sábado, 31 de julio de 2010

Lilus Kikus, Elena Poniatowska




Lilus Kikus; 1954; Ed. Sudamericana 1999; Elena Poniatowska, México.


Este es quizá el libro que más rápido he leído: dos horas y poco más, y, aunque piense que esta sea característica de libros menores, esta obra definitivamente está lejos de formar parte de ese grupo. El primer libro escrito por Elena Poniatowska a inicios de la segunda mitad del siglo pasado se lee fácil y rápido aunque cuente con doce capítulos. En esta obra ingresamos al mundo de Lilus, una niña curiosa y observadora de su entorno, quien se entretiene operando a una mosca, e inyectando café negro con azúcar a miss Lemon, a la señora Naranja, a Eva la manzana, a la viuda Toronja, y al señor Plátano; no necesita de juguetes convencionales y le basta con lo que el mar (en Acapulco) deja en la orilla: agua, arena, conchas y estrellas de mar. Es una niña soñadora, imaginativa y muy crítica: sueña por la noche ante una respuesta boba; imagina poder torcer los rayos del sol; observa el polvo ante los rayos de luz mientras Aurelia, la empleada, hace la limpieza, Lilus conversa con ella y le pregunta:


“-¿Cómo te da besos tu novio?
- Besos chichos niña, besos chichos…
Lilus se queda pensando en cómo serán los besos chichos.”
(pág. 34)


Su papá no entiende por qué ella pasa tanto tiempo observando a un gato jugar con su cola, ver caer una gota de rocío desde una hoja, preguntarle a una luciérnaga cómo atrapa la luz.
Lilus crece y en la escuela conoce a “la Borrega”, una niña rebelde y completamente desilusionada del amor a sus trece años; Lilus tendría mucho por oír de ella si no la separaran de las demás por “ser la oveja negra de ese blanquísimo rebaño…”; también conoce al señor del Cuatro, un filósofo que vive recluido leyendo, resolviendo antinomias, ella lo ametralla con infinidad de preguntas; y también está su amiga Chiruelita, una joven mimada que a sus once años habla como si tuviese tres, Lilus pasaba por alto aquello “por saber que Goethe, un hombre tan inteligente tenía por esposa a una joven mujer que nada sabía pero que siempre estaba contenta.”

IV - Las Elecciones.


“Lilus va al centro de la ciudad. Trajo conchas de mar y tiene cuentas de mil colores. Se hará un collar. Va a comprar un hilo largo para ensartarlas. Se lo pondrá en el cuello, en la cintura, tejido en sus trenzas, amarrado a una pierna….Pero se encuentra con una manifestación.

¡Chole! ¿Por qué no dejan al mismo presidente y así se quitan de líos? Pero no, es una manifestación de muchos Siete Machos, y uno de ellos está gritando: “La voluntad del pueblo… el futuro de México… nuestros recursos naturales… el bienestar….” Y Lilus piensa en el pueblo… ¿En dónde está? El pueblo anda vendiendo en inglés billetes de lotería, allá por Madero y San Juan de Letrán, comprando pulque en la colonia de Doctores y prendiendo veladoras en la Villa de Guadalupe. Lilus no es muy patriota, y lo sabe. En la escuela hay unos que pegan propagandas y otros que la despegan. Y según eso hay mucho mérito en pegar y despegar. Lilus se limitó a preguntarle a uno de la Secundaria que con qué pegaban la propaganda, y él contestó: “Con la lengua, babosa.” Por la noche, Lilus soñó, con remordimiento, que tenía una gran lengua rosada, y que con ella pegaba enormes carteles. A la mañana siguiente despertó con la boca abierta y la lengua seca.

Lilus se cuela por entre los Siete Machos. Unos oyen con cara de ¡Salvaremos a México! Y sudan mucho. Son los hombres de buena voluntad. Otros están parados ahí para ver qué pasa. A ratos sacan su Pepín, y le entran duro a “Rosa, la Seductora”. Son los hombres de voluntad dividida. Además hay mujeres. Unas gordas y otras flacas, que saben mucho de leyes, es decir, de braceros, de refugiados y del Chacal de Peralvillo. Discuten entre ellas, comentan: “¡Ay, que horrible horror!” Fíjese Doña Rurris, con estos hombres que son tan imita monos. Lo que hace la mano hace la tras. Anoche le vi cara de chacal a mi marido.” “Doña Felipa, qué barbaridad.” Respecto a los refugiados, su veredicto es que se vayan a los Steits, porque lo que es aquí se da mucho taco.”

De pronto, una ola de movimiento sacude la manifestación de los de buena voluntad en contra de los de voluntad dividida. Todos comienzan a hablar más fuerte. Hay unos cuantos gritos, y a Lilus se le ocurre gritar también: “¡Que viva Don Cástulo Ratón!” Y ¡pum pas pum! , que le aceleran un guamazo por detrás. Algunos de los Siete Machos levantan del suelo una Lilus Kikus tiesa pero patriota.
Una hora después toman su declaración a Lilus, que algo mustia contesta con voz temblorosa: “Pues al ver que los del colegio habían hecho tantas cosas, pensé que lo menos que podía yo hacer era pegar un gritito.”

Lilus se marcha a su casa, y por el camino se le ocurre que si le hubieran pegado más fuerte, a lo mejor la mandan al hospital. Don Cástulo Ratón habría ido entonces a visitarla en un coche negro para ofrecerle la medalla “Virtuti Lilus Kikus”.
Los periódicos publicarían entonces su retrato con la noticia: “Lilus Kikus seduce al pueblo.” Y en la Sección de Sociales: “La guapa Lilus Kikus, luciendo un precioso vestido defendió horrores a su partido. Se ve que lo ama en cantidades industriales…” Pero ni siquiera eso habría tenido importancia.

Lilus está decepcionada. Siempre le pasan las cosas a medias…..”





Cada capítulo es una vivencia nueva para Lilus, quien va descubriendo así el mundo; lo curioso es que somos los lectores que vamos redescubriéndolo, viendo lo que es tan obvio y no logramos percibir, necesitamos el prisma de esta niña para detenernos a contemplar lo más sencillo, lo que está cercano y generalmente pasa inadvertido.

La obra tiene un sutil humor, crítica sobre política, amistad, religión.
El presente libro tiene un error y una omisión: en la contratapa aparece como año de nacimiento de la escritora 1942, lo que haría pensar que el libro en cuestión fue escrito a los doce años. El año de nacimiento de doña Elena es 1932 (gracias santa Wiki’). La omisión es sobre el autor de los excelentes diseños a carboncillo sobre el fondo blanco de la página, a inicio de cada capítulo; sólo hacen constancia de quien diseñó la tapa: los dibujos son de la pintora surrealista y escritora mexicana de origen inglés Leonora Carrington. Si con la tapa de un libro de Borges podemos conocer a Xul Solar, ahora, a través del primer libro de Poniatowska podemos conocer las obras de Carrington.
Otro pequeño libro con una gran obra en sus páginas, tierno y mágico.

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