martes, 22 de febrero de 2011

El bigote, Emmanuel Carrère



Título original : La moustache
Título en portugués : O bigode
Año de publicación : 1986
Año de esta edición : 1988
Editora : Espaço e Tempo
Traducción al portugués : Herbert Daniel



¿Qué pasaría si un día decides afeitarte el bigote que siempre cultivaste con esmero, y, al hacerlo, ni tu mujer, ni tus amigos, absolutamente nadie perciba del cambio? O lo que es peor, te aseguren que nunca llevaste bigote, te miren extraño, frunciendo el ceño, y murmurando entre ellos ante la insólita pregunta. Esta novela parece escrita por un feminista, y es que, sólo nosotros los hombres podríamos pasar por una situación de esa laya; no me imagino a una mujer con esos problemas existenciales. En este caso, él se siente desnudo, y nadie se sorprende de ello. Aquí, lo que sería un acto mero y banal se convierte en una pesadilla. El prominente arquitecto francés, al ver que el hecho no tiene ninguna repercusión –y el iluso la esperaba- en los de su entorno, desatará en él una paranoia tal que lo llevará a pensar seriamente en que todos, desde Agnes, su mujer, hasta sus amigos Serge y Verónique, Samira y Jerome, están coludidos en una conspiración contra él.

La novela no está dividida en capítulos numerados, pero digamos que de sus 158 páginas, la primera mitad bordea lo hilarante, y esto desde las primeras páginas. Carrerè no te da tiempo de arrellanarte en el sofá o de acomodarte en el espacio del ómnibus; ver al personaje principal meterse en situaciones absurdas, humillándose, por esta absurda causa. Luego de su fuga a Hong Kong, las serias y profundas opciones que va elucubrando el arquitecto son algo densas y repetitivas, y cuando creo que la gran novela, que comenzó muy bien, va cayendo en la modorra, aparece de pronto Agnes en Hong Kong -¿realmente en Hong Kong?-, ahí, en el cuarto donde él está hospedado, y con ella, un gran final, muy violento, donde el resultado final de la acción del arquitecto iría muy bien en una capa de un disco de Cannibal Corpse; esto deja en el lector la opción de concluir la historia como mejor la interprete, en mi caso, asistimos al naufragio del raciocinio de éste compadre, sin que él despegue los pies del piso del baño frente a su espejo.

En la primera página, en la respuesta de Agnes ante la pregunta de su marido encuentro el posible motivo del click que activó esta alucinada. Me parece que en esa respuesta sin ninguna sorpresa ante lo cuestionado (acerca de quitarse el mostacho) hará despertar una ira interna que derivará en esa enajenación. El final violento no merma en absoluto lo divertida que resulta esta obra.

Esta no es la primera novela de Carrerè. Anteriores son “L'Amie du jaguar” (1983); “Bravoure” (1984), las cuales sospecho no deben de estar traducidas ni editadas al portugués, quién sabe al español. Espero que sí.





- ¿Qué piensas si me afeito el bigote?

Agnes, que ojeaba una revista, recostada en el sofá de la sala, rió levemente, y después respondió:

- Sería una buena idea.

Él sonrió. Sobre el agua, en la bañera donde permanecía despreocupadamente, flotaban pequeñas islas de espuma llenas de pelitos negros. La barba de él crecía mucho, y tan de prisa, que lo obligaba a afeitarse dos veces por día, si no quería, al final de la tarde, tener el rostro áspero. Al despertar, cumplía la tarea delante del espejo del lavabo, antes de entrar en la ducha, siendo él apenas una sucesión de gestos maquinales, destituido de cualquier solemnidad. Por la noche, por el contrario, esa obligación se convertía en un momento de relax que él organizaba con mucha atención, cuidando para que el agua del baño corriese de la ducha, para que el vapor no empañe los espejos que cercaban la tina incrustada, teniendo un vaso al alcance de la mano, esparciendo después calmamente la espuma por la barbilla, pasando de nuevo la navaja por el rostro, evitando minuciosamente cualquier ataque al bigote, del cual, emparejaría luego los pelos con una tijera.


Fragmento, página 7.

2 comentarios:

Ana Blasfuemia dijo...

Hola! Acabo de terminar la lectura de El bigote y, si bien es verdad que en principio la situación es divertida, pero no sé si definiría así la lectura en general, que me ha parecido tan desasosegante como brillante.

Gracias y un saludo!

Cristina Crenchiglova y Manolo Malpartida dijo...

Hola Ana,

Ya hace algunos años de esta lectura. La recuerdo de un inicio envolvente y divertido como mencionas, y su repentino final abierto la rescata de una modorra en la cual parece entramarse hacia la segunda mitad. Hago mío tu definición de esta nouvelle: brillante, nada mal para haberla escrito a los 28 años.

Gracias a ti por la visita y por el comentario.

¡Bienvenida!

Manolo.

¡Saludos!