Aquí encontrarás reseñas sobre algunos pequeños vicios que quizá compartas. Sean todos bienvenidos.
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lunes, 31 de marzo de 2014
El bebedor de vino de palma, Amos Tutuola
Título original : The palme wine dinkard and his palm wine tapsterin the Dead’s Town.
Año de publicación : 1952
Título en portugués : O bebedor de vinho de palmeira e seu vinhateiro morto na Cidade dos Mortos.
Año de esta edición : Sin año especificado
Editora : Círculo do Livro
Traducción : Eliane Fontenelle
Carátula : Claudia Scatamacchia.
¿Cómo podría imaginar lo que estaba por descubrir al decidir abrir este pequeño y antiguo libro? Sólo las tres primeras páginas están exentas de la delirante fantasía que abunda en el resto de esta novela, o nouvelle, puesto que son 144 pequeñas páginas que se devoran rápidamente y que nos hace ingresar a un mundo fantástico donde siempre el bebedor de vino de palma (nuestro narrador) se topará con todo tipo de criatura, cada cual más alucinante que otra, personajes mitológícos de una trama afiebrada que coloca a su autor, Amos Tutuola (Abeokuta, 1920 – Ibadán, 1997) junto a grandes nombres de la literatura fantástica de todos los tiempos.
La historia tiene un inicio simple, cuando nuestro narrador nos informa cuán borracho es, enterándonos las cantidades industriales de vino de palma que llega a ingerir, y los innúmeros amigos que lo rodean para también poder beber descontroladamente junto a él, hasta que un hecho fortuito cambiará su destino: la muerte de Baity, su hacedor de vino. Ahí comienza una fatigante busca del alma de este personaje por parte de nuestro narrador, desposando en un villarejo a la hija de un rey quien lo acompañará en su aventura, ambos tendrán por destino la Ciudad de los Muertos, y es en el inicio de ese andar que se revela ante nosotros una historia fabulosa, con personajes probablemente sacados y fabulados de la cultura yoruba. También él (nuestro narrador) se nos revela como un poderoso hechicero, capaz de cambiar de forma y de tamaño para engañar a sus futuros captores, espíritus imperecederos que encontrarán por doquier: desde la Muerte a quien tentarán timar; personas que caminan hacia atrás; furiosos bebés marchantes que atacan en grupo; todo un pueblo de color rojo en una ciudad roja; habitantes de una montaña que danzaban todo el tiempo y que enfurecían si por el cansancio nuestro narrador y su esposa dejaban de hacerlo; nuestro narrador trataba de animarse recordando que había vendido su muerte, por ende, no podría morir, pero sentía mucho miedo pues no había vendido su miedo; no parece haber límite para ese ejercicio de fantasía del que Amos Tutuola hace gala aquí.
La narración por muchos momentos parecen historias recogidas a través de generaciones, transmitiendo aquello de que en la opulencia sobrarán los amigos y en la desdicha la gran mayoría te abandonará. También está la interpretación que esta fascinante historia es una dura crítica al consumismo occidental adoptada en Nigeria. Hubo un gran revuelo en su país al ser publicada ( recién en 1952, aunque fue concluida en 1946) con la excusa de dar una mala imagen de los nigerianos plasmando al personaje principal como alcohólico, supersticioso y con un inglés deplorable pero también recibió el apoyo de su compatriota, el escritor Chinua Achebe y del británico Dylan Thomas.
Quizá debí sospechar tanta fantasía al ver la hermosa carátula de Claudia Scatamacchia; le cae como un guante de seda. El poeta ecuatoguineano Justo Bolekia reivindicó una "literatura que mire hacia dentro, no hacia el mundo que nos civilizó". Quizá esta primera obra de Tutuola es un guiño a un universo totalmente fascinante como lo debe ser el africano, y donde su literatura no está exenta de esta particularidad, felizmente.
lunes, 30 de diciembre de 2013
Último libro y vino del año : La flor púrpura, Chimamanda Ngozi Adichie / Numanthia 2007
Título original : Purple Hibiscus
Año de publicación : 2003
Título en portugués : Hibisco Roxo
Año de la presente edición : 2011
Traducción : Julia Romeu
Este mes de diciembre el viaje no fue solamente a través de un libro. Tras unas extensas vacaciones por Perú de casi un mes retornamos a casa en Brasil para descansar, aunque haya mucha hierba mala por cortar, ropa por lavar y casa por limpiar, así que sólo ayer encendimos el computador y comenzamos a visualizar las imágenes que capturamos por allá, abrazando muchos amigos y muchos a los que lamentablemente ni siquiera pudimos llamarlos.
Año de publicación : 2003
Título en portugués : Hibisco Roxo
Año de la presente edición : 2011
Traducción : Julia Romeu
Este mes de diciembre el viaje no fue solamente a través de un libro. Tras unas extensas vacaciones por Perú de casi un mes retornamos a casa en Brasil para descansar, aunque haya mucha hierba mala por cortar, ropa por lavar y casa por limpiar, así que sólo ayer encendimos el computador y comenzamos a visualizar las imágenes que capturamos por allá, abrazando muchos amigos y muchos a los que lamentablemente ni siquiera pudimos llamarlos.
El siguiente es mi último libro del año y también nuestro último vino (en teoría).
Algo extraño sucede aquí en Brasil (o al menos en Curitiba) con los libros de la nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie (Enugu, 1977) y es que nunca los vi en una librería de viejo, y desde hace ya algún tiempo ni en librerías normales. Mientras que en las “de viejo” al parecer nunca llegaron, en “las normales” aparecen –hasta el momento son dos obras traducidas- como “agotados”, y para poder hacerme de este ejemplar tuve que encomendarlo a la editora y esperar una semana para que lo envíen; bacán que una obra no acumule polvo en un estante.
En esta, su primera novela nos introduce en la ambigua y conturbada Nigeria, donde alternan las tradiciones heredadas a través de generaciones de todo un pueblo con la nueva religión impuesta por los misionarios extranjeros: el catolicismo, religión que va ganando espacio en el pensamiento de muchos nigerianos, lo que no sería un problema sino tuviese la misma postura que tuvo en varios lugares del mundo al que fue llevado a través del tiempo: menospreciar las costumbres y cultos nativos, convertir a la populación, y haciendo ver a los no convertidos como paganos; los propios nigerianos que cultivan sus costumbres se sienten extranjeros en su propia tierra ante esa nueva ideología que les quieren imponer.
Al mismo tiempo el país vive revueltas políticas donde los golpes de estado son el cotidiano, y con ello la opresión, un lugar donde los derechos humanos son violados de manera sistemática –si no fuese por los nombres africanos de los personajes diría que está ambientada en el Perú de la década los 90’s-, la libertad de expresión es brutalmente coaccionada, la corrupción campea, y donde los gobernantes de turno sólo se preocupan en su propio peculio.
Es en este ambiente hostil en donde nos ubica la autora. Todos sus personajes son bien trazados y es a través de los ojos de Kambili, nuestra narradora, que vamos conociendo la dura realidad que ella a su vez irá descubriendo. Aquello de que el dinero no te da la felicidad aquí se ve graficado de la mejor manera: tanto Kambili como su hermano Jaja nacieron en cuna de oro, cuentan con todos los bienes y servicios que muchos de sus compatriotas sueñan y/o sólo conocen por medio de las novelas mexicanas que ven en tv. Su padre, Eugene es director y propietario de “Standard”, diario rebelde que se juega el pellejo por publicar la verdad. Él es bien sucedido, millonario tal vez. Es católico convicto y lleva esa nueva religión al pie de la regla imponiéndola a su familia de una manera tal que hasta opta por generar sufrimiento y dolor físico para purificar el alma y el cuerpo de sus vástagos creyendo evitar así en el futuro el paso por el purgatorio. Eugene es altruista con muchos de sus compatriotas, pero a la vez e irónicamente confunde tortura con severidad con las personas que más ama; él me resulta el personaje mejor trabajado. Ya la tía Ifeoma quien vive con su prole al borde de la miseria en otra ciudad es más tradicionalista, respeta a su hermano pero no comulga con esas nuevas creencias. Papa-Nnukwu, el abuelo, bonachón, sabio, es desdeñado por su hijo Eugene quien llega a prohibir a sus hijos ver y/o acercarse a su abuelo a no ser por escasos minutos. Amaka, una de las hijas de Ifeoma, prima de Kambili, curtida por la dura vida tiene una visión más centrada y objetiva de lo que sucede a su alrededor. El joven padre Amadi, trata de conciliar el catolicismo con las tradiciones del lugar, motivo por el cual no es bien visto por Eugene; encenderá la llama del amor en Kambili.
Todos ellos están envueltos en un aura oscura, algunos por la miseria en la que viven: la tía Ifeoma y su familia a pesar de la pobreza que los rodea no le dan cabida al lamento y no descansan en trabajar por sus objetivos de mejorar su calidad de vida, tal vez migrar a donde su esfuerzo sea realmente valorado; a pesar de la pobreza en este hogar la felicidad no está ausente. Otros por la pobreza espiritual: Eugene al imponer el catolicismo en su hogar acaba por alejar e instalar la duda en su familia, quizá por obligarlos a obedecer, a seguir aquella costumbre foránea que en el fondo no entienden ni necesiten; aunque cuentan con comodidades materiales no son realmente felices; Eugene es un personaje contradictorio, no exento de complejos de culpa, aunque lucha por comunicar la verdad en su diario es un dictador en su hogar.
La obra es presentada con una escrita simple, lo que no es un desmérito pues conocemos los hechos a través del prisma de una adolescente dubitativa que empieza a conocer el mundo a través de las visitas a su familia de condición humilde, y comparándola inevitablemente con la suya. Aunque Kambili es tímida y sumisa llega a ser irónica y sarcástica en sus pensamientos y cavilaciones pero no se atreve a demostrar su verdadero parecer, pero tanto ella como su hermano Jaja de a pocos irán emancipándose de la penumbra en la que se ven sumergidos.
La presente obra se alzó con el Commonwealth Writers' Prize for Best First Book del 2005 y ya era un indicio para estar atentos a lo que esta joven escritora nigeriana nos ofrece, una visión muy realista donde lo que más atrae son los conflictos familiares, aquel choque cultural tan común cuando se impone algo como la religión ofreciéndola como verdad absoluta, y sobre todo gente que a pesar de los problemas que puedan tener no pierden ni por un instante aquella ambición básica para mejorar su calidad de vida.
La flor púrpura (Hibisco roxo, aquí en Brasil) es una gran ventana a la Nigeria contemporánea, donde lo que más sorprende no son las diferencias sino las similitudes entre la realidad nigeriana con –me atrevería a decir- la latinoamericana. El sólo hecho de poder conocer un poquito más de lo mucho que hay por descubrir de la literatura africana ya es de por sí gratificante, más aún tras conocer a esta escritora de quien ya espero otra obra suya con auténtico interés.
Bodega Numanthia
Numanthia 2007
100% Tinta de Toro
14,5% Grad. Alc.
Valdefinjas, D.O. Toro, España.
Hemos resistido abrir este ejemplar de la D.O. Toro lo más que pudimos, y aún así no fue mucho. Estuvo algo más de un año con nosotros y cada semana le íbamos dando la vuelta a la botella en el rincón donde descansaba, pero como ya mencioné en otras oportunidades, la espera no es una de nuestras virtudes.
Sabíamos que tenía que ser decantado, lo que no sabíamos era por cuánto tiempo, así que buscando info’ en la nube me deparo con el excelente y detallado post en el blog vinhobao donde Flávio recomienda ser pacientes con este tinto y dedicarle una extensa decantación, inclusive de un día entero. ¡Decantado por un día! Desde mi ignorancia me atrevo a pensar que es mucho, quizá demasiado. Luego repaso la experiencia que él tiene en estos menesteres tras los caldos trasegados en su espacio y la duda queda disuelta, y como nos preparábamos a asar una pierna de cordero –siguiendo los consejos de mi concuñado experto en estas lides: previamente marinada y metida en una bolsa gruesa (de vinoteca) por un par de días en la parte de debajo de la refri’- demoraríamos algo más de lo normal en preparar nuestra última cena; así comenzaba nuestro domingo, decantando este tinto desde las 3pm para empezar a beberlo por la noche.
Es de un granate extremamente oscuro con bordes violetas, su densidad permite que caiga con lentitud por las paredes de las copas, forma lágrimas grandes e intensas.
En las dos primeras copas, con cinco horas y media de decantación nos ofrecía notas afrutadas: frutas negras, moras, ciruelas negras, un suave aroma a roble y toques de vainilla.
Ya hoy, con veinte horas y media de decantación emanaba notas como de tofee, Cris le encuentra una clara sensación a café.
En boca, obviamente primero lo probamos directo de la botella y iagghhh…, tras este sorbo cualquiera podría dudar sobre su guarda y/o elevado costo; de hecho necesita decantación.
Tras ésta, no es tan denso como lo es a la vista, pero sí es untuoso, muy elegante y a la vez potente, no es alcohólico, es muy afrutado. De final largo, Cris percibe en el retrogusto sensaciones a cuero, yo a café.
Adquirido en la sucursal de Total Wine de Chesapeake, VA por US$ 55 (unos RS112) precio alto pero que los vale aún más considerando que por estos lares de venderse saldría al triple de ese monto.
Algo extraño sucede aquí en Brasil (o al menos en Curitiba) con los libros de la nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie (Enugu, 1977) y es que nunca los vi en una librería de viejo, y desde hace ya algún tiempo ni en librerías normales. Mientras que en las “de viejo” al parecer nunca llegaron, en “las normales” aparecen –hasta el momento son dos obras traducidas- como “agotados”, y para poder hacerme de este ejemplar tuve que encomendarlo a la editora y esperar una semana para que lo envíen; bacán que una obra no acumule polvo en un estante.
En esta, su primera novela nos introduce en la ambigua y conturbada Nigeria, donde alternan las tradiciones heredadas a través de generaciones de todo un pueblo con la nueva religión impuesta por los misionarios extranjeros: el catolicismo, religión que va ganando espacio en el pensamiento de muchos nigerianos, lo que no sería un problema sino tuviese la misma postura que tuvo en varios lugares del mundo al que fue llevado a través del tiempo: menospreciar las costumbres y cultos nativos, convertir a la populación, y haciendo ver a los no convertidos como paganos; los propios nigerianos que cultivan sus costumbres se sienten extranjeros en su propia tierra ante esa nueva ideología que les quieren imponer.
Al mismo tiempo el país vive revueltas políticas donde los golpes de estado son el cotidiano, y con ello la opresión, un lugar donde los derechos humanos son violados de manera sistemática –si no fuese por los nombres africanos de los personajes diría que está ambientada en el Perú de la década los 90’s-, la libertad de expresión es brutalmente coaccionada, la corrupción campea, y donde los gobernantes de turno sólo se preocupan en su propio peculio.
Es en este ambiente hostil en donde nos ubica la autora. Todos sus personajes son bien trazados y es a través de los ojos de Kambili, nuestra narradora, que vamos conociendo la dura realidad que ella a su vez irá descubriendo. Aquello de que el dinero no te da la felicidad aquí se ve graficado de la mejor manera: tanto Kambili como su hermano Jaja nacieron en cuna de oro, cuentan con todos los bienes y servicios que muchos de sus compatriotas sueñan y/o sólo conocen por medio de las novelas mexicanas que ven en tv. Su padre, Eugene es director y propietario de “Standard”, diario rebelde que se juega el pellejo por publicar la verdad. Él es bien sucedido, millonario tal vez. Es católico convicto y lleva esa nueva religión al pie de la regla imponiéndola a su familia de una manera tal que hasta opta por generar sufrimiento y dolor físico para purificar el alma y el cuerpo de sus vástagos creyendo evitar así en el futuro el paso por el purgatorio. Eugene es altruista con muchos de sus compatriotas, pero a la vez e irónicamente confunde tortura con severidad con las personas que más ama; él me resulta el personaje mejor trabajado. Ya la tía Ifeoma quien vive con su prole al borde de la miseria en otra ciudad es más tradicionalista, respeta a su hermano pero no comulga con esas nuevas creencias. Papa-Nnukwu, el abuelo, bonachón, sabio, es desdeñado por su hijo Eugene quien llega a prohibir a sus hijos ver y/o acercarse a su abuelo a no ser por escasos minutos. Amaka, una de las hijas de Ifeoma, prima de Kambili, curtida por la dura vida tiene una visión más centrada y objetiva de lo que sucede a su alrededor. El joven padre Amadi, trata de conciliar el catolicismo con las tradiciones del lugar, motivo por el cual no es bien visto por Eugene; encenderá la llama del amor en Kambili.
Todos ellos están envueltos en un aura oscura, algunos por la miseria en la que viven: la tía Ifeoma y su familia a pesar de la pobreza que los rodea no le dan cabida al lamento y no descansan en trabajar por sus objetivos de mejorar su calidad de vida, tal vez migrar a donde su esfuerzo sea realmente valorado; a pesar de la pobreza en este hogar la felicidad no está ausente. Otros por la pobreza espiritual: Eugene al imponer el catolicismo en su hogar acaba por alejar e instalar la duda en su familia, quizá por obligarlos a obedecer, a seguir aquella costumbre foránea que en el fondo no entienden ni necesiten; aunque cuentan con comodidades materiales no son realmente felices; Eugene es un personaje contradictorio, no exento de complejos de culpa, aunque lucha por comunicar la verdad en su diario es un dictador en su hogar.
La obra es presentada con una escrita simple, lo que no es un desmérito pues conocemos los hechos a través del prisma de una adolescente dubitativa que empieza a conocer el mundo a través de las visitas a su familia de condición humilde, y comparándola inevitablemente con la suya. Aunque Kambili es tímida y sumisa llega a ser irónica y sarcástica en sus pensamientos y cavilaciones pero no se atreve a demostrar su verdadero parecer, pero tanto ella como su hermano Jaja de a pocos irán emancipándose de la penumbra en la que se ven sumergidos.
La presente obra se alzó con el Commonwealth Writers' Prize for Best First Book del 2005 y ya era un indicio para estar atentos a lo que esta joven escritora nigeriana nos ofrece, una visión muy realista donde lo que más atrae son los conflictos familiares, aquel choque cultural tan común cuando se impone algo como la religión ofreciéndola como verdad absoluta, y sobre todo gente que a pesar de los problemas que puedan tener no pierden ni por un instante aquella ambición básica para mejorar su calidad de vida.
La flor púrpura (Hibisco roxo, aquí en Brasil) es una gran ventana a la Nigeria contemporánea, donde lo que más sorprende no son las diferencias sino las similitudes entre la realidad nigeriana con –me atrevería a decir- la latinoamericana. El sólo hecho de poder conocer un poquito más de lo mucho que hay por descubrir de la literatura africana ya es de por sí gratificante, más aún tras conocer a esta escritora de quien ya espero otra obra suya con auténtico interés.
Bodega Numanthia
Numanthia 2007
100% Tinta de Toro
14,5% Grad. Alc.
Valdefinjas, D.O. Toro, España.
Hemos resistido abrir este ejemplar de la D.O. Toro lo más que pudimos, y aún así no fue mucho. Estuvo algo más de un año con nosotros y cada semana le íbamos dando la vuelta a la botella en el rincón donde descansaba, pero como ya mencioné en otras oportunidades, la espera no es una de nuestras virtudes.
Sabíamos que tenía que ser decantado, lo que no sabíamos era por cuánto tiempo, así que buscando info’ en la nube me deparo con el excelente y detallado post en el blog vinhobao donde Flávio recomienda ser pacientes con este tinto y dedicarle una extensa decantación, inclusive de un día entero. ¡Decantado por un día! Desde mi ignorancia me atrevo a pensar que es mucho, quizá demasiado. Luego repaso la experiencia que él tiene en estos menesteres tras los caldos trasegados en su espacio y la duda queda disuelta, y como nos preparábamos a asar una pierna de cordero –siguiendo los consejos de mi concuñado experto en estas lides: previamente marinada y metida en una bolsa gruesa (de vinoteca) por un par de días en la parte de debajo de la refri’- demoraríamos algo más de lo normal en preparar nuestra última cena; así comenzaba nuestro domingo, decantando este tinto desde las 3pm para empezar a beberlo por la noche.
Es de un granate extremamente oscuro con bordes violetas, su densidad permite que caiga con lentitud por las paredes de las copas, forma lágrimas grandes e intensas.
En las dos primeras copas, con cinco horas y media de decantación nos ofrecía notas afrutadas: frutas negras, moras, ciruelas negras, un suave aroma a roble y toques de vainilla.
Ya hoy, con veinte horas y media de decantación emanaba notas como de tofee, Cris le encuentra una clara sensación a café.
En boca, obviamente primero lo probamos directo de la botella y iagghhh…, tras este sorbo cualquiera podría dudar sobre su guarda y/o elevado costo; de hecho necesita decantación.
Tras ésta, no es tan denso como lo es a la vista, pero sí es untuoso, muy elegante y a la vez potente, no es alcohólico, es muy afrutado. De final largo, Cris percibe en el retrogusto sensaciones a cuero, yo a café.
Sorprende cómo mantiene esa persistencia con tantas horas de decantación. Es muy vivo, potente, de una personalidad fuerte y decidida. Armonizó muy bien con nuestra pierna de cordero, papas horneadas y ensalada. Aunque en la práctica muy probablemente beberemos algún espumoso en el réveillon (como suele llamarse por aquí la cena y fiesta de año nuevo) con éste ciertamente cerramos el año degustando un vino de aquellos, un tinto absolutamente memorable.
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