domingo, 17 de noviembre de 2013

Don Manuel Tannat 2010



Viñas Tacama

Don Manuel Tannat 2010

14% Grad. Alc.

La Tinguiña, Ica, Perú.



La última vez que bebimos un tinto de la Viña Tacama no habíamos tenido una buena experiencia –sobre todo Cris-, quizá por el corte con la cepa petit verdot que es algo difícil de aceptar y acostumbrarse. Hoy tenemos este varietal de tannat: ¡un tannat peruano! Lo primero que pensamos al leer tannat en la etiqueta es en Uruguay, en sus potentes, sabrosos y elegantes caldos. En Brasil aunque varias bodegas se animan trabajar un varietal de esta variedad hay uno en particular que nos llama la atención, uno de la bodega Lidio Carraro que lo estamos cortejando, pero como siempre por aquí el precio desanima.

Este Don Manuel es el top de la bodega, se ve reflejado en el precio, algo más que el doble de aquel Intipalka bebido hace un par de semanas: S/. 86, unos US$ 31, o sea RS 63, considerado caro en Perú, aunque se gaste lo mismo o más por vinos extranjeros con una imagen ya hecha.

Aunque la producción de vino en el Perú venga desde la época de la conquista y colonización con la llegada de los españoles la producción vitivinícola fue interrumpida y no se mantuvo ni desarrolló a través del tiempo -entre otros motivos- por la reforma agraria impuesta por el gobierno peruano en la década del ’70 donde se concedió los terrenos a los campesinos, siendo un retroceso irremediable, pero desde hace algunos años se está invirtiendo en tecnología, consultorías extranjeras, importación y sembrío de parras de diversas cepas -iniciando prácticamente de cero-, y los resultados no se darán de un día para otro. Una frase atribuída al Barón Philippe de Rothschild versa: "Hacer vino es relativamente fácil. Difíciles son los primeros 200 años." Por lo pronto este tannat peruano de Tacama fue disfrutado de una manera que sinceramente no esperábamos.



A la vista, de un profundo color negro con bordes violáceos con mucho brillo, no es nada translúcido, de corpulencia mediana a más, forma lágrimas intensas.

Ojo: en la etiqueta posterior recomiendan decantarlo por lo menos una hora antes de ser servido (*). Así, una parte del caldo se decantó 40 minutos hasta la primera copa que sería de Cris pues ella al probar ambas –sin decantar y decantado- prefirió el vino decantado. Yo de lejos preferí directo de la botella y verlo evolucionar en copa. Ante esto:

En nariz:

Primera copa –de ambos- : es muy afrutado, una explosión de frutas: ciruelas negras, higos, también guinda. Cris le encuentra más a cerezas.

En la segunda copa (Cris, 40 min después de la primera) hay toques de vainilla, la sensación afrutada es más leve.

En la segunda copa (Manolo, 30 minutos después de la primera), aunque la fruta sea aún el destaque hay sensación a madera algo más que leve pero ningún tablazo, nada que incomode, es elegante.

En la tercera copa (Cris, casi 1 hora y 50 minutos después de la segunda copa), la sensación afrutada se mantiene leve, nadie le quita que son a cerezas.

En la tercera copa (Manolo, 2 horas después de la segunda copa), la sensación afrutada disminuyó pero no desaparece, la sensación a madera se mantiene igual que en la segunda copa, hay también trazos de vainilla.

En la cuarta copa (Cris, 3 horas y media después) hay toques florales, como a violetas.

En la cuarta copa (Manolo, 4 horas después) Las mismas sensaciones de la tercera copa pero algo más leve.


En boca, Cris refrenda su percepción de cerezas, yo más a ciruelas y algo como a guinda. Es algo cálido, pero no llega a incomodar. De buena sensación tánica, es elegante, de mediana corpulencia. Yo le encuentro una leve sensación a madera, Cris no, en ningún momento. De final mediano, en el retrogusto yo siento algo como a clavo de olor, Cris a canela.


Habíamos ya pensado en preparar unos espetinhos de carne, y pan al ajo. Creemos que puede acompañarse con tabla de quesos y/o embutidos tranquilamente pues no cuenta con la potencia de un tannat uruguayo, no te pide comida, pero se disfruta mejor con ésta.

(*) Agradezco que indiquen si consideran que es mejor o no decantarlo, como es el caso en este tinto, aunque al final la decisión de hacerlo o no sea nuestra.

Respecto a la etiqueta: trae un lindo grabado como hecho a carboncillo. Ya la medalla o escudo de metal que trae colado al vidrio es bien simplón.

Es interesante y aunque podemos estar equivocados, los vinos peruanos –hasta ahora- tienen ese toquecito dulzón en nariz, y dulzón y cálido en boca, un toque como de guinda.

Es elegante, equilibrado, no es potente, tiene una personalidad diferente, algo más suave de la idea que tengo de un tannat por eso lo preferí en todo momento sin decantar. Ya Cris prefirió todo lo contrario, encontrándolo más fuerte directo de la botella y más redondo y sabroso decantado.

Quizá en lo único en que coincidimos es que fue una muy buena experiencia, de una buena rpc aún en Perú, ni qué decir para otros países. Éste es uno de esos ejemplares cuyo esfuerzo merece ser conocido y divulgado. Ideal para obsequiar a algún consumidor extranjero de vino que ciertamente encontrará exótico un vino peruano.

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