viernes, 29 de noviembre de 2013

Intipalka Extra Brut



Bodega Santiago Queirolo

Intipalka Extra Brut

100% Chardonnay

13,5% Grad. Alc.

Viñas Queirolo, San José de los Molinos, Valle de Ica, Perú.
 



Las dudas por viajar con espumosos en las maletas se disiparon cuando Cris se arriesgó a llevar un par de ejemplares brasileños a Lima para luego traer éste extra brut de la marca Intipalka. Hay que tener un cuidado redoblado a la hora de embalarlos pues aunque viajen con el WineSkin -muy prácticos para estas jornadas- la duda era si por la particularidad de estos vinos y la presión pudieran abrirse en pleno vuelo, pero no, ni de ida con los brasileños ni de vuelta con éste peruano.

Si un tinto peruano resulta novedoso e intrigante un espumante lo es aún más.

A la vista, es de un amarillo claro, de burbujas medianas e intensas.

En nariz, piña. Hay un toque dulce en el fondo.

En boca, se refrenda aquella sensación de piña, y esa sensación dulce es como de miel con un punto amargo hacia el final. Se percibe algo alcohólico, nada que incomode. No es tan cremoso.


Esa sensación dulzona que antecede al extraño amargor es parecida al ofrecido por un tipo de miel que aún tenemos en casa –ya está acabando-, no nos incomoda, por el contrario, nos agrada, nos resulta diferente. Aunque lo alcohólico realmente no incomoda Cris a la segunda copa ya estaba con sueñito. Es un espumante poco equilibrado pero que cumple su objetivo de refrescar en una tarde/noche calurosa. Tiene una buena rpc: S/. 39,90 (unos US$ 14, o sea RS 30) en Vivanda de Benavides, Miraflores.

Es una buena opción para las fiestas navideñas que se aproximan.

lunes, 25 de noviembre de 2013

Mas La Plana 2009



Bodegas Torres

Mas La Plana 2009

100% Cabernet Sauvignon

14,5% Grad. Alc.

D.O. Penedès, España.



Siguiendo con la secuencia de vinos españoles adquiridos en Lima este Mas La Plana de Bodegas Torres cautiva desde el primer sorbo. Lo elegimos para armonizar nuestros clásicos pimientos rellenos y realzó -y de qué manera- el sabor de nuestra comida.

A la vista, es de un negro profundo con bordes violetas, tiene mediana corpulencia, forma lágrimas grandes e intensas.

En nariz, frutos negros, hay un toque dulzón y una leve sensación a madera. Es algo cerrado de inicio, pero gana intensidad con tiempo en copa.

En boca, tiene una marcada y rica acidez, de mediana corpulencia a más, la sensación a madera es equilibrada junto con la afrutada, de una suave sensación tánica luego de una media hora en copa. De final largo con retrogusto afrutado en las primeras copas, a café en la tercera; aunque camaleónico siempre fue placentero. 


Por ésta botella se pagó S/ 150 (soles), unos US$ 54 (o sea, RS 110. Una excelente compra puesto que cruzando los andes, por aquí, es ofrecido entre RS 290 y RS 320: ¡joder!, como diría aquel compatriota mío que alguna vez conocimos en el Shooters de Nagoya –¡gran bar!-, quien estuvo de paseo por España por dos semanas y adquirió -al parecer, para siempre- el acento español) en Aldeasa (World Duty Free Group España Sucursal Perú), o sea cuesta el doble de precio de su compatriota bebido la semana pasada, pero aún así la experiencia lo vale. Es un vino con mucha calle, muy complejo, muy bien estructurado, combina intensidad y frescor, que inclusive bebiéndolo ahora 
ofrece una gran experiencia; derrocha elegancia, pero este vinazo debe tener mucho más por ofrecer si la espera es una virtud que se cultiva.


Regreso a las líneas iniciales, a aquel primer sorbo de Cris, la expresión en su rostro segundos antes de decir maravilhoso!; es el sincero resumen de lo que estaba por venir.

viernes, 22 de noviembre de 2013

Intipalka Reserva Cabernet Sauvignon - Syrah 2011



Bodega Santiago Queirolo

Intipalka Reserva 2011

Cabernet Sauvignon 50% - Syrah 50%

14,5% Grad. Alc.

Viñas Queirolo, San José de los Molinos, Valle de Ica, Perú.
 



Un detalle curioso sobre esta marca es que parece estar posicionada fuertemente en la mente de Cris al punto de llamar “Intipalka” cuando quiere decir “vino peruano”, algo parecido a decir Colgate cuando se quiere referir a dentífrico. O al menos lo estaba hasta antes de probar el Don Manuel de Tacama bebido el fin de semana pasado.

Los viñedos del Valle de Ica tienen una extensión de 300 hectáreas, a 500 m.s.n.m. a más de 60 km de la costa en el desierto del sur peruano que se benefician de la brisa marítima proveniente del Océano Pacífico. Con inviernos fríos las heladas no se dan en este territorio. Ya los veranos son calurosos aunque como en cualquier desierto de noche la temperatura baje considerablemente llegando a tener incluso una diferencia de 20 grados entre el día y la noche.

Decidimos hacernos de una pizza cuatro quesos para armonizar este tinto peruano, y así nos fue:

De un granate que coquetea con el negro con bordes violáceos, brillosos, no es translúcido, denota entre leve y mediana corpulencia.

Aroma a frutos rojos: fresas, guindas; y negros: ciruelas negras. Cris percibe aroma de pimiento.

En boca, de inicio la primera sensación en la primera copa es algo cálido, también algo dulce aunque no empalagoso. Para Cris la sensación a madera es leve, para mí algo más que leve. La afrutada resalta más: ciruelas negras. Aquí también se refrenda esa sensación a pimiento, muy agradable. De final mediano con retrogusto a tabaco.

El disfrute fue mayor con la comida ya en la mesa. Cris lo encuentra un vino redondo. Para mí la sensación a madera es algo más que leve y aunque no sea un tablazo no lo encuentro del todo redondo, pero no está nada mal considerando su precio: S/. 45 (unos US$ 16, o sea RS 33) en Vivanda de Benavides, Miraflores; consideramos que tiene una buena rpc. 


domingo, 17 de noviembre de 2013

Don Manuel Tannat 2010



Viñas Tacama

Don Manuel Tannat 2010

14% Grad. Alc.

La Tinguiña, Ica, Perú.



La última vez que bebimos un tinto de la Viña Tacama no habíamos tenido una buena experiencia –sobre todo Cris-, quizá por el corte con la cepa petit verdot que es algo difícil de aceptar y acostumbrarse. Hoy tenemos este varietal de tannat: ¡un tannat peruano! Lo primero que pensamos al leer tannat en la etiqueta es en Uruguay, en sus potentes, sabrosos y elegantes caldos. En Brasil aunque varias bodegas se animan trabajar un varietal de esta variedad hay uno en particular que nos llama la atención, uno de la bodega Lidio Carraro que lo estamos cortejando, pero como siempre por aquí el precio desanima.

Este Don Manuel es el top de la bodega, se ve reflejado en el precio, algo más que el doble de aquel Intipalka bebido hace un par de semanas: S/. 86, unos US$ 31, o sea RS 63, considerado caro en Perú, aunque se gaste lo mismo o más por vinos extranjeros con una imagen ya hecha.

Aunque la producción de vino en el Perú venga desde la época de la conquista y colonización con la llegada de los españoles la producción vitivinícola fue interrumpida y no se mantuvo ni desarrolló a través del tiempo -entre otros motivos- por la reforma agraria impuesta por el gobierno peruano en la década del ’70 donde se concedió los terrenos a los campesinos, siendo un retroceso irremediable, pero desde hace algunos años se está invirtiendo en tecnología, consultorías extranjeras, importación y sembrío de parras de diversas cepas -iniciando prácticamente de cero-, y los resultados no se darán de un día para otro. Una frase atribuída al Barón Philippe de Rothschild versa: "Hacer vino es relativamente fácil. Difíciles son los primeros 200 años." Por lo pronto este tannat peruano de Tacama fue disfrutado de una manera que sinceramente no esperábamos.



A la vista, de un profundo color negro con bordes violáceos con mucho brillo, no es nada translúcido, de corpulencia mediana a más, forma lágrimas intensas.

Ojo: en la etiqueta posterior recomiendan decantarlo por lo menos una hora antes de ser servido (*). Así, una parte del caldo se decantó 40 minutos hasta la primera copa que sería de Cris pues ella al probar ambas –sin decantar y decantado- prefirió el vino decantado. Yo de lejos preferí directo de la botella y verlo evolucionar en copa. Ante esto:

En nariz:

Primera copa –de ambos- : es muy afrutado, una explosión de frutas: ciruelas negras, higos, también guinda. Cris le encuentra más a cerezas.

En la segunda copa (Cris, 40 min después de la primera) hay toques de vainilla, la sensación afrutada es más leve.

En la segunda copa (Manolo, 30 minutos después de la primera), aunque la fruta sea aún el destaque hay sensación a madera algo más que leve pero ningún tablazo, nada que incomode, es elegante.

En la tercera copa (Cris, casi 1 hora y 50 minutos después de la segunda copa), la sensación afrutada se mantiene leve, nadie le quita que son a cerezas.

En la tercera copa (Manolo, 2 horas después de la segunda copa), la sensación afrutada disminuyó pero no desaparece, la sensación a madera se mantiene igual que en la segunda copa, hay también trazos de vainilla.

En la cuarta copa (Cris, 3 horas y media después) hay toques florales, como a violetas.

En la cuarta copa (Manolo, 4 horas después) Las mismas sensaciones de la tercera copa pero algo más leve.


En boca, Cris refrenda su percepción de cerezas, yo más a ciruelas y algo como a guinda. Es algo cálido, pero no llega a incomodar. De buena sensación tánica, es elegante, de mediana corpulencia. Yo le encuentro una leve sensación a madera, Cris no, en ningún momento. De final mediano, en el retrogusto yo siento algo como a clavo de olor, Cris a canela.


Habíamos ya pensado en preparar unos espetinhos de carne, y pan al ajo. Creemos que puede acompañarse con tabla de quesos y/o embutidos tranquilamente pues no cuenta con la potencia de un tannat uruguayo, no te pide comida, pero se disfruta mejor con ésta.

(*) Agradezco que indiquen si consideran que es mejor o no decantarlo, como es el caso en este tinto, aunque al final la decisión de hacerlo o no sea nuestra.

Respecto a la etiqueta: trae un lindo grabado como hecho a carboncillo. Ya la medalla o escudo de metal que trae colado al vidrio es bien simplón.

Es interesante y aunque podemos estar equivocados, los vinos peruanos –hasta ahora- tienen ese toquecito dulzón en nariz, y dulzón y cálido en boca, un toque como de guinda.

Es elegante, equilibrado, no es potente, tiene una personalidad diferente, algo más suave de la idea que tengo de un tannat por eso lo preferí en todo momento sin decantar. Ya Cris prefirió todo lo contrario, encontrándolo más fuerte directo de la botella y más redondo y sabroso decantado.

Quizá en lo único en que coincidimos es que fue una muy buena experiencia, de una buena rpc aún en Perú, ni qué decir para otros países. Éste es uno de esos ejemplares cuyo esfuerzo merece ser conocido y divulgado. Ideal para obsequiar a algún consumidor extranjero de vino que ciertamente encontrará exótico un vino peruano.

viernes, 15 de noviembre de 2013

Barón de Ley Gran Reserva 2005



Bodegas Barón de Ley

Barón de Ley Gran Reserva 2005

90% Tempranillo – 10% otras

13,5% Grad. Alc.

Mendavia, D.O.C. Rioja, España.



Siguiendo un orden ascendente en precios, éste Barón de Ley Gran Reserva costó el doble del precio que aquel compatriota suyo Viña Albali Gran Reserva: por éste ejemplar se pagó S/ 75 (soles), unos US$ 27, o sea RS 56 en Aldeasa (World Duty Free Group España Sucursal Perú), y aún así consideramos que tiene una buena rpc pues éste caldo lo estamos disfrutando más que aquel mencionado líneas arriba.

A la vista, es corpulento, negro hacia el centro con bordes violáceos, forma lágrimas intensas y persistentes.

En nariz, Cris al toque dice: que cheiro gostoso a carvalho! Y sí, en la primera copa la primera sensación es a un roble suave pero persistente, duradero. Luego aparecen los frutos rojos que a medida que transcurre el tiempo se va intensificando: frambuesas, fresas. En la segunda copa y restantes la primera sensación es la afrutada, luego aquella rica sensación a roble. En la cuarta copa hay un toque leve a vainilla.

En boca, aunque de buena y marcada acidez es muy sedoso y equilibrado, la fruta y la suave madera se amalgaman perfectamente. No llega a ser untuoso pero tiene una corpulencia mayor que la media. De final mediano con retrogusto a clavo de olor.

Es un tinto aterciopelado, muy agradable en boca ofreciendo un disfrute tal que ya imaginamos el por qué se ofrecen –y venden- más tintos de Rioja por estos lares que de otras regiones.

lunes, 11 de noviembre de 2013

Encontro de Vinhos Curitiba 2013






Llegamos cerca de las 15:00 horas y ya había gente en el evento. En la entrada, mientras nos registrábamos, conocimos a los amables organizadores Daniel Perches y Beto Duarte, nos inscribimos en las respectivas listas para participar de las tres exposiciones que se llevarían a cabo en el transcurrir de la tarde, cogimos nuestras copas, e ingresamos.


Ya de entrada, hacia la derecha nos esperaban –entre varios otros- un Gran Reserva 2009 de la Bodega Séptima, un Penfolds Koonunga Hill Shiraz-Cabernet, y un espumante rosado Codorniu Pinot Noir; y esto recién era el inicio. 

La gentil mujer de la importadora Interfoods nos ofreció: ¿quieren una ronda completa para conocer nuestros vinos?, o algo así. Tentadora oferta, pero -considerando que eran más de 15 solamente en ese stand- si probábamos “todos” los vinos de “cada” stand no llegaríamos ni a la mitad del salón y ya estaríamos K.O. Así que a centrarse en los que creíamos que eran los más caros, los que probablemente nunca compraríamos -por lo menos aquí en Brasil, por los absurdos precios que alcanzan ciertas etiquetas-, y/o los más exóticos, llegados de lejanas tierras. Bueno, al menos eso fue al inicio. Así, cada vino que veíamos en un decantador nos acercábamos e ipso facto estirábamos los brazos irguiendo nuestras copas. También preguntábamos: qual é o vino top dessa vinícola?






Pero esa estrategia duró poco. Llegamos al stand de Alto Las Hormigas y Cris se animó a probar aquel malbec que hace mucho no probamos y yo a conocer el Bonarda de Colonia Las Liebres: no serán tops pero qué sabrosos que estaban y justamente ese es un gran punto que tienen a favor: no se tiene que pagar mucho para disfrutar un buen vino. Tienen una gran rpc inclusive por estos lares de impuestos elevados. 





Ahí cerquita divisamos los caldos de Rutini: degustamos el Apartado 2006 –untuoso, derrocha elegancia-, y tras un refill yo me animé al chardonnay que cuenta con un rico punto como a piña y de fondo tiene una rica y suave sensación a madera, a vainilla. Los Rutini así como los Riglos –éste último no había puesto que la importadora Decanter no participó- son marcas muy conocidas para nosotros pero que todavía no hemos bebido en casa. 




Ahí al lado estaba el espacio de la Bodega Decero, vinos totalmente desconocidos para nosotros, y nos enteramos que están a la venta aquí en la ciudad. Un varietal de Petit Verdot nos hacía un guiño. Teníamos buenos recuerdos de otro varietal de la misma cepa pero de la marca Monte Cinco, así que animados por ese buen recuerdo ése fue el primero a ser probado: ¡qué rico vino! De una acidez marcada y muy elegante, muy bien estructurado. También repetimos la dosis. Los vinos de esta casa los buscaremos por aquí. 








Vamos a salir un poco del lado argentino, me dice Cris, y caímos ahora en el stand de una importadora, Inovini, pero lo primero que atrae nuestra mirada allí es un Achaval Ferrer Malbec: al toque pregunto: tem um Achaval Quimera? No había, chesu… Ahí una etiqueta llamó nuestra atención: un Hermon Red Wine 2012. Un tinto israelí. También al toque estiramos los brazos. ¡A Cris le encantó! Lo encontró muy aromático, y en boca destaca la vainilla y clavo de olor, la elegancia no es su virtud, es medio rebelde, tiene una personalidad diferente. Como siempre el problema de los caldos del otro lado del charco son los precios altos. 




¡Las cuatro y quince! Dejamos nuestras copas y subimos a un espacio reservado para las exposiciones. La primera era sobre Argentina, sobre la diversidad de cepas con que cuenta el vecino país sureño. En palabras de André “Deco” Rossi, representante de Wines of Argentina en Brasil, Argentina não é só malbec, tem ótimos vinhos feitos com a uva torrontés, bonarda, petit verdot, syrah. O consumidor brasileiro ainda não descobriu o torrontés, vinhos que tem muito a ver com nosso país que é de clima tropical.



Fue la exposición con mayor número de participantes. Se degustaron cinco vinos en el siguiente orden: 


- Los Haroldos Chardonnay 2012 (en el mercado brasileño cuesta entre RS 20 y RS 26 / US$ 8 y US$ 11)

- Rutini Sauvignon Blanc 2012 (RS 74 / US$ 36) 

- Colonia Las Liebres Bonarda 2011 (RS 42,70 / US$ 20) 

- Finca Flichman Caballero de la Cepa Cabernet Sauvignon 2012 (RS 47 / US$ 22,50)

- La Celia Hermitage Malbec 2010 (RS 145,90 / US$ 72)


El primero es muy fresco y tiene una gran rpc inclusive aquí en Brasil. É para ser bebido ao lado da piscina.., dijeron por ahí. Nos miramos con Cris: 
intentaremos la experiencia, ojalá no más que nuestra hijita nos preste su piscina inflable de pelotitas de colores que es la única que tenemos. 




El tercero ya había probado momentos antes así que pasé. El cuarto no estaba mal pero quizá aún esté muy joven. Para el precio al que es expendido por aquí se le considera accesible (padrones brasileños). 





El que acaparó toda nuestra atención fue el último: el orgasmo está desde la nariz. Ya en boca la experiencia es aún mayor: denso, untuoso, potente y elegante a la vez. Un vino para buscarlo y adquirirlo cuando se cruce la frontera. ¡Vinazo! 



El mapa con las regiones detalladas que llegó en el folder nos ayudan a conocer más de la Argentina. Por ejemplo: totalmente desconocidas nos eran Catamarca en el norte, La Rioja en Cuyo, La Pampa en Patagonia. Y no es que seamos expertos sobre Mendoza, San Juan, Neuquén, entre otras, para nada, pero las primeras no nos vienen a la mente por lo menos durante la exposición. La exposición fue muy rica en información y con slides y separatas detalladas cedidas gentilmente. 



Una hora después la segunda exposición estuvo a cargo de la nueva importadora Eslavino, que como lo indica desde el nombre es la encargada de traer y ofrecer vinos eslovenos al mercado brasileño. En el siguiente orden se degustaron tres de los cinco vinos de su portafolio: 

- Edi Simčič Triton Lex 2007 (en el mercado brasileño cuesta RS 160 / US$ 78) 

- Verus Furmint (Šipon) 2011 (RS 100 / US$ 48) 

- Movia Modri Pinot 2005 (RS 160 / US$ 78) 


El primero, Edi Simčič Triton Lex 2007, es un blanco que hasta ahora lo tenemos en el paladar. Como el perro de Pavlov salibamos al ver la fotografía en el tríptico cedido. ¡Qué vinazo! Es de una densidad mayor a la de un vino blanco corpulento. No es para beberlo, es casi para masticarlo, para “comerlo” con cucharita. De un fuerte color amarillo, de un brillo diferente que coquetea por momentos con el color miel volviéndose algo turbio –ojo, es del 2007, y según los expositores es un vino de guarda-, en otros de un brillo que deslumbra y atrae, como salido de algún diseño femenino de Ana Locking. Es un blanco trabajado con las uvas: chardonnay, sauvignon blanc y rebula. ¿Rebula? Primera vez que escuchábamos aquel nombre. Es una cepa autóctona eslovena que aporta las notas minerales y el frescor en este corte del cual no tenemos los porcentajes, ni preguntamos, estábamos en trance deleitándonos con este vino. Es de una acidez marcada pero diferente, como más presente pero sin desequilibrar. También tiene toques de miel en boca, pero sin llegar a considerarse un vino dulce. Llega a ser crocante. 



El segundo vino fue el Verus Furmint (Šipon) 2011 y aquí, para nosotros hubo un error pues al dejarlo como segundo vino a ser degustado le quedó la varilla tan alta que ni la riquísima Isinbayeba la alcanzaba. Éste Verus es más fresco, más claro, con menos cuerpo, más suave, de rico sabor en boca, muy equilibrado pero dejando sentir el roble y, sin ser un mal vino quedó chiquito, fue totalmente eclipsado por el primero, claro, para nosotros. Creo que si la degustación hubiese empezado por éste Verus hubiera sido mejor apreciado. 

El tercero y último fue el Movia Modri Pinot 2005 que no probé, pues ya iba por la segunda copa del primero. Debí hacerlo pues éste tinto varietal de pinot noir fue uno de los primeros en acabarse. Cris sí aprovechó y no lo dejó pasar, lo encontró con un carácter muy diferente, con el roble omnisciente, envolvente, muy afrutado, pero que pide comida. Si fuese una persona sería un tío algo chúcaro por momentos y bonachón en otros; un estilo diferente. Es un vino que pasa cuatro años en barricas de roble francés tras una vinificación biodinámica: uvas cogidas de manera tardía para obtener una mayor concentración, tienen un límite máximo de tiempo (dos horas) para ser transportado a donde se realizará la fermentación con levaduras naturales obtenidas de la misma viña. No es filtrado ni tiene adición de conservante alguno. Según Cris es otra joyita. 

El problema –como siempre- son los altos precios. Por el evento el primero y el último estaban con un descuento de RS 50, o sea a RS 110 (US$ 52), igual sigue siendo caro, pero qué vinos diferentes y agradables son. Toda una experiencia. 





La tercera y última exposición también corrió a cargo de André “Deco” Rossi, y ahora se centró todavía más en los terruños y las diversas regiones argentinas. Esta exposición fue la que menos gente tuvo. Quizá por la alegría que ya afloraba en la mayoría en el salón principal, prefiriendo quedarse a beber abajo que subir a escuchar a alguien hablar sobre vinos, ellos se lo perdieron pues notoriamente Deco domina el tema. Pero como dicen, de lo bueno poco, y no por nosotros, meros aprendices, sino que en esta exposición estaba el Cónsul Argentino y su esposa –que después supimos es de nacionalidad uruguaya-, Pedro Rearte de la Fundación ProMendoza, Flavio Faria autor de los libros “Guía de Vinícolas, Chile”, un ranking con más de 60 vinícolas para visitar, y “Guía de Vinícolas, Argentina” obra que trae más de 65 bodegas para visitar –por cierto, por aquí hay mucho público brasileño que aprovecha el viaje entre otros motivos para hacer “enoturismo”, y Argentina y Chile son los destinos con myor demanda, Uruguay algo menos pero también es mencionado-, o sea solamente fieras entre el público, y también nosotros, y al final de ésta última exposición nos quedamos conversando con ellos a la salida de la salita, en uno de los corredores, y conversar es un decir, pues escucharlos fue un deleite, todos muy amables y con mucha información para aprovechar y aprender. La conversa que duró entre 30 y 40 minutos fue toda en castellano, y un salud por el castellano que a esas alturas para decir salud nos sobraban los motivos, como bien canta Sabina. 


Se probaron cinco vinos en el siguiente orden: 

- Kaiken Terroir Series Torrontés 2012 (RS 61,60 / US$ 29)

- Salentein Reserve Pinot Noir 2011 (RS 78 / US$ 37)

- La Celia Elite Malbec 2011 (RS84,90 / US$ 41)

- Melipal Malbec 2010 (RS 59,90 / US$ 28)

- Decero Mini Ediciones Petit Verdot Remolinos Vineyard 2009 (RS 179 / US$ 87)

El primero, leve, muy fresco algo herbal. El segundo, es translúcido, la vainilla es muy notoria en nariz, en boca ciruelas negras, de una corpulencia entre leve y mediana. El tercero, más elegante, con una rica y marcada acidez, la sensación a madera es leve. El cuarto, de una corpulencia entre leve y mediana, tiene una sensación a pimiento. El quinto es la vedette: es muy aromático, frutas negras de mermelada pero no sabríamos decir cuál, de una corpulencia mediana, es muy afrutado, de marcada y rica acidez, derrocha elegancia. Para quien crea que un varietal de petit verdot debe ser difícil de beber tiene que probar éste ejemplar: delicia!, como dice Cris. 




Ya bajando todavía hubo oportunidad de probar los tintos chilenos Ventisquero Queulat Gran Reserva Carménère 2010 –con notas a tabaco y roble-, Ramirana Gran Reserva Syrah-Carménère 2010 –vaya ensamble de cepas, algo fuerte, Cris comentaba que sería más interesante probarlo con comida; tiene una buena rpc-, y los argentinos Ben Marco 2010 –con notas a tabaco en nariz, sedoso, elegante en boca-, y Crios 2011 –los Crios son un clásico por aquí, muy equilibrado, otro ejemplo de gran rpc- ambos malbec.




Cuarenta minutos después pasamos por el stand de Miolo pues divisé el Bueno Bellavista Estate 2009 Paralelo 31, el cual continúa tan sabroso como aquel 2008 que llevamos a casa el año pasado. De ahí pasamos por otro stand donde había un Don Nicanor Barrel Select Malbec 2010 de Nieto Senetiner –muy afrutado en nariz y en boca, aterciopelado, muy sedoso- y un vino portugués, Aprendiz –equilibrado, pero lo bebimos después del malbec anterior y quedó eclipsado, debimos haberlo degustado primero. Por haberlo probado creo que le daríamos una oportunidad en casa por su precio “relativamente accesible” (padrones brasileños), puesto que para arriesgarse con vinos europeos en Brasil hay que gastar más y ahí ya pierde la gracia-. 








¡Gracias Daniel! ¡Gracias Beto! Recién pasaron dos días y ya esperamos que Curitiba esté considerada nuevamente para la ruta del 2014. 

viernes, 8 de noviembre de 2013

Encontro de Vinhos Curitiba 2013



Mañana sábado 09 se realizará la segunda edición de Encontro de Vinhos organizada por Beto Duarte y Daniel Perches, evento que tras realizarse en Rio de Janeiro, São Paulo, Campinas, Ribeirão Preto y Belo Horizonte cerrará el año justamente aquí en la capital paranaense, Curitiba. 

Serán 16 importadoras, 15 productores argentinos y 8 productores brasileños los que ofrecerán sus productos en un salón especialmente destinado para este fin en el Hotel Bourbon en el centro de Curitiba desde las 14:00 hrs hasta las 22:00 hrs. La entrada comprada mañana mismo en el local costará RS 60 (US$ 28 aprox.)

Luego de que naciera nuestra hija prácticamente todas nuestras actividades giran en torno a ella (con decir que ya ni vamos al museo) pero de a pocos estamos retomando una rutina que parece lejana: el salir solamente los dos; y también animándonos a salir los tres a lugares algo más lejanos. 


Recuerdo que fuimos a la I Expo-Vinho en el Mercado Municipal en el 2009, pero eso fue antes de siquiera pensar en que seríamos padres, y aunque aquella vez tomamos algunas fotografías no hicimos una entrada al respecto. Esta vez esperamos sacar varias imágenes -ya que será un único día- y subirla para graficar la experiencia. 

La lista de los expositores es la siguiente: 


Produtores Argentinos

Finca La Celia
Finca Flichman
Septima
Finca Decero
Belasco de Baquedano
Bodega Amalia
Kaiken
Finca Sophenia
Altos Las Hormigas
Rutini Wines
Bodega Los Haroldos
Mi Terruño
Melipal
Salentein
Mountain People


Produtores Brasileños

Dominio Vicari
Cave Geisse
Miolo
Villa Francioni
Pizzato
Monte Agudo
D'Alture 



Importadores

Max Brands
Vinissimo
Cantu
Todovino
Smartbuy Wines
La Cristianini
Vinea
Porto a Porto
Inovini
Amigo & Vinos
Lusitanus Brands
Mendoza Importadora
Eslavino
Grand Cru




Imagen : tomada del blog Diario de Baco




In Vino Veritas!

martes, 5 de noviembre de 2013

El caso Banchero, Guillermo Thorndike




Barral Editores, abril de 1973 

La primera vez que fuimos al antiguo cementerio El Ángel a ponerle flores a mi abuela a finales de los 80’s nos detuvimos frente a la tumba de Luis Banchero Rossi y mi madre, toda compungida, le rezó un Padre Nuestro y un Ave María, y, acto seguido, sacó un clavel rojo del atado destinado a mi abuelita y se la dejó ahí. -¿Lo conocías?-, le pregunté. -No-, me respondió. -¿Y por qué lo hiciste?-, la interrogué curioso, y ella respondió calmamente –Porque era un hombre bueno-. Sin entender nada y en mi cojudez disimulada de inocencia de mis once años indagué -¿Sólo por eso?-, ahí ella me miró y sentenció: -Ya verás que los hombres buenos son pocos-. Ese es uno de los recuerdos que tengo de ella, de ese acto que se tornó costumbre cada vez que visitábamos a la abuela. Lo interesante es que mi viejita no era la única, pues al voltear para mirar, mientras nos alejábamos, veía cómo otras personas y/o familias seguían el mismo rito, al punto que el cementerio tenía un operario destinado a sacar los kilos de flores que se amontonaban rápidamente en su amplia tumba de mármol negro, y vaya si tenía trabajo, pues él no terminaba de limpiar aquella área y ya estaban cayendo flores de otras personas que venían pasando. 

La presente obra es todo un clásico en la literatura peruana pues se amalgaman perfectamente la historia novelada de un líder generoso que se adelantó a su tiempo, y cuya ambición se centraba en generar más y más empleos en un Perú que no estaba preparado ni en el más hilarante sueño para ser potencia mundial en el ramo pesquero, y una trama tan atrayente hilvanada tan calmamente, que nos remonta rápidamente a los ancestros de Banchero Rossi hasta desmenuzar su vasto y ecléctico entorno todo con la fluida y envolvente escrita de la que Guillermo Thorndike (Lima, 1940 – 2009) hace gala.

Pero ésta obra no debe ser considerada solamente como un policial más -género tan injustamente menospreciado- pues la trama por muchos momentos se centra en cómo desde la nada Banchero Rossi fue armando un imperio que parecía imposible ser medido, y todo ese esfuerzo y arrojo de su juventud, el ver oportunidades donde todos veían estancamiento era una característica tan natural en él. Sólo hacia el final, y tras el asesinato, aborda la endeble base sobre la que está erigida la justicia en el Perú. El autor nos devela su punto de vista muy claramente diseñando a jueces, peritos, agentes fiscales, médicos legistas, como títeres, actuando con una sospechosa negligencia. Pero dejando de lado esa última parte policíaca es más que interesante cómo el Hombre –como empezó a ser llamado Banchero Rossi- metía las manos en la masa para conocer desde la raíz el negocio que empezaba a edificar en la mente, admirado y respetado por grandes empresarios extranjeros y por obreros y pescadores nacionales a quienes el Hombre trataba con el mismo respeto que a los del grupo anterior. Parecía ser mejor regenerador que cualquier cárcel del mundo, pues muchos de los que se volvieron sus hombres de confianza habían delinquido en un pasado cercano y, al ver que se presentaba aquella única oportunidad de trabajar en algunas de las empresas de Banchero Rossi simplemente se olvidaban de su pasado convirtiéndose en los mejores y más hábiles pescadores, capitanes, bolicheros del norte chico peruano.

Quizá lo único que le pueda reprochar a Thorndike es aquella manía de comenzar o terminar muchos de sus capítulos con esos pequeños extractos de los diversos acontecimientos nacionales y extranjeros que transcurrían en aquel momento en que su trama se va desarrollando. Sé que es para graficar e instalar al lector en el tiempo, pero llegan a ser tantos y tan sosos, carentes de toda gracia ante la tremenda historia que va desarrollando. Pero ese es un detalle que llega a ser ínfimo, pues la trama es totalmente avasalladora siendo devorada de principio a fin sin reparar en momento alguno en sus 479 páginas.

Yo acababa de llegar al Brasil lleno de dudas –soy un signo de interrogación andante- embelesado por encontrar a la que sería mi esposa y, como siempre, curioso y ávido por conocer nuevas tierras, idioma y cultura, y al primer vistazo que daba en internet me deparo con la muerte de Guillermo Thorndike. Él era aquel periodista que estaba en donde el momento le era conveniente y oportuno, motivo por el cual debió ganarse más enemistades de las que pueda yo imaginar. Entre los varios personajes por el que Vargas Llosa no llegó a ser presidente en los 90’s –además de sus propios errores políticos-, uno de los más destacados fue justamente éste autor. Pero nadie en el Perú puede, ni debe, negar el don de la palabra, de la escrita, quien como pocos él cultivaba. La investigación previa que debió ejecutar para ir armando las muchas obras que dejó, varias, como la de la presente entrada, clásicos que hasta ahora, aunque no sean re-editadas siguen siendo procuradas. ¿Se puede separar al Thorndike periodista tránsfuga del escritor? Yo creo que sí. Y porque en el Perú no los hay, o los hay pocos, muy pocos, es al segundo al que se admira y se extraña.






Desmaisson no es el único en dominar el muelle. Por intermedio de Sagarvarría, el joven Banchero conoció a Gerónimo Gonzales. Trujillano de nacimiento, descendía, por línea paterna, de una galante aunque reconocida aventura del Mariscal Orbegoso, de quien venía a ser tataranieto. Su abuelo materno fue el famoso Manco Robles, un capitán a quien los pierolistas cercenaron el brazo derecho a principios de siglo. Su madre, María Robles, cumplía 65 años de edad. Su padre, Óscar González, “de los principales de Trujillo”, se había dado a la cantina y murió joven. Gerónimo nació el 11 de mayo de 1925, año en que los aluviones arrasaron la costa del Perú, y en que murieron millones de aves guaneras, se supone que debido a la desaparición de la anchoveta. Era contador público pero no había nacido para llevar columnas de números. Fue cajero del cine Municipal de Trujillo y emigró a Chimbote donde administraba tres lanchas ajenas.
Banchero conoció al gordo Bazán, mercader del muelle que tenía la exclusiva del bonito perteneciente a los pescadores: veinticuatro por cada embarcación. Y el sargento de playa: dos bonitos. Los jaladores que descargaban las lanchas: dos cada uno. El sindicato: una docena por buque. Los dirigentes –Tripolio, Palo de Buque, Machiavello, Mono Justo-: una docena por cabeza. Bazán tenía la ventaja de elegir los mejores bonitos. También compraba el pescado robado.

Conoció a María Urdániga, la mujer más respetada del litoral. Trujillana, fue dueña de una pensión en Salaverry y se trasladó a Chimbote porque no había buenos partidos para sus hijas en aquel puerto. Chimbote era una promesa. Comerciaba el pescado de los Fernández y los Pazos, adquiría regularmente los sobrantes de Samanco y salaba cuarenta mil bonitos diarios para despacharlos a la cordillera. La Urdániga dormía en los camiones, era la más importante compradora de pescado blanco en el norte. Todos los patrones, todos los transportistas, todos los cargadores la conocían.

Una tarde que Juan Desmaisson transitaba por la avenida Bolognesi en su destartalada camioneta, Banchero le hizo señas para que se detuviera.

- ¿Señor Desmaisson? 
El viejo desconfió.

- Soy Luis Banchero Rossi y quiero que trabaje para mí. 
- ¿Usted sabe que trabajo en Coishco? 
- También puede hacerlo conmigo. 
- ¿En qué? 
- Comprando pescado. 

Lo convenció. En setiembre de 1955 Desmaisson trabajaba honradamente para Dios y para el Diablo. A Gerónimo González fue fácil contratarlo. Ganaba ochocientos soles mensuales. Le ofreció dos mil quinientos y cinco centavos por lata. González lo presentó a la señora Urdániga. –Tenemos que ayudarlo-, dijo. Y Banchero: -Juntos ganaremos más. Usted confíe en mí.- María cerró el trato con un apretón de manos. El viejo Bazán no tardó en arreglar. –Le doy cinco soles de comisión por docena-, propuso Banchero, -cinco soles más que el precio en el muelle-. El comerciante estuvo de acuerdo. Cuatro semanas antes de producir ya había asegurado en parte su abastecimiento de materia prima.

“Florida” destacó antes de humear. A diferencia de otras fábricas, era un edificio sólido, con techo a dos aguas, limpio y bien pintado. Quedaba más allá de la estación de servicios donde terminaba la ciudad. Tomó su nombre de la zona donde la instalaron. Banchero se multiplicaba. Dirigía el negocio de Kendall en Trujillo, comerciaba forrajes a todo lo largo de la costa, vendía tractores, aprendía el negocio de la pesca, vigilaba la instalación de las últimas máquinas, controlaba al personal.

El puerto se transformaba en refugio de aventureros de todas partes. Hasta célebres asesinos podían cambiar allí de vida sin que los molestaran. En 1930, Lima se estremeció con el famoso crimen del Hotel Comercio. En la habitación 89, un apuesto español, Genaro Ortiz, mató a golpes a su compatriota Marcelino Domínguez. Encerró el cadáver y deambuló por la ciudad pensando qué hacer. Ortiz aseguró que había sido atacado y que mató en defensa propia. Volvió al hotel y esa noche descuartizó a Domínguez empezando por las piernas. Lo embauló y entregó a la estación ferroviaria de Desamparados. En 1955, luego de purgar una larga condena, Ortiz trabajaba en Coishco bajo el nombre de Carlos Naveda.

Nuevas fuentes de trabajo atraían también a familias hundidas en la miseria. Tal es el caso de Cristina Cruzado Ángeles, cuya madre y cuatro hermanas fueron abandonadas por un mal padre en Trujillo. Naturales de Huaranchal, un pueblito en las serranías de La Libertad, llegaron a Samanco porque ahí se empleaba a mujeres y niñas. Cristina empezó a filetear bonito a los 21 años, su hermana menor a los 13. Les dieron lugar en una ranchería con luz, agua y desagüe, un verdadero lujo. En 1954 Cristina cambió de empleo y pasó a La Caleta. En octubre del año siguiente, la mujer de Gerónimo González, comadre de Genaro Ortiz-Navera le propuso que pasara a “Florida”. Era una empresa de mucho empuje conducida por un joven de veinticinco años que pagaba como nadie. Cristina aceptó.

Bnchero cumplió los 26 años sin comenzar su negocio. Tardaban las obras de albañilería, se hundía en pequeños contratiempos. El 18 de octubre las obreras pasaron control. Las vistieron con mandiles y gorros –una novedad- pero no vieron al Hombre. Cristina había llevado consigo a todas las operarias de una mesa de La Caleta. El 19 volvieron a controlar y las mandaron a sus casas. El 20 igual. El 21 apareció Banchero. Vestía un saco de corduro y una chompa verde tejida por su prima Alicia. Se le veía delgado y nervioso. Estrechó las manos de todas, gravemente.

No era tiempo de abundancia de bonito. Flanqueado por González y Desmaisson, asegurada la pesca de los Pazos y de Cara de Papa. Comprados Bazán y María Urdániga, esa madrugada Banchero remató veinte mil piezas. No tuvo reparo en subir el precio. La voz se corrió en Chimbote: era cierto, había aparecido un loco que botaba el dinero. Los antiguos industriales se encolerizaron. ¿Qué intentaba hacer? ¿Malograr el mercado? Mientras esperaba la aparición de las lanchas, Banchero subió a la camioneta de Sagavarría.

- ¿Qué pasa don Luis? Dicen que has perdido la cabeza.

- No lo entienden don Juan –rió Banchero-. Hay que hacer números. La mano de obra no llega al quince por ciento de los costos. Se debe producir más y pagar más. Y, sobre todo, trabajar todo el año, no detenerse nunca.

- Te comprendo.

- Estos viejos creen que el negocio es producir poco y caro.

El 22 de octubre “Florida”, controlada por Luis Banchero Rossi –sesenta y cuatro por ciento de las acciones en unión con el Dr. Ignacio de la Riva-, a la que Manucci había aportado el capital restante con un poco de desgano, empezó a funcionar. Las obreras se sorprendieron de que uno de los dueños ayudara en el trabajo, vigilara cada instante del proceso, corrigiera, observara las máquinas, el caldero. Pero atraído por obstáculos de otra índole, ya aprisionado por el mar, Banchero había descuidado la construcción legal de la compañía. El mismo día que “Florida” comenzó a humear, don Carlos Manucci, respaldo financiero y garante del joven empresario, se sintió mal. Lo llevaron a Estados Unidos. Tenía cáncer. Le dieron unos meses de vida. No se volvieron a ver.

Con letra apurada Banchero abrió su primer libro de actas el 15 de mayo de 1955 y equivocó el año: escribió 1956. Aunque Manucci figuraba como Presidente del Directorio, no firmó el libro. El 20 de octubre, dos días antes de comenzar a producir, el libro registró los primeros apuros financieros: “Florida” necesitaba 600 mil soles y los pidió al Banco de Crédito, ofreciendo como garantía la prenda mercantil y una fianza solidaria de Manucci y Banchero. El banco aceptó. En Trujillo informaron que Manucci no salía de su casa de Lima. Viajó a la capital. Sus esfuerzos por entrevistarse con su socio se estrellaron en la puerta de la mansión. –No lo puede recibir-, dijo el mayordomo siguiendo instrucciones de la señora, -no vuelva más-. Regresó hasta que la señora Laura lo echó para siempre. Luis Sarmiento, casado con una hija de Manucci, lo informaba de la gravedad de su suegro. -¡Tengo que verlo!-, repetía Banchero, -Necesito que firme los libros. Así no soy dueño de nada.- Compraba pescado, vigilaba la producción, vendía conservas, aceites, de todo, viajaba a Lima a mirar las infranqueables puertas de don Carlos. El viejo conservaba una admirable lucidez. El 5 de marzo llamó a su hijo Pepo, lo contempló largo rato, sin decir palabra le entregó su reloj de oro. Al fin Sarmiento se ofreció a servir de intermediario. Visitó a su suegro y en un momento a solas le alcanzó el libro de actas. –Dice Lucho Banchero que es urgente que firme.- Manucci asintió. Con tinta negra escribió su nombre. –Salúdalo- dijo. Murió al día siguiente.

Banchero ansiaba definir con los herederos el futuro de la pequeña industria. Debían formalizar el préstamo, completar el capital, crecer de inmediato o fracasar. A la viuda de Manucci le disgustaba que mencionaran su nombre. Se conversó de “Florida”, qué hacer con las acciones. Adriana opinó que si al fin su padre había tenido fe en el negocio, debían continuar. La señora Laura consultó sus dudas al Ing. Vicente del Solar. Dicen que respondió: -Me bebo en cianuro las utilidades que arroje ese negocio-. Finalmente Banchero fue convocado a la alfombrada oficina de Carlos A. Manucci en Trujillo. La viuda lo saludó fríamente. Banchero enseñó las cifras de producción, resumió las perspectivas, habló del futuro de la pesquería, las inmediatas posibilidades de expansión, terminó aconsejándola a mantener la sociedad. Banchero estaba preparado para la negativa, pareció resignarse. La sociedad con Manucci le había allanado toda clase de dificultades financieras. Tendría que seguir solo, todavía un desconocido. Pero aquélla no era su única sociedad. Banchero tenía el control de la distribución de aceites Kendall. Estaba autorizado a ofrecer las acciones del Dr. de la Riva, además de las suyas, a cambio de las acciones de Manucci en “Florida”. Así, el 30 de marzo de 1956, Laura Vega viuda de Manucci cambió por un puñado de certificados el 36% de lo que iba a ser el imperio pesquero más grande del mundo. En manos de otro gerente, el negocio de lubricantes no tardó en irse a pique. Banchero entregó de inmediato su parte de Productos y Forrajes al Dr. de la Riva por las restantes acciones de “Florida”. El 15 de mayo era el único propietario de la pequeña fábrica y el Banco de Crédito le prestó 600 mil soles recibiendo prenda de las conservas y maquinarias, hipoteca de la propiedad y su fianza personal. Al fin comenzaba.

Fragmento, páginas 98 a 103.

domingo, 3 de noviembre de 2013

Intipalka Reserva Malbec - Merlot 2010


Bodega Santiago Queirolo

Intipalka Reserva 2010

Merlot 60% - Malbec 40%

14,5% Grad. Alc.

Viñas Queirolo, Valle de Ica, Perú. 



Obviamente que de Perú no se trajo solamente vino español, cuatro vinos peruanos ya estaban en la maleta, y éste es el primero que descorchamos. 

Ya conocíamos esta combinación de cepas pues ya habíamos tenido la oportunidad de degustar el malbec-merlot del 2009. A propósito, ¿por qué malbec-merlot como aparece en la etiqueta frontal si en la posterior aparece que la segunda cepa es la que aporta más? Debería ser merlot-malbec, a menos que los porcentajes en la etiqueta posterior estén errados. Lo más importante, el vino: cada vez que Cris está frente a un vino brasileño y/o peruano ella frunce el ceño, pero últimamente se ha sorprendido con vinos de su país, y ahora del mío.

A la vista, es de un granate translúcido, de bordes ligeramente ocres, de leve corpulencia, forma lágrimas intensas.

En nariz es algo cálido, lo afrutado inicialmente es como a guindas, ya en la segunda copa una hora después aparecen notas especiadas.

En boca es de leve corpulencia, de inicio es algo cálido, luego esta sensación desaparece; de buena acidez, la sensación a madera es algo más que leve pero sin llegar a incomodar; lo afrutado: moras y guindas. De final medio, con retrogusto a clavo de olor, notas especiadas. 




Fue descorchado para acompañar unos corazoncitos de pollo asados y pan al ajo caseros. De buena rpc, fue adquirido a S/. 39,99 (unos US$ 14, o sea RS 30) en Vivanda de Benavides, Miraflores.


Es un vino redondo, leve pero no aguado, fresco, y un tinto fresco es perfecto para una tarde-noche algo calurosa más para quienes no gusten beber blancos o rosados que no es nuestro caso. Está lejos de ser memorable, pero no decepciona. 

viernes, 1 de noviembre de 2013

Viña Albali Gran Reserva 2006



Félix Solís

Viña Albali Gran Reserva 2006

100% Tempranillo

13% Grad. Alc.

D. O. Valdepeñas, España.



En la espera previa a dejar Lima y tras los controles lo primero en llamar la atención de Cris en esta botella no es ni la marca y/o etiqueta sino la D.O. de éste tinto español: Valdepeñas. En Lima, así como en Curitiba, los vinos de Rioja y/o Ribera del Duero son los más fáciles de encontrar, pero últimamente los de D.O. Toro y ahora D.O. Valdepeñas van apareciendo en nuestro camino pudiendo así conocer un cachito de lo mucho que tiene por ofrecer España, y como en Brasil son ofrecidos a precios estratosféricos la oportunidad fue aprovechada al máximo.

De un granate algo translúcido con poco brillo, de bordes ocres, de una corpulencia entre leve y mediana.

En nariz, en las primeras copas de ambos lo primero que se percibe es algo licoroso, luego algo de madera, muy leve. En la segunda copa aparecen notas afrutadas, frutos rojos, y aquella leve sensación a madera continúa ahí. En las copas posteriores lo afrutado se intensifica en algo sin llegar a ser una explosión de frutas, siempre alternando con la madera que en ningún momento llega a incomodar.

En boca, de leve corpulencia sin llegar a ser aguado, de poca acidez. En las primeras copas se presenta más licoroso. Ya en la tercera esta sensación disminuye pero aún es cálido. Aunque lo afrutado se percibe no destaca, es leve; la sensación a madera aquí también es leve, también se percibe un toque de vainilla en el retrogusto; de final medio.

En esta extraña primavera Curitiba está con las tardes cálidas y las noches frías así que hay que tener cuidado con la temperatura: durante las primeras copas -durante el almuerzo- se le sintió más licoroso, la cosa es que conforme fue atardeciendo y bajando la temperatura –y el vino respirando y ya llegada la cena- esta sensación disminuyó considerablemente, aunque sin llegar a desaparecer.

Adquirido en Aldeasa (World Duty Free Group España Sucursal Perú) a S/. 36 (soles), equivalente a US$ 13 (unos RS 28 aprox.). Si se hubiera pagado lo que aquí en Brasil piden por un tinto equivalente (Gran Reserva) del mismo país definitivamente hubiera mermado en la experiencia final, pero a US$ 13 consideramos que tiene una buena rpc. Para tener una idea: un crianza cuesta aproximadamente el triple de ese precio por aquí –Curitiba-, entonces un Gran Reserva…; también es cierto que del grupo de cinco éste fue el más barato que se adquirió. Ya irán desfilando las otras botellas de la madre patria.

De Perú no sólo se puede traer ropa, juguetes y electrónicos, también se puede traer vinos, y aunque en este caso resultó un precio cómodo es mejor aún si –cualquiera de esos ítems- son comprados antes de llegar al aeropuerto y al duty free. No llega a ser memorable pero es una buena oportunidad de conocer algo de los tintos de esa región desconocida, al menos para nosotros.