martes, 8 de junio de 2010

Lima, Perú

En Lima hay demasiado por visitar y conocer, y con el tiempo ajustado sólo pudimos ir a lo más céntrico. Primero estuvimos en la Plaza Mayor o Plaza de Armas, y visitamos la hermosa Catedral de Lima. Nosotros, los que crecimos en Lima, e imagino que sucede igual con los arequipeños, cusqueños, ayacuchanos, estamos acostumbrados a ver desde pequeños las diversas catedrales e iglesias, al punto que no nos llama la atención y/o muchas veces no le damos la importancia debida. Basta estar al lado de un extranjero para que te des cuenta –con sus frases denotando sorpresa- que lo que hay ahí (ya sea en Lima, Arequipa, Cusco o Ayacucho) es muy difícil de encontrar en otros países. Imagino que en México, y claro, en España, cuentan con edificaciones igual de antiguas en el primero, y con más variedad en riqueza de estilos en el segundo, todas con arquitecturas dignas de ser admiradas. En otros países como Brasil, su catedral (Catedral da Sé, en São Paulo) es muy bella, pero es totalmente diferente, gótica. La Catedral de Santa Cruz De La Sierra en Bolivia también es muy antigua y muy linda, pero también diferente. Así también debe haber edificaciones similares en otros países vecinos que mi ignorancia hace que no pueda opinar, pues no tengo aun el gusto de conocer.











La Catedral de Lima comenzó a construirse por órdenes del conquistador español Francisco Pizarro en 1535. En 1540 el Papa Paulo III emite una bula elevando el recinto al grado de Catedral. Es recién entre los años de 1794 y 1797 que se levantan las dos torres. En 1893 fue clausurada por encontrarse en pésimo estado y fue reinaugurada en 1898; desde entonces se mantiene hasta nuestros días. Al interior se aprecian diversos lienzos, una antigua y enorme biblioteca, una hermosa silla coral perfectamente tallada en madera. Se encuentra también los restos de Francisco Pizarro.













Luego fuimos al Museo de la Santa Inquisición, al lado del Congreso de la República, ubicada en el Jr. Junín 548, en pleno centro de Lima. El Tribunal de la Santa Inquisición comenzó a funcionar en la Ciudad de los Reyes (así era conocida Lima) en 1570 con la llegada del Virrey D. Francisco de Toledo. Ahí los guías indican que aquel Tribunal condenó solamente a 40 personas a la hoguera; sin embargo la cantidad de torturas y humillaciones –a veces por encontrarse en alguien un libro de Voltaire y haberlo leído-, no son dichas con el énfasis que este inhumano Tribunal ejercía –en nombre del Señor-, y hasta parecen minimizar lo sucedido. El Tribunal de la Inquisición de Lima extendía su jurisdicción hasta el territorio de Chile, y al virreinato de Buenos Aires, y parte del de Santa Fe de Bogotá.

















Pasamos sin ingresar (lamentablemente) por el Palacio de Torre Tagle, con sus hermosos balcones. Hoy funciona ahí el Ministerio de Relaciones Exteriores.



Por ahí cerca está el Museo del Banco Central de Reserva, en el cruce de los jirones Ucayali y Junín, también en el centro de Lima. Ahí podrán encontrar en el segundo piso una pinacoteca, en el primero cerámica y tejidos y lo mejor está en el sótano, en la bóveda del antiguo Banco Central de Reserva: la Colección Hugo Cohen, con más de 500 piezas preincas de oro. Como dice en el vídeo la Dra. Cecilia Bákula, directora del I.N.C. (Instituto Nacional de Cultura): “el visitante nacional y extranjero va a deslumbrarse no tanto por el oro, sino por la técnica que llegaron a dominar los pobladores de las culturas preincaicas”. La entrada es gratis, y sólo hay que dejar una pequeña cantidad voluntaria a los guías. Se pueden tomar fotos pero está prohibido ingresar con trípode.

























El almuerzo: cualquier momento gastronómico en el Perú es siempre esperado. Aquel día visitamos un huarique que conozco: una cebichería a la que solíamos ir con amigos y compañeros del trabajo: “La Paila Marina”. Está ubicada en la Av. Aviación 2917, distrito de San Borja. Ahí hay un mercado, pequeño, al lado hay una barra donde están los cocineros y entrando a la derecha hay un ambiente con mesas, tranquilo, barato (S/.15 cada plato, unos $5, las entradas están entre S/.5 y S/.7, y hay platos especiales –como Pulpo Bebé a la brasa- a S/.20). Sólo venden frutos del mar: peces y mariscos, todo muy limpio y más barato que un restaurante, y mejor que varios que conozco en Lima. Ahí esta vez degustamos un Cebiche al Sillao, un Rissotto de Mariscos (ese siempre pido cada vez que caigo por ahí), y una Jalea Mixta; luego Pisco Sour, después de mucho: en Brasil no se encuentra pisco. Un taxi desde el centro hasta esa altura de San Borja debe cobrar entre S/7 y S/9, no más.







Comenzando la noche fuimos al Circuito Mágico del Agua, o “Parque de las Aguas”, como se le conoce, ubicado en el Parque de la Reserva, cuadra 6 de la Av. Arequipa, cerca al Estadio Nacional; esta área aun pertenece a Lima Cercado. Ahí encontrarán diversas fuentes de agua, algunas son impulsadas de acuerdo a la música clásica emitida por los parlantes, totalmente iluminadas, muchas variando la tonalidad de color. Es mejor ir de noche para poder apreciar las luces. La entrada cuesta S/4 ($1,5), y, el espectáculo en la Fuente de la Fantasía se da en 4 turnos: a las 18:30, 20:00, 21:30, y 22:30 horas. Puedes interactuar con algunas piletas, por ejemplo: “La Fuente Laberinto del Ensueño” te da segundos para poder entrar en ella y quedarte inmóvil ya que al iniciar estarás en una “prisión de agua”; los chorros son tan potentes que para mojarte tendrías que tocarlos. Igual, es recomendable llevar una casaca u otra muda de camiseta porque de hecho salpica por ahí. El lugar es enorme, y aunque hay muchos taxis esperando en la puerta, igual siempre hay que tener cuidado al salir.


























Basílica y Convento de Santo Domingo, cerca a la Plaza Mayor.

La vista nocturna de la Plaza Mayor es un espectáculo aparte. Las luces le dan un bello matiz a este lugar. Y en Lima falta mucho por que ella descubra: desde la ciudad más antigua de América: Caral, en el norte de Lima, hasta otra ciudadela como Pachacamac al sur de Lima; el Barrio Chino y sus muchos restaurantes de sabor único; hacer “parapenting” en Miraflores frente a Larcomar; ir al Callao…, a su antiguo Mercado Municipal y comer “pan con chicharrón” donde los chinos; todo un clásico, y luego visitar el Real Felipe, y un innumerable etc por hacer en la capital.











Pude reunirme con algunos amigos, a los que no veo tiempo, pero cuando los veo es como si fuese ayer. Los hermanos Fiestas: David, y Edward; Gladys, Gianira y su enamorado que como era nuevo no recuerdo su nombre: discúlpame hermano. Ojalá y en el próximo viaje pueda ver a otros amigos por allá que tengo la suerte de tener y conservar.

2 comentarios:

Luis Bárcena Giménez dijo...

Estimado Manolo: He visto someramente tu blog y remitiéndome particularmente a esta entrada, te diré que por contenido, fotos y la forma como la enfocas, anima a su lectura. Felicitaciones, Luis.

manigna dijo...

Gracias Luis por las palabras.