lunes, 27 de octubre de 2014

Las fotografías de Frances Farmer, Iván Thays




Año de publicación : 1992

Año de la presente edición : 2000

Editora : Adobe Editores

Colección : Biblioteca Latinoamericana Contemporánea, libro 4



Hace mucho me debía algún libro de Iván Thays (Lima, 1968), así que tras el último viaje a Lima me hice de éste, su primer libro de cuentos. Desde el inicio atrae el muy buen uso del lenguaje que es una constante en todo la obra.

El libro inicia con “Nosotros hubiéramos querido que ella fuera eterna (Primera parte)”, aquí el personaje transmite una bella amargura para sus veinticinco años. Aunque no lo parezca, aquel joven llega a nutrir su deseo de información, insertándose en aquel bizarro grupo de ancianos admiradores de la diva del título.

El segundo relato “La sombra bajo el rostro” tiene un toque catatónico plasmado en el narrador, aunque equilibrado es algo esquizofrénico, está a punto de perder el control. Eso salva al relato del lirismo por momentos asfixiante del relato.

No necesariamente rubia” son dos breves historias que se alternan y que, finalmente, se entrelazan. Pero lo realmente interesante es la descripción del ambiente en ambas historias y la carga sentimental hacia el final no llega a eclipsar lo tan bien graficado que está. Todo el relato es muy cinematográfico, y esa caída de cabello del cadáver cuando es descubierto por Laville es como la cereza de la torta, muy gráfica, muy bien lograda.

El silencio de estrella” su escrita es pulida, y especialmente aquí su prosa lírica la encuentro muy bien lograda, también reconozco que es muy emotivo, pero aun así esto último lo torna demasiado nostálgico para mi gusto; “atracción y repulsión…” como canta Rafo Ráez, eso es lo que me dejó este relato.

Los hombres al viento” es uno de los más extensos, y entre recuerdos, realidad y sueños aquí por momentos también encuentro un exceso de lirismo en su prosa, llega a eclipsar la historia y ni qué decir de la atmósfera –que según su prólogo éste es un libro de atmósferas-. Su escrita fluye, no llega a ser denso, pero aun así este uno de los relatos que no me entusiasmó, pero ni un poquito.

Con olor a rosas y a muerte de rosas” es el más extenso del grupo, y también uno de los más logrados. A la ya mencionada buena escrita este relato tiene un timing preciso que aunque fuese diez páginas más extenso en ningún momento caería mi atención ante la trama debido no sólo a cómo está personificado la manera de ser del narrador sino también a la intrigante y sorpresiva María, ella es de esas jóvenes ninfas tan maduras y centradas –como si hubiesen vivido cien años- que desarman al más pintado misógino que se cruce con ella. Otro de los que disfruté a plenitud.

Memorias del infierno y del viento” también tiene aquella jodida melancolía que me incomoda un poco, pero, a su vez, posee una cierta frialdad en los diálogos que encuentro interesante.

Una muchacha loca como los pájaros” comienza muy bien, con dos bellas descripciones acerca de las mujeres. Pero aquí también la melancolía plasmada en las cartas de M a Alexander me resulta tan soso que el relato se me hace interminable. La intriga por saber quién es aquella remitente queda eclipsada por el derroche de sentimentalismo plasmado en M a través de su correspondencia y la poca acción de Alexander. No enganché con el relato.

Los relatos terminan con “Nosotros hubiéramos querido que ella fuera eterna (Segunda parte)”, y, aunque es parte del mismo relato inicial, éste es otro cuento. Aquí la nostalgia de nuestro narrador está a flor de piel por la invasión en su vida de Alessandra. Me hizo recordar lo cuán jodido es cuando alguien llega para hacernos dudar de la misoginia. Tan bien logrado como su primera parte al inicio de la obra.

El libro cierra con una breve y muy interesante reseña sobre la actriz Frances Farmer, de una vida con altos y bajos tan intensos como los picos registrados en un sismograma de la escala de Richter ante un terremoto. Una gran reseña sobre su vida aquí






Aunque cada relato es independiente y funcionan como tal tienen un punto en común, su espina dorsal es aquella actriz del título, que a través de fotografías, menciones, e inclusive búsqueda de información al respecto de su vida -en el relato inicial- llega a ser el oscuro vínculo que los une: tristeza, desánimo, decepciones, melancolía, universalizando deseos y fracasos no sólo de aquella diva, sino de la humanidad. Aunque no enganché con 2 ó 3 relatos el resultado final es positivo, el escritor sabe conducir al lector por esos conceptos y sugestiones, y con una escrita que aunque a veces parece abusar de un lirismo que se roba la atención en algún relato se llega a percibir fácilmente que su prosa está llena de pasión (una obscura pasión, algo sórdida a veces) muy intensa, y elaborada con mucho esmero.

Quizá con eso de que Vargas Llosa haya publicado “Los jefes” con 23 años de edad, y Bryce Echenique “Huerto Cerrado” con 29 años, sólo por mencionar dos de los más populares en nuestro país, en el Perú estamos mal acostumbrados, y los lectores somos muy exigentes aun con una primera obra. La de la presente entrada fue publicada cuando el autor visaba los 24 años de edad –o sea, escrita con menos- y tras ese detalle debería haber tenido más publicidad y/o reseñas en su momento. Me atrevería a decir que los que sabemos de su existencia en su gran mayoría es por ésta segunda edición de Adobe Editores de final del siglo pasado que la rescató de un muy probable olvido. 


No es lo mismo abordar la primera obra de un escritor ignoto que de uno conocido. En este caso, aunque no había leído nada de Thays sabía quién es él, tornando mi expectativa alta. Tras la lectura cubrió lo esperado, y por momentos hasta lo superó, lo que hace que tenga más curiosidad por sus novelas posteriores. El autor es el responsable del blog Moleskine Literario, quizá el más importante en el Perú en cuanto a literatura se refiere; y no sé hasta qué punto el actualizar aquel blog de una manera constante le quite tiempo para escribir más obras, puesto que además colabora con otros medios, creo. Debería escribir y publicar una obra por año, por lo menos, en vez de informarnos cada vez más sobre el acontecer literario mundial –por cierto, he visto muy poco sobre literatura brasileña ahí-; en vez de hacernos saber quiénes desfilan ser él quien esté desfilando. 





Hotel Normandy - Patricia Kaas 

La francesa Patricia Kaas nos era totalmente desconocida hasta ver que María, aquella ninfa del sexto relato la escuchaba. Cris agradece.     


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