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domingo, 8 de febrero de 2015

El adversario, Emmanuel Carrère






Título original : L’adversaire

Año de publicación : 1997

Título en portugués : O adversário

Año de la presente edición : 2007

Editora : Record

Traducción : Marcos De Castro




Desazón. Es lo primero que se me viene a la mente al estar sentado frente a la pantalla en blanco para escribir este esbozo de reseña. Tras haber disfrutado con “El bigote” y “Una semana en la nieve” del mismo autor confieso que guardaba la ilusión de una mejor sensación al término de ésta lectura. Pero ya al descubrir el tema que aborda, de por sí obscuro y muy triste, veía que sería difícil esperar algo de goce tras devorar sus páginas; ¡qué miedo si así fuese! Aquí el autor nos presenta (a nosotros, sus lectores extranjeros, ya que a los franceses les debe ser ampliamente conocido el caso, y el tipo, que coincidentemente saldrá en libertad en este 2015) a Jean-Claude Romand, quien asesinó a su mujer, a sus dos pequeños hijos, a sus padres, y al perro, para luego fracasar en un vano intento de suicidio, intentando encubrir una ola de mentiras que a través de los años venía viviendo y haciendo creer a su entorno. ¿Qué se puede esperar tras saber que embarcaré en la lectura sobre la vida de un tipo como éste? Sólo el hecho de ser escrita por Emmanuel Carrère motiva a hacerse del libro, aunque al final de la lectura el sabor que queda no sea el mejor.

Por momentos ni Romand mismo parece entender el porqué de sus actos, si es que acaso fue totalmente sincero con Carrère. Hay una barrera difícil de romper.

Cuando comienza a adentrarse en la vida del asesino como lector encontré que mejor era dejar de lado (cosa nada fácil) el crimen que perpetró y centrarme en el arte de la mentira: la manera perfeccionista y sistemática de cómo Romand desarrollaba ante todos, incluyendo a su propia familia, amigos y amante, una vida intachable de médico, investigador de la OMS (Organización Mundial de la Salud), manteniendo un estilo de vida acorde a su condición profesional, y viviendo en un círculo también compatible a esa vida que supo inventarse, donde no sólo es aceptado, sino admirado y respetado; un verdadero mitómano profesional. Ese punto llega a ser fantástico y a la vez aterrador, el imaginar conocer alguien así y no saberlo.

La otra parte que a cuentagotas el autor nos brinda es cómo él mantuvo correspondencia con el propio Romand, que luego se transformarían en visitas, reuniones y conversas. Carrère, padre de familia, frente a quien había descargado su fusil contra los propios hijos a quienes decía amar; o sea, del cómo fue tomando cuerpo este proyecto. Circunstancia que no deja de ser por lo menos curiosa el imaginar poder mantener diálogos, entrevistas con una persona de tal laya. Quizá el ser padre ahora me haga ser más susceptible a esa circunstancia. Quizá para un lector que no lo sea hasta pase desapercibido ese hecho.

Interesante el ver cómo va tomando forma este complicado rompecabezas que era la vida de su personaje, entrevistando a su entorno cercano, sus compadres, su amante, vecinos, sumergiéndose del todo en ese mundo tétrico y solitario que debió ser la verdadera vida de Jean-Claude Romand. 




Nunca imaginé que un libro bien investigado y escrito me deje un sinsabor al término de sus páginas. Puedo llegar a imaginar el morbo que causó en su momento dicha obra, y quizá ese era su objetivo: ofrecer a los franceses un panorama más amplio de aquel que acaparaba portadas y noticieros a inicio de la década de los 90's. Quizá ese mismo morbo renazca ahora en este 2015 con el término de la condena de Romand. Las nuevas generaciones pueden saber quién es Jean-Claude Romand; por si acaso en castellano está editada por Anagrama. 

Puede verse como un manual práctico de la mentira. Aunque su escrita es vertiginosa y llega a atrapar, creo que difícilmente éste reportaje saciará del todo el apetito de algunos lectores. Quizá esa barrera sea el estupor que el crimen ocurrido genera, y no creo que sea culpa de Carrère, sino por el difícil tema abordado. Pero al Diablo, a quien esperaba encontrar en estas páginas (según la Biblia, el término utilizado para el título del libro se refiere al oponente en igualdad de proporciones, o sea, Satanás), no lo encontré nunca. Por el contrario, el libro me devela un mentiroso de tamaña proporción, tan bueno que él mismo se creía sus propias mentiras, y que ante el temor de verse al descubierto, a manera de una pataleta mató a todos, para luego depararme con un tío solitario que lloriqueando intenta balbucear una respuesta ante el jurado, aunque quizá esto último también haya sido una mentira más de su amplia cosecha. 

viernes, 17 de febrero de 2012

Una semana en la nieve, Emmanuel Carrère



Título original : La classe de neige
Año de publicación : 1995
Título en portugués : Férias na neve
Año de esta publicación : 1998
Editora : Rocco
Traducción : Carlos Nougué


Este es el quinto libro publicado por el escritor y cineasta francés Emmanuel Carrère (Paris, 1957), pero el segundo traducido al portugués para el mercado brasileño. Hace poco la editorial Alfaguara Brasil, dueña actual de los derechos de sus obras, reeditó “El bigote” y la presente obra –bajo otro título: “A colônia de férias”- en un único libro, lo que refleja el interés que hay por aquí por las obras de este autor. Él estuvo a mediados del año pasado para la FLIP (Festa Literária Internacional de Paraty), la famosa y concurrida Feria del Libro en Rio de janeiro.

Estructurada en 31 pequeños capítulos esta historia está llena de misterio y suspenso que Carrère sabe controlar hasta los capítulos finales. El capítulo 26 es una prolepsis en su totalidad, dejándote dar un vistazo a cómo están los personajes veinte años después, lo que te da una idea de lo que está por venir en el capítulo 27 –regresando al presente- y en adelante.

Nicolás es un niño tímido y abstraído, “el punto”, “la lorna”, “el ganso” del grupo en su escuela, y para colmo en casa tiene por padres a un papá -vendedor y representante de material quirúrgico y de prótesis- despreocupado, hostil, y una madre triste y desanimada con la vida; como reflejo de vivir en ese ambiente, nuestro personaje principal suele mearse en la cama.

En un paseo del grupo escolar a las montañas para esquiar, el padre de Nicolás se impondrá a los profesores y conseguirá ser él quien lo lleve en su carro hasta el destino final, negándose a que su hijo vaya junto al grupo en el ómnibus escolar. Este hecho hará que olvide su mochila con ropa y pertenencias para una semana en la maletera del auto del padre, lo que lo unirá de cierta manera a Hodkann, el compañero más grande y abusivo del grupo, quien dictamina a quién joder y a quién no, pues será él quien le preste algo de ropa para dormir y será con él con quien divida camarote.

Durante aquella semana sucederá el asesinato de un niño en los alrededores de la casa donde el grupo está alojado. Nicolás vio a lo lejos un auto y compartirá con Hodkann, en los escasos momentos en que se ven, lo que su padre siempre le contaba, asustándolo a manera de prevención: evitar el hablar con extraños pues hay gente agarrando niños en una camioneta y operándolos en el acto; el robar los sanos órganos de jóvenes y niños es un negocio muy lucrativo. Nicolás y Hodkann cultivan esta información como una secreta enfermedad que podría ser mortal.



Nicolás es un nefelibata y constantemente para inventándose situaciones, muchas de ellas extremas, en donde él es el principal perjudicado, obteniendo cariño y comprensión por las otras personas de sus oscuros sueños.

Los hechos aparentemente sin importancia son los que ganarán destaque al final de la historia, dando un giro totalmente inesperado. Novela con fuertes ribetes psicológicos pero sobre todo con esa maestría en contar historias, característica presentada ya en “El bigote”, que despierta la curiosidad por querer leer más de este autor francés, quien en noviembre pasado se hizo del “Premio Renaudot” por su última novela –biografía novelada- “Limonov”. En orden cronológico -de lo que hay traducido- te voy siguiendo Carrère. Me declaro tu hincha.

martes, 22 de febrero de 2011

El bigote, Emmanuel Carrère



Título original : La moustache
Título en portugués : O bigode
Año de publicación : 1986
Año de esta edición : 1988
Editora : Espaço e Tempo
Traducción al portugués : Herbert Daniel



¿Qué pasaría si un día decides afeitarte el bigote que siempre cultivaste con esmero, y, al hacerlo, ni tu mujer, ni tus amigos, absolutamente nadie perciba del cambio? O lo que es peor, te aseguren que nunca llevaste bigote, te miren extraño, frunciendo el ceño, y murmurando entre ellos ante la insólita pregunta. Esta novela parece escrita por un feminista, y es que, sólo nosotros los hombres podríamos pasar por una situación de esa laya; no me imagino a una mujer con esos problemas existenciales. En este caso, él se siente desnudo, y nadie se sorprende de ello. Aquí, lo que sería un acto mero y banal se convierte en una pesadilla. El prominente arquitecto francés, al ver que el hecho no tiene ninguna repercusión –y el iluso la esperaba- en los de su entorno, desatará en él una paranoia tal que lo llevará a pensar seriamente en que todos, desde Agnes, su mujer, hasta sus amigos Serge y Verónique, Samira y Jerome, están coludidos en una conspiración contra él.

La novela no está dividida en capítulos numerados, pero digamos que de sus 158 páginas, la primera mitad bordea lo hilarante, y esto desde las primeras páginas. Carrerè no te da tiempo de arrellanarte en el sofá o de acomodarte en el espacio del ómnibus; ver al personaje principal meterse en situaciones absurdas, humillándose, por esta absurda causa. Luego de su fuga a Hong Kong, las serias y profundas opciones que va elucubrando el arquitecto son algo densas y repetitivas, y cuando creo que la gran novela, que comenzó muy bien, va cayendo en la modorra, aparece de pronto Agnes en Hong Kong -¿realmente en Hong Kong?-, ahí, en el cuarto donde él está hospedado, y con ella, un gran final, muy violento, donde el resultado final de la acción del arquitecto iría muy bien en una capa de un disco de Cannibal Corpse; esto deja en el lector la opción de concluir la historia como mejor la interprete, en mi caso, asistimos al naufragio del raciocinio de éste compadre, sin que él despegue los pies del piso del baño frente a su espejo.

En la primera página, en la respuesta de Agnes ante la pregunta de su marido encuentro el posible motivo del click que activó esta alucinada. Me parece que en esa respuesta sin ninguna sorpresa ante lo cuestionado (acerca de quitarse el mostacho) hará despertar una ira interna que derivará en esa enajenación. El final violento no merma en absoluto lo divertida que resulta esta obra.

Esta no es la primera novela de Carrerè. Anteriores son “L'Amie du jaguar” (1983); “Bravoure” (1984), las cuales sospecho no deben de estar traducidas ni editadas al portugués, quién sabe al español. Espero que sí.





- ¿Qué piensas si me afeito el bigote?

Agnes, que ojeaba una revista, recostada en el sofá de la sala, rió levemente, y después respondió:

- Sería una buena idea.

Él sonrió. Sobre el agua, en la bañera donde permanecía despreocupadamente, flotaban pequeñas islas de espuma llenas de pelitos negros. La barba de él crecía mucho, y tan de prisa, que lo obligaba a afeitarse dos veces por día, si no quería, al final de la tarde, tener el rostro áspero. Al despertar, cumplía la tarea delante del espejo del lavabo, antes de entrar en la ducha, siendo él apenas una sucesión de gestos maquinales, destituido de cualquier solemnidad. Por la noche, por el contrario, esa obligación se convertía en un momento de relax que él organizaba con mucha atención, cuidando para que el agua del baño corriese de la ducha, para que el vapor no empañe los espejos que cercaban la tina incrustada, teniendo un vaso al alcance de la mano, esparciendo después calmamente la espuma por la barbilla, pasando de nuevo la navaja por el rostro, evitando minuciosamente cualquier ataque al bigote, del cual, emparejaría luego los pelos con una tijera.


Fragmento, página 7.