domingo, 26 de mayo de 2013

Faustino I Gran Reserva 1999



Bodegas Faustino 

Faustino I  Gran Reserva 1999

85% Tempranillo – 10% Graciano – 5% Mazuelo

13,5% Grad. Alc.

Oyón, Álava, D.O.C. Rioja, España.


Buscando un Marqués del Riscal Gran Reserva –que no se encontró- Cris se depara con esta botella que atrae desde su particular diseño. Este vino pertenece al grupo que no hemos visto en Curitiba –ni en pintura-, y además era la única botella que les quedaba de esta añada, así que no había que pensarlo mucho en traerlo para casa.

De un rubí algo brillante con bordes algo ocres, denota mediana corpulencia. En nariz, frutas rojas, madera leve, tabaco, algo como a pimienta, pero muy leve; a la tercera hora aparece algo de cuero. En boca, es aterciopelado, las sensación a madera, tabaco y cuero se refrendan, así como la mediana corpulencia, además hay toques de vainilla; cuenta con un punto de acidez a más: rico; de final largo, con retrogusto como a caramelo, a azúcar quemada, a toffee, algo así.

Armonizó con nuestro clásico guiso de carne con papas y arroz. Las tardes frias y con mucho viento animan aún más a beber un tinto y el clima frio ayuda a conservar la temperatura del vino. Por ser una añada algo lejana -tiene catorce años; tampoco creo que sea mucho para un Gran Reserva- decidimos decantar una parte del vino por dos horas aproximadamente, las copas iniciales y el resto las servimos directo de la botella a las copas mientras cocinábamos, hasta sentarnos a la mesa. Aunque al final carecía de posos, el vino decantado estuvo algo más aromático, pero en boca no había gran diferencia -salvo que la acidez bajó, pero directamente de botella no estaba nada mal-. Hubiese sido interesante dejarlo la misma cantidad de tiempo en copa servido directo de la botella -o sea dos horas- para ver si era suficiente "para abrirse". Cada copa nos duraba media hora mas o menos. Esa sensación acaramelada al final estuvo buenaza, en verdad todo lo ofrecido y encontrado en este caldo de suave sensación tánica, muy elegante, se puede resumir como una gran experiencia.

miércoles, 22 de mayo de 2013

El trono de la reina Jinga, Alberto Mussa



Título original : O trono da rainha Jinga 

Editora Nova Fronteira, 1999


Creo que esta obra encaja perfectamente en lo que es una nouvelle, y quizá sea la única etiqueta que me atreva a ponerle. No es del todo una novela histórica, pero hay mucho de una parte de la cultura africana de la que se nutre este enorme y multicultural país que es Brasil. No es del todo una novela policíaca, pero cuenta con muchos toques y retintes de aquel género, incluyendo algunos misterios y hasta un caso a resolver. Alberto Mussa nos entrega en veinticinco pequeños capítulos (de tres páginas cada uno, algunos menos que eso) varias historias cortas que se entrelazan, ambientadas en lugares tan disímiles como Río de Janeiro, Goa (India), y Angola a inicios del siglo XVII. 

Mendo Antunes es quizá el personaje principal, la conexión con los otros personajes: comerciante y aventurero, llega a Angola huyendo de la India por la competencia española para ejercer su negocio llegando así a conocer a la reina del título, Jinga, soberana de Ndongo y Matamba, personaje enigmático, poseedora de una fuerza e influencia tan grande que intimida sin necesidad de mencionar palabra alguna. Ella se desenvuelve bien tanto en portugués como en kimbundu, el idioma más utilizado en Angola, aunque muchas veces sus frases concisas pero certeras son una mezcla de ambos idiomas; ella decidirá como estrategia convertirse al catolicismo, adoptando el nombre de Ana de Souza: Mussa nos presenta a una mujer con semblante de divinidad. También, en su reino tenemos el misterio por averiguar quién mató a Calunda, y el asesino está entre las propias huestes de Jinga. Por otro lado están un grupo pequeño de religiosos quienes gustan de las artes de una hechicera azoriana, serán asaltados a la salida del recinto quedando al descubierto ante las autoridades religiosas su reprensible devaneo. También están los esclavos Ignacio y Cristovão, el primero la antítesis del segundo aunque ambos jueguen sus particulares papeles en “la hermandad” a la que se le consigna los diversos asesinatos de gente blanca. Ignacio es un esclavo considerado civilizado por haber recibido educación, siendo inclusive secretario de Mendo Antunes, ya Cristovão defiende con pasión sus creencias y va a la deriva por su enfermo amor hacia Ana, una malvada esclava que pareciera en el fondo deleitarse con el martirio que Cristovão se auto inflige en nombre de ese amor. El auditor general brasileño Gonçalo Unhão Dinis llega a Angola e ipso facto entra en contacto con Mendo Antunes para ayudar en la interpretación de unos antiguos pergaminos encontrados al interior de un atado. Ya el indio Lemba dia Muxito es el encargado de preparar las drogas que Ana requiere, y en especial el divumo diazele el purgante más poderoso con que cuenta la hermandad, motivo de orgullo para su creador. 

En cada capítulo se alternan las diferentes voces de este variado grupo de personajes, y desde su óptica conocemos este delicioso enredo, lleno de individuos fantásticos, y aunque muchos nombres existieron realmente el autor les depara un futuro diferente al real. Pareciera que Mussa se regocijara encontrando un fabuloso hecho y/o personaje en la historia y de ahí partir a elucubrar una ficción que pareciera no tener fin. Me parece que le debe ser difícil ponerse un límite en el momento de elaborar su ficción ya que su escrita parece transmitir esa pequeña explosión de felicidad desde el momento en que investigó descubriendo ciertos hechos de la historia para poder así comenzar a alucinar sobre aquello y concatenar las historias. Ya mi goce como lector está en descubrir parte de todo un mundo totalmente ignorado hasta ahora: la cultura africana, con sus idiomas, dioses, costumbres, aunque aquí todo esto no sea el tema principal, se desarrolla parcial y paralelamente a la acción de sus personajes, casi como de soslayo: 

“Cuando apenas Ngunza y su mujer habitaban el mundo, cuando el cielo y la tierra estaban próximos, él, aburrido, pidió a Zambi que les diese un compañero. Zambi le prometió que les daría un hijo. Entonces, cuando la mujer de Ngunza quedó embarazada comenzó ya a preparar con el pilón la comida del niño. Pero lo hizo tan fuerte que dio con la punta del mortero en el cielo. Zambi, indignado, separó el cielo de la tierra, dejó sola a la pareja y maldijo al niño, previendo que él traería el mal a la tierra.

Cuando Cariapemba nació, comenzó a pedir comida, porque tenía que crecer. Ngunza le llevó pájaros, serpientes, pescados, perros, lagartos, cabras, antílopes, cualquier animal que encontraba en su camino, y Cariapemba no paraba de comer.

Un día, Ngunza fue a cazar y al regresar con las manos vacías, vio cómo Cariapemba comió a su propia madre.

Entonces Ngunza maldijo a Cariapemba, diciéndole que no tendría más comida y no iría a crecer. Cariapemba decidió comerlo, y Ngunza tuvo que atacarlo con su cuchillo.

Comenzó así a cortar a Cariapemba en pedazos; pero él no moría. Cuanto más Ngunza lo cortaba, Cariapemba aún más se multiplicaba, en seres menores que huían por todos lados.

Por eso Cariapemba no crece, pero tampoco desaparece. Continúa del mismo tamaño, con sus pedazos diseminados por el mundo entero.”

Fragmento del capítulo 21, pág. 88. Historia narrada por Jinga.






¿Es esto una leyenda encontrada e inserida en la historia o pura ficción del autor? No lo sé, pero me resulta más que interesante.

Buscando un poco a raíz de esta lectura encuentro que en Cuba el demonio aquel es llamado de Kadiempembe, el espíritu maligno de brujos, asesinos y suicidas. Zambi, también es llamado de Olorúm, es el Dios Supremo en la religión Candomblé. Ya Ngunza aparece en un mito Bantú, donde Kalunga –considerado al sur de Angola como Dios Supremo y el creador de todos los hombres- lleva al hermano menor de Ngunza al mundo de los muertos. ¡Cómo no puede ser interesante ese cachito de todo ese vasto universo! 

Pero el verdadero placer está en esta amalgama creada para desarrollar la historia que Alberto Mussa nos quiere presentar, donde encontramos aquello de que el dolor lava, el dolor limpia. Así también, el mismo miedo, respeto, curiosidad que Mendo Antunes parece profesar hacia la reina Jinga los hago míos ante ese maravilloso y misterioso personaje que ella encarna.   

Al Perú (quizá a México con la rica cultura azteca, y demás países centroamericanos con la cultura maya: no sé si exista en Centroamérica algún escritor con estas características) le hace falta un escritor con estas ganas de meterse a la biblioteca a investigar, visitar los sitios arqueológicos incas, pre-incas (aztecas y mayas para los centroamericanos), encontrar datos y personajes interesantes que debe haber y varios, y comenzar a inventar desde tal o cual punto; quién sabe, quizá Mussa algún día se anime.



El manuscrito que intercepté y que ahora yacía en el poder de aquel singular hombre, era de hecho enigmático. Se trataba de un pedazo de un antiguo documento, rasguñado en su revés. Estaba dentro del odre, formando un pequeño rollo, oculto debajo de unos sucios harapos, cosido por una inhábil mano, y envolvía a su vez unas hierbas dañinas, muy parecido a esos amuletos típicos de las brujas, también difundidos entre los africanos.

Mendo Antunes –que según él mismo aprendió aquel dialecto por sus andanzas en tierras africanas- pudo leer, con alguna dificultad, lo siguiente: 

 Múcua njinda
cariapemba uabixe
uajibe tata uajibe mama
uajibe dilemba uajibe muebo
uajibe quitumba bunjila
ni dicata buquicoca 

 - Interesante... -dijo-, tengo la impresión de conocer esos versos, aunque no recuerdo de dónde. 

 De aquello que él llamaba de versos o lo que fuese, la traducción fue la siguiente: 

 Bravo, el diablo llegó.
Mató a papá; mató a mamá;
mató a tío; mató a sobrino;
mato un ciego de una picada;
un tullido en el camino.
 

Lo miré con profundo desaliento. Aquello no contenía algún dato objetivo. Parecía un conjuro, una fórmula para encantar, una oración de algún aquelarre, pero sin ningún sentido, sin ningún albo definido. En fin, no habíamos obtenido nada, ninguna pista.  Y era de preocupar el hecho de que había gente de mi familia inmiscuída en esa hermandad que surgía ahora más perniciosa y aterrorizante que la armada de los bátavos. 

Súbitamente, un griterío en la calle irrumpió en el silencio. Dejamos de pronto los papeles y nos acercamos a la ventana. Era todo un tumulto en las escaleras de la matriz, pero aquella masa de vendedores ambulantes, mendigos, transeúntes, y desocupados no permitía una visión de la escena. Irritado, Mendo Antunes llamó: “¡Tío! ¡Eulalia! ¡Ignacio!” Una joven mucama acudió a los llamados. 

 - ¿Qué sucede en la iglesia?- Un loco, señor. Un enfermo. Está realizando sermones en nombre de Judas. Dicen que quiere matarse

Ya me abalanzaba por la puerta de enfrente cuando me alcanzaron, y pudimos apreciar el espectáculo: arqueado, sangrando, chicoteándose los propios flancos, un esclavo era expulsado del templo por el sacristán, que trataba sin éxito alguno esquivar los azotes. 

¡Afuera mula...! ¡Móntalo sacristán! – eran las burlas que dominaban e impedían las sinceras tentativas de auxilio. De repente, una guayaba con la ruta incierta acertó de lleno en la nariz del sacristán, que vaciló, algo zonzo, perdiendo el reflejo necesario para evitar el impacto del azote en pleno rostro. 

En aquel instante, llegaba finalmente la guardia, precipitándose sobre el esclavo que, abriendo los brazos se ofrecía francamente al linchamiento. Y hubiese perdido los sentidos si mi autoridad de auditor general, acompañado de Mendo Antunes, no consiguiese quebrar el cerco de la resistencia.

 Vacilante el flagelado superó el dolor para ponerse en pie: iba a pedir perdón al sacristán herido, pero se inmovilizó de repente. Su rostro fue encubierto por una fina expresión de ternura. Parecía fijar la mirada en un punto cualquiera de la confusión. Fue cuando se contuvo, y proclamó la herejía:

 -         Judas también sufrió. Y sólo debe existir un sufridor para que el mal acabe.

 En seguida, arrebató el chuzo al cabo de la guardia y, con movimientos precisos y rápidos se vació los ojos, rodando desesperadamente por las escaleras de la matriz.

Capítulo 2. Pág. 9 a 11. 

lunes, 20 de mayo de 2013

Esporão Tinto Reserva 2009




Herdade do Esporão 

Esporão Tinto Reserva 2009

Aragonez – Trincadeira – Alicante Bouschet - Cabernet Sauvignon

14,5% Grad. Alc.

D.O.C. Alentejo, Portugal.


Creo que hasta ahora no habíamos repetido en una semana un caldo de un mismo país, menos aún de una misma casa; ayer fue la excepción.
Los vinos de Herdade do Esporão últimamente están siendo una constante, y, hasta esta botella ningún blanco o tinto decepcionó, por el contrario, lo estamos adoptando cada vez más, habiendo siempre algún vino de esta casa descansando en el rincón. 


De un granate oscuro, con ribetes violáceos, de capa media a más, forma lágrimas medianas. Es muy aromático, frutas negras y rojas, hay un leve tostado y un toque de vainilla. En boca, es de mediana corpulencia, la primera copa (de ambos) se presenta algo más agresivo que el resto, de una personalidad rebelde e irreverente, ya en la segunda copa -poco más de 1 hora después- sus taninos se tornaron más sutiles y equilibrados; la madera y la vainilla se presentan como sensaciones leves; en ningún momento se percibió alcohólico a pesar de su alta graduación. De final medio, con retrogusto tostado. 

Algo que olvidé mencionar en la botella del blanco Reserva de esta misma serie es que el arte en las etiquetas es obra del artista plástico portugués Rui Sanchez; tanto éstas, y todas las otras obras de diversos artistas que formaron parte de las etiquetas de los vinos Esporão se pueden apreciar en la bodega allá en Portugal. 

Como fue mencionado al inicio de esta entrada, y antes del descorche era algo que ya sabíamos: difícil no agradar. 


miércoles, 15 de mayo de 2013

Un héroe de nuestro tiempo, Mijail Lérmontov




Título original : Геро́й на́шего вре́мени 

Año de publicación : 1840

Presente edición : Icaria Literaria, 1979

Traducción : Rafael Rodríguez Pavía


Creo haber mencionado ya en alguna otra entrada que están llegando a tierras brasileñas cada vez más libros de literatura en castellano, muchos son ejemplares de ediciones digamos que antiguas y en su gran mayoría en un estado que pareciera haber salido de la imprenta ayer, motivo por el cual mi TOC se mantiene a flor de piel en relación a libros, peor aún cuando comprobé que no soy sólo yo quien se emociona al ver los anaqueles de libros en castellano surtidos, hay algunos representantes de otros países vecinos que también comparten esa ansiedad al ver ciertos ejemplares –como los tres últimos comentados- que por aquí caen; mientras mi –creo- inofensivo TOC no mude a Síndrome de Diógenes no habrá problema, espero. 


Escrito a mediados del siglo XIX esta obra sorprende no sólo por su estructura -no comienza por lo que pareciera ser el inicio, lo que le imprime un halo de misterio acerca del personaje que Mijail Yúrievich Lérmontov (Moscú, 1814 – Piatigorsk, 1841) nos quiere presentar-, sino también por el desarrollo de cada una de las seis partes que la componen. Así iremos conociendo al oficial del ejército Gregorio Alexandrovich Pechorín a quien el autor nos lo va presentando de a pocos, paulatinamente, primero bajo el prisma de otros, y luego, a través de la publicación de su diario –este diario son los cuatro capítulos finales del libro donde obviamente nuestro narrador es Pechorín-, aunque al llegar a estas instancias sabremos la condición de fiambre de nuestro peculiar personaje principal, hecho que crea aún más ansiedad por saber de él; muerto el hombre, nace la leyenda. 

Pechorín es un dandi, todo un galán que se esmeraba en conquistar mujeres aunque poco o nada le importasen, su éxtasis estaba en conseguir que estas se interesasen por él, y con esa certeza en su haber simplemente pasar a otra. También era viajero y aventurero, a quien el destino le depararía vivir situaciones diversas y extremas: desde pasar hambre y casi morir en la Península del Cáucaso, hasta derrochar lujo con no poca vanidad en Vladikavkaz, previo a su partida a Persia. Ejecutaba sendos bostezos en situaciones que a otros les rendían emoción y alegría; este comportamiento que va a la contra es ironía pura e imagino el goce que sentía al ver el rostro confuso y perplejo de su auditor. Espiaba cuando debía, anticipándose así a los hechos, siendo él quien conducía la acción cuando los otros esperaban verlo sorprendido y acorralado; mientras Pechorín se acomodaba su sombrero de copa –me lo imagino- los otros eran pillados con los pantalones abajo. 

Coincidentemente la temperatura aquí al sur de Brasil bajó de manera considerable y repentina, y las noches de este frío otoño (2º C. con sensación térmica de -2º C.) encajaron bien con esta historia desarrollada en el Cáucaso, donde el punto más alto lo encuentro en el capítulo “La princesita Mary”, el más extenso, por todo el preámbulo creado hacia el personaje principal y es aquí donde realmente conoceremos su parecer. Aquí también es donde se desarrolla el duelo de Pechorín con Gruschnitsky: ¡cuánto romanticismo hasta para matarse! Los personajes no rebajan su lenguaje a insultos o improperios en ningún momento, parece que hasta respetaran a su enemigo; en tiempos donde te disparan por un celular o por menos ese comportamiento no deja de sorprender. También cada detalle cuidado al mínimo: batirse al borde de un precipicio para que quien pierda caiga, y luego ser extraída la bala del cuerpo del muerto bajo el celo de los padrinos, y así no traer problemas futuros con la justicia al vencedor. Lo más sorprendente es que los actos que encontramos en esta historia, llenos de esa oscura elegancia es una literatura realista: un año después de la publicación de esta obra Lérmontov se batió a duelo con Nicolái Martýnov al borde de un precipicio en el monte Mashuk, llevando la peor el escritor y poeta; tenía 27 años de edad. 





Con un estilo calmo Lérmontov nos va sumergiendo en esta historia e inoculando como un virus las ganas por querer saber más acerca de su misterioso personaje, Pechorín. Me reconforta conocer esas extrañas y refinadas costumbres, el sutil, sistemático y eficaz galanteo que acabará con el desprecio hacia la dama inicialmente cortejada, y, el no perder la postura hasta en momentos tan críticos como un duelo, hechos ahora tan lejanos como los lugares álgidos donde está ambientada esta trama. Esta obra publicada hace ciento setenta y tres años mantiene aún vivo todo ese esplendor de épocas donde el romanticismo era el pan de cada día. 


Como la cereza de esta deliciosa torta el libro trae el prólogo de Vladimir Nabokov quien reconoce a Lérmontov como un gran narrador aunque con un estilo más pobre y menos elaborado que el de Tolstoi, pero recalcando también que era un veinteañero cuando escribió esta obra. ¡De qué otras bellezas nos privó la bala de Martýnov! 

Nabokov, al inicio de su prólogo nos hace también un regalo dejándonos un poema de Lérmontov que quiero compartir a continuación, este no pertenece a esta obra en sí pero trata de un tema que al parecer era recurrente en la vida y quizá obra del autor,  tan sencillo y a la vez complejo, como la obra de esta entrada, y aunque Nabokov lo llame de profético yo creo que Lérmontov tenía una única certeza en su vida, de cómo quería acabar: 

En una cañada de Dagestán, al calor lunar,
con plomo en el pecho, inmóvil yo yacía;
la profunda herida todavía humeaba
y gota a gota la sangre se me escurría. 

Solo, yo yacía en el fondo de la cañada;
los riscos se agolpaban en los salientes;
el sol me abrasaba y abrasaba sus cimas pardas.
Pero yo dormía con el sueño de la muerte. 

 Y en el sueño divisaba una fiesta de noche
que con luces brillantes relucía en mi país;entre las damitas coronadas de flores
la alegre charla versaba sobre mí. 

 Pero una que no participaba en la charla
se apartaba perdida en sus pensamientos,
con su joven alma inmensa ¡Dios sabrá
cómo! en la melancolía de un sueño. 

 Ella soñaba con una cañada de Dagestán;
en la cañada el cadáver de un amigo yacía;en su pecho, la herida humeante y ennegrecida
y un hilo de sangre enfriándose cada vez más.

lunes, 13 de mayo de 2013

Esporão Branco Reserva 2010



Herdade do Esporão 

Esporão Branco Reserva 2010

Antão Vaz – Arinto – Roupeiro

14% Grad. Alc.

D.O.C. Alentejo, Portugal.



La niña aún no cumple los dos años de edad pero ya está acostumbrada a vernos brindar en casa, ya acerca su vaso con jugo de uva cuando le decimos ¡salud!, ¡saúde!, ¡cheers!, o ¡kampai! También, al descorchar cada vino ella es quien huele el corcho, le da un besito y lo deposita en los envases de vidrio transparente donde guardamos cada corcho de cada botella que bebemos juntos, mi esposa y yo.

Para armonizar el risotto de salmón de C decidimos abrir este Esporão blanco, que aunque no es tan joven acompañó bien nuestra comida. Esta marca portuguesa –así como la chilena Tarapacá- es otra de la que también nos estamos volviendo caseritos.

A la vista, es de un amarillo pajizo, no tan concentrado pero algo ambarino, denota una corpulencia digamos que mediana aunque no parezca tan denso. En nariz estuvo el show, y esto desde el momento del descorche: un rico y muy intenso perfume –porque esa explosión no era sólo aroma- de frutas, piña en especial, hay también sensaciones minerales, pero lo afrutado es lo que más resalta. En boca, se refrenda la mediana corpulencia, así como también la fruta, la omnipresente piña. De final mediano a más, con retrogusto mineral. 

Es un vino muy fresco, que sorprende desde el descorche con ese rico aroma a piña que exhala. Muy rico en boca sin y con comida: sin comida se percibe más las notas minerales, ya sentados a la mesa y con la comida este blanco resaltó en especial el sabor del queso del rissoto; buenas experiencias que nos tornan hinchas de los vinos de esta casa.

lunes, 6 de mayo de 2013

Tarapacá Cabernet Sauvignon Gran Reserva 2009



Viña Tarapacá 

Tarapacá Cabernet Sauvignon Gran Reserva 2009

89% Cabernet Sauvignon – 8% Petit Verdot – 2% Carmenere – 1% Syrah y Merlot

14,5% Grad. Alc.

D.O. Valle del Maipo, Chile.



De algunas marcas somos caseritos, una de esas es la Viña Tarapacá. Parece casi imposible no gustar de un vino de esta casa, y, cada vez que vamos a abrir alguno ya estamos como el perro de Pávlov: salivando. No fue distinto con este cabernet sauvignon que cuenta con pequeños aportes de otras cuatro cepas.

De un granate muy obscuro, profundo, casi negro, por momentos pareciera tener trazos azules; de capa media alta, forma medianas aunque intensas lágrimas. En nariz, lo primero a percibirse es madera, lo afrutado después, frutas negras maduras, como casis, hay toques de vainilla, en la primera copa se percibe algo alcohólico, luego esta sensación desaparece. En boca, nuevamente lo primero a notarse es la madera, inclusive algo fuerte en la primera copa (de ambos), luego esa intensidad baja considerablemente. Se refrenda las frutas negras, sensación de gran intensidad, la vainilla es muy leve. Al igual que en la fase anterior lo alcohólico se percibe en la primera copa, para luego disminuir pero no desaparecer, no incomoda. En la tercera copa suelta notas de humo. De corpulencia mediana, de una equilibrada tanicidad. De final mediano a más, con retrogusto a roble. 

Al inicio estaba algo cálido para luego bajar considerablemente esa sensación algo alcohólica. Es un vino de una personalidad fuerte, definida. Armonizó bien con una pequeña parrillada. Probablemente aguante un par de años, quizá algo más, lo difícil es tenerlo ahí y no sucumbir a descorcharlo.

jueves, 2 de mayo de 2013

El otoño del patriarca, Gabriel García Márquez



Año de publicación : mayo de 1975

Presente edición : Editorial Sudamericana, tercera edición, junio de 1975


Leer la presente obra del maestro García Márquez es experimentar un complejo ejercicio que difícilmente encontraremos como lectores en cualquier otra obra de cualquier otro autor, ya que nos la presenta a manera de un enorme monólogo donde los puntos son tan escasos, teniendo las comas un papel muy importante en esta singular estructura, estilo que imprime mucho vértigo al acontecer de los hechos, teniendo puntos muy altos y haciendo gala de un fino humor cuando desarrolla algún proceder absurdo por parte del dictador, aunque generalmente los procederes de los dictadores –y de los prospectos de dictadores- en la vida real son todavía más absurdos que en cualquier ficción, aquí encontraremos desde el encarcelamiento de una persona quien el dictador conoce pero no recuerda de dónde, así que, aturdido por esa imprevista fragilidad de su memoria lo manda detener hasta que el recuerdo regrese a él, cosa que no sucederá en décadas, o el burdo sistema de sorteo de loterías utilizando niños que previamente fueron instruidos para coger las bolillas más frías y así timar al país entero, pero para esconder el fraude decide mantener rehenes a los niños utilizados en cada sorteo hasta no tener más lugar donde albergar tantos niños, destinándoles un terrible final, pero esta mezcla de comedia con tragedia que rinden grandes trechos hace que haya también momentos algo más parcos en el transcurso de la trama, momentos menos grandiosos que no eclipsan el todo en esta obra vanguardista para su época, tal vez también para la nuestra, eso sí, esta lectura es como una montaña rusa, por muchos momentos es muy rápida pero también en otros se hace muy largo y hasta parece inacabable puesto que no hay cortes en los diálogos ni cuando cambia de narrador, son renglones enteros que abarcan todas las hojas completas, así que hay que tenerle algo de paciencia, hubo veces que llegué a perder el hilo de esta enredada madeja teniendo que regresar una página para saber en qué momento cambió el narrador pues Gabo alterna diferentes ópticas de sus personajes sin cambiar de conversa, y cuando menos lo percibo ya estoy en el parecer de algún subalterno del dictador, quienes lo obedecen sin chistar, hasta cuando éste pregunta la hora le responden: las que usted ordene mi General; o de su amante y luego esposa Leticia Nazareno, quien con sus artes no sólo lo conquistará sino que pasará primero a sesgar las decisiones del dictador para luego prácticamente ser ella quien mande a través del marido, lo que le agenciará muchos enemigos y un trágico final; o el parecer de la sacrosanta madre del patriarca, Bendición Alvarado, a quien parece estar unido con un lazo más fuerte que el cordón umbilical, incluso canonizándola tras su muerte, para alegría de los fieles devotos con que la ahora santa ya contaba; como en la vida real toda dictadura por más absurda que sea tiene sus seguidores, y no son pocos. Una persona que llegó al poder por esas vicisitudes de la vida, quien se esmera en suplantar a Dios y la mayor parte del tiempo se la cree, lo disfruta, hasta encontrar en Patricio Aragonés, su doble, la soberbia sinceridad que lo despierta del marasmo y poder percibir que los que están a su alrededor lo sobrellevan, y que en realidad está totalmente solo.



El problema de no empezar cronológicamente con la obra de un autor es que con esta manera de escribir la sorpresa no llega a ser tan grande pues ya había encontrado este estilo en el relato “El último viaje del buque fantasma” del libro “La triste historia de la cándida Eréndira y de su abuela desalmada” relato que también está estructurado a manera de un gran monólogo, hilado finamente con comas, pero claro, aquel es un relato y ésta una novela de 271 páginas.

Ante tantos nuevos autores y obras de diversa índole en los estantes de las librerías siempre es gratificante encontrarse con un libro –y en una edición antigua en muy buen estado- tan ambicioso como éste, con todo el genio de este colombiano universal. Sólo faltó que en una capilla chiquitica llegue al encuentro del patriarca un pajarito revoloteando y aleteando chuchuchuu…, chuchuchuu…, chuchuchuu…, y trine, parándose en una viga de madera, y que el patriarca le responda también con un silbido, y tras un cruce de penetrantes miradas alce vuelo, para que luego el dictador interprete esos trinos como un designio, como una bendición; ahí sí, éste libro, además de maravilloso, sería profético.

miércoles, 1 de mayo de 2013

Herederos del Marqués de Riscal Reserva 2007



Bodega de los Herederos del Marqués de Riscal

Herederos del Marqués de Riscal Reserva 2007

90% Tempranillo; 10% Graciano y Mazuelo

14% Grad. Alc.

El Ciego (Álava), D.O.C. Rioja, España.


 

Tuvimos nuevamente la suerte de encontrar este clásico vino español con excelente rpc cuando es adquirido fuera del Brasil: 18 dólares (RS 36), ya aquí en la ciudad de Dalton Trevisan oscila entre los 50 y 70 dólares (entre RS 100 y RS 140); el disfrute lo tenemos desde mucho antes de sentarnos a la mesa y del descorche.

A la vista, de un rojo muy vivo, brillante, de capa media, forma lágrimas medianas. En nariz, los frutos negros atacan primero, hay toques especiados también. En boca, es de una sensación tánica muy sutil, muy elegante, lo afrutado lo tostado, la madera, está en gran armonía, quizá la fruta destaca un poco más, sin empalagar, con buena acidez y de mediana corpulencia. De final largo con retrogusto a madera.

Este vino en boca acaricia por la sutileza que derrocha. La sensación de madera no es en ningún momento un tablazo. Para nosotros depararse con este tinto es saber de antemano que tendremos una buena experiencia, y, como en otras oportunidades, no decepcionará.