lunes, 30 de diciembre de 2013

Último libro y vino del año : La flor púrpura, Chimamanda Ngozi Adichie / Numanthia 2007




Título original : Purple Hibiscus

Año de publicación : 2003

Título en portugués : Hibisco Roxo

Año de la presente edición : 2011

Traducción : Julia Romeu


Este mes de diciembre el viaje no fue solamente a través de un libro. Tras unas extensas vacaciones por Perú de casi un mes retornamos a casa en Brasil para descansar, aunque haya mucha hierba mala por cortar, ropa por lavar y casa por limpiar, así que sólo ayer encendimos el computador y comenzamos a visualizar las imágenes que capturamos por allá, abrazando muchos amigos y muchos a los que lamentablemente ni siquiera pudimos llamarlos. 

El siguiente es mi último libro del año y también nuestro último vino (en teoría).

Algo extraño sucede aquí en Brasil (o al menos en Curitiba) con los libros de la nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie (Enugu, 1977) y es que nunca los vi en una librería de viejo, y desde hace ya algún tiempo ni en librerías normales. Mientras que en las “de viejo” al parecer nunca llegaron, en “las normales” aparecen –hasta el momento son dos obras traducidas- como “agotados”, y para poder hacerme de este ejemplar tuve que encomendarlo a la editora y esperar una semana para que lo envíen; bacán que una obra no acumule polvo en un estante.

En esta, su primera novela nos introduce en la ambigua y conturbada Nigeria, donde alternan las tradiciones heredadas a través de generaciones de todo un pueblo con la nueva religión impuesta por los misionarios extranjeros: el catolicismo, religión que va ganando espacio en el pensamiento de muchos nigerianos, lo que no sería un problema sino tuviese la misma postura que tuvo en varios lugares del mundo al que fue llevado a través del tiempo: menospreciar las costumbres y cultos nativos, convertir a la populación, y haciendo ver a los no convertidos como paganos; los propios nigerianos que cultivan sus costumbres se sienten extranjeros en su propia tierra ante esa nueva ideología que les quieren imponer.

Al mismo tiempo el país vive revueltas políticas donde los golpes de estado son el cotidiano, y con ello la opresión, un lugar donde los derechos humanos son violados de manera sistemática –si no fuese por los nombres africanos de los personajes diría que está ambientada en el Perú de la década los 90’s-, la libertad de expresión es brutalmente coaccionada, la corrupción campea, y donde los gobernantes de turno sólo se preocupan en su propio peculio.

Es en este ambiente hostil en donde nos ubica la autora. Todos sus personajes son bien trazados y es a través de los ojos de Kambili, nuestra narradora, que vamos conociendo la dura realidad que ella a su vez irá descubriendo. Aquello de que el dinero no te da la felicidad aquí se ve graficado de la mejor manera: tanto Kambili como su hermano Jaja nacieron en cuna de oro, cuentan con todos los bienes y servicios que muchos de sus compatriotas sueñan y/o sólo conocen por medio de las novelas mexicanas que ven en tv. Su padre, Eugene es director y propietario de “Standard”, diario rebelde que se juega el pellejo por publicar la verdad. Él es bien sucedido, millonario tal vez. Es católico convicto y lleva esa nueva religión al pie de la regla imponiéndola a su familia de una manera tal que hasta opta por generar sufrimiento y dolor físico para purificar el alma y el cuerpo de sus vástagos creyendo evitar así en el futuro el paso por el purgatorio. Eugene es altruista con muchos de sus compatriotas, pero a la vez e irónicamente confunde tortura con severidad con las personas que más ama; él me resulta el personaje mejor trabajado. Ya la tía Ifeoma quien vive con su prole al borde de la miseria en otra ciudad es más tradicionalista, respeta a su hermano pero no comulga con esas nuevas creencias. Papa-Nnukwu, el abuelo, bonachón, sabio, es desdeñado por su hijo Eugene quien llega a prohibir a sus hijos ver y/o acercarse a su abuelo a no ser por escasos minutos. Amaka, una de las hijas de Ifeoma, prima de Kambili, curtida por la dura vida tiene una visión más centrada y objetiva de lo que sucede a su alrededor. El joven padre Amadi, trata de conciliar el catolicismo con las tradiciones del lugar, motivo por el cual no es bien visto por Eugene; encenderá la llama del amor en Kambili.

Todos ellos están envueltos en un aura oscura, algunos por la miseria en la que viven: la tía Ifeoma y su familia a pesar de la pobreza que los rodea no le dan cabida al lamento y no descansan en trabajar por sus objetivos de mejorar su calidad de vida, tal vez migrar a donde su esfuerzo sea realmente valorado; a pesar de la pobreza en este hogar la felicidad no está ausente. Otros por la pobreza espiritual: Eugene al imponer el catolicismo en su hogar acaba por alejar e instalar la duda en su familia, quizá por obligarlos a obedecer, a seguir aquella costumbre foránea que en el fondo no entienden ni necesiten; aunque cuentan con comodidades materiales no son realmente felices; Eugene es un personaje contradictorio, no exento de complejos de culpa, aunque lucha por comunicar la verdad en su diario es un dictador en su hogar.




La obra es presentada con una escrita simple, lo que no es un desmérito pues conocemos los hechos a través del prisma de una adolescente dubitativa que empieza a conocer el mundo a través de las visitas a su familia de condición humilde, y comparándola inevitablemente con la suya. Aunque Kambili es tímida y sumisa llega a ser irónica y sarcástica en sus pensamientos y cavilaciones pero no se atreve a demostrar su verdadero parecer, pero tanto ella como su hermano Jaja de a pocos irán emancipándose de la penumbra en la que se ven sumergidos.

La presente obra se alzó con el Commonwealth Writers' Prize for Best First Book del 2005 y ya era un indicio para estar atentos a lo que esta joven escritora nigeriana nos ofrece, una visión muy realista donde lo que más atrae son los conflictos familiares, aquel choque cultural tan común cuando se impone algo como la religión ofreciéndola como verdad absoluta, y sobre todo gente que a pesar de los problemas que puedan tener no pierden ni por un instante aquella ambición básica para mejorar su calidad de vida.

La flor púrpura (Hibisco roxo, aquí en Brasil) es una gran ventana a la Nigeria contemporánea, donde lo que más sorprende no son las diferencias sino las similitudes entre la realidad nigeriana con –me atrevería a decir- la latinoamericana. El sólo hecho de poder conocer un poquito más de lo mucho que hay por descubrir de la literatura africana ya es de por sí gratificante, más aún tras conocer a esta escritora de quien ya espero otra obra suya con auténtico interés.







Bodega Numanthia

Numanthia 2007

100% Tinta de Toro

14,5% Grad. Alc.

Valdefinjas, D.O. Toro, España.


Hemos resistido abrir este ejemplar de la D.O. Toro lo más que pudimos, y aún así no fue mucho. Estuvo algo más de un año con nosotros y cada semana le íbamos dando la vuelta a la botella en el rincón donde descansaba, pero como ya mencioné en otras oportunidades, la espera no es una de nuestras virtudes.

Sabíamos que tenía que ser decantado, lo que no sabíamos era por cuánto tiempo, así que buscando info’ en la nube me deparo con el excelente y detallado post en el blog vinhobao donde Flávio recomienda ser pacientes con este tinto y dedicarle una extensa decantación, inclusive de un día entero. ¡Decantado por un día! Desde mi ignorancia me atrevo a pensar que es mucho, quizá demasiado. Luego repaso la experiencia que él tiene en estos menesteres tras los caldos trasegados en su espacio y la duda queda disuelta, y como nos preparábamos a asar una pierna de cordero –siguiendo los consejos de mi concuñado experto en estas lides: previamente marinada y metida en una bolsa gruesa (de vinoteca) por un par de días en la parte de debajo de la refri’- demoraríamos algo más de lo normal en preparar nuestra última cena; así comenzaba nuestro domingo, decantando este tinto desde las 3pm para empezar a beberlo por la noche.

Es de un granate extremamente oscuro con bordes violetas, su densidad permite que caiga con lentitud por las paredes de las copas, forma lágrimas grandes e intensas.

En las dos primeras copas, con cinco horas y media de decantación nos ofrecía notas afrutadas: frutas negras, moras, ciruelas negras, un suave aroma a roble y toques de vainilla.

Ya hoy, con veinte horas y media de decantación emanaba notas como de tofee, Cris le encuentra una clara sensación a café.

En boca, obviamente primero lo probamos directo de la botella y iagghhh…, tras este sorbo cualquiera podría dudar sobre su guarda y/o elevado costo; de hecho necesita decantación.

Tras ésta, no es tan denso como lo es a la vista, pero sí es untuoso, muy elegante y a la vez potente, no es alcohólico, es muy afrutado. De final largo, Cris percibe en el retrogusto sensaciones a cuero, yo a café.






Adquirido en la sucursal de Total Wine de Chesapeake, VA por US$ 55 (unos RS112) precio alto pero que los vale aún más considerando que por estos lares de venderse saldría al triple de ese monto. 

Sorprende cómo mantiene esa persistencia con tantas horas de decantación. Es muy vivo, potente, de una personalidad fuerte y decidida. Armonizó muy bien con nuestra pierna de cordero, papas horneadas y ensalada. Aunque en la práctica muy probablemente beberemos algún espumoso en el réveillon (como suele llamarse por aquí la cena y fiesta de año nuevo) con éste ciertamente cerramos el año degustando un vino de aquellos, un tinto absolutamente memorable.