martes, 12 de abril de 2011

Fantasmas de carne y hueso, Jorge Edwards



Editora : Tusquets
Colección Andanzas, libro 183
Año de publicación, y el de esta edición : 1993


Pareciera que don Jorge saldó cuentas con sus recuerdos, y con los personajes y lugares que inspiraron los ocho relatos que trae esta obra; quizá como nunca la realidad está muy presente en la ficción que nos presenta. Cada relato trae al inicio un escrito sucinto, a modo de explicación, algo quizá inédito en obra alguna del género, aunque no sé si necesario, como antelando los futuros comentarios de las solapas y contraportada del libro; creo mejor leer primero cada relato y luego su respectiva reseña.

El libro inicia con “La sombra de Huelquiñur”, relato que lo encontré algo confuso, a pesar de tener aquello que más adelante sería una constante: la exquisita prosa del autor, pero entre lo que el personaje escribe y narra a sus primas y lo que le sucede realmente me deja esa sensación. Aquí, un joven veinteañero, escritor de vocación, mezcla su propia realidad con la ficción que creaba y leía a sus primas. En Chillán Viejo conoce una prostituta, Bijou, con quien se iniciará sexualmente, llegando a desarrollar una relación algo febril. Nunca imaginaría que alguien cercano a él también era cliente de aquella mujer. Ambientada a finales de la década del ’30, los personajes sufrirán el terrible terremoto que asoló esa zona, y es donde aparecerá el Huelquiñur del título, un indio mapuche, inquilino de su abuelo, quien sabiamente, ante el total caos que dejó el sismo, le propondrá un brindis al joven.

En “El pie de Irene”, si Bobby, de “Un mundo para Julius”, tuvo que ir hasta un prostíbulo para tirarse a la ex-empleada de su palacio, aquí nuestro joven narrador tendrá la tentación en casa, en “la” Irene (-“para emplear el inevitable artículo femenino de Chile”- Edwards dixit) del título. Como cualquier historia parecida, donde los jóvenes hijos de los patrones de la clase media y/o alta se inician sexualmente con la empleada doméstica se puede vislumbrar un final duro para la mujer. La diferencia aquí radica en las ganas de Irene por perturbar al joven narrador, y -así como en la novela de Bryce Echenique leída hace poco- las similitudes de lo extravagante entre las burguesías chilena y peruana son expuestas tanto en este relato como en la novela mencionada.

Es difícil ante un conjunto de historias tan bien narradas como estas encontrar uno que sobresalga, pues todas no bajan de muy buenas, pero la tercera historia, “Creaciones imperfectas”, de corte también erótico, pero a diferencia del anterior, surrealista, lo encuentro todavía más sabroso que el resto. Narración pretérita y en primera persona, donde nuestro narrador se verá envuelto en situaciones confusas –para él- donde el personaje doble será el verdadero protagonista de la historia.

En “Cumpleaños feliz”, el narrador regresa a su patria, a celebrar su sexagésimo cumpleaños. Él pertenece a una familia allegada al poder, y parece ser que recién en esta etapa de su vida decide soltarse, dejarse llevar, empezar a vivir, aunque el tiempo y la edad le pasen factura.

Hasta aquí tanto Chile como España están muy presentes. En “La noche de Montparnasse”, como es obvio, transcurre en Paris. Aquí don Jorge nos traslada a aquellos tiempos de los bohemios artistas latinoamericanos radicados en ese barrio, en esa ciudad: el Paris de Vicente Huidobro, de Camilo Mori, de César Vallejo. Aquí el narrador conocerá –y nosotros a través de él- a Álvaro de Rivas, aquel astuto y taimado inmigrante-escritor latino quien con su natural desenfado se hará desde amantes hasta mecenas, quien en sus historias está siempre presente su amigo íntimo "Pablito", el poeta. Un relato muy divertido.



El amigo Juan” relato de corte fantástico, también es una historia sobre retornos; retornar a un antiguo restaurante en Paris, y el retorno inminente a Chile, donde encontrará una ninfa, Nora, quien lo llevará a través de un oscuro callejón a ver el mar. Es un relato triste, donde el narrador se siente extranjero en su propio país, donde al interrogar sobre Teófilo Cid y Vicente Huidobro la respuesta le devele un profundo e increíble desconocimiento por ambos poetas: espero que esa parte sea ficción pura; es como si en Perú algún compatriota no sepa quién es César Vallejo.

En “Mi nombre es Ingrid Larsen” estamos ante esas situaciones típicas en una dictadura: una periodista sueca cubre el plebiscito en Chile y se verá amenazada por gente que trabaja para la dictadura pinochetista. Jorge, creerá que exagera, pero comprobará, de una manera muy directa, que la periodista extranjera tenía razón. Podemos sentir como propias esa sensación de miedo de no estar seguro en tu propia ciudad, en tu propio país -algo que espero no se repita- por la gran manera como está escrita.

Con “In memoriam” don Jorge nos presenta una peculiar historia de amor entre dos personas con posturas políticas tan antagónicas: Eliana Carvallo, una fiel seguidora pinochetista -aunque no tan fiel a su marido- de la clase alta santiaguina, y nuestro narrador, un exiliado político, ex-abogado del gobierno de Allende, quien sufrió en carne propia las torturas de la dictadura tras padecer el confinamiento en el Estadio Nacional tras el golpe de estado. La trama no gira en lo político, y sí en el recuerdo de cómo se conocieron, y el posterior re-encuentro, aunque claro, en sus discusiones aflorarán dichas posturas; estas, al estar presentes no asfixian el relato, por el contrario, lo enriquece.

Después de esta experiencia, para los que disfrutamos de quienes dominan el idioma castellano, así como de quienes ejercen las diversas técnicas literarias con maestría, cualquier texto u obra del vecino Jorge Edwards se convierte simplemente en una acción de lectura obligatoria.

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