo Chadwick- de unos viñedos en el Valle Central chileno.

Este ejemplar viene de ahí, del vecino sureño, siendo Miguel Torres hijo uno de los primeros extranjeros en aventurarse en tierras chilenas.
Como aquí no hay rocoto me las ingenio con pimientos, acompañados muy bien en esta ocasión por este tinto.

A la vista es muy obscuro, forma lágrimas medianas. De aroma intenso, muy afrutado, algo apimentado. En la boca inicialmente es de una sequedad muy presente, algo alcohólico, ligera presencia de madera, no como esos totalmente amaderados, sólo un ligero toque; luego de un par de horas, ya con la comida, aquella sensación alcohólica desaparece en su totalidad; de acidez muy equilibrada, frutas negras maduras, es muy sabroso; se refrenda ese toque de madera y esa sensación apimentada muy leve; tiene mucha expresión, mucha personalidad. De taninos potentes pero a la vez elegantes, es corpulento, muy intenso. Quizá debió decantarse desde un inicio, aunque igual, luego de un tiempo, para la cena, se mostró más estructurado, muy agradable.

miércoles, 11 de enero de 2012

Argo y su amo y otros cuentos, Italo Svevo



Título original : Argo e il suo padrone
Título en portugués : Argo e seu dono e outros contos
Año de esta publicación : 2001
Colección : Letras Italianas, libro 8
Editora : Berlendis & Vertecchia Editores
Traducción : Liliana Laganá
Ilustraciones : Hebe de Carvalho



Ocho no es sólo el número designado a este libro, también es el número de cuentos que integran esta antología con la cual me inicio en la narrativa de Italo Svevo (Trieste, 1861 – Motta di Livenza, 1928).

Inicia con la que da título al libro, “Argo y su amo” (“Argo e il suo padrone”) publicado de forma póstuma en 1934 pero con fecha indefinida de creación. Se piensa que fue escrita entre las décadas del ’20 y ’30. Este relato me hace recordar “El llamado de la selva” de Jack London leído hace mucho. En este muy interesante relato Svevo da voz y conciencia al perro Argo, de quien conoceremos la capacidad de filosofar sobre su alrededor. Según Argo existen tres olores en este mundo: el de su amo, el de las otras especies, y sobre todo el de Titi. En el primer capítulo estamos ante la óptica del amo quien nos presentará las memorias de Argo. Así, en los capítulos posteriores –son diez breves capítulos- conoceremos el mundo a través del prisma del perro y su inusual manera de encontrarle la lógica a los diferentes acontecimientos de los que está formada la vida, como el cazar; la condición de otro perro encadenado; la de otro perro perdido; la de su querida Titi y el atrayente olor que emana, único en el mundo; y también, el olor, “sincero” de la muerte. Relato muy rico, con pinceladas de humor que Svevo sabe encajar. Mirarás a tu perro de una manera distinta después de conocer este cuento.

“La madre” de 1924 versa de una manera parecida al primer relato. Es un recuerdo trágico y triste sobre la infancia, posiblemente una alegoría. Aquí nuevamente los personajes de este breve cuento son animales que el autor les otorga decisión, raciocinio, palabra. En una granja unos polluelos nacidos en incubadora, con horas de diferencia de nacimiento entre cada uno discuten sobre su posible madre, una total desconocida para ellos. El mayor de los polluelos, Curra, decidirá en conocerla embarcándose en tal aventura.
“El asesino de la calle Belpoggio” (“L’assassinio di Via Belpoggio”) inicia con una pregunta que envuelve y motiva a continuar con expectativa el relato: “¿Entonces, matar era así de fácil?”: me parece un gran inicio. Giorgio baraja diversas estratagemas para no ser descubierto, incluso encuentra motivos para justificar el haber sucumbido a la tentación de matar a Antonio. Es un relato donde estamos ante el vendaval de ideas y teorías por las que pasa un hombre luego de descubrirse ante él mismo como un asesino. Fue publicado por capítulos en el diario “Indipendente” de Trieste en 1890 siendo éste uno de sus primeros escritos.

“Nosotros, los del tranvía de Servola” (“Noi del tranway di Servola”) está conformado por cinco breves artículos donde sus personajes están envueltos en aquel medio de transporte de época. Se cree que estos artículos llegan a ocho, pero hasta el momento son cinco los encontrados. El primero pareciera estar escrito de la manera como en aquel lugar se solía hablar, siendo redundante con las palabras. Son escritos agudos y mordaces, donde en algunos casos pareciera ridiculizar personajes y/o decisiones en aquella ciudad, como cuando nos cuenta la confusión entre comunal y comunista. Fueron publicados en el diario “Nazione” de Trieste de su amigo Giulio Cesari, entre 1919 y 1921.

En “De modo traicionero” (“Proditoriamente”) el autor nos muestra las luchas internas de Maier, un comerciante venido a menos que armándose de valor acudirá a un antiguo amigo, Reveni, para que lo ayude económicamente. Aquí estamos ante las repentinas mudanzas en la forma de pensar de Maier, considerando hasta una probable humillación a fin de obtener el dinero que ansía. Sus esperanzas parecerán venirse al suelo al comprobar que la esposa de su amigo influye en todas sus decisiones sobre todo si hay dinero de por medio. Es un relato muy psicológico, no engancha, aunque el final sea sorpresivo e inesperado. Escrito en 1929 pero recién publicado en 1949.

Uno de los que más disfruté -además del que da título a esta antología y de “La Madre”- es “La tribu”. Aquí, en tierras lejanas una tribu nómade se establece en un lugar en medio del desierto donde encontró agua, árboles y campos. Tras unos años de vivir en sociedad surge una riña entre dos pobladores y el Consejo de Ancianos se percatará la carencia de leyes que resuelvan aquel litigio con justicia. Designarán al joven Achmed partir a Europa con la misión de estudiar y traer las leyes que enriquezcan la vida de los pobladores de su tribu, pero al regresar tras muchos años de estudio Achmed encontrará todo muy cambiado, tornando su destino incierto entre los que antes eran sus hermanos. Es una alegoría de nuestra propia sociedad cuando en busca de justicia se cometen actos injustos.

“Mi ocio” (“Il mio ozio”) y “La novela del buen viejo y de la bella joven” (“La novella del buon vecchio e della bella franciulla”) versan de un mismo tema: el redescubrimiento del deseo y el amor en la vejez. El primer relato tiene un toque de fino humor, donde el personaje principal lleva una vida llena de medicinas y cree que la madre naturaleza le da una segunda oportunidad de amar, entiéndase vivir; ya el segundo el viejo del título se las quiere dar de filántropo y de seductor aconsejando y cortejando a una muchacha pero a la vez alejándola pues eso lo hace sentirse superior, tener el poder de decidir que él puede cuando quiere, pero conocerá los celos al verla pasar de la mano con un joven por su calle. Su sufrimiento y cavilaciones de cómo actuar ante la joven, de abandonarla o abandonarse a ella son compartidos con nosotros, tornando un relato muy psicológico, algo tedioso también.

En verdad todos los relatos compilados aquí se pueden resumir en una palabra: introspección. Svevo nos lleva a conocer lo que aqueja interiormente a los diversos seres humanos que aquí nos presenta, que parece no distar mucho de lo que nos aqueja en la actualidad. No habrá tranvías en nuestros días –salvo en Gifu, Japón- pero sí a veces el miedo a ser rechazado, a ser descubierto, la felicidad casi infantil al ser aceptado, que influye no sólo en estados anímicos, también de salud. Sus personajes siguen siendo muy actuales. Pero no creo que con esta obra te enganches definitivamente con este autor. Svevo es un escritor que, con nuevos esfuerzos editoriales como este, pareciera, estar de a pocos siendo (re)descubierto.





La madre

En un valle cerrado por colinas boscosas, que convergían con los colores de la primavera, se alzaban, una junto a otra, dos grandes casas sin adornos, piedra y cal. Parecían hechas por la misma mano y también los jardines, cerrados por setos y situados delante de cada una de ellas, eran de las mismas dimensiones y forma. Quienes vivían en ellas no tenían el mismo destino.

En uno de los jardines, mientras el perro dormía encadenado y el campesino cuidaba el huerto, en un pequeño canto, separados, algunos polluelos, hablaban de sus grandes experiencias. Había otros mayores en el jardín, pero los más pequeños, cuyo cuerpo conservaba aún la forma del huevo del que habían salido, gustaban de examinar entre sí la vida en la que habían venido a parar, porque aún no estaban tan habituados a ella como para no verla. Y habían sufrido y gozado, porque la vida de pocos días es más larga de lo que puede parecer a quien la ha padecido durante años, y sabían mucho, en vista de que una parte de la gran experiencia la habían traído consigo del huevo. En efecto, nada más llegar a la luz, habían aprendido que tenían que examinar bien las cosas, primero con un ojo y después con el otro, para ver si se debían comer o quedarse lejos de ellas.

Y hablaron del mundo y de su vastedad, con aquellos árboles y aquellos setos que lo cerraban y aquella casa tan grande y alta, cosas, todas ellas, que ya se veían, pero era mejor aún comentándolas.

Pero uno de ellos, de pelusa amarilla, saciado -y, por tanto, desocupado- no se contentó con hablar de las cosas que se veían, sino que la tibieza del sol le trajo un recuerdo, que se apresuró a expresar: «Desde luego, estamos bien, porque hay sol, pero he sabido que en este mundo se puede estar aún mejor, cosa que me desagrada mucho, y se los digo para que les desagrade también a ustedes. La hija del campesino dijo que somos desdichados porque nos falta la madre. Lo dijo con un tono de tan intensa compasión, que yo hasta lloré».

Otro, más blanco y unas horas más joven que el primero, por lo que recordaba aún con gratitud la dulce atmósfera de la que había nacido, protestó: «Nosotros tuvimos una madre. Es ese armario pequeño y siempre caliente, incluso cuando hace el frío más intenso, del que salen los polluelos bonitos y listos».

El amarillo, que desde hacía tiempo llevaba grabadas en el alma las palabras de la campesina, por lo que había tenido tiempo de hincharlas soñando con aquella madre hasta imaginársela tan grande como todo el jardín y buena como el maíz, exclamó, con un desprecio destinado tanto a su interlocutor como a la madre a la que éste se refería: «Si se tratara de una madre muerta, todos la tendrían, pero la madre está viva y corre mucho más que todos nosotros. Tal vez tenga ruedas como el carro del campesino. Por eso, puede venir junto a ti sin que necesites llamarla, para calentarte, cuando estás a punto de morir con el frío de este mundo. Qué hermoso debe de ser tener al lado, de noche, una madre así».

Intervino un tercer polluelo, hermano de los otros, porque había salido de la misma incubadora, si bien ésta lo había forjado un poco diferente: con pico más largo y patitas más cortas. Lo llamaban el polluelo maleducado, porque, cuando comía, se oía golpear su piquito, cuando, en realidad era un patito, al que entre los suyos sería considerado muy educado. También delante de él la campesina había hablado de la madre. Eso había ocurrido en aquella ocasión en que había muerto un polluelo que había caído exhausto de frío en la hierba, rodeado de los demás polluelos, que no habían podido socorrerlo, porque no sentían el frío que afecta a los otros, y el anadón. Y el patito, con un aire ingenuo en su carita invadida por la amplia base de su piquito, afirmó incluso que, cuando estaba la madre, los polluelos no podían morir.

El deseo de la madre no tardó en contagiar a todo el gallinero y se volvió más vivo, más inquietante, en la mente de los polluelos mayores. Muchas veces las enfermedades infantiles atacan a los adultos y les resultan más peligrosas y a veces también las ideas. La imagen de la madre, tal como se había formado en aquellas cabecitas calentadas por la primavera, se desarrolló desmesuradamente y todo lo bueno se llamó «madre»: el buen tiempo y la abundancia, y, cuando sufrían, polluelos, patitos y pavitos pasaban a ser auténticos hermanos, porque suspiraban por la misma madre.

Uno de los mayores juró un día que encontraría a la madre, porque no quería seguir privado de ella. Era el único del gallinero que estaba bautizado y se llamaba Curra, porque, cuando la campesina con el maíz en el delantal, llamaba: «curra, curra», él era el primero en llegar corriendo. Era ya vigoroso, un gallito en cuyo generoso ánimo alboreaba la combatividad. Fino y largo como una cuchilla, exigía la madre ante todo para que lo admirara: la madre de la que se decía que sabía procurar toda clase de dulzura y, por tanto, también la satisfacción de las ambiciones y la vanidad.

Un día, Curra, muy decidido, se escabulló fuera del tupido seto que circundaba el jardín nativo. Afuera, se detuvo de pronto, desorientado. ¿Dónde encontrar a la madre en la inmensidad de aquel valle sobre el que se cernía un cielo aún más extenso? A él, tan pequeño, no le era posible rebuscar en aquella inmensidad. Por eso no se alejó demasiado del jardín nativo, el mundo que conocía, y recorrió, pensativo, su contorno. Casi fue a encontrarse delante del seto del otro jardín.

-Si la madre estuviera ahí dentro –pensó-, la encontraría en seguida. Tras substraerse de la perturbación del espacio infinito, atravesó también aquel seto y se encontró en un jardín similar a aquel del que procedía.

Aquí también había un enjambre de polluelos muy jóvenes que se debatían en la espesa hierba, pero había también un animal que faltaba en el otro jardín. Un polluelo enorme, tal vez diez veces mayor que Curra, y dominaba en medio de los animalillos cubiertos apenas con su pelusa, que consideraban -se veía al instante- al grande y poderoso animal, su jefe y protector, y éste se hacía cargo de todos ellos. Lanzaba advertencias a quien se alejaba demasiado, con sonidos muy semejantes a los que la campesina del otro jardín usaba para llamar a sus polluelos, pero también hacía algo más. A cada momento se agachaba sobre los más débiles y los cubría con todo su cuerpo, para comunicarles su propio calor, desde luego.

“Ésa es la madre”, pensó Curra con alegría. “La he encontrado y ahora ya no me separo más de ella. ¡Cómo me amará! Yo soy más fuerte y más bonito que todos esos, y después me resultará fácil ser obediente, porque ya la amo. ¡Qué bella y majestuosa es! Yo ya la amo y quiero someterme a ella. La ayudaré también a proteger a todos estos insensatos”.

Sin mirarlo, la madre llamó. Curra se acercó creyendo que lo llamaba precisamente a él. La vio ocupada removiendo la tierra con golpes rápidos de sus poderosas garras y se quedó contemplando, curioso, aquella labor que presenciaba por primera vez. Cuando se detuvo, un pequeño gusanito se retorcía delante de ella en el terreno desprovisto de hierba. Ahora cloqueaba, mientras los polluelos en derredor no comprendían y la miraban perplejos.

“¡Qué tontos!”, pensó Curra. “Ni siquiera entienden que quiere que se coman aquel gusanito”. E, impulsado también por su entusiasmo con la obediencia, se precipitó rápido sobre la presa y se la tragó.

Y entonces -¡pobre Curra!- la madre se lanzó sobre él furiosa. No entendió en seguida, porque creyó que ella, como acababa de descubrirlo, quería acariciarlo con gran vehemencia. Habría aceptado agradecido todas las caricias de las que no sabía nada y que, por tanto, podían -lo reconocía- hacer daño, pero los golpes del duro pico, que llovieron sobre él, no eran, desde luego, besos y le disiparon todas las dudas. Quiso huir, pero la gran ave lo golpeó y, tras tumbarlo, le saltó encima y le hincó las garras en el vientre.

Con un esfuerzo enorme, Curra se levantó y corrió hasta el seto. En su loca carrera, derribó a otros polluelos, que se quedaron ahí, con las patitas al aire y piando desesperados. Por eso, pudo salvarse, porque su enemiga se quedó un instante junto a los polluelo caídos. Al llegar al seto, Curra, de un salto, pese a las muchas ramas, sacó su pequeño y ágil cuerpo al aire libre.

En cambio, la madre quedó detenida por una tupida maraña de ramas y ahí se quedó, majestuosa, mirando como desde una ventana al intruso que, exhausto, se había detenido también. Lo miraba con terribles ojos redondos, rojos de ira. «¿Quién eres tú, que te has apropiado la comida que con tanto esfuerzo había yo extraído del suelo?»

«Soy Curra», dijo, humildemente, el polluelo, «pero, ¿quién eres tú y por qué me has hecho tanto daño?»

A las dos preguntas ella dio una sola respuesta: «Yo soy la madre», y le volvió, desdeñosa, la espalda.

Algún tiempo después, Curra, que ya era un magnífico gallo de raza, se encontraba en un gallinero muy diferente y un día oyó hablar a todos sus nuevos compañeros con afecto y añoranza de su madre.

Reflexionando sobre su atroz destino, dijo con tristeza: «En cambio, mi madre fue un animal enorme, horrendo y habría sido mejor para mí no haberla conocido nunca».

jueves, 5 de enero de 2012

Amalaya 2009




Bodega Amalaya
Amalaya, 2009
75% Malbec, 10% Cabernet Sauvignon, 10% Syrah, 5% Tannat
14% Grad. Alc.
Valle Calchaquí, Cafayate, Salta, Argentina.


Una de las cosas que llama la atención al revisar las etiquetas del Amalaya es el sello con el que viene: Hess Family Estates, cuyo presidente es Donald Hess, el multimillonario suizo, coleccionador de arte y por lo visto también de terroirs pues cuenta con viñedos en países de cuatro continentes: en el Valle de Napa, California, Estados Unidos; en Ciudad del Cabo, Sudáfrica; en Adelaida, Australia; y en Salta, Argentina.

El vino: es de un púrpura intenso, muy oscuro, forma lágrimas medianas pero intensas. Es muy aromático, medio suave, o sea, me refiero, fino; se siente como a mermelada de frutas rojas, como frambuesas, también medio floral, aroma muy persistente y muy agradable, tiene personalidad. En la boca va tan bien como en la fase olfativa, taninos muy integrados, un vino muy fino, suave, muy afrutado, nuevamente mermelada de frambuesas: tiene un punto de un dulzor, es diferente, no incomoda, no empalaga; inicialmente algo alcohólico, luego de una media hora o más la acidez y alcohol se muestran muy equilibrados; llegó a ser muy sabroso. De final mediano para largo, con un agradable y leve amargor en el retrogusto. Gustó a todos los presentes.


Donald Hess



Una curiosidad: el año pasado al hacerme de esta botella que era novedad pues nunca la había visto por aquí, vi en el blog de Fabián Mitidieri (al final dejo el enlace) que comentaba la añada 2010 de esta línea. Para tener una idea de la calidad de vinos que en Argentina producen: comentaban ahí que las añadas ’08 y ’09 (esta última la de esta entrada) eran inferiores a las añadas ’06 y ’07. Debe ser difícil mantener una línea de calidad, más en vinos, donde cada añada es diferente. Probablemente para quienes tuvieron la suerte de degustar aquellas añadas éste ’09 afrutado lo encontraron inferior. Pero para nosotros, que no probamos aquellas añadas buenas no tenemos con qué hacer la comparación haciendo que esta añada ’09 –con la que descubrimos este vino- nos haya agradado al punto de considerar hacernos en un futuro de algún otro vino de esta casa.

Otra cosa que atrajo nuestra atención: por aquí, cuando se habla en vino argentino lo primero en venir a la mente (“top of mind”, le dicen) es Mendoza. Posteriormente nosotros descubrimos algunos vinos de la región patagónica. Ya este vino viene de Salta. ¿Y dónde queda Salta? Bien al norte argentino –noroeste-, provincia de la que poco o nada se suele mencionar cuando el asunto es vino -por lo menos aquí en Brasil-, pues, así como en castas se menciona más a la mabec, en cuanto a provincia se menciona/conoce más –mucho más- a Mendoza.

Tiene una buena RPC que motiva a probar otras añadas.

Enlaces:

- Blog de Fabián Mitidieri, muy recomendado para conocer más sobre vinos argentinos.


- Entrevista a Donald Hess de Clarín.com