martes, 31 de agosto de 2010

Carlos Bracher, Um Resistente da Pintura - Museo Oscar Niemeyer




“Mi pintura no es para decorar, es para expresar. Expresar los sentimientos humanos más complejos, alegrías, tristezas. Para crear parto de una cierta realidad concreta, pero la deformo, la dilacero.”



Las 79 obras expuestas en esta muestra irradian color y remiten a Van Gogh, su inspiración. Y es justamente inspirado en él que Bracher produce una serie de 100 obras en homenaje al centenario de la muerte del pintor holandés. Como muchos, en la década de los 70’s el desprestigio por los pintores en su Brasil natal fue grande, mas siempre manteniéndose animado por el éxito de sus trabajos en Europa y Estados Unidos. Es, al final de la década de los 80’s que la pintura recupera el prestigio crítico y de mercado, con la misma intensidad y éxito que otros lenguajes de vanguardia. Bracher resistió a su tiempo, él es un Resistente de la Pintura.



"Congreso Nacional", 2006




"Ao homem que vi rezar na Campa", 1967





"Interior da Catedral", 2006




“En mi construcción, yo le debo mucho a Van Gogh, realmente le debo mucho a ese hombre; él es mi Jesucristo. Jesucristo es una entidad emblemática para un (hombre) religioso. Van Gogh me resuelve todas las demandas, las dudas, y me da esperanza.”


El curador de esta muestra y a la vez amigo de Bracher, Olívio Tavares de Araújo dice, “La observación retrospectiva de la producción pictórica de Bracher es uno de los argumentos, una de las pruebas concluyentes de que todas las técnicas y lenguajes, cuando son sabiamente utilizadas, están destinadas a permanecer.”

Carlos Bracher nació en 1940, en Juiz de Fora, Minas Gerais, iniciando a sus cortos 15 años su dedicación a la pintura. Él viene de una familia volcada a las artes plásticas y a la música: su tío Frederico Bracher Júnior fue pintor académico, su hermano Décio se inició en la pintura (así como Carlos) con aquel tío. Su hermana Nívea también es pintora. A pesar de tener al tío como mentor su formación fue completamente autodidacta.




"A Primeira Paisagem de Ouro Preto", 1964





"Parque Municipal de Belo Horizonte", 1963





"Dois Vasos de Flores", 2004





"O Camião Mack", 1965



“El mercado quiere el éxito, quiere el banderillazo, quiere al Pancetti de la Marina, el mercado quiere lo que vende; el mercado es una tragedia, es el desastre del arte.”


En 1967 ganó el “Prêmio de Viagem ao Exterior” del “Salão de Belas Artes” en Rio de Janeiro con el cual permaneció dos años en Europa y en Estados Unidos. Ha expuesto permanentemente en museos y galerías de Brasil. Siempre con Olívio Tavares de Araújo como curador, en 1989 fue realizada una retrospectiva de su obra intitulada “Pintura Sempre” en ocho ciudades brasileñas. Realizó exposiciones individuales en Roma, Paris, Milán, Madrid, Lisboa, Évora y Miami. Posteriormente la muestra “Homenagem a Van Gogh” recorrió, además de varias ciudades brasileñas, Róterdam, Paris, Londres, Auvers-sur-Oise, Tokio y Bogotá.



"Retrato de Rufo Herrera", 2005

La muestra en el MON va del 12 de junio al 03 de octubre del presente año.

Fuente:

- Parte de la información es del texto de la periodista Talita Vanso en la Revista del Museo Oscar Niemeyer.

- Traducción: Manolo Paitán Malpartida.

lunes, 30 de agosto de 2010

Na Beira do Mundo (En la Orilla del Mundo) - Miguel Bakun



La obra de Miguel Bakun transmite paz, tranquilidad, la combinación de sus tenues colores, algo de melancolía quizás; es como estar viajando por los alrededores de Curitiba, camino a San Mateo, por ejemplo, lleno de Araucarias, el árbol típico del Paraná, y, sin conocer aún el puerto de Paranaguá, debe ser tal y como lo retrató Bakun el siglo pasado.

Miguel Bakun nació el 27 de octubre de 1909, en Mallet, al sur de Paraná, hijo de inmigrantes ucranianos, y pasa parte de su infancia en Ponta Grossa también en Paraná.

A sus 17 años aspira a una carrera militar y se alista en la “Escola de Aprendizes da Marinha” en Paranaguá. De allí es transferido a la “Escola de Grumetes” en Rio de Janeiro, donde conoce a José Pancetti quien seguramente es quien inyectó en Bakun la fiebre por la pintura.

En 1930 un accidente determina un cambio radical: Bakun es dado de baja, jubilándose de la Marina y mudándose para Curitiba: aquel día, Brasil perdió un marino, y ganó un pintor.

Inicialmente trabaja como fotógrafo ambulante, pintor de letreros y anuncios y decorador de interiores.
Autodidacta, Bakun se dedica a la pintura. Su obra iría a constituirse de paisajes, además de naturalezas muertas, retratos y estudios en dibujo. Algunos de sus últimos trabajos poseen una visión animista de la naturaleza, y también temática religiosa.

Em 1938 se casa com Teresa Veneri y, em 1939 vive una breve temporada en Rio de Janeiro. A su regreso se sumerge en la vida cultural de la Curitiba de los años 40, participando de un atelier colectivo, ubicado entre la Plaza Tiradentes en pleno centro curitibano. Junto con Loio-Pérsio (pintor, dibujante, grabador carioca, o sea, de Rio de Janeiro); Alcy Xavier (artista plástico paranaense); y otros. Esa fértil convivencia con artistas e intelectuales estimula su producción artística.

En 1944 participa de la “Exposição de Arte Paranaense” en Rio de Janeiro, que fue promovida por la “Sociedade Amigos de Alfredo Andersen”, y por el “Salão Municipal de Arte” en Curitiba. De 1946 a 1962 participa intensamente de las ediciones locales del “Salão Paranaense de Belas Artes” y del “Salão de Belas Artes da Primavera” del Club Concordia, recibiendo diversas premiaciones; en 1948 su trabajo participa en el “Salão Nacional de Belas Artes” en Rio de Janeiro.

En 1949 construye un atelier en la parte posterior de su casa, en la calle Paraguassu y promueve una exposición abierta al público. Al año siguiente, se dedica a la ejecución de murales (aproximadamente 517 metros cuadrados) en la residencia del entonces gobernador paranaense Moisés Lupion, hoy “Castelo do Batel”. Lupion a su vez era mecenas de cuanto artista paranaense conociese: Alfredo Andersen, João Turin, Potty Lazarotto, etc, siendo Bakun uno de los privilegiados, viviendo una temporada en dicho castillo (otro lugar que merece ser visitado y fotografiado).

Bakun, ya como miembro de la APA (“Associação Paranaense de Artistas”) expone las muestras organizadas por esta entidad, como el “Salão de Maio” y visita, acompañado por un grupo de artistas paranaenses la “I Bienal Internacional de São Paulo”.
En 1955 se da una exposición individual en un inmueble localizado en la calle XV de Novembro, en Curitiba.

En 1957 realiza una individual en la Biblioteca Pública de Paraná, y participa de la colectiva “Mostra do Pintores do Paraná”, en el “Museu Nacional de Belas Artes” y en el “Museu de Arte de São Paulo”. Al año siguiente expone la colectiva “6 Pintores do Paraná”, en la Galería Cocaco, donde comercializa sus trabajos.

En 1962, un año antes de su muerte (14 de febrero de 1963, a los 53 años), Miguel Bakun pinta cafetales y otros paisajes del norte de Paraná durante su estancia en la hacienda de su amigo y coleccionador Oscar Martín Gomes.

Después de su muerte, innumerables muestras retrospectivas, individuales y colectivas fueron organizadas en Paraná, y su obra participa de la “18va Bienal Internacional de São Paulo” y de la “Bienal Brasil Século XX” de la Fundación Bienal de São Paulo.



Sin título, sin fecha.



"Pessegueiro" (Árbol de Duraznos)



"Pinheiros", sin fecha






Las dos obras de la parte superior pertenecen al grupo "Cais do Porto de Paranaguá"




"A Polaquinha" (La Polaquita")


El Modernismo de Bakun.

Objeto de estudio de reconocidos especialistas, la obra de Miguel Bakun permanece en el presente como una importante contribución al modernismo brasileño. Debidamente analizada, la magnitud de su producción retrata y fundamenta la cultura del arte en Paraná, para “retornar” a todo el público como bagaje y legado artístico. Un verdadero exponente del arte paranaense, que gana aún más valor cuando son descubiertos los caminos autodidactas de Bakun.

Luego de vivir un breve período en Rio de Janeiro y dejar su vida en la marina, donde conoció a Pancetti (José Pancetti, 1902 – 1958, otro gran pintor modernista brasileño, quien también se había enrolado a la marina – Nota del bloguero) retornó y comenzó a participar de un atelier colectivo. La intensa convivencia con artistas e intelectuales, de la Curitiba de los años 40’s estimuló su producción fértil. Las limitaciones financieras y la falta de estudio formal en arte, que normalmente serían obstáculos, llevaron a Bakun a desarrollar una pintura muy propia, en una incondicional entrega como pintor.

Museo Oscar Niemeyer.


El pequeño vídeo anexado aquí es sobre una muestra anterior llamada “A Natureza do Destino”, donde la entrevistada, la artista plástica Eliane Prolik fue la curadora de dicha muestra. Igual me atrevo a subirlo ya que no hay vídeos sobre este artista brasileño. La muestra el día de mi visita fue “Na Beira do Mundo”(“Al Margen del Mundo”, o “A la Orilla del Mundo”). En la presente muestra, además de Prolik, también fue curador el crítico de arte Ronaldo Brito. La muestra estuvo en el MON del 15 de abril al 15 de agosto del presente año.

domingo, 29 de agosto de 2010

Museo Oscar Niemeyer (MON) - Curitiba

Ya me debía la visita al quizá mejor museo de Curitiba, y probablemente uno de los mejores en Brasil, el Museo Oscar Niemeyer. Grande fue mi sorpresa encontrar la obra de un cusqueño aquí: Martín Chambi (1891 - 1973). Parte de su vasta obra estuvo aquí del 29 de abril al 01 de agosto del presente año. Las 88 fotografías de la muestra llamada "O poeta da luz" del peruano estaban en cuatro de los cinco pisos del museo, en la torre que lleva "al ojo". Además, estaban las obras de la pintora mexicana Cordelia Urueta (1908 - 1995) con la muestra "La emoción del espíritu y el color"; frente al espacio dedicado a la mexicana estaba la retrospectiva del mineiro (Minas Gerais) Carlos Bracher (1940) con "Um resistente da pintura"; un artista local también estaba aquí, el paranaense Miguel Bakun (1909 - 1963) con "Na beira do mundo"; sorpresa fue descubrir la obra del excelente grabador y dibujante paulista Marcello Grassmann (1925) con la muestra "Sombras e sortilégios"; como si todo esto fuera poco, dos amplias salas albergan (estará hasta el 26 de setiembre de este año) "Uma América pintada" del maestro ecuatoriano Oswaldo Guayasamín: estar ante su obra es un sueño que no esperaba cumplir.

Por ahora algunas tomas del museo que de por sí es una obra de arte, salida de otro genio, brasileño él, el arquitecto Oscar Niemeyer (1907), que con sus 102 años de vida, en una entrevista reciente declaró tener muchos proyectos en mente. El museo fue inaugurado el 22 de noviembre del 2002 y es popularmente conocido como "el museo del ojo", o "el ojo de Niemeyer". Poco a poco iré subiendo material de esta visita al MON que hicimos, aprovechando la visita de mi amigo, el también fotógrafo Charles Trigueiro.


































Camino subterráneo que une la primera parte del museo con la torre "del ojo", llegando al área destinada a Chambi.

lunes, 23 de agosto de 2010

Garibaldi Moscatel



Vinícola Garibaldi; Garibaldi Moscatel; sin añada; 8% Grad. Alc; Garibaldi, Rio Grande Do Sul, Brasil.

De un tenue color amarillo, con perlage (entiéndase las burbujas formadas al interior de la copa) mediano, y de generosa espuma al verterse en las copas. Leve olor cítrico, a cáscara de lima; el sabor es suave también. Lo que llama la atención es su controlada dulzura, para ser un moscatel; agradable sensación. Es el dulzor más equilibrado hasta ahora encontrado.

Este es el espumante más premiado de Brasil: Medalla de Plata en el “7mo Concurso de Vinos y Licores Vinus 2010” en Mendoza, Argentina, además de la reciente Medalla de Oro del “IX Concurso Internacional de Vinos Bacchus – 2010” en Madrid, España, elegido entre 1600 muestra de 28 países. Ya en el 2009 se llevó dos Medallas de Oro en la “San Francisco International Wine Competition”; también Medalla de Oro en “Der Grosse Internationale Weinpreis Mundus Vini” en Alemania ese mismo año, y por dos años consecutivos (2008 y 2009) el máximo premio en la “Effervecents du Monde” en Francia.

Si en Chile destaca la cepa carmènére y en Uruguay la uva tannat, en Brasil, la calidad de sus espumantes (no sólo en la variedad moscatel, en otras de las seis variedades también, por los premios que reciben) están siendo reconocidos en el extranjero desde ya hace algún tiempo, y este Garibaldi en particular, viene siendo el mejor representante brasilero en el mundo todo.

martes, 17 de agosto de 2010

Cantos y cuentos quechuas II, José María Arguedas



Cantos y cuentos quechuas II; Ed. Municipalidad de Lima Metropolitana; Munilibros 1986; José María Arguedas, Perú.

A diferencia del libro primero, en este no aparecen los textos en quechua, tan sólo en español. Son ocho relatos, comenzando por “Historia de Miguel Wayapa”, donde el personaje que da nombre al relato es un tipo rico y malvado, que al morir desciende a los infiernos. Por otro lado está otro hombre muy pobre, quien estando totalmente ebrio acepta ser alférez (padrino, mayordomo) de una fiesta religiosa, principal en el pueblo. Salió a caminar en compañía de sus tres hijos y cargados de sacos de harina arreados por llamas, en un intento por hacerse de dinero para costear las fiestas. En el camino se encontrarán con Santiago (el apóstol) quien les indicará el sendero correcto, pero al llegar a la bifurcación el hombre preguntará a sus hijos cuál era el camino indicado: el padre escuchará la respuesta del hijo mayor, encontrándose con “el condenado” (“fantasma”) Wayapa quien aconsejará al hombre pobre a su entrada al pueblo. A su segundo encuentro con Santiago verán cómo él los libra de los demonios que iban tras de ellos, y éste, al reconocer a Wayapa le recriminará por la vida perversa que llevaba, le otorgará la resurrección con la condición del cambio de actitud a un hombre de bien. El hombre pobre retorna a su casa viendo convertido su carga en monedas de oro y plata, pudiendo cumplir con los gastos de la fiesta tal y como lo había prometido.
Aquí encontramos (a diferencia de otros relatos del libro anterior) un contacto y complicidad del personaje humano con “el condenado”; también vemos que la credulidad del padre al hijo mayor es más fuerte que hacia el hijo menor, a pesar de este exponer sus motivos con firmeza; y tenemos un acto de resurrección.

En “El torito de la piel brillante”, el personaje principal es un becerro, quien acompañaba diariamente a su dueño en los campos, hasta encontrarse un día con el diablo encarnado en un feroz y gran toro negro quien lo retará a una pelea: de ganar él lo arrastrará al fondo del lago, de ganar el torito obtendrá su salvación, de negarse arrastrará al torito y a su dueño con él.
Aquí los animales hablan, no sólo entre sí, también con los personajes humanos: el torito narra a su dueño lo pactado y le da ánimo a continuar con su vida junto a su esposa ante la tristeza del pastor por la posible pérdida; transmite fidelidad y denota resignación ante su destino trazado.

Aquí mejoran los relatos (gusto particular y discutible, como todo en este blog): en “La amante de la culebra”, una joven pastora, hija única, acostumbraba a cuidar del ganado en una montaña, hasta que un día un joven delgado y muy fino se le acercó con propuestas de amor convenciéndola de ser su amante. Un tiempo después, al comentarle que está embarazada concuerdan en vivir juntos, en la casa de ella y a escondidas de los padres de ésta. Ella no puede ver la apariencia real de aquel personaje. Los padres ayudados de un chamán descubrirán dónde y qué es el padre de su futuro nieto, encontrando su escondrijo y dándole caza. El final es mágico: la mujer quejándose ante sus padres por el trato inhumano a su pareja aborta ipso-facto cientos de serpientes.

En el cuarto cuento encontramos sacrificio, amor, abandono: en “El joven que subió al cielo”, un matrimonio manda a su único hijo a vigilar la cosecha de papas que venía sufriendo constantes robos. La primera vez el hijo durmió un instante y fue en aquel momento que ocurrió otro robo. Apaleado por los padres ante la incredulidad de estar vigilante en el campo, el joven regresa, y es en esta oportunidad que descubre a las ladronas: un grupo de ninfas, de lindos rostros y cabelleras doradas. Obnubilado ante ellas consigue capturar y secuestrar a una, escapando las demás en forma de estrellas hacia el cielo. Él le pide que sea su esposa. Ante varias negativas ella acepta con la condición de no ser vista por los padres del joven. Él se las ingenia y la presenta a sus padres viviendo en su casa. La joven consigue escapar hacia el cielo, dejando al muchacho triste pero decidido en ir a buscarla. En la cima de una montaña un cóndor divino (“mallku”) le propone llevarlo a lo más alto, a donde ella está, a cambio de dos llamas, una para devorarla en el momento y otra para el camino; el joven acepta. El cóndor le pondrá otra condición: el cerrar y apretar los párpados fuertemente, con la otra llama en los hombros lo llevará cielo a cuestas, y cada vez que él le diga “carne” el joven tendrá que alcanzarle al pico un pedazo de carne. De no hacerlo o de abrir los ojos para mirar el cóndor lo dejará caer. El problema viene cuando se acaba la carne y el viaje aún no ha terminado.
Lo mejor de este relato es que su sacrificio no tendrá un final feliz.

El siguiente relato, “El jefe del pueblo y el demonio”, también sorprende: el jefe de un pueblo se enamora de una joven, de corazón malvado, quien una noche le prohíbe ir a verla las noches de los martes y viernes. El señor, creyendo que le es infiel decide ir a escondidas, descubriendo que su amante tiene un pacto con el demonio. Decide seguirla, presenciando así un bizarro rito: los adoradores formaban una larga fila, esperando estar ante las nalgas del demonio y besarlas, mientras éste expele gases inmundos, saliendo luego, a borbotones, del ano del demonio, oro, plata y piedras preciosas. Ella, al descubrirlo en la fila, absorta por encontrarlo ahí le explica que se presentará ante el demonio con él, y que durante la exhalación de gases él no deberá hacer ningún gesto de desagrado, teniendo que disfrutar el hedor. De no cumplir lo pactado no sólo no accederán a las riquezas sino que serán expulsados a los abismos del infierno.

En “La amante del cóndor” una joven recibe la visita de un elegante señor, de grandes “kkarawatanas” (“polainas”), un collar de oro y un hermoso “chullo” (gorro andino con orejeras, tejido con lana de alpaca) quien galantemente le pide ser su amante. Ella acepta (en varios relatos los personajes masculinos se van sin titubeos, directamente piden ser amantes, y las mujeres aceptan de inmediato), a escondidas de sus padres. Este dandi era un cóndor, que tomaba la forma de un hombre para estar con la muchacha. Al quedar embarazada él decide llevarla a vivir con él. Ella acepta y huyen juntos. Él le advierte (así como en un relato anterior de este libro) que durante el viaje no podrá abrir los ojos, sino la dejará caer. La lleva a vivir a su cueva, enclavada en medio de una montaña, entre abismos, en medio de carne descarnada. Lamentándose día tras día, y en la ausencia del cóndor ella conoce un “kkenti” (picaflor, colibrí) quien elaborará un plan para devolverla con sus padres en el pueblo, y explicará a ellos cómo deshacerse del cóndor cuando se transforme en hombre y vaya a reclamarla.

En “El negociante en harinas” encontramos la historia de un comerciante, quien acompañado de un poblador de Sicuani va a la casa de un comprador. La ambición y el amor por el dinero hacen que el negociante no reconozca en la voz que lo llama a “un condenado” y entra a la casa; el sicuañero queda esperando en el patio, sabiendo que esa voz cada vez más cercana no es humana y que sólo puede ser de una ánima pronta a devorarlos. Temeroso y con frio el acompañante entrará en la casa para ver qué ocurrió.

Finalmente está el relato “Isicha Puytu” donde presenciamos la ambición de una hija malagradecida, quien en su turno de ir a la “mita” (“turno de trabajo”) en casa del Curaca del pueblo comienza una relación con éste, quedándose a vivir ahí y recibiendo un trato de gran señora, accediendo a lujos que nunca tuvo por ser de familia de pobreza extrema. Ante la ausencia de ella y la preocupación de los padres mandan a los hermanos a preguntar por la hija. Ella, al salir, previo llamado de los sirvientes, los echará de la mansión, desconociéndolos como familia suya, con frases fuertes. Los padres no creerán en lo narrado por los hijos y será el padre quien irá a hablar con ella, recibiendo un trato aún peor, siendo humillado por su hija. La madre incrédula irá, llevándole su comida preferida: galletas de harina de quinua, “kkañiwa” (“k’ispiñu”), mote cocido y chuño (papa deshidratada, expuestas al frío y al sol, base alimentaria andina) hervido, recibiendo el mismo trato despectivo. La madre, armándose de coraje le echará una maldición: descubriéndose un seno hace un gesto como ordeñando hacia el suelo, y mirándola le dirá: “¡Con esto has de encontrar la vida eterna”. La vida de Isicha Puytu tendrá un drástico cambio.



El joven que subió al cielo.

Había una vez un matrimonio que tenía un solo hijo. El hombre sembró la más hermosa papa en una tierra que estaba lejos de la casa que habitaban. En esas tierras las papa crecía lozana. Sólo él poseía esa excelsa clase de semilla. Empero, todas las noches, los ladrones arrancaban las matas de este sembrado, y robaban los hermosos frutos. Entonces el padre y la madre llamaron a su joven hijo, y le dijeron:

- No es posible que teniendo un hijo joven y fuerte como tú, los ladrones se lleven todas nuestras papas. Anda a vigilar nuestro campo. Duerme junto a la chácara y ataja a los ladrones.

El joven marchó a cuidar el sembrado.
Y pasaron tres noches. La primera, el joven la pasó despierto, mirando las papas, sin dormir. Sólo al rayar la aurora le venció el sueño, y se quedó dormido. Fue en ese instante en que los ladrones entraron a la chácara, y escarbaron las papas. En vista de su fracaso, el mozo tuvo que ir a la casa de sus padres a contarles lo sucedido. Al oír el relato sus padres le contestaron:

- Por esta vez te perdonamos. Vuelve y vigila mejor.

Regresó el joven. Estuvo vigilando el sembrado con los ojos bien abiertos, hasta el amanecer. Y justo, a la medianoche, pestañeó un instante. En ese instante los ladrones ingresaron al campo. Despertó el mozo y vigiló hasta la mañana. No vio ningún ladrón. Pero al amanecer tuvo que ir a la casa de sus padres a darles cuenta del nuevo robo. Y les dijo:

- A pesar de que estuve vigilante toda la noche, los ladrones me burlaron tan sólo en el instante en que a la medianoche cerré los ojos.

Al oír este relato los padres le contestaron:

- ¡Ajá! ¿Quién ha de creer que robaron cuando tú estabas mirando? Habrás ido a buscar mujeres, te habrás ido a divertir.

Diciendo esto lo apalearon y le insultaron largo rato. Así, muy aporreado, al día siguiente, lo enviaron nuevamente a la chacra.

- Ahora comprenderás cómo queremos que vigiles- le dijeron.

El joven volvió a la tarea. Desde el instante en que llegó a la orilla del sembrado estuvo mirando el campo, inmóvil y atento. Esa noche la luna era brillante. Hasta la alborada estaba contemplando los contornos del papal; así, mientras veía, le temblaron los ojos, y se adormiló unos instantes. En esa ráfaga de sueño que tuvo, mientras pestañeaba el mozo, una multitud de hermosísimas jóvenes, princesas y niñas blancas poblaron el sembrado. Sus rostros eran como flores, sus cabelleras brillaban como el oro; eran mujeres vestidas de plata. Todas juntas, muy de prisa, se dedicaron a escarbar las papas. Tomando la apariencia de princesas eran estrellas, que bajaron del altísimo cielo.
El joven despertó entonces, y al contemplar la chácara exclamó:

- ¡Oh! ¿De qué manera podría yo apoderarme de tan bellísimas niñas? ¿Y, cómo es posible que siendo tan hermosas y radiantes puedan dedicarse a tan bajo menester?

Pero, mientras esto decía, su corazón casi estallaba de amor. Y pensó para sí.

- ¿No podría, por ventura, reservar para mí siquiera una parejita de esas beldades?

Y saltó a todo vuelo sobre las hermosas ladronas. Sólo en el último instante, y a duras penas, pudo apresar a una de ellas. Las demás se elevaron al cielo, como luces que se mueren.
Y a la estrella que pudo apresar le dijo, enojado:

- ¿Con que erais vosotras las que robabais los sembrados de mi padre?- Diciéndole esto la llevó a la choza. Y no le dijo más acerca del robo. Pero luego agregó:
- ¡Quédate conmigo; serás mi esposa!

La joven no aceptó. Estaba llena de temor y rogó al muchacho:

- ¡Suéltame, suéltame! ¡Ten piedad! Mira que mis hermanos le avisarán a mis padres. Yo te devolveré todas las papas que te hemos robado. No me obligues a vivir en la tierra.

El mozo no dio oídos a los ruegos de la hermosa niña. La retuvo en sus manos. Pero decidió no volver a la casa de sus padres. Se quedó con la estrella en la choza que había junto al sembrado.
Entre tanto, los padres pensaban: “Le habrán vuelto a robar las papas a ese inútil; no pueden haber otros motivos para que no se presente aquí.”
Y como tardaba, la madre decidió llevarle comida al campo, y averiguar de él. Desde la choza, el muchacho y la niña atisbaban el camino. En cuanto vieron a la madre, la joven dijo al mozo:

- De ninguna manera puedes mostrarme, ni a tu padre ni a tu madre.

Entonces el joven corrió a dar alcance a su madre, y le gritó desde lejos:

- ¡No, mamá; no te acerques más! ¡Espérame atrás, atrás!

Y recibiendo la comida en aquel lugar, tras la choza, llevó los alimentos a la princesa. La madre se volvió apenas hubo entregado el fiambre. Cuando llegó a su casa, contó a su esposo:
- Así es como nuestro hijo ha aprisionado a una ladrona de papas que bajó de los cielos. Es así como la cuida en la choza. Y con ella dice que se casará. No permite que nadie se aproxime a su choza.

Entre tanto el joven pretendía engañar a la doncella. Y le decía:

- Ahora que es de noche, vamos a mi casa.

Pero la princesa insistía:

- De ninguna manera deben verme tus padres, ni puedo encontrarme con ellos.

Sin embargo el mozo la engañó, diciéndole:

- Otra es mi casa.

Y durante la noche la llevó por el camino.
De este modo, y sin que ella quisiera, la hizo entrar al hogar de sus mayores y la mostró a sus padres. Los padres recibieron asombrados a esa criatura, de tal manera luminosa y bella que la palabra no es capaz de describirla. La cuidaron y criaron, teniéndola muy bien amada. Sin embargo, no la dejaban salir. Y nadie la conoció ni vio.

Y ya hacía mucho tiempo que la princesa vivía con los padres del joven. Llegó a estar encinta y dio a luz. Mas la criatura murió, sin saberse por qué, misteriosamente.
La ropa luminosa de la joven la guardaban encerrada. A ella la vestían de ropas comunes; y así la criaban.
Cierto día, el joven fue a trabajar lejos de la casa; y mientras estaba fuera, la niña pudo salir, haciendo como que sólo iba por ahí cerca. Y se volvió a los cielos.
El mozo llega a su casa. Pregunta por su mujer. No la encuentra. Y como ve que ella ha desaparecido, suelta el llanto.
Cuentan que vagó por los montes, llorando con locura, sonámbulo, enajenado, caminando por todas partes. Y en una de las cimas solitarias a donde llegó se encontró con un Cóndor divino. Entonces el cóndor le dijo:

- Joven, ¿Por qué causa lloras de esta suerte?

Y el mozo le contó su vida.

- He aquí, señor, que era mía la mujer más hermosa. Ahora no sé por qué caminos ha partido. Estoy extraviado. Temo que haya huido a los cielos de donde vino.

Y cuando dijo esto, el Cóndor le respondió:

- No llores joven. Es cierto; ella ha vuelto al alto cielo. Pero, si quisieras y es tanta tu desventura, yo te cargaré hasta ese mundo. Sólo te pido que me traigas dos llamas. Una para devorarla aquí, la otra para el camino.

- Muy bien, señor –contestó el mozo- Yo te traeré las dos llamas que me pides. Te ruego esperarme en este mismo sitio.

E inmediatamente se dirigió a su casa en busca de las llamas. Luego que llegó, dijo a sus padres:

- Padre mío, madre mía: voy en busca de mi esposa. He encontrado a quien puede llevarme hasta el lugar donde ella se encuentra. Sólo pide dos llamas en pago de tan gran favor; y voy a llevárselas ahora mismo.

Y cargó las dos llamas para el Cóndor. El Cóndor devoró inmediatamente una, hasta el hueso de los huesos, arrancando las carnes con su propio pico. A la otra la hizo degollar con el joven, para comerla en el camino. E hizo que el mozo se echara la res degollada en las espaldas; luego le ordenó que subiera sobre una roca; cargó al joven, y le hizo esta advertencia:

- Has de cerrar y apretar los párpados; por ninguna causa abrirás los ojos. Y cada vez que yo te diga: “¡Carne!”, me pondrás en el pico un trozo de la llama.

Luego el Cóndor levantó el vuelo.
El hombre obedeció y no abrió los ojos en ningún instante; tenía los párpados cerrados y duros. “¡Carne!”, pedía el Mallku, y luego el mozo cortaba grandes trozos de llama y le metía en el pico. Pero en lo más raudo del viaje, se acabó el fiambre. Antes de alzar vuelo, el Cóndor le había advertido al joven: “Si cuando diga ¡Carne! no me pones carne en el pico, donde quiera que estemos, te soltaré”. Ante ese temor, el joven empezó a cortarse trozos de su pantorrilla. Cada vez que el Cóndor le pedía carne, le servía las raciones de su propia carne. Así, a costa de su sangre, consiguió que el Cóndor le hiciera llegar hasta el cielo. Y se cuenta que tardaron tres años en elevarse a tan gran altura.

Cuando llegaron, el Cóndor descansó un rato; luego volvió a cargar al joven y voló hasta la orilla de un mar lejano. Allí le dijo al mozo:

- Ahora, mi querido, báñate en este mar.

El joven se bañó en seguida. Y también el Cóndor se bañó.
Ambos habían llegado al cielo, sucios negros de barba; viejos. Pero cuando salieron del baño estaban hermosamente rejuvenecidos. Entonces le dijo el Cóndor:

- En la otra orilla de este lago, frente a nosotros, hay un gran santuario. Allí se ha de celebrar una ceremonia. Anda, y espera en la puerta de ese hermoso templo. A la ceremonia han de asistir las jóvenes del cielo; son una multitud, y todas tienen el mismo rostro que tu esposa. Cuando ellas estén desfilando junto a ti, no has de dirigirle la palabra a ninguna. Porque la que es tuya vendrá la última, y te dará un empujón. Entonces la asirás y por ningún motivo la soltarás.

El joven obedeció al Cóndor. Llegó a la puerta del gran recinto, y esperó de pie. Y llegaron una infinidad de jóvenes de idéntico rostro. Entraban, entraban; una tras de otra. Todas miraban impasibles al hombre. Él no podía reconocer entre tantas a la que era su mujer. Y cuando estaban ingresando las últimas, de pronto, una de ellas le dio un empujón con el brazo; y también entró al gran templo.
Era el resplandeciente templo del Sol y de la Luna, padre y madre de todas las estrellas y de todos los luceros. Allí, en ese templo, se reunían los seres celestiales; allí venían los luceros para adorar el Sol, día a día. Cantaban melodiosamente para el Sol; cual jóvenes blancas, las estrellas; como innumerables princesas, los luceros.
Cuando terminó la ceremonia, as jóvenes empezaron a salir. El mozo seguí esperando en la puerta. Ellas volvieron a mirarle con igual indiferencia que antes. Y nuevamente le era imposible distinguir entre todas a la que era su esposa. Y como en la primera vez, de pronto, una de las princesas le dio un empujón con el brazo, y luego pretendió huir; pero él entonces la pudo aprisionar. Y no la soltó.
Ella lo guío a su casa diciéndole:

- ¿A qué has venido hasta aquí? Yo iba a volver donde ti, de todos modos.

Cuando llegaron a la casa, el mozo tenía el cuerpo frio a causa del hambre. Viéndolo así, ella le dijo:

- Toma este poco de quinua y cocínalo.

Le dio una cuchara escasa de quinua. Entre tanto el joven lo observaba todo, y vio de qué lugar ella sacaba la quinua. Y cuando vio los pocos granos de quinua que tenía en las manos, dijo para sí: “¡La miseria que me ha dado! ¿Cómo es posible que esto aplaque mi hambre de todo un año?” Y la joven le dijo:

- Es necesario que vaya un instante donde mis padres. No debes mostrarte ante ellos. Mientras vuelvo, haz una sopa con la quinua que te he dado.

Apenas salió ella, el joven se puso de pie, se dirigió al depósito y trajo una buena porción de quinua y la echó a la olla. De pronto, la sopa rebosó, hirviente, y se desbordó a chorros. El comió todo lo que pudo, se hartó hasta donde ya no era posible más, y enterró el resto. Pero aún de debajo de la tierra la quinua empezó a brotar. Y cuando estaba en ese trance, volvió la princesa, y le dijo:

- ¡No es de esta manera como se debe comer nuestra quinua! ¿Por qué aumentaste la ración que te dejé?

Y se dedicó a ayudar al mozo a esconder la quinua rebosada para que los padres de ella no lo descubrieran. Entre tanto le advirtió:

- No deben verte mis padres. Sólo puedo tenerte escondido.

Y así fue. Él vivía escondido; y la hermosa estrella le llevaba alimentos a su refugio.
Durante un año vivió de esta suerte el mozo con su esposa. Y apenas cumplido el año, ella se olvidó de llevarle alimentos. Un día salió, diciéndole: “Ha llegado la hora en que debes irte”; y no volvió a aparecer más en la casa. Lo abandonó.
Entonces, con el rostro lleno de lágrimas, el joven se dirigió nuevamente a la orilla del mar del cielo. Cuando llegó allí, vio que desde la lejanía surgía el Cóndor. El joven corrió para darle alcance. El Cóndor voló hasta posarse junto a él; y así observó que el Mallku Divino había envejecido. El Cóndor a su vez vio que el mozo estaba avejentado y marchito. Cuando se encontraron, ambos gritaron al mismo tiempo:

- ¿Qué ha sido de ti?

El joven volvió a contarle su vida, y se quejó:

- Así, Señor, de este modo triste, mi mujer me ha abandonado. Se ha ido para siempre.

El Cóndor lamentó la suerte del mozo.

- ¿Cómo es posible que haya procedido de este modo? ¡Pobre amigo! –le dijo. Y acercándose más, le acarició con sus alas, dulcemente.

Como en el primer encuentro, le rogó el joven:

- Señor, préstame tus alas. Vuélveme a tierra a casa de mis padres.

Y el Cóndor le respondió:

- Bien. Te llevaré. Pero antes nos bañaremos en este mar.

Y ambos se bañaron; y rejuvenecieron. Y saliendo del agua, el Cóndor le dijo:

- Tendrás que volverme a dar dos llamas por mi trabajo de cargarte nuevamente.
- Señor, cuando esté en mi casa te entregaré las dos llamas.

El Cóndor aceptó; se echó al joven sobre sus alas y emprendió el vuelo. Durante tres años estuvieron volando hacia la tierra. Y cuando llegaron, el mozo cumplió y entregó al Cóndor dos llamas.
El mozo entró a su casa y encontró a sus padres muy viejos, muy viejos, cubiertos de lágrimas y de pena. El Cóndor dijo a los ancianos:

- He aquí que les devuelvo a vuestro hijo, sano y salvo. Ahora debeis criarlo cariñosamente.

El joven dijo a sus padres:

- Padre mío, madre mía: ahora ya no es posible que pueda amar a ninguna otra mujer. Ya no es posible encontrar una mujer como la que fue mía. Así, solo, viviré, hasta que venga la muerte.

Y los ancianos le contestaron:

- Está bien. Como tú quiera, hijo mío, solo te criaremos, si no es tu voluntad tomar otra esposa.

Y de este modo vivió, con una gran agonía en el corazón.

- He aquí este corazón que amó tanto a una mujer. He vagado sufriendo todos los dolores. Y he de entregarme ahora al llanto.


Como se mencionó con el libro anterior, estos son cuentos recogidos que se narran oralmente en la sociedad andina peruana. Arguedas hizo la transcripción y, en muchos casos la traducción.
Todos tienen como característica en el inicio de los relatos frases como “Había una vez….”; “Había un hombre….”; “En un ayllu había una mujer…”, que hacen recordar los cuentos infantiles occidentales; al final de los textos también generalmente terminan con un: “Y su vida fue feliz.”; “…y así concluyó toda esta historia”.

No sólo la obra creativa de José María Arguedas es importante: el imprimir nuestras costumbres en sus historias, también está su esfuerzo por compilar obras como las reunidas en ambos volúmenes, obras de nuestro pueblo andino que él conoció muy bien, para que no se pierdan con el pasar del tiempo.

lunes, 16 de agosto de 2010

Sandeman Tawny Porto 10 years old




Sandeman 

Tawny Porto 10 Years Old
sin añada 
20% Grad. Alc.
Vila Nova de Gaia, Porto, Portugal.

Es extraño coincidir con las características que aparecen al revés de las botellas: generalmente, en muchos vinos terrenales es verba marketera. Con este vino lo que se percibe rápidamente es el toque de vainilla en la boca, tal como está indicado en la etiqueta posterior. También se percibe esa acidez leve, como cuando rayas cáscara de naranja. Sabor ligeramente tostado, sensación muy agradable. Es algo más denso del rubí joven de la misma casa bebido el año pasado. De color ámbar, medio rojo. Con aroma a pasas, fuerte. Siguiendo la recomendación de la etiqueta posterior lo acompañamos con helado: el contraste del vino en la boca fría es diferente, se acentúa el sabor a pasas, muy agradable. Lo estábamos degustando luego de la cena, durante la conversa con cuñada y concuñado quienes habían traído bombones a Cris por su cumple’, además del vino shiraz: con los bombones la sensación es muy agradable también, diferente: el amargor del chocolate contrasta con el dulzor tostado de la bebida. No fue así con los chocolates con rellenos de frutas (limón, maracuyá); particularmente, me agradó más con los bombones más amargos. Vino con una alta graduación alcohólica, te envuelve con su espíritu.

Si bien la casa fue fundada en 1790, por George Sandeman, un joven escocés originario de Perth, quien comenzó en el Tom’s Coffee House en Londres, con la ayuda económica de su padre quien le prestó 300 libras esterlinas para su empresa, llegando a especializarse en vinos oportos y jerez, y en la actualidad, es la sétima generación de la familia quien lleva el negocio. En una entrevista a George Sandeman (7ma generación), él cuenta que el logotipo característico de esta marca fue acuñado recién en 1928 por George Massiot Brown, quien era un artista que trabajaba para la empresa Lochend Printing, quienes se asociaron con Sandeman para algunos negocios. Él, pidió diseños para unos posters, y fue así que nació la silueta de “The Don” (“El Don”). Vestido a la usanza de los caballeros españoles de Jerez, con una capa estudiantil portuguesa y sombrero de ala ancha, “El Don” aparece con una copa color rubí de oporto en la mano. George Massiot Brown sabía que los posters con diseños de artistas franceses estaban muy de moda en aquel tiempo así que firmó su obra como G. Massiot, para ocultar su origen escocés, sin imaginar nunca que “El Don” sería el primer logotipo ícono para un vino, y actualmente reconocido en todo el mundo siendo asociado a la marca. “El Don” representa todo el misterio y sensualidad que transmite la marca Sandeman.


Fuente:

- Entrevista a George Sandeman (7ma generación)

Sincronia shiraz 2009




Vinícola Franco Italiano; Sincronia; Shiraz 2009; 12% Grad. Alc; Colombo, Curitiba, Paraná, Brasil.


Este vino no sólo es nacional, también es local: la región de Colombo está a unos 25 minutos en auto desde casa, aquí en el Paraná. No suelo comentar vinos que recibimos de presente, este será una excepción.

Su color es violeta oscuro, con poco brillo, aparenta ser de corpulencia mediana, lágrimas de pequeña a mediana intensidad. El olor sorprendía, es persistente: la madera y el tabaco se perciben fácilmente, muy agradable. En la boca, aquella sensación amaderada se repite sin incomodar, acidez equilibrada, casi imperceptible, aquí la mediana corpulencia que aparentaba a la vista no se confirma. La astringencia es equilibrada, de mediana duración, agradable.

Mi concuñado Sanders me preguntaba: ¿Cuánto crees que es el precio de esta botella? -Entre RS33 y RS35 –le respondí. Con una sonrisa en los labios comentó que RS16 es su precio.

Es difícil arriesgarse con vinos brasileros: siempre menciono el Miolo Reserva aquel de RS27 creo, que fue un fiasco, menos aún optar por los más caros, teniendo vinos argentinos, chilenos y uruguayos de mejor calidad a un precio mucho menor. Este Sincronia es honesto, y brindó más que aquel compatriota suyo de precio más elevado. Fue una agradable sorpresa, acompañando la rica comida casera típica ucraniana (de la cual no recuerdo el nombre), ya que tanto Cris como su familia son descendientes de la lejana Ucrania.

lunes, 9 de agosto de 2010

Cantos y cuentos quechuas I, José María Arguedas



Cantos y cuentos quechuas I; Ed. Municipalidad de Lima Metropolitana; Munilibros 1986; José María Arguedas, Perú.


Este primer volumen es una edición bilingüe: en las páginas del lado izquierdo están los originales en quechua recopilados por Arguedas, y en las del lado derecho la traducción al castellano realizada por el propio autor. En 1938 bajo el título “Canto Kewcha”, y en 1949 con el nombre de “Canciones y cuentos del pueblo quechua” Arguedas recopila relatos y canciones, anónimas, que se transmiten de manera oral, que son parte del universo creativo indígena y mestizo, compuestas en quechua, que no es el quechua de época de la conquista, sino el enriquecido con el castellano a través de los años. La presente edición fue hecha por Elías Mujica Barreda, el poeta Eduardo Vega Posada, y nuestro escritor Manuel Scorza Hoyle (el culpable de editar los “Populibros Peruanos”).
En la sabrosa “Presentación” a manera de prólogo Arguedas nos remarca:

“No he hecho traducciones literales, he hecho versiones poéticas, el tema de las canciones está puro y entero.”
(Pág. 31)


En la parte III de esta “Presentación” encontramos:

“Hace tiempo que tenía el proyecto de traducir las canciones kechwas que había oído y cantado en los pueblos de la sierra. En mis lecturas no encontré ninguna poesía que expresara mejor mis sentimientos, que la poesía de esas canciones. Además, tenía dos razones poderosas para realizar ese proyecto: demostrar que el indio sabe expresar sus sentimientos en lenguaje poético; demostrar su capacidad de creación artística y hacer ver que lo que el pueblo crea para su propia expresión, es arte esencial. (…) Los que hablamos este idioma sabemos que el kechwa supera al castellano en la expresión de algunos sentimientos que son los más característicos del corazón indígena: la ternura, el cariño, el amor a la naturaleza.
El kechwa logra expresar todas las emociones con igual o mayor intensidad que el castellano. (…) A pesar de los 400 años de persecución a que ha hecho frente, el kechwa no ha perdido su vitalidad. (…) Tanto hablan los anti-indigenistas y la gente de la costa, que la música kechwa es sólo triste, tanto han escrito sobre este asunto los ignorantes, que tenía un especial interés en publicar versiones de los waynos alegres. Pero no recuerdo completa sino esa canción de carnaval. (…) No niego que la música y las canciones kechwas son en su mayoría lamentaciones; de un pueblo oprimido no se puede exigir música predominantemente alegre.”
(extractos de las páginas 28, 29 y 30.)


Así, en la primera parte de este libro titulada “Canto Kechua” tenemos veintiún canciones recopiladas, de las cuales sólo una es alegre (“Carnaval taki” o “Canción de carnaval”), las otras veinte son lamentaciones, en su mayoría, por la pérdida de un amor. En la segunda parte encontramos cuatro cuentos, de los cuales, el impresionante relato “Ararankaymanta” ("El lagarto") con el que inicia esta sección fue recogido en cinta magnetofónica de boca de un informante del pueblo de Lucanamarca, distrito de Huancasancos, provincia de Víctor Fajardo, en el departamento (estado) de Ayacucho. Los cuentos aquí compilados aparecieron en la revista “Folklore Americano” números 8 – 9 de 1960 -61, que Arguedas dirigió por diez años (1953 – 1963). Dichos cuentos fueron transcritos y traducidos por el mismo Arguedas para su publicación final.
En “Ararankaymanta” (“El lagarto”) encontramos a una pareja de esposos de muy buena posición económica, con tierras, ganado, pero que no pueden concretar el sueño de tener un heredero. Entre sus muchas súplicas a Dios llega a quedar la esposa embarazada, pero naciendo el bebé a los diez meses de gestación: el castigo por pedir algo que no estaba dado a ellos es concebir un ser con cuerpo de lagarto y cabeza humana: un monstruo. Al llegar a una edad viril el hijo les pide a los padres que le consigan una mujer, ante el asombro e inicial negativa de estos. Él alega, con enojo, que no pidió venir a este mundo, y que ellos con sus grandes riquezas podrían conseguirle sin ningún problema una esposa. Los padres, aunque temerosos aceptan tal petición. Las celebraciones de la boda son fastuosas, y ya en la noche de nupcias la joven esposa es devorada (literalmente) por el heredero. La escena se repetirá muchas veces, con sus diversas concubinas, teniendo los padres con el pasar del tiempo dificultades para encontrarle esposa, ante las negativas de los hombres del pueblo por mandar a sus hijas a una muerte segura a cambio de tierras y ganado, hasta encontrar una joven, quien aconsejada por una bruja se arriesgará a casarse con el hijo de los hacendados. En plena noche de bodas, y cuando todo iba bien, ella olvidará uno de los consejos de la chamán, y presenciará algo que nadie, ni sus suegros vieron.
Es curioso en la primera parte del cuento hay una frase:


“Y el hombre tampoco tuvo hijos en otras mujeres.”


Denota que en la sociedad andina se acepta que el hombre tenga otras mujeres como amantes además de su esposa.

En “Apu runapa warmi churin” (“La hija del rico”) encontramos la historia de una joven, linda y coqueta, hija única de un hombre muy poderoso y adinerado, Ella cuenta con muchos enamorados, de todas las clases sociales. La muchacha no se hacía problemas y aceptaba a todos por igual. Con el correr de los años ella decide que ya es hora de casarse y parar con esa vida libertina. Los padres, enojados por el comportamiento de la muchacha le piden que elija uno entre tantos como esposo. Los enamorados son citados por ella a una hora exacta, la mayoría confiados por tener dinero para adquirir lo que la joven pediría. Ella inicia su disertación aclarando que no quiere que le compren nada, y que lo que desea es que quien la ame verdaderamente se pare en el camino, en una gran montaña, cercana a las tierras de los padres de ella, allí, todos los martes de noche, pasa un condenado (entiéndase, alma en pena, fantasma, quien puede devorar un ser humano de estar ante él): quien tenga el valor de esperarlo y hacerle frente, y sobrevivir claro está, será el elegido por ella. Los pretendientes van dejando el local, reclamando; un joven muy pobre, quien atento escuchó el pedido acepta el desafío, sellando con un baile con la joven su promesa. Él tendrá tres días para prepararse e ir con la joven a la montaña. Consultará con ancianos y escuchará sus consejos. El día pactado van acompañados de un primo hermano de la muchacha que servirá de testigo, y con mandolina en mano intentarán hacer bailar al fantasma. El joven llega armado de unos artilugios, consejo de los ancianos, y hará frente al condenado, con la joven presenciando la escena desde lejos.

Chimaychero maqtaqunamanta” (“Los mozos jaranistas”) es el relato más corto de los cuatro que aparecen en este primer libro. Aquí encontramos tres jóvenes que ante una frustrada tentativa de engañar a tres muchachas para divertirse con ellas enrumban, alegres, bebidos, encontrándose en su camino con diferentes tipos de “condenados”. Uno de los jóvenes llegará a ser devorado por el último y más peligroso de los fantasmas. Cada vez que esto sucede el “condenado” no puede moverse muy lejos del lugar donde devoró a su víctima (me hace recordar ciertos animes japoneses). Los amigos encontrarán el poncho y prendas de su compañero en jirones y buscarán por los alrededores al ánima culpable de tal pérdida.

Finalmente en “Awilaypa condenadumanta” (“Mi abuela y un condenado”) el narrador contará una historia que a su vez fue contada a él de niño, cuando su abuela era joven: ésta junto a su hermana, pastoreaban tranquilas ganado ajeno en una ladera en el cerro de Huancasancos cuando vio a una mujer caminar sin rumbo hacia las montañas al atardecer. Intentando ayudar la invitan a entrar a la casa por ser la hora avanzada. La mujer acepta sin saber las jóvenes que su invitada es una “condenada”. Ya en el interior de la casa harán de todo para expulsar al ánima.

Dejo el primer de estos cuatro relatos en su versión original en quechua y su debida traducción al español. Está tal y como aparece en el libro: encontrarán palabras que después de un punto inician con minúscula: desconozco si hay algún error en esos detalles (podría ser, es una edición popular y, así como en el libro de Basadre, también de edición popular, se encuentran algunas erratas de imprenta) así que opto por transcribirlo tal y como está.

Ararankaymanta

Huk apu runas kasqa; uvija uvijasapallaña, vacasapa, uvijasapa, chakrasapa. Casarukusqa huk warmiwan suma sumaq warmiwan. Hinaptinsi mana churin kasqachu. Chaysi, kaychikay riquisaita pimantaq saqesaq nispa, riki, casarukuska. Imaykynatapas churiyman dijasaq nispanyá casarakusqa.
Hinaspanñataqsi, casarukuptinsi ¡manan churin kanchu! Suma sumaq warmi, qawapayankus lliu karikunaqa warmintaqa, Piru manasa churiyasqachu. Ni warminpipas ni hukpipas churin kasqachu qaripaqa. Warminpipas wachakusqachu, imaynapas.
Chaysi Taytachaman rispa mañukuq riki, inlisiapi, Iskayninkus vilata prindikuqku. “Kaynañataq chakraypas, kaynañâtâq, mana waqasqakuraq.
Pichqa watañas, soqta watañas mana churinku kasqachu, riki. Chunka watanpiña kasqaku, mana churiyok, riki, Mañana pimampas ima kaqninkutana saqeykynapaq kaptinsi “Icha hûkpa churinta urwakasunchikchu”. nisqa. Siñor^antaq nisqa: Imaytataq hukpa churintâqa uywakuchwanqa. Manan yawarninchik hinachu” nispan nisqa, taytachata mañakamusun, dilata churakamuspa, mañakusun gracianta. simple graciay graciaykamuwachun, wawanchik kanapaq”. Chaynas kasqa.
Chupanpas ¡machus kasqa! Riata hina. Chaysi hatu hatunsuta wiñarun. ¡Puquy puquy, pukay pukayiaq, ararankaypa!

Hinas… hinaptinsi… chunka pichqayoq watamanta wiksayoq warmi rikurirusqa. ¡Kusikunsás warmi, qosanpas kusui kusi”. “kayqay churiyqa, churiyaruni kunanka” nispas, hukman, willakuspas tuman, kusikuymanta. Taytachapa chakinpi qonqo riyhun. Mañanas waqrarunañachu, chaymantaka! Waqra kasqaymantachiki dios castigawarqa, chaycha mana churiyoq karqanai”, nisqas.
Ña chayna kallaspa, pusaq killanpiña, isqonpiña; chunka killanpiqa wachukurun warminqa. Chacran wasillapi riki atindichin , riki, tawa warmikunawan, chay wachakuq atindiq warmikunawan. Chaynas, chaynas hinaspas iima ninkitaq! Wachakurusqa ararankayta. Mana runatachu. ¡Ararankayta! Runa uyayuqta. Werpunqa ararankaysi, lliu, sillunkama. Umallansi runa.
“¡Iman kay, Jisus! ¡Diospa castiguncha!” nispa nisqaku, riki.
“Imaynataq imanasqapas. Suertisuychikchá; dioschiki apachimusunkichik ararankaytapas, chay mañakusqaykichikmanta”, nispa nisqaku warmikunaqa.
Hinaptinsi. ¡Hina uywanku! Mamantapas ñuñunsá qanra ararankay. Manasá mamanpas manchakunñachu. Wawan kaptin ¡imananqamá! Hinatas wasi ukullapi uywanku. Taytanpas, waqaspa, raguman wischukuykun paypas.
Hinaptin, chayna kachkaptin, ña pichqa watanpiña. Rimataypas yachanyá. ¡Rimansi ararankayqa! Piro, panpantas lloqarispalla purin. Uyallansi runa uyaqa. Chaynalla, chaynalla kachkan. Hinachkaptin…… chunka watanpiña, chunkapichqayoq watanpiña. Liitapas yachachip tinqa yachansá liita, Manas escribiytaqa atisqachu ararankay makinwan. Tawansá makipas, riki, chakin makin.

Hinaptinsi….. chunka pusaqniyoq watanpiña kaspanqa, warmitaña mañakusqa. Mamanta nispa “Casarachiway”, nispa. Casarachiway niptinsi “Imaynataq casarakunki”, nisqa mamanqa. “¿Imapaqtaq, chayqa, tantu riquisaykichik; imapaqtaq tantu imaynikichikpas ¡casarakuwaychikyá! Chaypakchariki mañakuwarqankichk, hamunaypaq. Ñoqaqa hamunaypaq ninkakurqaykichikchu”, nisqa ararankayqa.
“Wawanchikmi, churinchikmi, imaynapas casarachisunyá. Casarichisun” nispa, iskaynin tayta maman rimanakuspa riki yaykupanku sipasman. Chaysi yachanku, riki ararankay churin kasqantaqa. Hinaspa… apu apu kaptinñataq; apukaynin rayku, tayta maman, sipaspapa, riki, wawanta qoykusqa. “Manachiki imapas sucedinqa”, nispan, riki.
Casarachinkusá ¡puramintillaña! ararankaytaqa, tayta curaqa wasinman rispa, wasillanpi misata ruwaspa, casarachin. Chaysi…. Sipaspas ¡sumaqllaña! ararankaypaqa. Chaysi pusanku riki, ararankaytaqa, qipin maqtakuna, riki. Takiwan pusanku puñuchinankupaq. Padrinu madrinas pusanku, riki. Hinaspas, sipastaqa llatanaykuspa saquesqaku wasi ukupi, wichqaykuspanku; kimsa candaduwan candaduykuspa.
Hinaspansi…. Ararankayqa, vilata wañuykachispa nin; “Ustuy” ninsi sipastaqa. Sipasqa riki mana qacharachu. Imapas kasqanta, riki, inocentillaña ustuykuspa cama ukumanqa. Hinaspan… ararankayqa, pawaykuspa mikurusqa, yawarninta súqurusqa, Hinaspas… ¡lliu! aychantapas mikuranusqa. Achikyarusqa ¡saksay, saksay!, puraminti yawarllaña, pampapas yawarllaña, siminpas yawarllaña.
Hamusqaku kichaykuq, rina padrinu, madrina, maman, taytan, punchiyaq punchiyoq, riki Hinaspa… saksayta tarisqaku ararankayta, warmimanta qa tullullantaña. Hinaptinsi ninku. “¡Imanaykusuntaq kunanqa!”, nispa.
Chaysi huk lau llaqtamantaña pusaramusqaku pasñata. Hinaspan chaypiwan casarachisqaku, kaqllata. Chaytapas, chayna wichqaruptinku! Chaynallataq mikurqun! Yawarninta suqurqun; puñurachin primiruta, hinaspan, pawaykuspa mikurusqa Kunkamanta yawarninta suquruspa, hinaspansi, lliu aychanta tuqurusqa.
Chaynalla, chaynalla; hinaspansi, yacharusqakuña, achka llaqtakunapi, chay ararankay ña warmi mikusqanta. Chaynaspanku, chay, suma sumaq sipas kasqa pubri sipas karqa, riki mana imayoq, mana chakrayoq, mana animalniyoq, mana imayoqpuni. Hinaspansi, chaytañataq rimapayaq risqaku, riki mama taytan, ararankaypaqa. Hinaptinsi nin: “Manam; kay wakta yachaniku. Imaynacha kanman”, nispa niptin. “Imanaypas imananqachiki; qollqeykuqa kanmi. Ima sucidiptinpas ñoqayku chanisaqku. Haykatapas qosqaykichis”, nispa nin (Wawanqa pregakuchkantaqá ya: “Casarachiway, casarachiway nispa).
“Kutimuychik, churiywan rimasaq” nispan, maman, taytan nisqa, riki, chay sipaspaqa.
waqaspanku, maman taytan “Imayan imanasun”, ninku. Wawasapan kani, riki”, nispa, tayta nin. Ruégakun, riki warmi churintaqa. “Ichayá filicidadninchik kanman. animaltan qosaq, chakratan qosaq, wacatan qosan, niwarantaq. Imapas sucediptikiqa, sumaqtachiki misachisqaykiku, qanpaq hinata. Uywakusaqku allinta, sullkaykikunata, ñañay. kikunata”, nispan nisqa. Niptinsi, sipasqa llakillawanña kasqa “¿Imanasaqtaq, imanasaqtaq?” Mamay taytay wakchamiki”, nispan.
Chay waqasqanwan mana qasillaykuspa, riki, layqamanñataq risqa pasñaqa, villakuq. Siñoras layqa kasqa. Chaysi willa kusqa Siñoraqa nin: “¡Ay, wakcha, distinasqan kanki qan, verdad casarakunaykipaq. Kay maki plantaykipi sutsilla kackan. Pero….. manam tianqachu chay runa qanwan. “Ñoqataqa sipiwanqachá, mikuwanqacha, wakinta hina” nispan nin. Manam mikusunkipaqchu. Qanpa makikipin”, nispan nin. “¿Imaynanpi”, nispa nin. “Chay ararankaymi nisunki puño chisuptichik: Qan puñuy, nisunki, Hinaptinmi ¡aman puñunkichu qamqa! Paypuni puñuchun primerata. Ustunqa ukuman, chaypiña qamqa ustunki, qepataña”, nispan nisqa. “Pay puñuykuptinña, ustuykunki”, nispan nisqa. “Bueno”, nisqa, pasñaqa.
“Ustuptinmi, sutilla qaranta chutikurunqa. Hinaptinmi, chay qaranta chutakuruptinñan qan ustuykunki”, nispan nisqa. “¡Ciertuchu!” , nisqa, pasña. Ciertun. Manam imapas sucidisunkichu. Ama llakillaychu”, nispan nin.
Pasasqas, kusisqa, mama taytaman riki. Hinaspansi nisqa. “Imanasaq imanasaqtaq, mamay taytay. Hinallayá casarakusaq, imanasaqta. Imapas sucediwaptinqa destinuywanchiki pagasaq. Ima allin kakunaykichik rayku; hina kachun”, nispa niptinsi, ¡Bueno! Taytan, mamanqa pasan kusisqa, riki chay ararankaypa maman, taytanmanqa.
“Ari ari ninmi, warmi churiy”, nispas nin. Hinaptinsi. “Casarachisunmi”, ninsi. Qanra ararankayqa pawarkachanraqsi, yanqallaña kusikuymanta. Lloqarukuykunsi cama hawaman. Cama hawallapis laqaykachan. Pampinas manas purikachqchu.
Chayna….. ¡Casarakunsá! Kaqtaq ¡puramintillaña! arpapas, violinpas, yanqallañas waqanku Ramadapiraqsi casarachinku qanra ararankayta. Qochayaransi payqa, banca hawanpi, casarachiptin. Runa uyas uyanpas; uqiñawiya kasqa, plagaqa.
Hinaptinsi, chayna kachkaptinsi…. Puñuchiksi pasachinku riki, padrinu, madrina, harawiwanraq, pasachinku, riki. Chaysi llaviykunku, riki, hinastinqa… Vilata pukuykun. “Vilata wañuchisun”, nisqa, sipasta. “Ustuyá”, ninsi, chymantaqa, ararankayqa. “Manan ustuykuy manchu! Qanyá ustuy, primeruta”, nispa nin sipasqa. “Ustuyá qan”, nin ararankayqa. “¡Manan ustuykuymanchu; aswanyá qan!” ninsi pasñaqa: “Qan ustuykuptikiqa, ñoqa ustuykamusaqmi; maytataq risaqri” nispan nin. “¡Ustuy!, ninyá ararankayqa. “Manan ustuykuymanchu” kutichipun pasñaqa, takiayta.
Hinaptinqa…. Ararankayqa, riki, hinata usturun primeruta. Ustuturuspansi, qonqayllamanta…. ¡qall, qaaash! Nispan, chutikurunkun riki, nanta qaranta. Qaranta riki chutikurun. Hinaptinsi warmiqa mancharukurusqa. “Imataq kayqa ruwachkan”,nispan, riki. Layqa nisqantaqa, riki qonqarusqa, sipasllaqa. “Imaynataq. Ustumuyñan” Chay ¡qaash! Niruptinqa “Ustumuyña”, nin, ararankayqa. Hinaptinsi “Imaynatan ustuykusaq hina ararankaywarqa. ¡Mikuruwanqan”, nispan nisqa, pasñaqa.
Hinaspansi vilata sindiykuspa, vilawan qawaykurusqa. Manayá qawananchu karqa, riki. Layqaqa nisqa: “Amam qawankichu”, nispa. Layqaqa willakusqa “Aman qawanchiku. Yanqataq qaway kuwaq vilawanpas”, nispa. Chayta mana yuyaspa. “Qonqaytaq mikuruwanman kay hina ararankaytaq kachkan”, nispan; qawaykusqa vilawan.
Chaynaptinsi…. ¡suma sumaq juvinllaña kachkasqa, puka chukcharaq! Runañayá; ñoqanchik hinaña. Hinaptin: chay vilawan qawaykuptinsi, abrazaykunapaq kachkaptinsi… ¡Wayraman tukurakamusqa! ¡Uúúúú…..úuuuu! nispan.
Wasipa qawiñanta ripukusqa. Chaypipasñaqa quidarusqa sapallanña. Chaypachamantas llumchuynin hina kasqa apu runapa, pasña; yaqa warmi churin hiraña. Manas churinqa kasqachu.
Chay ararankay manaña kaptin llapa runakuna niq, maman warmita: “Wañuptiki, huknin ñuñuykita colibra ñuñunqa: huknin ñuñuykita sapu ñuñunqa. Castiguykin. Mana dios munachkaptin, mañakurqanki. Manan wawayki kanqachu”.
Chayllapi tukukun.

(páginas 96, 98, 100, 102, 104, 106 y 108)




El Lagarto

Había un hombre sumamente rico. Tenía incontables ovejas, vacas, tierras. Se casó con una mujer hermosísima. Pero no tuvo hijos. Se había casado pensando en que necesitaba herederos para sus riquezas. “Todo lo que tengo lo dejaré a mis hijos”, había dicho.

Pero se casó y no tuvo hijos. No tuvo descendencia. Su mujer era bellísima; y todos los hombres la contemplaban; pero resultó siendo estéril. Y el hombre tampoco tuvo hijos en otras mujeres. La esposa no pudo concebir por ningún medio.
Entonces fue a la iglesia a rogar a Dios. Fueron los dos. Prendieron velas “¡Tantísimo ganado, tantísimas tierras! ¿A quién hemos de dejarlos?”, clamaban. Lloraban a ratos; a ratos no lloraban.

Pasaron cinco años, seis años, y no tuvieron hijos. Cumplieron diez años de matrimonio, y no pudieron tener un hijo. Y como les torturaba la idea de que no tenían a quien dejar su fortuna, el hombre dijo: “¿Quizás debiéramos adoptar un hijo ajeno?” Pero la mujer se opuso: “¿Cómo hemos de criar un hijo ajeno? No será de nuestra sangre. Volvamos donde el Señor a pedirle su gracia; que me conceda su gracia, para que tengamos un hijo. Prendámosle velas en su altar” Y así fue.
Pasó el tiempo….. A los quince años de matrimonio la mujer concibió, y apareció encinta. Se llenó de alegría; el marido también fue dichoso. “Allí está mi hijo. ¡He engendrado!”, diciendo, fue a dar la noticia a unos y otros. Bebió con ellos. Expresó su felicidad. Se arrodilló a los pies del Señor. ¡Ya no era un hombre estéril, un cuerno!

Y así, en ese estado de dicha, pasaron cinco meses, nueve meses. A los diez meses la mujer parió. Dio a luz en su casa-hacienda; la atendieron cuatro mujeres de esas que saben. Entonces…, entonces…, ¡qué te diré! La mujer parió un lagarto, no un ser humano. ¡Un lagarto! Su rostro era humano; su cuerpo era de saurio, todo, hasta las uñas. Sólo la cabeza era humana. Su cuerpo era de lagarto.

“¡Nadie puede hacer nada de nada! Resignaos. Debe ser Dios quien les ha enviado este lagarto, de tanto que le pedisteis”, dijeron las comadronas.
Y entonces, por eso, ¡así lo criaron! El asqueroso animal mamaba los pechos de la madre; y ella no le temía. ¡Era, pues, su hijo! Lo crió dentro de la casa, bajo techo; no le permitía salir. El padre lloraba y se entregó a la bebida.

Y así, del mismo modo, día a día, cumplió cinco años y aprendió a hablar. ¡Hablaba el lagarto! Pero no podía erguirse, caminaba arrastrándose sobre la barriga. Sin embargo, su rostro era humano. Nada cambió, todo continuó igual hasta que el lagarto cumplió diez años, quince años. Aprendió a leer; sí, aprendió a leer, pero no pudo escribir con sus dedos de saurio; eso no pudo. Tenía cuatro manos; cuatro, como todo lagarto. Su rabo era largo como una reata. Y creció, todo él; la bestia se hizo recia y enorme. Maduró, maduró fuertemente. Y aparecía rojizo, verdaderamente rojo, pletórico.

Entonces, cuando cumplió dieciocho años, pidió mujer. Le dijo a la madre: “Deseo casarme” “¿Cómo? –le preguntó ella- ¿Cómo puedes tú casarte?”. “¿Y para qué tienes tantas riquezas, tantos bienes? ¡Hacedme casar! Sin duda con este fin me pedisteis. Yo no os pedí venir”, dijo el lagarto.

“Es nuestro hijo. Tendremos que hacerlo casar, de algún modo. Ha de tener mujer”, dijeron los padres. Y fueron a pedir una muchacha para él. Todos sabían que el hijo de éste hombre poderoso era un lagarto. Pero como era tan inmensamente rico, a causa de su opulencia, los padres de la muchacha solicitada, entregaron a su hija. “Quizá no le ocurra nada” dijeron.

Y el matrimonio de del lagarto fue esplendoroso. Se realizó en la casa del cura; allí dijo la misa el sacerdote; en su propia casa ofició el matrimonio. La mujer del lagarto era bellísima. Se la llevó. Sin embargo, el lagarto tuvo que ir cargado en hombros. Cantando llevaron a los novios hasta la cámara nupcial. El padrino y la madrina guiaron la comitiva. Ellos desnudaron a la novia; cerraron la puerta de la cámara nupcial y le echaron tres candados.

Era de noche. El lagarto apagó la vela y ordenó a su esposa: “¡Acuéstate!” Ella no sospechaba nada malo, era inocente. Obedeció y se acostó, se cubrió con las frazadas. Entonces el lagarto se lanzó sobre ella y la devoró; le bebió la sangre. Luego de beber la sangre le comió todos los miembros, la carne de la esposa, hasta la última fibra. Y amaneció repleto, cubierto de sangre, el piso ensangrentado; la boca de la bestia enrojecida.

Al día siguiente, el padrino, la madrina y los padres abrieron la puerta. Llevaban jarros de ponche para los recién casados…. Encontraron al lagarto repleto; de la mujer no quedaban sino huesos descarnados en el suelo. “¡Qué hacer, qué hacer ahora!” dijeron gimiendo.

Y entregaron a los padres la joven mucho dinero, para que no se quejaran, para que no dijeran nada. El padrino, la madrina y los padres del lagarto lo arreglaron todo así, todo.

“¿Cómo pudiste devorar a quien te dimos por esposa?”, preguntaron al lagarto. “¡No tiene remedio lo que no puedo remediar! ¡Tengo hambre!, contestó.
Le trajeron otra esposa de otro pueblo. Celebraron nuevo matrimonio. Y también del mismo modo, apenas cerraron la puerta de la cámara nupcial, él ordenó a la mujer que se acostara primero; se lanzó sobre ella, le bebió la sangre y la devoró. Le bebió la sangre mordiéndola por el cuello y luego devoró las carnes, hasta la última fibra.

Y así, así le dieron muchas mujeres más. Hasta que en todos los pueblos supieron que ese lagarto devoraba a sus esposas. Y había una muchacha muy bella, que no tenía bienes de ninguna clase. Era pobrísima. Donde ella fueron, finalmente, el padre y la madre del lagarto. Fueron a pedirla. “¡No! –dijo el padre de la joven-. Sabemos muchas cosas de tu hijo. No sé lo que podría ocurrir.” “Ocurra lo que ocurra. Tengo dinero. Si algo le sucede a tu hija, daremos su precio. Te daré lo que sea”, contestó el padre. (Es que su hijo, el lagarto, lo martirizaba: “¡Hazme casar…, hazme casar!”, diciéndole, exigiéndole.)

“Volved. Voy a hablar con mi hija”, contestaron el padre y la madre de la muchacha.
Lloraron ambos: “¡Qué hemos de hacer!”, decían. “¡Tengo tantos hijos!”, exclamó el padre, y rogó a su hija: “Quizás puedas lograr nuestra felicidad –le dijo-. Me ha ofrecido ganado, tierras, vacas, dinero. Si algo te sucede te mandaremos cantar hermosas misas, como para ti. Criaremos bien a tus hermanos menores, a tus hermanas.” La joven entristeció. “¿Qué he de hacer, qué debo hacer? ¡Mis padres son tan miserables”, decía.

Y como el llanto no la calmaba, la joven fue a consultar con una bruja. Había en ese pueblo una señora que era bruja. “¡Ay, huérfana, es cierto, de verdad estás destinada a casarte! Aquí, en la palma de tu mano aparece claramente…., pero…., no has de vivir con él, con ése”, dijo la bruja. “A mí también me matará, me devorará como a las otras” , contestó la muchacha. “A ti no te matará –afirmó la bruja-. Eso está en tus manos.” “¿De que modo?”

“Cuando os lleven a dormir, después de la boda, el lagarto te dirá: Acuéstate primero. Tú no le obedecerás. Harás que él entre en la cama, antes que tú. Cuando se haya acostado y lo veas dentro de las frazadas, tú entrarás a la cama. Cuando ya esté dormido te acostarás junto a él”; así habló la bruja. “Bueno”, contestó la joven.

“Al momento de acostarse él –continuó la bruja-, oirás cómo se descarna el cuero y se lo saca.” “¿Es posible?” “Es verdad. Y no te sucederá nada –afirmó la bruja-. No tengas pena.”

La hermosa muchacha predestinada, volvió muy alegre donde sus padres y les dijo: “Qué puedo hacer, qué no puedo hacer, padres míos. Me casaré, pues. Si algo mi sucede, habré pagado mi destino. ¡Que todo se haga por vuestra fortuna!” Los padres, al oírla, fueron muy contentos donde los padres del lagarto…
“Ha aceptado, ha aceptado nuestra hija”, anunciaron. “Los casaremos”, dijeron los otros.

El inmundo lagarto empezó a dar saltos, grandes saltos de felicidad. Trepó después a la cama; y se estiró allí; quedó como empozado sobre las frazadas. Esa era su vida. No caminaba en el suelo sino raras veces.
Y así. ¡Se celebraron las bodas! Y nuevamente, con la solemnidad y la abundancia de siempre. Arpas y violines cantaban en todas partes de la casa. Levantaron esta vez una ramada, esta vez para el matrimonio del asqueroso lagarto. Él permaneció adormilado sobre una banca mientras se realizaba la ceremonia. Su rostro era humano, sus ojos grises.
Y se llevaron a dormir a los novios. El padrino y la madrina guiaron a la comitiva que marchó mientras cantaban harawis. Cerraron la puerta de la cámara nupcial; le echaron candados.

El lagarto apagó la vela. “La apagaremos”, dijo. Luego ordenó a su esposa: “¡Acuéstate!” “No –contestó la joven-. Acuéstate tú primero. ”¡Tú has de acostarte”, insistía el animal. “No me acostaré sino después que tú. Yo no he de irme. ¿A dónde he de irme?” “¡Acuéstate!”, volvió a ordenar el lagarto. “¡No lo haré, no me acostaré!”, contestó firmemente la muchacha.

Entonces…, el lagarto se acostó. Ya dentro de la cama, de pronto, “¡qall, qaaash!”, se sintió el ruido que hacía al descarnarse el cuero. Empezó a desollarse. Y la mujer sintió miedo. “Algo, algo está haciendo”, pensó. Y ya perturbada, se olvidó de la recomendación final de la bruja. “¡Acuéstate!”, le llamaba el lagarto. Había concluído de desollarse, y la llamaba. “¿Cómo he de echarme junto a él si he oído ese ruido? Es un lagarto, me va a devorar”, decía la muchacha.

Y encendiendo una vela, acercó la llama al lagarto. Estaba convencida que ni debía mirarlo. La bruja le había dicho: “No has de mirarlo”; le había advertido claramente. “No has de mirarlo, cuidado con encender una vela delante de él.” Y ella se olvidó. El espanto de ser devorada por el lagarto oscureció su memoria.
Delante de la llama no apareció el lagarto sino un joven hermosísimo, de cabellera roja. Entonces ella se inclinó para abrazarlo…., lo iba a abrazar… Pero él se convirtió en viento. “¡Uúúú…., úúú….! , silbando, desapreció por entre las maderas del techo. La joven se quedó muy sola. Y desde entonces fue considerada por sus suegros como una verdadera nuera, como hija de los poderosos padres del monstruo. Pues no tuvieron más hijos, nadie en la casa.

Cuando desapareció el lagarto, la gente del pueblo murmuraba; le decían a la madre: “Después de que mueras, una serpiente mamará de uno de tus pechos, y del otro un sapo. Ése será tu castigo. Pediste a Dios lo que no quiso darte. Jamás tendrás hijos.”

(páginas 97, 99, 101, 103, 105, 107 y 109)