lunes, 9 de agosto de 2010

Cantos y cuentos quechuas I, José María Arguedas



Cantos y cuentos quechuas I; Ed. Municipalidad de Lima Metropolitana; Munilibros 1986; José María Arguedas, Perú.


Este primer volumen es una edición bilingüe: en las páginas del lado izquierdo están los originales en quechua recopilados por Arguedas, y en las del lado derecho la traducción al castellano realizada por el propio autor. En 1938 bajo el título “Canto Kewcha”, y en 1949 con el nombre de “Canciones y cuentos del pueblo quechua” Arguedas recopila relatos y canciones, anónimas, que se transmiten de manera oral, que son parte del universo creativo indígena y mestizo, compuestas en quechua, que no es el quechua de época de la conquista, sino el enriquecido con el castellano a través de los años. La presente edición fue hecha por Elías Mujica Barreda, el poeta Eduardo Vega Posada, y nuestro escritor Manuel Scorza Hoyle (el culpable de editar los “Populibros Peruanos”).
En la sabrosa “Presentación” a manera de prólogo Arguedas nos remarca:

“No he hecho traducciones literales, he hecho versiones poéticas, el tema de las canciones está puro y entero.”
(Pág. 31)


En la parte III de esta “Presentación” encontramos:

“Hace tiempo que tenía el proyecto de traducir las canciones kechwas que había oído y cantado en los pueblos de la sierra. En mis lecturas no encontré ninguna poesía que expresara mejor mis sentimientos, que la poesía de esas canciones. Además, tenía dos razones poderosas para realizar ese proyecto: demostrar que el indio sabe expresar sus sentimientos en lenguaje poético; demostrar su capacidad de creación artística y hacer ver que lo que el pueblo crea para su propia expresión, es arte esencial. (…) Los que hablamos este idioma sabemos que el kechwa supera al castellano en la expresión de algunos sentimientos que son los más característicos del corazón indígena: la ternura, el cariño, el amor a la naturaleza.
El kechwa logra expresar todas las emociones con igual o mayor intensidad que el castellano. (…) A pesar de los 400 años de persecución a que ha hecho frente, el kechwa no ha perdido su vitalidad. (…) Tanto hablan los anti-indigenistas y la gente de la costa, que la música kechwa es sólo triste, tanto han escrito sobre este asunto los ignorantes, que tenía un especial interés en publicar versiones de los waynos alegres. Pero no recuerdo completa sino esa canción de carnaval. (…) No niego que la música y las canciones kechwas son en su mayoría lamentaciones; de un pueblo oprimido no se puede exigir música predominantemente alegre.”
(extractos de las páginas 28, 29 y 30.)


Así, en la primera parte de este libro titulada “Canto Kechua” tenemos veintiún canciones recopiladas, de las cuales sólo una es alegre (“Carnaval taki” o “Canción de carnaval”), las otras veinte son lamentaciones, en su mayoría, por la pérdida de un amor. En la segunda parte encontramos cuatro cuentos, de los cuales, el impresionante relato “Ararankaymanta” ("El lagarto") con el que inicia esta sección fue recogido en cinta magnetofónica de boca de un informante del pueblo de Lucanamarca, distrito de Huancasancos, provincia de Víctor Fajardo, en el departamento (estado) de Ayacucho. Los cuentos aquí compilados aparecieron en la revista “Folklore Americano” números 8 – 9 de 1960 -61, que Arguedas dirigió por diez años (1953 – 1963). Dichos cuentos fueron transcritos y traducidos por el mismo Arguedas para su publicación final.
En “Ararankaymanta” (“El lagarto”) encontramos a una pareja de esposos de muy buena posición económica, con tierras, ganado, pero que no pueden concretar el sueño de tener un heredero. Entre sus muchas súplicas a Dios llega a quedar la esposa embarazada, pero naciendo el bebé a los diez meses de gestación: el castigo por pedir algo que no estaba dado a ellos es concebir un ser con cuerpo de lagarto y cabeza humana: un monstruo. Al llegar a una edad viril el hijo les pide a los padres que le consigan una mujer, ante el asombro e inicial negativa de estos. Él alega, con enojo, que no pidió venir a este mundo, y que ellos con sus grandes riquezas podrían conseguirle sin ningún problema una esposa. Los padres, aunque temerosos aceptan tal petición. Las celebraciones de la boda son fastuosas, y ya en la noche de nupcias la joven esposa es devorada (literalmente) por el heredero. La escena se repetirá muchas veces, con sus diversas concubinas, teniendo los padres con el pasar del tiempo dificultades para encontrarle esposa, ante las negativas de los hombres del pueblo por mandar a sus hijas a una muerte segura a cambio de tierras y ganado, hasta encontrar una joven, quien aconsejada por una bruja se arriesgará a casarse con el hijo de los hacendados. En plena noche de bodas, y cuando todo iba bien, ella olvidará uno de los consejos de la chamán, y presenciará algo que nadie, ni sus suegros vieron.
Es curioso en la primera parte del cuento hay una frase:


“Y el hombre tampoco tuvo hijos en otras mujeres.”


Denota que en la sociedad andina se acepta que el hombre tenga otras mujeres como amantes además de su esposa.

En “Apu runapa warmi churin” (“La hija del rico”) encontramos la historia de una joven, linda y coqueta, hija única de un hombre muy poderoso y adinerado, Ella cuenta con muchos enamorados, de todas las clases sociales. La muchacha no se hacía problemas y aceptaba a todos por igual. Con el correr de los años ella decide que ya es hora de casarse y parar con esa vida libertina. Los padres, enojados por el comportamiento de la muchacha le piden que elija uno entre tantos como esposo. Los enamorados son citados por ella a una hora exacta, la mayoría confiados por tener dinero para adquirir lo que la joven pediría. Ella inicia su disertación aclarando que no quiere que le compren nada, y que lo que desea es que quien la ame verdaderamente se pare en el camino, en una gran montaña, cercana a las tierras de los padres de ella, allí, todos los martes de noche, pasa un condenado (entiéndase, alma en pena, fantasma, quien puede devorar un ser humano de estar ante él): quien tenga el valor de esperarlo y hacerle frente, y sobrevivir claro está, será el elegido por ella. Los pretendientes van dejando el local, reclamando; un joven muy pobre, quien atento escuchó el pedido acepta el desafío, sellando con un baile con la joven su promesa. Él tendrá tres días para prepararse e ir con la joven a la montaña. Consultará con ancianos y escuchará sus consejos. El día pactado van acompañados de un primo hermano de la muchacha que servirá de testigo, y con mandolina en mano intentarán hacer bailar al fantasma. El joven llega armado de unos artilugios, consejo de los ancianos, y hará frente al condenado, con la joven presenciando la escena desde lejos.

Chimaychero maqtaqunamanta” (“Los mozos jaranistas”) es el relato más corto de los cuatro que aparecen en este primer libro. Aquí encontramos tres jóvenes que ante una frustrada tentativa de engañar a tres muchachas para divertirse con ellas enrumban, alegres, bebidos, encontrándose en su camino con diferentes tipos de “condenados”. Uno de los jóvenes llegará a ser devorado por el último y más peligroso de los fantasmas. Cada vez que esto sucede el “condenado” no puede moverse muy lejos del lugar donde devoró a su víctima (me hace recordar ciertos animes japoneses). Los amigos encontrarán el poncho y prendas de su compañero en jirones y buscarán por los alrededores al ánima culpable de tal pérdida.

Finalmente en “Awilaypa condenadumanta” (“Mi abuela y un condenado”) el narrador contará una historia que a su vez fue contada a él de niño, cuando su abuela era joven: ésta junto a su hermana, pastoreaban tranquilas ganado ajeno en una ladera en el cerro de Huancasancos cuando vio a una mujer caminar sin rumbo hacia las montañas al atardecer. Intentando ayudar la invitan a entrar a la casa por ser la hora avanzada. La mujer acepta sin saber las jóvenes que su invitada es una “condenada”. Ya en el interior de la casa harán de todo para expulsar al ánima.

Dejo el primer de estos cuatro relatos en su versión original en quechua y su debida traducción al español. Está tal y como aparece en el libro: encontrarán palabras que después de un punto inician con minúscula: desconozco si hay algún error en esos detalles (podría ser, es una edición popular y, así como en el libro de Basadre, también de edición popular, se encuentran algunas erratas de imprenta) así que opto por transcribirlo tal y como está.

Ararankaymanta

Huk apu runas kasqa; uvija uvijasapallaña, vacasapa, uvijasapa, chakrasapa. Casarukusqa huk warmiwan suma sumaq warmiwan. Hinaptinsi mana churin kasqachu. Chaysi, kaychikay riquisaita pimantaq saqesaq nispa, riki, casarukuska. Imaykynatapas churiyman dijasaq nispanyá casarakusqa.
Hinaspanñataqsi, casarukuptinsi ¡manan churin kanchu! Suma sumaq warmi, qawapayankus lliu karikunaqa warmintaqa, Piru manasa churiyasqachu. Ni warminpipas ni hukpipas churin kasqachu qaripaqa. Warminpipas wachakusqachu, imaynapas.
Chaysi Taytachaman rispa mañukuq riki, inlisiapi, Iskayninkus vilata prindikuqku. “Kaynañataq chakraypas, kaynañâtâq, mana waqasqakuraq.
Pichqa watañas, soqta watañas mana churinku kasqachu, riki. Chunka watanpiña kasqaku, mana churiyok, riki, Mañana pimampas ima kaqninkutana saqeykynapaq kaptinsi “Icha hûkpa churinta urwakasunchikchu”. nisqa. Siñor^antaq nisqa: Imaytataq hukpa churintâqa uywakuchwanqa. Manan yawarninchik hinachu” nispan nisqa, taytachata mañakamusun, dilata churakamuspa, mañakusun gracianta. simple graciay graciaykamuwachun, wawanchik kanapaq”. Chaynas kasqa.
Chupanpas ¡machus kasqa! Riata hina. Chaysi hatu hatunsuta wiñarun. ¡Puquy puquy, pukay pukayiaq, ararankaypa!

Hinas… hinaptinsi… chunka pichqayoq watamanta wiksayoq warmi rikurirusqa. ¡Kusikunsás warmi, qosanpas kusui kusi”. “kayqay churiyqa, churiyaruni kunanka” nispas, hukman, willakuspas tuman, kusikuymanta. Taytachapa chakinpi qonqo riyhun. Mañanas waqrarunañachu, chaymantaka! Waqra kasqaymantachiki dios castigawarqa, chaycha mana churiyoq karqanai”, nisqas.
Ña chayna kallaspa, pusaq killanpiña, isqonpiña; chunka killanpiqa wachukurun warminqa. Chacran wasillapi riki atindichin , riki, tawa warmikunawan, chay wachakuq atindiq warmikunawan. Chaynas, chaynas hinaspas iima ninkitaq! Wachakurusqa ararankayta. Mana runatachu. ¡Ararankayta! Runa uyayuqta. Werpunqa ararankaysi, lliu, sillunkama. Umallansi runa.
“¡Iman kay, Jisus! ¡Diospa castiguncha!” nispa nisqaku, riki.
“Imaynataq imanasqapas. Suertisuychikchá; dioschiki apachimusunkichik ararankaytapas, chay mañakusqaykichikmanta”, nispa nisqaku warmikunaqa.
Hinaptinsi. ¡Hina uywanku! Mamantapas ñuñunsá qanra ararankay. Manasá mamanpas manchakunñachu. Wawan kaptin ¡imananqamá! Hinatas wasi ukullapi uywanku. Taytanpas, waqaspa, raguman wischukuykun paypas.
Hinaptin, chayna kachkaptin, ña pichqa watanpiña. Rimataypas yachanyá. ¡Rimansi ararankayqa! Piro, panpantas lloqarispalla purin. Uyallansi runa uyaqa. Chaynalla, chaynalla kachkan. Hinachkaptin…… chunka watanpiña, chunkapichqayoq watanpiña. Liitapas yachachip tinqa yachansá liita, Manas escribiytaqa atisqachu ararankay makinwan. Tawansá makipas, riki, chakin makin.

Hinaptinsi….. chunka pusaqniyoq watanpiña kaspanqa, warmitaña mañakusqa. Mamanta nispa “Casarachiway”, nispa. Casarachiway niptinsi “Imaynataq casarakunki”, nisqa mamanqa. “¿Imapaqtaq, chayqa, tantu riquisaykichik; imapaqtaq tantu imaynikichikpas ¡casarakuwaychikyá! Chaypakchariki mañakuwarqankichk, hamunaypaq. Ñoqaqa hamunaypaq ninkakurqaykichikchu”, nisqa ararankayqa.
“Wawanchikmi, churinchikmi, imaynapas casarachisunyá. Casarichisun” nispa, iskaynin tayta maman rimanakuspa riki yaykupanku sipasman. Chaysi yachanku, riki ararankay churin kasqantaqa. Hinaspa… apu apu kaptinñataq; apukaynin rayku, tayta maman, sipaspapa, riki, wawanta qoykusqa. “Manachiki imapas sucedinqa”, nispan, riki.
Casarachinkusá ¡puramintillaña! ararankaytaqa, tayta curaqa wasinman rispa, wasillanpi misata ruwaspa, casarachin. Chaysi…. Sipaspas ¡sumaqllaña! ararankaypaqa. Chaysi pusanku riki, ararankaytaqa, qipin maqtakuna, riki. Takiwan pusanku puñuchinankupaq. Padrinu madrinas pusanku, riki. Hinaspas, sipastaqa llatanaykuspa saquesqaku wasi ukupi, wichqaykuspanku; kimsa candaduwan candaduykuspa.
Hinaspansi…. Ararankayqa, vilata wañuykachispa nin; “Ustuy” ninsi sipastaqa. Sipasqa riki mana qacharachu. Imapas kasqanta, riki, inocentillaña ustuykuspa cama ukumanqa. Hinaspan… ararankayqa, pawaykuspa mikurusqa, yawarninta súqurusqa, Hinaspas… ¡lliu! aychantapas mikuranusqa. Achikyarusqa ¡saksay, saksay!, puraminti yawarllaña, pampapas yawarllaña, siminpas yawarllaña.
Hamusqaku kichaykuq, rina padrinu, madrina, maman, taytan, punchiyaq punchiyoq, riki Hinaspa… saksayta tarisqaku ararankayta, warmimanta qa tullullantaña. Hinaptinsi ninku. “¡Imanaykusuntaq kunanqa!”, nispa.
Chaysi huk lau llaqtamantaña pusaramusqaku pasñata. Hinaspan chaypiwan casarachisqaku, kaqllata. Chaytapas, chayna wichqaruptinku! Chaynallataq mikurqun! Yawarninta suqurqun; puñurachin primiruta, hinaspan, pawaykuspa mikurusqa Kunkamanta yawarninta suquruspa, hinaspansi, lliu aychanta tuqurusqa.
Chaynalla, chaynalla; hinaspansi, yacharusqakuña, achka llaqtakunapi, chay ararankay ña warmi mikusqanta. Chaynaspanku, chay, suma sumaq sipas kasqa pubri sipas karqa, riki mana imayoq, mana chakrayoq, mana animalniyoq, mana imayoqpuni. Hinaspansi, chaytañataq rimapayaq risqaku, riki mama taytan, ararankaypaqa. Hinaptinsi nin: “Manam; kay wakta yachaniku. Imaynacha kanman”, nispa niptin. “Imanaypas imananqachiki; qollqeykuqa kanmi. Ima sucidiptinpas ñoqayku chanisaqku. Haykatapas qosqaykichis”, nispa nin (Wawanqa pregakuchkantaqá ya: “Casarachiway, casarachiway nispa).
“Kutimuychik, churiywan rimasaq” nispan, maman, taytan nisqa, riki, chay sipaspaqa.
waqaspanku, maman taytan “Imayan imanasun”, ninku. Wawasapan kani, riki”, nispa, tayta nin. Ruégakun, riki warmi churintaqa. “Ichayá filicidadninchik kanman. animaltan qosaq, chakratan qosaq, wacatan qosan, niwarantaq. Imapas sucediptikiqa, sumaqtachiki misachisqaykiku, qanpaq hinata. Uywakusaqku allinta, sullkaykikunata, ñañay. kikunata”, nispan nisqa. Niptinsi, sipasqa llakillawanña kasqa “¿Imanasaqtaq, imanasaqtaq?” Mamay taytay wakchamiki”, nispan.
Chay waqasqanwan mana qasillaykuspa, riki, layqamanñataq risqa pasñaqa, villakuq. Siñoras layqa kasqa. Chaysi willa kusqa Siñoraqa nin: “¡Ay, wakcha, distinasqan kanki qan, verdad casarakunaykipaq. Kay maki plantaykipi sutsilla kackan. Pero….. manam tianqachu chay runa qanwan. “Ñoqataqa sipiwanqachá, mikuwanqacha, wakinta hina” nispan nin. Manam mikusunkipaqchu. Qanpa makikipin”, nispan nin. “¿Imaynanpi”, nispa nin. “Chay ararankaymi nisunki puño chisuptichik: Qan puñuy, nisunki, Hinaptinmi ¡aman puñunkichu qamqa! Paypuni puñuchun primerata. Ustunqa ukuman, chaypiña qamqa ustunki, qepataña”, nispan nisqa. “Pay puñuykuptinña, ustuykunki”, nispan nisqa. “Bueno”, nisqa, pasñaqa.
“Ustuptinmi, sutilla qaranta chutikurunqa. Hinaptinmi, chay qaranta chutakuruptinñan qan ustuykunki”, nispan nisqa. “¡Ciertuchu!” , nisqa, pasña. Ciertun. Manam imapas sucidisunkichu. Ama llakillaychu”, nispan nin.
Pasasqas, kusisqa, mama taytaman riki. Hinaspansi nisqa. “Imanasaq imanasaqtaq, mamay taytay. Hinallayá casarakusaq, imanasaqta. Imapas sucediwaptinqa destinuywanchiki pagasaq. Ima allin kakunaykichik rayku; hina kachun”, nispa niptinsi, ¡Bueno! Taytan, mamanqa pasan kusisqa, riki chay ararankaypa maman, taytanmanqa.
“Ari ari ninmi, warmi churiy”, nispas nin. Hinaptinsi. “Casarachisunmi”, ninsi. Qanra ararankayqa pawarkachanraqsi, yanqallaña kusikuymanta. Lloqarukuykunsi cama hawaman. Cama hawallapis laqaykachan. Pampinas manas purikachqchu.
Chayna….. ¡Casarakunsá! Kaqtaq ¡puramintillaña! arpapas, violinpas, yanqallañas waqanku Ramadapiraqsi casarachinku qanra ararankayta. Qochayaransi payqa, banca hawanpi, casarachiptin. Runa uyas uyanpas; uqiñawiya kasqa, plagaqa.
Hinaptinsi, chayna kachkaptinsi…. Puñuchiksi pasachinku riki, padrinu, madrina, harawiwanraq, pasachinku, riki. Chaysi llaviykunku, riki, hinastinqa… Vilata pukuykun. “Vilata wañuchisun”, nisqa, sipasta. “Ustuyá”, ninsi, chymantaqa, ararankayqa. “Manan ustuykuy manchu! Qanyá ustuy, primeruta”, nispa nin sipasqa. “Ustuyá qan”, nin ararankayqa. “¡Manan ustuykuymanchu; aswanyá qan!” ninsi pasñaqa: “Qan ustuykuptikiqa, ñoqa ustuykamusaqmi; maytataq risaqri” nispan nin. “¡Ustuy!, ninyá ararankayqa. “Manan ustuykuymanchu” kutichipun pasñaqa, takiayta.
Hinaptinqa…. Ararankayqa, riki, hinata usturun primeruta. Ustuturuspansi, qonqayllamanta…. ¡qall, qaaash! Nispan, chutikurunkun riki, nanta qaranta. Qaranta riki chutikurun. Hinaptinsi warmiqa mancharukurusqa. “Imataq kayqa ruwachkan”,nispan, riki. Layqa nisqantaqa, riki qonqarusqa, sipasllaqa. “Imaynataq. Ustumuyñan” Chay ¡qaash! Niruptinqa “Ustumuyña”, nin, ararankayqa. Hinaptinsi “Imaynatan ustuykusaq hina ararankaywarqa. ¡Mikuruwanqan”, nispan nisqa, pasñaqa.
Hinaspansi vilata sindiykuspa, vilawan qawaykurusqa. Manayá qawananchu karqa, riki. Layqaqa nisqa: “Amam qawankichu”, nispa. Layqaqa willakusqa “Aman qawanchiku. Yanqataq qaway kuwaq vilawanpas”, nispa. Chayta mana yuyaspa. “Qonqaytaq mikuruwanman kay hina ararankaytaq kachkan”, nispan; qawaykusqa vilawan.
Chaynaptinsi…. ¡suma sumaq juvinllaña kachkasqa, puka chukcharaq! Runañayá; ñoqanchik hinaña. Hinaptin: chay vilawan qawaykuptinsi, abrazaykunapaq kachkaptinsi… ¡Wayraman tukurakamusqa! ¡Uúúúú…..úuuuu! nispan.
Wasipa qawiñanta ripukusqa. Chaypipasñaqa quidarusqa sapallanña. Chaypachamantas llumchuynin hina kasqa apu runapa, pasña; yaqa warmi churin hiraña. Manas churinqa kasqachu.
Chay ararankay manaña kaptin llapa runakuna niq, maman warmita: “Wañuptiki, huknin ñuñuykita colibra ñuñunqa: huknin ñuñuykita sapu ñuñunqa. Castiguykin. Mana dios munachkaptin, mañakurqanki. Manan wawayki kanqachu”.
Chayllapi tukukun.

(páginas 96, 98, 100, 102, 104, 106 y 108)




El Lagarto

Había un hombre sumamente rico. Tenía incontables ovejas, vacas, tierras. Se casó con una mujer hermosísima. Pero no tuvo hijos. Se había casado pensando en que necesitaba herederos para sus riquezas. “Todo lo que tengo lo dejaré a mis hijos”, había dicho.

Pero se casó y no tuvo hijos. No tuvo descendencia. Su mujer era bellísima; y todos los hombres la contemplaban; pero resultó siendo estéril. Y el hombre tampoco tuvo hijos en otras mujeres. La esposa no pudo concebir por ningún medio.
Entonces fue a la iglesia a rogar a Dios. Fueron los dos. Prendieron velas “¡Tantísimo ganado, tantísimas tierras! ¿A quién hemos de dejarlos?”, clamaban. Lloraban a ratos; a ratos no lloraban.

Pasaron cinco años, seis años, y no tuvieron hijos. Cumplieron diez años de matrimonio, y no pudieron tener un hijo. Y como les torturaba la idea de que no tenían a quien dejar su fortuna, el hombre dijo: “¿Quizás debiéramos adoptar un hijo ajeno?” Pero la mujer se opuso: “¿Cómo hemos de criar un hijo ajeno? No será de nuestra sangre. Volvamos donde el Señor a pedirle su gracia; que me conceda su gracia, para que tengamos un hijo. Prendámosle velas en su altar” Y así fue.
Pasó el tiempo….. A los quince años de matrimonio la mujer concibió, y apareció encinta. Se llenó de alegría; el marido también fue dichoso. “Allí está mi hijo. ¡He engendrado!”, diciendo, fue a dar la noticia a unos y otros. Bebió con ellos. Expresó su felicidad. Se arrodilló a los pies del Señor. ¡Ya no era un hombre estéril, un cuerno!

Y así, en ese estado de dicha, pasaron cinco meses, nueve meses. A los diez meses la mujer parió. Dio a luz en su casa-hacienda; la atendieron cuatro mujeres de esas que saben. Entonces…, entonces…, ¡qué te diré! La mujer parió un lagarto, no un ser humano. ¡Un lagarto! Su rostro era humano; su cuerpo era de saurio, todo, hasta las uñas. Sólo la cabeza era humana. Su cuerpo era de lagarto.

“¡Nadie puede hacer nada de nada! Resignaos. Debe ser Dios quien les ha enviado este lagarto, de tanto que le pedisteis”, dijeron las comadronas.
Y entonces, por eso, ¡así lo criaron! El asqueroso animal mamaba los pechos de la madre; y ella no le temía. ¡Era, pues, su hijo! Lo crió dentro de la casa, bajo techo; no le permitía salir. El padre lloraba y se entregó a la bebida.

Y así, del mismo modo, día a día, cumplió cinco años y aprendió a hablar. ¡Hablaba el lagarto! Pero no podía erguirse, caminaba arrastrándose sobre la barriga. Sin embargo, su rostro era humano. Nada cambió, todo continuó igual hasta que el lagarto cumplió diez años, quince años. Aprendió a leer; sí, aprendió a leer, pero no pudo escribir con sus dedos de saurio; eso no pudo. Tenía cuatro manos; cuatro, como todo lagarto. Su rabo era largo como una reata. Y creció, todo él; la bestia se hizo recia y enorme. Maduró, maduró fuertemente. Y aparecía rojizo, verdaderamente rojo, pletórico.

Entonces, cuando cumplió dieciocho años, pidió mujer. Le dijo a la madre: “Deseo casarme” “¿Cómo? –le preguntó ella- ¿Cómo puedes tú casarte?”. “¿Y para qué tienes tantas riquezas, tantos bienes? ¡Hacedme casar! Sin duda con este fin me pedisteis. Yo no os pedí venir”, dijo el lagarto.

“Es nuestro hijo. Tendremos que hacerlo casar, de algún modo. Ha de tener mujer”, dijeron los padres. Y fueron a pedir una muchacha para él. Todos sabían que el hijo de éste hombre poderoso era un lagarto. Pero como era tan inmensamente rico, a causa de su opulencia, los padres de la muchacha solicitada, entregaron a su hija. “Quizá no le ocurra nada” dijeron.

Y el matrimonio de del lagarto fue esplendoroso. Se realizó en la casa del cura; allí dijo la misa el sacerdote; en su propia casa ofició el matrimonio. La mujer del lagarto era bellísima. Se la llevó. Sin embargo, el lagarto tuvo que ir cargado en hombros. Cantando llevaron a los novios hasta la cámara nupcial. El padrino y la madrina guiaron la comitiva. Ellos desnudaron a la novia; cerraron la puerta de la cámara nupcial y le echaron tres candados.

Era de noche. El lagarto apagó la vela y ordenó a su esposa: “¡Acuéstate!” Ella no sospechaba nada malo, era inocente. Obedeció y se acostó, se cubrió con las frazadas. Entonces el lagarto se lanzó sobre ella y la devoró; le bebió la sangre. Luego de beber la sangre le comió todos los miembros, la carne de la esposa, hasta la última fibra. Y amaneció repleto, cubierto de sangre, el piso ensangrentado; la boca de la bestia enrojecida.

Al día siguiente, el padrino, la madrina y los padres abrieron la puerta. Llevaban jarros de ponche para los recién casados…. Encontraron al lagarto repleto; de la mujer no quedaban sino huesos descarnados en el suelo. “¡Qué hacer, qué hacer ahora!” dijeron gimiendo.

Y entregaron a los padres la joven mucho dinero, para que no se quejaran, para que no dijeran nada. El padrino, la madrina y los padres del lagarto lo arreglaron todo así, todo.

“¿Cómo pudiste devorar a quien te dimos por esposa?”, preguntaron al lagarto. “¡No tiene remedio lo que no puedo remediar! ¡Tengo hambre!, contestó.
Le trajeron otra esposa de otro pueblo. Celebraron nuevo matrimonio. Y también del mismo modo, apenas cerraron la puerta de la cámara nupcial, él ordenó a la mujer que se acostara primero; se lanzó sobre ella, le bebió la sangre y la devoró. Le bebió la sangre mordiéndola por el cuello y luego devoró las carnes, hasta la última fibra.

Y así, así le dieron muchas mujeres más. Hasta que en todos los pueblos supieron que ese lagarto devoraba a sus esposas. Y había una muchacha muy bella, que no tenía bienes de ninguna clase. Era pobrísima. Donde ella fueron, finalmente, el padre y la madre del lagarto. Fueron a pedirla. “¡No! –dijo el padre de la joven-. Sabemos muchas cosas de tu hijo. No sé lo que podría ocurrir.” “Ocurra lo que ocurra. Tengo dinero. Si algo le sucede a tu hija, daremos su precio. Te daré lo que sea”, contestó el padre. (Es que su hijo, el lagarto, lo martirizaba: “¡Hazme casar…, hazme casar!”, diciéndole, exigiéndole.)

“Volved. Voy a hablar con mi hija”, contestaron el padre y la madre de la muchacha.
Lloraron ambos: “¡Qué hemos de hacer!”, decían. “¡Tengo tantos hijos!”, exclamó el padre, y rogó a su hija: “Quizás puedas lograr nuestra felicidad –le dijo-. Me ha ofrecido ganado, tierras, vacas, dinero. Si algo te sucede te mandaremos cantar hermosas misas, como para ti. Criaremos bien a tus hermanos menores, a tus hermanas.” La joven entristeció. “¿Qué he de hacer, qué debo hacer? ¡Mis padres son tan miserables”, decía.

Y como el llanto no la calmaba, la joven fue a consultar con una bruja. Había en ese pueblo una señora que era bruja. “¡Ay, huérfana, es cierto, de verdad estás destinada a casarte! Aquí, en la palma de tu mano aparece claramente…., pero…., no has de vivir con él, con ése”, dijo la bruja. “A mí también me matará, me devorará como a las otras” , contestó la muchacha. “A ti no te matará –afirmó la bruja-. Eso está en tus manos.” “¿De que modo?”

“Cuando os lleven a dormir, después de la boda, el lagarto te dirá: Acuéstate primero. Tú no le obedecerás. Harás que él entre en la cama, antes que tú. Cuando se haya acostado y lo veas dentro de las frazadas, tú entrarás a la cama. Cuando ya esté dormido te acostarás junto a él”; así habló la bruja. “Bueno”, contestó la joven.

“Al momento de acostarse él –continuó la bruja-, oirás cómo se descarna el cuero y se lo saca.” “¿Es posible?” “Es verdad. Y no te sucederá nada –afirmó la bruja-. No tengas pena.”

La hermosa muchacha predestinada, volvió muy alegre donde sus padres y les dijo: “Qué puedo hacer, qué no puedo hacer, padres míos. Me casaré, pues. Si algo mi sucede, habré pagado mi destino. ¡Que todo se haga por vuestra fortuna!” Los padres, al oírla, fueron muy contentos donde los padres del lagarto…
“Ha aceptado, ha aceptado nuestra hija”, anunciaron. “Los casaremos”, dijeron los otros.

El inmundo lagarto empezó a dar saltos, grandes saltos de felicidad. Trepó después a la cama; y se estiró allí; quedó como empozado sobre las frazadas. Esa era su vida. No caminaba en el suelo sino raras veces.
Y así. ¡Se celebraron las bodas! Y nuevamente, con la solemnidad y la abundancia de siempre. Arpas y violines cantaban en todas partes de la casa. Levantaron esta vez una ramada, esta vez para el matrimonio del asqueroso lagarto. Él permaneció adormilado sobre una banca mientras se realizaba la ceremonia. Su rostro era humano, sus ojos grises.
Y se llevaron a dormir a los novios. El padrino y la madrina guiaron a la comitiva que marchó mientras cantaban harawis. Cerraron la puerta de la cámara nupcial; le echaron candados.

El lagarto apagó la vela. “La apagaremos”, dijo. Luego ordenó a su esposa: “¡Acuéstate!” “No –contestó la joven-. Acuéstate tú primero. ”¡Tú has de acostarte”, insistía el animal. “No me acostaré sino después que tú. Yo no he de irme. ¿A dónde he de irme?” “¡Acuéstate!”, volvió a ordenar el lagarto. “¡No lo haré, no me acostaré!”, contestó firmemente la muchacha.

Entonces…, el lagarto se acostó. Ya dentro de la cama, de pronto, “¡qall, qaaash!”, se sintió el ruido que hacía al descarnarse el cuero. Empezó a desollarse. Y la mujer sintió miedo. “Algo, algo está haciendo”, pensó. Y ya perturbada, se olvidó de la recomendación final de la bruja. “¡Acuéstate!”, le llamaba el lagarto. Había concluído de desollarse, y la llamaba. “¿Cómo he de echarme junto a él si he oído ese ruido? Es un lagarto, me va a devorar”, decía la muchacha.

Y encendiendo una vela, acercó la llama al lagarto. Estaba convencida que ni debía mirarlo. La bruja le había dicho: “No has de mirarlo”; le había advertido claramente. “No has de mirarlo, cuidado con encender una vela delante de él.” Y ella se olvidó. El espanto de ser devorada por el lagarto oscureció su memoria.
Delante de la llama no apareció el lagarto sino un joven hermosísimo, de cabellera roja. Entonces ella se inclinó para abrazarlo…., lo iba a abrazar… Pero él se convirtió en viento. “¡Uúúú…., úúú….! , silbando, desapreció por entre las maderas del techo. La joven se quedó muy sola. Y desde entonces fue considerada por sus suegros como una verdadera nuera, como hija de los poderosos padres del monstruo. Pues no tuvieron más hijos, nadie en la casa.

Cuando desapareció el lagarto, la gente del pueblo murmuraba; le decían a la madre: “Después de que mueras, una serpiente mamará de uno de tus pechos, y del otro un sapo. Ése será tu castigo. Pediste a Dios lo que no quiso darte. Jamás tendrás hijos.”

(páginas 97, 99, 101, 103, 105, 107 y 109)

9 comentarios:

Anónimo dijo...

es un cuento aterrador....que miedo..pero muy interesante que te atrapa..por momentos te iamginas a ese monstruo...muy buena recomendare este blog..hasta otra amigos... y sigan publicando mas cuentos..atte dante

manigna dijo...

Hola Dante,

Al igual que con Juan Bernardo del post anterior de Arguedas, discúlpame por no haber respondido antes.

Sí, el relato es sorprendente. Gracias a Arguedas que se tomó el trabajo de recopilar tanto Ararankaymanta como los demás cuentos que aparecen en este pequeño pero gran libro.

¿Te imaginas cuántas historias como esa hay en nuestro Perú profundo? ¿Desde cuándo estarán circulando oralmente esos relatos? Ojalá y alguien le tome la posta a Arguedas. El Perú no sólo es rico en restos arqueológicos, hay también muchas historias por ahí que la gran mayoría ignoramos.

Gracias por escribir, y disculpa nuevamente por la demora.

Anónimo dijo...

Gracias por compartir este cuento con todos. Lamentablemente no se difunde mucho este tipo de historias y sería bueno que algún día alguien se anime a realizar una historieta de esta historia fantástica para que los niños y jóvenes la aprecien.

manigna dijo...

Esa es una gran idea anónimo: hacer una historieta de los cuentos recopilados por Arguedas, y hasta podría ser bilingüe: una versión en quechua y otra en castellano.

Gracias a ti por la visita y por comentar.

Manolo.

Anónimo dijo...

Excelente eataré comentando siempre.

manigna dijo...

Gracias por la visita anónimo.

Stefanie dijo...

hola quisiera saber cuantos cuentos hay en la obra de cuentos y cantos de jose maria arquedas

Cristina Crenchiglova y Manolo Malpartida dijo...

Hola Stefanie,

Estoy en mudanza, en cuanto pueda revisar la caja donde está esos dos libros respondo tu pregunta.

¡Saludos!

Cristina Crenchiglova y Manolo Malpartida dijo...

Hola de nuevo Stefanie,

La lista es la siguiente:

Libro 1 :

- Canto Kechua:

- Chaynallatak'mi wak'an ninki (Dile que he llorado ...)
- Cilili wayta (Cilili, hermosa flor)
- Ischu kañask'ay (El fuego que he prendido)
- Amaya tarillachunchu (Que no encuentre ni el rocío)
- Altun Pawak' wamanchallay (Halcón de las alturas)
- Ork'okunapi wallyar ischupas (El ischu está llorando)
- Carnaval taki (Canción de carnaval)
- Muradu sisaschallay (¡Ay flor morada!)
- Nisiu repunte (¡El agua negra!)
- Sapachallayki wak'achkask'anki (Llorabas solo patito)
- Chikchischay paraschay (Tormenta de nieve)
- Kay tutayaypi (En este oscurecer)
- Ork'on k'asan purinaypak (Para ser errante)
- Paris-Paris palomita (Como dos palomas)
- Pullunta pallawaspay (Volando por lo alto)
- Ima k'entirak' tipyaykurk'a (Un picaflor la desangró)
- Mana piynillayok (Sin nadie, sin nadie)
- Ak'ota pallaspa (La arena del río)
- Raki-Raki
- Wek'en upiak' (El agua dulce)
- Yawarta muchuchin (Qué dolor soñara)


Cuentos:

- Ararankaymante (El lagarto)
- Apu runapa Warmi churin (La hija del rico)
- Chimaychero maqtakunamanta (Los mozos jaranistas)
- Awilaypa condenadumanta (Mi abuela y un condenado)

Este libro trae además una presentación del mismo Arguedas, y otra llamada "La comunidad creadora y el informante" donde se explica detalladamente el largo trabajo de recolectar estos relatos y cantos.


Libro 2 :

- Historia de Miguel Wayapa
- El torito de la piel brillante
- La amante de la culebra
- El joven que subió al cielo
- El jefe del pueblo y el demonio
- La amante del cóndor
- El negociante en harinas
- Isicha Puytu


Ambos libros fueron editados por la Municpalidad de Lima Metropolitana en 1986, y como editores aparecen Eduardo Vega Posada, Elías Mujica Barreda, y Manuel Scorza Hoyle. Parecen que ambos pertenecen a una colección más amplia pues el tomo 1 tiene inscrito en el lomo el número 11, y el tomo 2 el número 12.

Gracias por la visita.

¡Abrazo!