sábado, 30 de abril de 2011



La primera vez que estuve ante una obra de Sábato fue con “Abbadón y el exterminador”, de esto ya hace muchos años. Recuerdo que mi "caserito" del Jr. Quilca al que solía acudir, una vez me comentó, algo parecido a esto: mira, este libro, así como los dos que lo anteceden los tienes que leer algún día.

Confieso que ése día para “El túnel” y “Sobre héroes y tumbas” increíblemente todavía no llegó. Además de estas obras Sábato nos deja muchos libros de ensayos, y, también una postura no esperada en su comportamiento para con la dictadura de Videla; pero, si escogiera mis lecturas de acuerdo a las ideas políticas (algunas veces variables) de los escritores, me perdería a Borges, a Gabo, a Knut Hamsum, y a compatriotas como Vargas Llosa y Guillermo Thorndike.

Sus actos no deberían eclipsar su obra literaria, pero comprendo que esto es muy difícil, en este caso, más para los hermanos argentinos. Estoy entre los que intentan separar al artista del hombre, separar la obra del pensamiento ideológico, y por lo primero, no podía dejar de sentir la partida de este escritor inmortal. Que descanse en paz.

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