lunes, 27 de junio de 2011

Memorias de una cantante alemana, Wilhelmine Schroeder-Devrient




Título original : Aus den memoiren einer sägerin
Año de publicación : Tomo I, 1862 / Tomo II, 1870
Editorial : Tusquets, colección La sonrisa vertical, libro 2
Traductor : Antonio Escohotado
Año de esta publicación : 1986


En el silencio recóndito y mágico de las bibliotecas, oculto tras encuadernaciones obvias, preciosas, se esconden infinidad de tesoros, el más atrayente y embriagador nos lo confían los propios escritores. Al margen de sus obras públicamente reconocidas, muchos autores célebres, bien firmando con su propio nombre o disimulando su talento bajo pseudónimo, se divirtieron ideando relatos en los que se exaltaban los traviesos juegos del amor y la belleza. La Sonrisa Vertical ha descubierto estas pequeñas joyas, estas exquisitas fantasías, para presentarlas ante ustedes, público culto y sensible. Así pues, hojeemos juntos, lentamente, estas páginas furtivas, secretas, cuyo perfume no ha evaporado el paso del tiempo. Para ustedes se abre la Sonrisa Vertical.


Inicio este post con un mensaje que muchos jóvenes en el Perú, a finales de la década de los 80’s, esperábamos ansiosos cada domingo por la noche, bien tarde, después de un programa sobre futbol, maldiciéndolo, pues parecía que nunca iría a acabar. Aquel mensaje, con el acento más españolísimo posible –como diría Susan, siempre linda-, era la antesala a los primeros sopores e inevitables prácticas onanistas, en medio de la puta crisis en que nos dejaba el primer gobierno de Alan García. El mensaje de La Serie Rosa –nombre que cambié por el del título de esta colección- le cae al dedillo a este conjunto de la editora Tusquets, y a la obra en cuestión.

Perturbador. Este libro, al igual que el anterior, es de la segunda mitad del siglo XIX, y también escrito por una mujer, o al menos a esa conclusión llegaron al adjudicárselo a la cantante alemana Wilhelmine Schroeder-Devrient.

Publicado originalmente en dos partes, esta obra viene escrita a manera de correspondencias enviadas a un amigo de suma confianza. Confianza que no deja dudas tras el prólogo que éste doctor escribe, el tercero, el más corto y de una profunda sinceridad. Lo preceden otros dos prólogos, uno de ellos escrito por Guillaume Apolinaire, de quien también aparece una epístola a Gottfried Hinterteil, librero de Estrasburgo, sobre la aventura y riesgo que era difundir esta obra traducida al francés.

Estamos ante el natural aprendizaje de Pauline, quien ve sin proponérselo una escena de amor y sexo de sus padres: la descripción es de una niña que no entiende qué sucede, y poco a poco, comparando su cuerpo de niña al portentoso cuerpo de su madre irá hilvanando, con el transcurrir del tiempo, cómo es la vida sexual en los adultos. En plena mitad del siglo XIX, e inclusive en pleno siglo XXI -en algunos lugares y en varias personas- era inimaginable y hasta contradictorio que personas respetadas y de pulcra reputación, así vistas por la sociedad, se dejen llevar al placer extremo en la privacidad de sus vidas. Pauline irá narrando, con lujo de detalles, los diversos encuentros y sus nuevos descubrimientos con respecto al sexo. Experimentará con diversos hombres; se atreverá con el lesbianismo; probará el sadomasoquismo; acudirá a diversas orgías en la élite europea, ya siendo una respetada y exitosa actriz de teatro; descubrirá e intentará algo de zoofilia; presenciará sorprendida a gente con algo de poder a la procura por ejecutar la necrofilia; verá un anciano con dos jóvenes putas abandonarse al acto de la coprofilia.




Lo atractivo de esta obra es que ante fuertes escenas en atmósferas inquietantes la narración se mantenga elegante; en ningún momento llega a ser grotesca. Ella (o él: hay quienes dudan sobre la autoría de la obra) definitivamente domina el ambiente que nos retrata.

Encontramos en diversos pasajes hechos que ahora nos resultan divertidos, como el uso de un rudimentario preservativo, y la higiene de éste post uso; y técnicas de coitus interruptus para evitar un embarazo no deseado. También está presente algo que hasta ahora se mantiene, la hipocresía en la gente: Pauline temía que su reputación se fuera al piso si algún amante indiscreto narrara sus encuentros, pero con el transcurrir de la obra vemos cómo la mayoría de personas que la rodea eran afines a las mismas prácticas e incluso cultivaban fetiches mayores.

Si en algunas obras de la literatura contemporánea encontramos referencias a otros libros, autores, músicos, etc, aquí también se hace mención a diversas obras del género erótico, algunos incluso que traspasan ese límite, el más recordado en la actualidad, el Marqués de Sade.

Este libro provoca, excita, sorprende, arrecha y asquea, lo único que no logra es dejar indiferente.

Guardad celosamente el secreto, y que la lectura os sea propicia.

lunes, 20 de junio de 2011

Fenitschka / Una divagación, Lou Andreas-Salomé



Título original : Fenitschka / Eine ausschweifung
Año de publicación : 1898
Editorial : Icaria Literaria
Año de esta publicación : 1988
Traducción : Angela Ackerman Pilári


Con algo de suerte este libro de Lou Andreas-Salomé (San Petersburgo, 1861 – Göttingen, 1937) me encontró. Estas narraciones desde ya se tornan interesantes al saber que fueron escritas hace 113 años, y más cuando la autora fue una de esas mujeres que se adelantaron a su época. Lo que debe haber sido conocer a finales del siglo XIX a una mujer con el temperamento de esta rusa, y es que ambas historias tienen como protagonistas a mujeres que no concebían ser consideradas como un artículo más del hombre, que les incomodaba el simple hecho de sentirse protegidas porque no lo necesitaban. Ambos personajes reflejan quizá mucho de la personalidad de la escritora.

En la primera obra hasta la descripción física y de la vestimenta inicial de Fenitschka es idéntica al de la fotografía de la autora que trae el libro. En esta narración la protagonista conoce en un bar parisino a Max Werner, quien tras doctorarse en psicología intenta llevar a la práctica en el mundo real lo aprendido. Werner quedará absolutamente perplejo ante las respuestas que Fenia (diminutivo de Fenitschka) tendrá para cada concepto suyo; simplemente no se lo esperaba. Ambos se embarcarán en conversas filosóficas, pero, tras un malentendido, Fenia dejará de frecuentar a Werner, reencontrándose un año después en la boda de su hermana y viendo cómo ella tenía una apariencia más femenina, muy diferente a cuando se conocieron.

Es aquí donde las conversaciones entre ambos se volverán cada vez más profundas y su amistad se consolidará, llegando ella a confesarle sobre su misterioso romance, hecho que lo sorprenderá, haciendo que él a su vez confiese tener una novia, Irmgard, una joven de la nobleza alemana, pero él con cada reflexión que desarrolle con Fenia irá cada vez más ilusionándose con esta rara mujer.

Las reflexiones de ambos no son en ningún momento tediosas, por el contrario, los conceptos y respuestas de Fenia son realmente interesantes: su sorpresa absoluta ante la proposición de matrimonio de su amante para cortar de raíz con los encuentros clandestinos representará en ella el sacrificio de su profesión y a la vez, de su libertad. Ella, sumamente impetuosa, no concibe alternar su vida al lado de un hombre, aunque sienta que lo ame, por temor a dejar de lado su desarrollo intelectual. Ojo, esto en plena mitad del siglo XIX. No es que se reprima, ya que en aquellos encuentros con su novio ruso parece abandonarse a él, pero no ve eso como parte del día a día en su vida futura.

En “Una divagación”, a diferencia de la primera narración, es un personaje secundario, Gabriela, quien anima a Adine para que desarrolle su pasión.

Adine recuerda cómo su nana, mientras cuidaba de ella, recibía tremendos golpes por parte de su marido. Lejos de quejarse, el rostro de la mujer era abordado por un gesto de satisfacción, algo así como el “más me pegas, más te quiero” que se daba en los andes –o quizá se dé todavía, no lo sé-. Es con ese recuerdo que Adine llega a entender cómo era el cotidiano de sus padres: él de fuerte temperamento, y ella acatando todo lo que el marido ordenara. Aunque es el padre quien insiste en los estudios de pintura de Adine, llegando a Brieg en Silesia, donde se reencontrará con su primo Benno Frensdorff, recién graduado en medicina, por quien Adine quedará enamorada. A la muerte del patriarca, ambas mujeres quedarán bajo la tutela de Benno, pidiendo éste a Adine como prometida, pasando ella a ocuparse de quehaceres del hogar como la costura. Ahí conocerá a la rebelde Gabriela, quien le recrimina el conformismo por contentarse con ser la prometida de un médico, y le aconseja que pinte y dibuje si es lo que realmente le gusta. Luego de la ruptura del compromiso por parte de Benno, Adine creerá que se le viene el mundo encima, pero al mismo tiempo, reconocerá una fuerza interior que le hará dar el paso para decidirse a vivir de su arte instalándose en un pequeño estudio en Paris.

Al igual que en “Fenitschka”, aquí el personaje principal a través de sus soliloquios filosofa sobre cómo era su vida y cómo lo es en su presente, como queriendo la autora mostrar el camino a las de su género, en una época donde eran pocas las que se aventuraban a cultivarse intelectualmente y desarrollar alguna profesión y/o trabajo, donde era hasta mal visto e inclusive menospreciado. Las mujeres siempre la tuvieron difícil; si los de mi género hubieran tenido que pasar la mitad de lo que pasaron las mujeres a través de la historia, creo que simplemente no hubieran conseguido el mismo resultado.

Adine retornará a su ciudad luego de una larga estadía, convertida en toda una artista. Benno confesará lo duro que fue para él dejarla partir, y cuando parece que todo se resolverá con la unión de ambos, algo sucederá en la relación, y es que ya no son los mismos, sobre todo ella.

Tanto Fenitschka como Adine consiguen desarrollar su pasión por los estudios y el trabajo, pero no consiguen llegar a ese equilibrio que las haga triunfar también consolidando una relación; quizá tampoco sentían que lo necesitaban, ambas tienen momentos de dudas, y son esos momentos los que más disfruté, toda esa rayada cavilación al respecto. Eran otros tiempos, muy difíciles; era tácito tanto para Max como para Benno el que ellas dejen de lado "ese capricho" por hacer cosas de hombres con el matrimonio, aunque en el fondo admiren lo decididas que eran ambas mujeres.



Louise Andreas-Salomé llegó a estudiar teología en Zurich y psicoanálisis en Viena. Fue hija de un general alemán de origen huguenote a servicio del ejército ruso. Amiga de la escritora alemana Malwida von Meysenbug -quien su padre era también descendiente de huguenotes, al igual que el de Lou- es quien la presenta ante el filósofo Paul Rée, quedando éste enamorado de Lou. En 1882 conoce a Friedrich Nietzsche en un viaje por Italia, y éste también se ilusiona con la rusa vanguardista, pero ninguno de los dos consiguen hacerse de ella -salvo en los momentos que ella los dejaba- , ya que en 1887 se casa con F. K. Andreas, un orientalista de la universidad de Göttingen, aunque extrañamente, al año siguiente inicia una amistad con el poeta austríaco Rainer Maria Rilke, llegando a realizar sendos viajes por Rusia junto a él durante 1889 y 1900. Por 1911 Lou contacta el círculo de psicoanálisis de Viena y estudia con Alfred Adler y Sigmund Freud, relacionándose con un alumno de éste último, el psicoanalista checo Viktor Tausk.

Lou escribió novelas, narraciones y ensayos de tipo psicoanalítico, generalmente publicados con el pseudónimo de Harry Lou. En pleno siglo XXI es muy poco lo que ciudadanos comunes y corrientes conocemos de esta escritora y psicoanalista rusa. Sus libros en castellano no son tan fáciles de encontrar.

No creo que ella haya sido la causa para los suicidios de Rée y Tausk, y el enloquecimiento de Nietzsche, pero vaya colección de amantes –entre otros- que se traía Lou.

Mucho libro, mucha mujer.

viernes, 17 de junio de 2011

Sim e não, Juliana Stein




El espacio para transitar de una sala a otra en el MON estaba tomado por una selección itinerante de obras de la 29ª Bienal de São Paulo, la última, realizada el año pasado. Atrae rápidamente la atención las fotografías de Juliana Stein. La primera sensación es de sorpresa por encontrar algo que no esperas, como 11 fotografías en gran formato de igual número de travestis.

Luego, desde un rincón algo alejado, me vacilo observando a las personas frente a esta muestra: algunas parejas maduras observan con detenimiento; otros compadres pasan de largo acelerando el paso, algo así como no me vayan a ver observando esto; un grupo de jóvenes mujeres estudiantes pasaban y repasaban cagándose de risa de tal y cual y comparándose entre ellas a alguna de la fotografía; un par de flacas -bien ricas, por cierto- evaluaban texturas de maquillaje y combinación en la vestimenta de las modelos de Stein; una pareja de flacos de voz estilizada y muy amanerados comentaban: “Esse aqui é bicha pobre...! Esse não, esse é chique!” El “bicha” (que lo pronuncian “bisha”) es como decir “marica”, o “cabro” en Perú, y el “chique” (pronunciado “chicki”) lo toman del francés “chic”, elegante. Por cierto, esta última palabra se usa mucho para cualquier ocasión y es una de las que ya estoy cansado de escuchar.

Esta serie de fotografías impacta inicialmente por el contraste de ver hombres travestidos, luego mi atención se centra en la mirada de cinco de ellos, agresiva, como mandando a la mierda al futuro ejecutor de una burla. Los otros seis tienen una mirada más calma, como de indiferencia.

La página web de la artista, donde encontrarán otros trabajos es el siguiente:

http://julianastein.com/portugues/info.html








































lunes, 13 de junio de 2011

Pescadores de tainha, Leonardo Régnier


João Alico, 2008


La torre de fotografía del MON acoge el trabajo del brasileño Leonardo Régnier y del documentalista Túlio Viaro. Encontramos 43 imágenes donde el primero captura las costumbres de los pobladores dedicados a la pesca de la tainha, especie de lisa, en las comunidades de Vila do Farol y Encantadas, en la Ilha do Mel, en el Paraná. Pero no sólo las costumbres, yo encontré más interesante las tomas de las personas curtidas en este noble oficio, como la del pescador “João Alico”, bajo la luz de una vela, y de otros pescadores, alternadas con jóvenes y niños que crecen en ese ambiente que es parte de su cotidiano, y aunque por un momento pensé en que los pescados fuesen como sus juguetes, la expresión en sus rostros revela la seriedad que le dan a esta práctica.

Régnier realizó este trabajo utilizando cámara con película o rollo, nada de digital. Paralelamente Viaro registró en vídeo (a color) lo que Régnier iba fotografiando, y el resultado fue un vídeo de 50 minutos que también se puede apreciar en esta muestra.

La pesca de la tainha es una costumbre que se desarrolla entre los meses de mayo y julio, aunque la rutina comience un par de meses antes, arreglando las redes por ejemplo. La convivencia con los pescadores reveló ciertas prácticas como la de conversar en voz baja, para no espantar al cardumen.

Cuando visité el museo no tenían el tríptico de la muestra, así que las imágenes fueron tomadas de diversas páginas de internet, razón por la cual la gran mayoría de las siguientes imágenes carecen de nombre o título.

Esta interesante muestra comenzó el 09 de abril y terminará este 03 de julio en el Museo Oscar Niemeyer de Curitiba.


Nova Brasilia, 2010









Praia do Farol, 2008




Recolhendo, 2008



















Praia de Encantadas, 2009




Guri, 2008




Praia do Miguel, 2009








sábado, 11 de junio de 2011

Escritos de un viejo indecente, Charles Bukowski



Título original : Notes of a dirty old man
Año de publicación : 1969
Editora : Anagrama
Año de esta publicación : 1996
Traducción : J. M. Alvarez Flórez y Angela Pérez


La primera vez que estuve ante un libro de Charles Bukowski (Andernach, 1920 – Los Ángeles, 1994) fue una experiencia desconcertante. La editorial Anagrama llegaba a Lima (quizá ya estaba allí, yo recién la descubría) a mediados de los 90’s con buena parte de Bukowski traducido al castellano, y luego de hacerme de uno de sus libros los demás se convirtieron rápidamente en objetos de deseo. Recuerdo que al ir a una Feria del Libro infructuosamente mi amiga Janet y mi primo Erick tentaron quedarse con mi billetera, igual no pudieron evitar que gaste un dinero que no era mío, teniendo los siete días siguientes que agenciármelas en el Cusco, comiendo humitas el día todo y todos los días, pero feliz por aquella pila de libros de portadas coloridas que llevé a casa.

Ahora, más calmo, le reencuentro aquel gusto que me dejó Bukowski en aquel tiempo. Sigo quedando perplejo ante sus historias crudas, fuertes, divertidas, a veces hilarantes, pero por sobre todo muy sinceras. En el libro en mención hay muchas también que no están a la altura de las primeras y de las últimas, las mejores en este conjunto. Todos estos relatos eran escritos para el periódico “Open City” de Los Ángeles, en la columna que Bukowski tenía bajo el título original de éste libro.

Encontramos unas micro-historias presentadas como “garrapateando en cajas de cartón durante borracheras de dos días”, que son sentencias de 1 ó 2 líneas, con la misma característica de dureza y frialdad que tienen sus relatos más extensos. Aunque no sabemos si están en el orden cronológico conforme el diario las iba publicando, hacia el final hay dos relatos con el mismo tema, acerca de la actitud de un hombre congelado, sobre la indiferencia, incluso al dolor –en el primero-, cuando su padre parecía divertirse con las zurras que le propinaba por cualquier nimiedad, ante la venia de su madre, y de cómo esta costumbre llegó a su fin; y la indiferencia ante su futuro –en el segundo-, enrolándose en el ejército con el rostro poblado de acné: es en éste relato que rememora también el haberse enrolado con una puta de 120 kilos, personaje de otro escrito en este mismo libro.

Todos los relatos vienen sin mayúsculas luego del punto. Podría parecer un error ortográfico pero la traducción del prólogo del mismo Bukowski no está de esa manera. Quizá la versión en inglés venía así. Si no conoces ningún libro de Bukowski prepárate y acomódate, no serás el/la mismo(a) después de conocer alguno.




estábamos sentados en la oficina después de otro de aquellos partidos de siete a uno, y la temporada iba mediada ya y estábamos en cola, a veinticinco partidos del primero y yo sabía que era mi última temporada como entrenador de los Blues. nuestro primer hitter había bateado. 234, y nuestro primer meta base se anotaba seis. nuestro primer pitcher andaba entre siete y diez con una media de 3, 95. el viejo Henderson sacó la botella del cajón de la mesa y bebió su trago, luego me la pasó.

—y para colmo -—dijo Henderson— enganché ladillas hace dos semanas.

—vaya, jefe, lo siento.

—no me llamarás jefe mucho más.

—lo sé. pero no hay entrenador de béisbol que pueda sacar a esos borrachos del último puesto —dije yo, atizándome un buen trago.

—y lo peor —dijo Henderson—, es que creo que fue mi mujer quien me las pegó.
yo no sabía si reírme o qué, así que no hice nada.

y entonces hubo una delicadísima llamada en la puerta de la oficina y luego se abrió, y allí apareció ante nosotros un chiflado con alas de papel pegadas a la espalda.
era un chaval de unos dieciocho.

—estoy aquí para ayudar al club —dijo el chaval.

con aquellas grandes alas de papel encima. un loco rematado. llevaba agujeros en la chaqueta. las alas estaban pegadas a la espalda, o fijadas con un esparadrapo, algo así.

—escucha —dijo Henderson—, ¡quieres hacer el favor de largarte! ya ha habido suficiente comedia en el campo, así que seriedad, hoy empezaron a reírse de nosotros nada más salir, ¡venga, fuera y deprisa!

el chico se acercó, echó un trago de la botella, se sentó y dijo:

—señor Henderson, yo soy la respuesta a sus oraciones.

—oye, chaval —dijo Henderson—, eres demasiado joven para beber eso.

—soy más viejo de lo que parezco —dijo el chaval.

—¡pues yo tengo algo que te hará un poco más viejo! —Henderson apretó el botoncito que había en la mesa, eso significaba TORO Kronkite. no quiero decir que Toro haya matado nunca a un hombre, pero sería una suerte que pudieses fumar Bull Dur-ham por un ojo del culo de goma después de que él te diese una pasada, el Toro entró arrancando casi una de las bisagras de la puerta al abrirla.

—¿cuál, jefe? —preguntó, meneando sus largos y estúpidos dedos mientras examinaba la habitación.

—el mierda de las alas de papel —dijo Henderson.

el Toro se aproximó.

—no me toques —dijo el mierda de las alas de papel.

el Toro se lanzó hacia él, Y DIOS ME VALGA, aquel mierda empezó a ¡VOLAR!, aleteó por la habitación, casi pegado al techo. Henderson y yo nos lanzamos a por la botella, pero el viejo me ganó. el Toro cayó de rodillas:

—¡DIOS DEL CIELO, TEN PIEDAD DE MI! ¡UN ÁNGEL! ¡UN ÁNGEL!

—¡no seas imbécil! —dijo el ángel, revoloteando—. no soy ningún ángel, sólo quiero ayudar a los Blues. soy hincha de los Blues de toda la vida.

—de acuerdo, baja, hablemos de negocios —dijo Henderson.

el ángel, o lo que fuese, bajó volando y aterrizó en una silla. el Toro le arrancó los zapatos y los calcetines o lo que fuese y empezó a besarle los pies.

Henderson se agachó furioso y escupió al Toro en la cara:

—¡lárgate, bicho subnormal! ¡si hay algo que odie es el sentimentalismo baboso!

el Toro se limpió la cara y se fue muy quedamente.

Henderson recorrió los cajones de la mesa.

—¡mierda, creí que tenía por aquí en algún sitio contratos!

entretanto, mientras buscaba los impresos de los contratos, encontró otra botella y la abrió. cuando arrancaba el celofán, miró al chico:

—dime, ¿eres capaz de hacer una curva interior? ¿y una externa? ¿qué me dices de un deslizador?

—que me cuelguen si sé —dijo el tipo de las alas—. he estado escondido. lo único que sé es lo que leí en los periódicos y vi en la televisión. pero siempre he sido hincha de los Blues y estoy muy triste por lo mal que os va la temporada.

—¿has estado escondido? ¿dónde? ¡un tipo con alas no puede esconderse en un ascensor del Bronx! ¿cuál es tu truco? ¿cómo lo conseguiste?

—no quiero aburrirle con todos los detalles, señor Henderson.

—por cierto, muchacho, ¿cómo te llamas?

—Jimmy. Jimmy Crispin. J.C. para abreviar.

—oye, chico, ¿qué coño quieres, reírte de mí?

—oh no, señor Henderson.

—¡entonces choca esas cinco!

las chocaron.

—maldita sea, ¡qué manos tan FRÍAS! ¿cuánto hace que no comes?

—comí unas patatas fritas y una cerveza con pollo hacia las cuatro.

—echa un trago, chaval.

Henderson se volvió a mí.

—Bailey.

—¿sí?

—quiero que esté todo el equipo en ese campo a las diez mañana por la mañana. sin excepciones. creo que hemos conseguido lo mejor desde la bomba atómica. ahora salgamos todos de aquí y vayamos a dormir un poco. ¿tú tienes dónde dormir, muchacho?
—sí, claro —dijo J.C.

y bajó volando las escaleras y allí nos dejó.


teníamos el estadio cerrado. sólo estaba allí el equipo. y con las resacas que arrastraban y el ver a aquel tipo de las alas se creyeron que era un montaje publicitario. o un ensayo de uno. se colocó el equipo en el campo con el muchacho en la base del bateador. deberíais haber estado allí para ver cómo se abrieron aquellos ojos inyectados en sangre cuando el chico se lanzó por la línea de la tercera base y ¡VOLÓ hasta la primera!, luego tocó y antes de que el tipo de la tercera base pudiese hacer nada el chico llegó volando a la segunda. todos se estremecieron bajo aquella luz de diez de la mañana. para jugar con un equipo como los Blues hay que estar bastante loco, pero, de todos modos, aquello era demasiado.

luego cuando el pitcher se disponía a lanzar al bate que habíamos puesto, J.C. se lanzó volando a la tercera base ¡como un reactor! ninguno podía verle siquiera las alas, ni aunque hubiesen tenido tiempo para tomarse dos alkaseltzer aquella mañana. cuando la pelota llegó a la base del bateador, aquello había bajado volando y había tocado base meta.

descubrimos que el chico podía cubrir todo el outfield. ¡tenía una velocidad de vuelo tremenda! nos limitamos a meter a los otros dos outfielders en el infield. teníamos así dos shortstops y dos segundas bases. y tan mal como estábamos, estábamos en el infierno.

aquella noche era nuestro primer partido de la liga con Jimmy Crispin en el outfield.
lo primero que hice cuando llegué fue telefonear a Bugsy Malone.

—Bugsy, ¿cómo van las apuestas a favor de los Blues?

—no hay apuestas. no hay ningún loco capaz de apostar por los Blues ni siquiera diez mil a uno.

—¿qué me das tú?

—¿hablas en serio?

—sí.

—doscientos cincuenta a uno. quieres apostar un dólar, verdad?

—uno de los grandes.

—¡uno de los grandes! ¡espera! dentro de dos horas te llamo.

al cabo de una hora cuarenta y cinco minutos, sonó el teléfono.

—vale, de acuerdo. uno de los grandes nunca viene mal, sabes.

—gracias, Bugsy.

—de nada.

nunca olvidaré aquel partido de la primera noche. creyeron que queríamos gastar una broma para animar a la gente pero cuando vieron a Jimmy Crispin elevarse en el cielo y lanzarse luego en picado en un clarísimo jonrón que habría superado la valla izquierda del centro del campo en más de tres metros, entonces el partido se animó. Bugsy había bajado a echar un vistazo y le observé en su palco. cuando J.C. se elevó para agarrar aquella pelota, a Bugsy se le cayó de la boca el puro de cinco dólares.

pero en el reglamento no decía nada de que no pudiese jugar al béisbol un hombre con alas, así que los teníamos bien agarrados por los huevos. y cómo. ganamos el partido como nada. Crispin marcó cuatro veces. ellos no lograron sacar nada de nuestro infield y cualquier cosa del outfield era un fuera seguro.

y los partidos que siguieron. cómo afluían las multitudes. les volvía locos ver aquel hombre volar por el cielo, pero además estaba el hecho de que habíamos perdido veinticinco partidos y quedaba muy poco y por eso seguían viniendo, a la gente le encanta ver a un hombre salir de la bodega. los Blues lo conseguían. era el mayor milagro de todos los tiempos.

LIFE vino a entrevistar a Jimmy. TIME. LIFE. LOOK. él no les contó nada. «lo único que quiero es que los Blues ganen la liga», dijo.

pero a pesar de todo era matemáticamente difícil y, como el final de un libro de cuentos, llegamos por fin al último partido de la temporada. íbamos empatados con los Bengals para el primer puesto, y jugábamos contra los Bengals, y el ganador lo ganaba todo. no habíamos perdido un solo partido desde que Jimmy se había incorporado al equipo. y yo andaba rondando ya los doscientos cincuenta mil dólares. menudo entrenador era yo.

estábamos en la oficina justo antes de aquel último partido nocturno, el viejo Henderson y yo. y oímos ruido en la escalera y luego se derrumbó un tipo por la puerta, borracho. J.C. ya no tenía alas, sólo muñones.

—¡me serraron las jodidas alas, los muy miserables! me metieron a esa mujer en la habitación del hotel. ¡qué mujer! ¡qué tía! ¡y me cargaron la bebida! me eché encima de ella y entonces ellos empezaron a SERRARME LAS ALAS! ¡yo no podía moverme! ¡no podía ni sujetarme los huevos! ¡qué FARSA! y aquel tipo dándole a su puro, y riéndose detrás... ay Dios santo, qué tía tan cojonuda, y ni siquiera pude correrme... mierda...

—bueno, muchacho, no eres el primero al que jode una mujer. ¿sangras? —
preguntó Henderson.

—no, es sólo hueso, materia ósea, pero estoy muy triste, os he dejado en la estacada, amigos, he dejado en la estacada a los Blues, me siento muy mal, muy mal.
¿ellos se sentían muy mal? yo perdería 250 de los grandes.

acabé la botella que había en la mesa. J.C. estaba demasiado borracho para jugar, con o sin alas. Henderson dejó caer la cabeza sobre la mesa y empezó a llorar. saqué su luger del cajón de abajo. me la metí en la chaqueta, salí de la torre, bajé a la sección de reserva. ocupé el palco situado inmediatamente detrás del de Bugsy Malone y la hermosa mujer con quien estaba. era el palco de Henderson y Henderson prefería morir bebiendo con un ángel muerto. no necesitaría aquel palco. y el equipo no me necesitaría a mí. telefoneé al banquillo y les dije que le pasaran la cosa al bateador o a cualquier otro.

era nuestro campo, bateaban primero ellos.

—¿dónde está vuestro center fielder no lo veo —dijo Bugsy, encendiendo un puro de cinco pavos.

—nuestro center fielder ha vuelto al cielo debido a una de tus sierras Sears-Roebuck de tres dólares y medio.

Bugsy se echó a reír.

—un tipo como yo puede mear en el ojo de una mula y sacar un julepe de menta. por eso estoy donde estoy.

—¿quién es la bella dama? —pregunté.

—ah, ésta es Helena. Helena, éste es Tim Bailey, el peor entrenador de béisbol del mundo.

Helena cruzó aquellas cosas de nailon llamadas piernas y perdoné efectivamente a Crispin.

—encantada de conocerle, señor Bailey.

—lo mismo digo.

empezó el partido. como en los viejos tiempos. a la séptima carrera perdíamos diez cero. Bugsy se sentía como Dios, tocándole las piernas a aquella tía, frotándose con ella, el mundo entero en el bolsillo. se volvió y me pasó un puro de cinco pavos. lo encendí.

—¿ese tipo era realmente un ángel? —me preguntó, medio sonriéndose.

—dijo que le llamáramos J.C, para abreviar, pero la verdad es que no sé.

—parece que el Hombre le ha ganado a Dios casi todas las veces que se han enzarzado —dijo.

—no sé —dije yo—, pero según mi opinión, cortarle las alas a un hombre es como cortarle el pijo.

—puede. pero según la mía, los fuertes son los que mueven las cosas.

—o la muerte las para. ¿cuál de las dos cosas?

saqué la luger y la apoyé en su nuca.

—¡Bailey, por amor de Dios! ¡cálmate! ¡te daré la mitad de lo que tengo! ¡no, te lo daré todo, todo lo que tengo, esta tía, todo, todo...! ¡pero quítame esa pistola de la cabeza!

—¡si piensas que matar es algo fuerte, PRUEBA algo fuerte!
apreté el gatillo., fue espantoso. una luger. cáscaras de cráneo y cerebro y sangre por todas partes: por encima de mí, de las piernas de nailon de ella, de su vestido...

se suspendió el partido una hora y nos sacaron de allí: a Bugsy muerto, a su mujer, loca de histeria, y a mí. luego siguieron.
Dios gana al Hombre; el Hombre gana a Dios. madre hacía conservas de fresas mientras todo se desmoronaba.
al día siguiente estaba yo en mi celda y el celador me entregó el periódico:
«LOS BLUES REMONTARON EL PARTIDO EN LA CARRERA CATORCE Y LO GANARON JUNTO CON LA LIGA».

me acerqué a la ventana de la celda, octava planta. hice una bola con el papel y lo metí por las rejas. lo embutí allí y lo empujé entre ellas y cuando caía por el aire lo contemplé, vi cómo se abría, como si tuviera alas, bueno, no quiero exagerar, bajó flotando como suelen hacer los trozos de papel desplegados, hacia el mar, aquellas olas blancas y azules ahí abajo y yo sin poder tocarlos, Dios gana al Hombre siempre, constantemente, sea Dios Lo Que Sea: ametrallador soplapollas o cuadro de Klee, en fin, y, claro, aquellas piernas de nailon rodearán ahora a otro maldito imbécil. Malone me debía doscientos cincuenta de los grandes y no podría pagar. J.C. con alas, J.C. sin alas, J.C. en una cruz, yo no estaba aún muerto del todo, y me alejé de la ventana, me senté en aquel retrete carcelario sin tapa y me puse a cagar, ex entrenador de primera, ex hombre, y a través de los barrotes entraba un viento leve y leve es este modo de dejaros.

De la página 15 a la 22.

martes, 7 de junio de 2011

Ianelli, Arcangelo Ianelli



A partir de 1940 el pintor, escultor e ilustrador Arcangelo Ianelli (São Paulo, 1922 – São Paulo, 2009) comienza a plasmar la vida cotidiana, en tonalidades pasteles, no tan coloridas, etapa media lúgubre. Hacia 1960 comienza a desarrollar el abstraccionismo, con obras obscuras, y a partir de la década del ’70 produce abstraccionismo geométrico, con preferencia por los rectángulos y cuadrados. También en esta época abarca la escultura en mármol y madera. Muchas de sus obras pertenecen a los diversos acervos en varios museos del mundo todo.


Es en ese período que por causa de una intoxicación con pintura al óleo pasé a usar la tempera al huevo, práctica que me enseñó técnicas de transparencia y uniformidad que desde entonces uso.

Declaración al Folha de São Paulo, 2002.

Aunque esté conformada solamente por 19 obras, esta pequeña muestra, las de mayor dimensión, causan ese efecto de atracción que deben sentir los insectos voladores ante esa caja exterminadora con barras de luz ultravioleta.

La exposición ubicada en la Sala Miguel Bakun del MON que abrió el 19 de marzo no tiene fecha de cierre.



Estaleiro, 1958, óleo sobre tela




Bambuzal, 1959, óleo sobre tela




Naturaleza muerta, déc del '60, pastel sobre papel




Sin título, 1980, pastel sobre papel




Sin título, 2000, serigrafía sobre papel




Sin título, 2002, óleo sobre tela




Sin título, década del '90, pastel sobre papel




Sin título, 1982, pastel sobre papel

jueves, 2 de junio de 2011

Los prisioneros, Rubem Fonseca




Año de publicación : 1963
Título original : Os prisioneiros
Editora : Companhia Das Letras
Año de esta publicación : 1996


Este libro de relatos es la obra prima de Rubem Fonseca (Minas Gerais, 1925), quien junto a Ignácio de Loyola Brandão y Dalton Trevisan son quizá los tres escritores vivos más importantes del Brasil.

1963 era un año en que la temática cuentista brasileña era gris, parca, y es en ese contexto que aparece este libro, donde un novel escritor hace gala de diversos recursos y técnicas, desconocidas hasta ese entonces en escritores locales.

El libro abre con “Febrero y marzo”, donde unos aficionados a ejercitarse en un gimnasio salen en grupo por las calles, para pasar el rato, a golpear carnavalistas, y hasta levantarse a una comadre emocionada con tantos musculosos juntos. Uno de ellos, dedicado a vender su sangre para sobrevivir, conocerá una condesa quien lo adoptará para que ejerza lo que el conde dejó de ejercer hace algún tiempo. El relato es entretenido pero regular a diferencia del resto, no te causa ese efecto de disfrute que sí deja el leer “Doscientos veinticinco gramos”, relato totalmente diferente: aquí el absurdo es válido desde el inicio. Dos hombres en una sala de espera observan cómo el elevador va subiendo hasta donde ellos están; llega un tercer tipo que se junta a ellos. Los tres llegaron ahí por la misma razón: información sobre la muerte de una mujer de quienes ellos eran íntimos, sin ninguno saber de la existencia de los otros dos. El legista que los atiende, al ver que ellos son lo más cercano que la mujer tenía como familia, querrá que asistan a la autopsia que él dirigirá. Tras muchas indecisiones, uno de ellos entrará, y la autopsia comenzará. La descripción que Fonseca hace del entorno, desde la sala de espera, como del interior de la sala es tal que sientes el frio de aquellos lugares, pero sobre todo, el minucioso ejercicio de la autopsia, los sonidos al abrir la piel, el rostro cada vez más deforme del amante ante el cuerpo de su amiga, todo tan bien detallado, hacen de este descarnado cuento un deleite.

El conformista incorregible” es una sátira al supuesto orden que la sociedad debía tener, todo cuadriculado y a raya, donde alguien carente de miedo es considerado altamente peligroso para el resto de la sociedad. Es el caso de Amadeu, quien es analizado por los más prodigiosos profesionales, todos devotos de Erich Fromm. El relato a manera teatral consigue divertir en las absurdas hipótesis de los psicoanalistas ante la impotencia de Amadeu.

Teoría del consumo conspicuo” es el primer cuento publicado de Fonseca, apareció en la revista “Senhor”, de 1961, y es también el más flojo del conjunto de este libro. Aquí un tipo que tiene por costumbre llevarse a la cama una mujer en cada carnaval conoce a una que lleva una grande máscara negra que le cubre el rostro. Ella niega sacársela por avergonzarse de su nariz. Cuando accede sacarse aquel artilugio el tipo verá que la nariz de la joven era linda, mas ella se sentía incómoda. Fonseca nos muestra el inconformismo de las personas con cosas e inclusive partes del cuerpo que no necesitan reparo o cambio, y cómo esto influye en sus vidas.

Henri” es una de las obras maestras que este libro trae. Aquí un tipo aparentemente normal, educado y correcto esconde un observador innato, un paciente calculador, un frio asesino. Podemos apreciar cómo piensa y planea metódicamente su nueva acción, como un artista previo a una obra. Hacia el final el relato se torna más crudo, sin perder la elegancia en la escrita.

En “Gacela”, un tipo recordará a su primer amor en la juventud. Todo lo que se puede llegar a sentir por una joven, y cuando se está, supuestamente, consolidando una madura relación, ambos caen en cuenta de que todo se acabó. Aquí la técnica narrativa es otra: el personaje principal rememora, y va liberándose de sus recuerdos que parecieran incomodarlo, conversando con su auditor –el lector-, a manera de confesión. Como en los anteriores relatos en éste el humor está muy presente.



Si con los dos últimos relatos ya Fonseca se hizo un lugar en la larga lista de escritores por leer, con “Naturaleza podrida o Franz Potocki y el mundo” esa sublime sensación al fin de la lectura aumenta. Un introvertido pintor, especialista en expresar la podredumbre en la naturaleza queda atónito al ver la repercusión que sus cuadros genera. Cada vez más sus obras llegan a precios absurdos, considerándose hasta vergonzoso no tener un Potocki en casa, los niños adoraban sus obras, al igual que sus profesores; él no se explica el por qué, llegando a ser muy infeliz. Nadie entiende cómo él teniendo todo en la vida podía sentirse así. Para su tranquilidad, en un inesperado día, de un momento a otro todo cambiará. Fonseca parece burlarse de aquellas personas que gastan millones en obras que, en el fondo, no gustan, pero necesitan tener para mostrar en su círculo de amistades y conocidos.

El agente”, relato crítico, el más breve de este conjunto. Un agente inmobiliario entra a la oficina de un edificio para encuestar al encargado, pero éste, desinteresado por las preguntas, cortantes y directas, le confesará que en breve se suicidará. En un mundo de todos contra todos y en que nadie está interesado en escuchar a nadie, una confesión de esas incomoda al auditor; hacen perder tiempo.

Tanto “Curriculum vitae” como el cuento que intitula el libro, “Los prisioneros”, no los encuentro tan logrados como el resto. En el primero un músico aficionado, desempleado, no consigue entrar en una orquesta cubana por no poder adecuarse al mambo y al cha cha cha, pues él sólo acompañaba con su bongó músicas de Bach. En el segundo Fonseca retoma la narración teatral, presentándonos a un hombre ante su psicoanalista. La incomodidad de la profesional al verse acorralada por las preguntas del paciente, y el trato que éste recibe al entrar en colapso son interesantes. Si el paciente no tiene quién reclame por él será una estadística más. Son divertidos, pero en comparación a los relatos anteriores éstos pasan desapercibidos.

El enemigo” es el relato más extenso del grupo, y también es otra pequeña obra maestra. Dividido en tres tiempos, un tipo tiene –o al menos cree tener- sólidos recuerdos de los personajes que rodearon su infancia, pero al buscar a aquellas personas en su presente comprobará que nada de lo que él creía haber vivido sucedió, nadie fue cómo él los recuerda. Un relato que raya en la paranoia.

Un conjunto de relatos que nos presenta a un joven Rubem Fonseca, que desde esta publicación hace 48 años fue comenzando a hacerse de una legión de admiradores atentos a lo que él vaya a publicar, y que transbordan las fronteras de su enorme país. Me uno a ellos.