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viernes, 3 de septiembre de 2010

La piel del cielo, Elena Poniatowska



La piel del cielo; Elena Poniatowska; Alfaguara 2001; México.

Me encanta el inicio de esta novela. Con la primera línea ya se percibe que el personaje que formula la pregunta, aquel niño interrogando a su madre, es alguien especial.


- “Mamá, ¿allá se acaba el mundo?
- No, no se acaba.
- Demuéstramelo.
- Te voy a llevar más lejos de lo que se ve a simple vista.



Lorenzo de Tena desde su infancia destacaba sobre el resto; lo que no tenía en recursos económicos, lo desbordaba en inteligencia. No sólo él, su hermano Juan también hacía pasar apuros a los profesores con sus preguntas y repreguntas sobre otros soles, otros universos, y la posibilidad de existencia de vida en ellos.
En Florencia, la madre de ellos (y de tres hermanos más) vemos a la luchadora, la madre soltera que saca adelante a sus hijos -como muchas en Latinoamérica- y que al morir tempranamente cambia el rumbo y destino de los cinco hermanos, yendo estos a vivir a casa de la familia del padre, un despreocupado hombre que deja la tutoría de los niños en su hermana Cayetana. Es ella, la tía Tana, que con su peculiar manera irá criando y encaminándolos.

La nueva casa y familia es de aquellas ricachonas venidas a menos, que hacen lo imposible por mantener un status, un estilo de vida que ellos, sólo ellos, saben que ya no tienen.

Es aquí que el joven Lorenzo conocerá -en Lucía Aramburú y Gonzales Palafox, amiga de tía Tana- su primer amor, y también esa sensación de culpa, que es quizá lo que bloqueará en el futuro sus relaciones con las pocas mujeres de su vida.

Mientras en Lorenzo vemos al tipo que va sobresaliendo de a pocos, rechazando una formación en derecho -que sus amigos continuaron- por que no le llenaba el espíritu, descubriendo luego en el cielo su verdadera pasión en los astros, de la mano de Luis Enrique Erro, su mentor, a quien luego sobrepasaría en conocimientos; en Juan vemos al alguien también con inteligencia superior pero que por diversas circunstancias (desgano suyo, aunque también envidia de otros) tiene un final muy diferente; el talento desperdiciado.

Lorenzo no entiende cómo las otras personas no se admiran como él con lo que hay más allá del cielo, como se admiraron sus antepasados aztecas y mayas, y de a pocos va formando una coraza, sumergiéndose en sus investigaciones y tornándose hosco y huraño. No entiende el conformismo de sus compatriotas, que con pocos recursos y mucho ingenio asombraron al mundo científico en un primer momento, pero que luego por la falta de apoyo por parte de la gente que tiene el poder, que no le da la importancia debida a la ciencia todo queda estancado, sin progreso. Sus mejores profesionales parten al extranjero, sin querer volver, o lo que es peor, los que se quedan dedican su vida a otras áreas más lucrativas.

Así como en Harvard, Lorenzo se entusiasmó con Lisa, con quien se lleva un duro golpe al descubrir que ella no reacciona como él esperaba; no lo sigue, no llega a entender que ella también tiene sus propios planes y no puede dejarlo todo para irse con él, a su regreso a Tonantzintla será Fausta quien entrará a su vida sin que él se lo proponga, dependiendo cada vez más de aquella intrigante mujer que con su lenguaje informal y sus particulares conceptos de la vida, hará ver al científico que nunca se deja de aprender, aunque crea que sea tarde para eso.

La misma característica encontrada en “Lilus Kikus” se encuentra aquí, la facilidad con que se lee. Cuando te detienes por algún motivo te percatas que estás en la página ciento y poco…; sus 473 páginas no pesan, no desanima en ningún momento. También está cargada de un fino humor por trechos. No sólo ríes, a veces encuentras las mismas figuras y problemas que hay en otro país, en este caso el mío aunque podría ser otro también; por momentos pareciera que la trama es en algún lugar del Perú y no en México.


“Harlow Shapley lo mandó llamar a su oficina:
- Luis Enrique Erro me pregunta ansiosamente cuándo va a usted a regresar. Han pasado casi dos años…
- De eso querría yo hablarle. Me gustaría hacer mucho el doctorado, si usted me lo permite…
- Mire, Tena, su tenacidad me devuelve la juventud, nada me gustaría más, pero por desgracia tengo que ser el abogado del diablo. Mi amigo Erro consideraría una puñalada en la espalda si usted se queda, por que hacer el doctorado le tomaría por lo menos dos o tres años más. Es su decisión. Si se queda contará con todo mi apoyo, pero mi obligación moral es decirle que Erro no está dispuesto a perder a su mejor elemento. Usted tiene una intuición notable y es un espléndido observador práctico.
- ¿Y si no me recibo?
- La academia no lo es todo, amigo. Astrónomos que tienen doctorado no han logrado ni la cuarta parte de lo que usted ha hecho. Debe seguir con sus galaxias azules, sus objetos estelares azules y las nebulosas planetarias. Su investigación lo llevará a otras estrellas, otros hallazgos. Estamos orgullosos de usted. Ninguno antes había observado las horas que ha acumulado en estos veintisiete meses. Puede usted aprender teoría sobre la práctica. Galileo no nació astrónomo.
Lorenzo pasó la noche sin dormir porque sabía que regresaría a México.
Cuando decidió que había llegado el momento de partir, un pensamiento lo inquietó. Al llevarse a Lisa a México (así como paquete) tendría que ocuparse de ella. Su amante confrontaría problemas de idioma, de adaptación, pero independiente como era, salvaría los obstáculos. Sin embargo, al tener que regresar más temprano a casa, Lorenzo estudiaría menos. ¡Qué lata! ¡Pinches viejas!, pensó. Más por su sentido del honor que por convencimiento, mientras escuchaban una fuga de Bach, le propuso matrimonio a Lisa:
- No- respondió ella, lacónica.
- ¿No?- respondió Lorenzo estupefacto por el rechazo.
- No.
- Pero, ¿por qué no? ¿Qué será de ti? ¿Qué vas a hacer sin mí?
- Lo mismo que tú sin mí. Voy a sobrevivir, no te preocupes. Me acostumbré a tu presencia, y lo haré con tu ausencia.
Lorenzo entonces se derrumbó. Nunca imaginó semejante respuesta. Éste era un fenómeno extragaláctico aún sin explicar, si él había sido capaz de descubrir las líneas de emisión de objetos estelares, cómo podían habérsele escapado los de esta criatura que era parte de su vida cotidiana. La mujer debía estar loca, pobrecita, era una inconsciente. ¿Qué sería de ella? Sin embargo, de lo más hondo de su ser salió un lamento que tampoco había previsto.
- Lisa, yo no te quiero dejar.
- Pero te vas, y yo no podría vivir en otro país que no es el mío.
- Imposible quedarme, imposible traicionar a mi país, no podría verme la cara en el espejo. Te llevo conmigo –se violentó Lorenzo.
- No quiero ir.
- No entiendo Lisa. Jamás imaginé que me harías esto.
- Ni yo que fueras tan ingenuo.
- Tu tono me resulta muy hiriente, Lisa.
- El que se va eres tú y resulta que la que hiere soy yo.
- Te he ofrecido matrimonio, te propuse irnos juntos.
- Tú eres un macho mexicano, Lorenzo, y yo una anglosajona, me costaría demasiado adaptarme…
- ¿Yo macho?- la interrumpió indignado.
- Lo eres hasta en tu forma de coger. Gracias a mí te has compuesto un poco, pero a lo largo de cien mil meses-luz, sigues corriendo al baño a lavarte concienzudamente después del amor. La que me podría embarazar soy yo, carajo, no tú. ¿De dónde tanto asco?
- ¿Qué? ¿Por qué no me lo dijiste?
- No soy prostituta, no tengo infección alguna y en vez de abrazarme corres a desinfectarte.
- Me lo hubieras dicho.
- Te lo dije, pero es una relación de Pavlov, lo haces automáticamente. Somos distintos tú y yo, a mí me gusta andar desnuda por toda la casa, me atrapa la libertad, a ti te atrapan las obligaciones. Siempre te debes a algo, yo no me debo a nada.
Conmocionado, Lorenzo escondió su rostro.
- No entiendo, no entiendo nada.
- Claro, porque lo único que entiendes es salir derrapando todas las noches a tu telescopio. No hay más. Ése es tu verdadero falo, el que sabes manejar por que el que traes colgando no sirve. No te voy a extrañar. De todos modos nuestra vida sexual no es lo que debería ser.
¡Cuánta brutalidad y cuánta indecencia! ¿A poco ésta también era una Leticia? Lorenzo se tambaleó.
- Hablas con mucha crudeza para una mujer.
- No me salgas con eso, Lorenzo, vivimos en mi país, no en el tuyo donde las mujeres son esclavas. Aquí los dos sexos somos iguales. Los espermatozoides y los óvulos son el resultado de una evolución primitivamente idéntica, recuérdalo.
Lorenzo sintió que la odiaba. Lo que él buscaba en una mujer era que no creara problemas, por eso la había odiado cada vez que lo contradecía. “No seas conflictiva, déjame trabajar.” Odiaba su feminismo. Odiaba su crítica. Mientras era su cómplice la aceptaba, pero en el momento en que le hacía frente, la vivía como una amenaza.
Por otra parte, era imposible vivir en Harvard sin Lisa.


(Fragmento del cap. 17)



Al digitar Tonantzintla, Puebla, en el Google, para ver cómo es esa ciudad y conocer la Iglesia de Santa María, fue grande la sorpresa al descubrir que Luis Enrique Erro (Soler) es un personaje real, fundador del Observatorio Astronómico Nacional, y además, descubro también que fue maestro y colega del astrofísico Guillermo Haro, esposo de Doña Elena, quien por lo que leo tenía las mismas preocupaciones que el personaje principal de esta novela. En una declaración sobre su esposo Doña Elena declara:


“Lo enfermaba y desesperaba el retraso económico y la pobreza social, la injusticia, la burocracia, la negligencia, la ignorancia de los empresarios con respecto a la ciencia, y la corrupción política de México y de otros países de Latinoamérica”.


Esta novela se alzó con el Premio Alfaguara 2001, y, en una entrevista sobre su producción literaria, Doña Elena declara sobre esta novela:

“Mi novela fue una de las últimas en ser entregada. Participé en él porque hace como dos años me envió “un recortito” mi nuera desde Barcelona, lo pegué con una tachuela al lado de mi máquina de escribir. Yo estaba todo este tiempo recibiendo este mensaje del concurso de novela Alfaguara. Entregué unos manuscritos todos horribles, en unas bolsas del “súper”, de plástico, todo desencuadernados, desvencijados, y me dije, pues no, yo no tengo la menor oportunidad de ganar con esta porquería que estoy entregando. Me asombró mucho de que el ocho de marzo me llamó Antonio Muñoz Molina, que era el Presidente del Jurado, desde Madrid, diciéndome: “¡enhorabuena!”, porque así es como felicitan los españoles, y me dijo que había ganado el Premio de ese año.”



Fuente:

- Declaración de Doña Elena sobre Guillermo Haro tomada de “La Jornada”,
http://www.jornada.unam.mx/2008/09/20/index.php?section=cultura&article=a06n1cul

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Marcello Grassmann, Sombras e Sortilégios, Museo Oscar Niemeyer



Marcelo Grassmann es uno de los artistas brasileños más respetados no sólo en su propia tierra, también en el exterior. En la amplia muestra entramos al universo de Grassmann, llena de soldados, mujeres, demonios, caballos, peces. Son más de 400 obras las que conformaron la muestra “Sombras e Sortilégios” que estuvo en el MON del 08 de abril al 29 de agosto de este año.


“No hago planos propiamente dichos, aunque siento ansias por trabajar, pues, como Sísifo, estoy condenado a empujar una roca, montaña arriba, viéndola caer rodando, y recomenzando irremediablemente.”



70 Años de grabados y dibujos.


El año era 1925. En la pequeña São Simão (interior de São Paulo), enclavada entre montañas y con bellos paisajes naturales, nacía Marcello Grassmann, uno de los grandes maestros del grabado brasileño. Inicialmente, Grassmann pensó seguir el camino de la escultura, teniendo su formación en el “Instituto Profissional Masculino (Escola Técnica Getúlio Vargas)” en São Paulo. Sin embargo, entre 1949 y 1950, ya en Rio de Janeiro, aconsejado por Oswaldo Goeldi, cursó grabado en metal, con el Prof. Henrique Oswald, en el “Liceu de Artes e Ofícios” y estudió litografía con Poty Lazarotto (gran dibujante, ceramista, grabador y muralista curitibano). En 1953, en Salvador, trabajó en el atelier de Mário Cravo Júnior y con el “Prêmio de Viagem ao Exterior” ganado en el “I Salão Nacional de Arte Moderna” de Rio de Janeiro viajó a Austria, donde profundizó sus investigaciones en litografía en la “Academia de Artes Aplicadas” frecuentando el “Gabinete de Estampas” de la “Academia Albertina”, uno de los más importantes acervos de grabados del mundo. Fue allí donde conoció la obra de Alfred Kubin, que influenció a Grassmann. A partir de todas esas relaciones todas consolidó su carrera como grabador y dibujante.

“Grassmann es un artista fundamental, en la línea de los antiguos maestros. Él es uno de los más significativos grabadores vivos de Brasil, que influencia generaciones de artistas. Tiene un inmenso conocimiento de la técnica de la grabación, y un talento único. Es grande como Oswaldo Goeldi (dibujante, ilustrador, grabador y profesor carioca) y Livio Abramo (grabador, dibujante y pintor paulistano). La escuela de grabado en Brasil es muy importante, ya dio al universo del arte muchos nombres ilustres. Grassmann está entre sus grandes maestros”, señala el curador de esta muestra, Antonio Carlos Abdalla.

La exposición de carácter retrospectivo presenta 420 obras, entre xilograbados, litografías, grabados en metal y dibujos. Se trata de una muestra antológica dividida en cuatro módulos: el dibujo – base de todo el trabajo; el xilograbado; la litografía y el grabado en metal, técnicas de grabación desenvueltas hasta el día de hoy por el artista.

“Trabajé por más de un año en la selección. El “núcleo central” surgió a partir de la re-edición de toda su obra de grabados en metal (alrededor de 230 imágenes), entre el 2008 y 2009. La iniciativa y el patrocinio fueron de un coleccionador paulista, un hombre de cultura e iniciativa, que tuvo esa única idea, que nos privilegia a todos con una retrospectiva de Grassmann en esa técnica. Fue a partir de ése álbum que reuní las otras tres técnicas que son fundamentales para mostrar la trayectoria de Marcello Grassmann, artista coherente, con referencias culturales, y que siempre está en la búsqueda de la mejor imagen”, explica el curador.



Sin título, sin fecha, grabado en metal.



Sin título, 2003.





Mulher e peixe (Mujer y Pez), 1969.

En siete décadas de inspiración, Grassmann participó de más de 450 exposiciones en Brasil y en el exterior. Entre los innumerables e importantes premios recibidos destacan el de “Melhor Gravador Nacional - III Bienal de São Paulo, 1955”; el “Premio Arte Sacra (Grabador) – XXXI Bienal de Venecia, 1958”; recibió también la “Medalla de Oro – III Bienal Internacional de Arte Gráfica de Florencia, 1972”; “Melhor Desenhista Nacional – V Bienal de São Paulo, 1959”; y “Mejor Dibujante – I Bienal Joven de Paris, 1959”.







Sin título, 1988, técnica mixta sobre papel.



Sin título, 1982, litografía.



Sin título, 1950, xilograbado.



Anexo un pequeño vídeo donde Don Marcelo envía un mensaje a los alumnos del Curso de Artes Plásticas del Instituto de Arte de la Universidad Estadual de Campinas (UNICAMP), aquí el mensaje:



“Estoy feliz por saber que todavía hay interés por el arte. La publicidad capturó los medios, ustedes son excepcionales. En este momento pocas son las personas capaces de formar cualquier grupo de arte, continúen. Creíamos que el eslabón estaba roto, por que el interés es otro. La propia Bienal es caótica, propone, no expone nada. Nosotros escogemos una forma de arte más objetiva, anticuada, como lo llamen…, nosotros somos los propios representantes de nuestra época..., somos dinosaurios.”





Fuentes:
- Revista Museo Oscar Niemeyer.
- Vídeo subido a Youtube por Afidal
- Traducción Manolo Paitán Malpartida.

martes, 31 de agosto de 2010

Carlos Bracher, Um Resistente da Pintura - Museo Oscar Niemeyer




“Mi pintura no es para decorar, es para expresar. Expresar los sentimientos humanos más complejos, alegrías, tristezas. Para crear parto de una cierta realidad concreta, pero la deformo, la dilacero.”



Las 79 obras expuestas en esta muestra irradian color y remiten a Van Gogh, su inspiración. Y es justamente inspirado en él que Bracher produce una serie de 100 obras en homenaje al centenario de la muerte del pintor holandés. Como muchos, en la década de los 70’s el desprestigio por los pintores en su Brasil natal fue grande, mas siempre manteniéndose animado por el éxito de sus trabajos en Europa y Estados Unidos. Es, al final de la década de los 80’s que la pintura recupera el prestigio crítico y de mercado, con la misma intensidad y éxito que otros lenguajes de vanguardia. Bracher resistió a su tiempo, él es un Resistente de la Pintura.



"Congreso Nacional", 2006




"Ao homem que vi rezar na Campa", 1967





"Interior da Catedral", 2006




“En mi construcción, yo le debo mucho a Van Gogh, realmente le debo mucho a ese hombre; él es mi Jesucristo. Jesucristo es una entidad emblemática para un (hombre) religioso. Van Gogh me resuelve todas las demandas, las dudas, y me da esperanza.”


El curador de esta muestra y a la vez amigo de Bracher, Olívio Tavares de Araújo dice, “La observación retrospectiva de la producción pictórica de Bracher es uno de los argumentos, una de las pruebas concluyentes de que todas las técnicas y lenguajes, cuando son sabiamente utilizadas, están destinadas a permanecer.”

Carlos Bracher nació en 1940, en Juiz de Fora, Minas Gerais, iniciando a sus cortos 15 años su dedicación a la pintura. Él viene de una familia volcada a las artes plásticas y a la música: su tío Frederico Bracher Júnior fue pintor académico, su hermano Décio se inició en la pintura (así como Carlos) con aquel tío. Su hermana Nívea también es pintora. A pesar de tener al tío como mentor su formación fue completamente autodidacta.




"A Primeira Paisagem de Ouro Preto", 1964





"Parque Municipal de Belo Horizonte", 1963





"Dois Vasos de Flores", 2004





"O Camião Mack", 1965



“El mercado quiere el éxito, quiere el banderillazo, quiere al Pancetti de la Marina, el mercado quiere lo que vende; el mercado es una tragedia, es el desastre del arte.”


En 1967 ganó el “Prêmio de Viagem ao Exterior” del “Salão de Belas Artes” en Rio de Janeiro con el cual permaneció dos años en Europa y en Estados Unidos. Ha expuesto permanentemente en museos y galerías de Brasil. Siempre con Olívio Tavares de Araújo como curador, en 1989 fue realizada una retrospectiva de su obra intitulada “Pintura Sempre” en ocho ciudades brasileñas. Realizó exposiciones individuales en Roma, Paris, Milán, Madrid, Lisboa, Évora y Miami. Posteriormente la muestra “Homenagem a Van Gogh” recorrió, además de varias ciudades brasileñas, Róterdam, Paris, Londres, Auvers-sur-Oise, Tokio y Bogotá.



"Retrato de Rufo Herrera", 2005

La muestra en el MON va del 12 de junio al 03 de octubre del presente año.

Fuente:

- Parte de la información es del texto de la periodista Talita Vanso en la Revista del Museo Oscar Niemeyer.

- Traducción: Manolo Paitán Malpartida.

lunes, 30 de agosto de 2010

Na Beira do Mundo (En la Orilla del Mundo) - Miguel Bakun



La obra de Miguel Bakun transmite paz, tranquilidad, la combinación de sus tenues colores, algo de melancolía quizás; es como estar viajando por los alrededores de Curitiba, camino a San Mateo, por ejemplo, lleno de Araucarias, el árbol típico del Paraná, y, sin conocer aún el puerto de Paranaguá, debe ser tal y como lo retrató Bakun el siglo pasado.

Miguel Bakun nació el 27 de octubre de 1909, en Mallet, al sur de Paraná, hijo de inmigrantes ucranianos, y pasa parte de su infancia en Ponta Grossa también en Paraná.

A sus 17 años aspira a una carrera militar y se alista en la “Escola de Aprendizes da Marinha” en Paranaguá. De allí es transferido a la “Escola de Grumetes” en Rio de Janeiro, donde conoce a José Pancetti quien seguramente es quien inyectó en Bakun la fiebre por la pintura.

En 1930 un accidente determina un cambio radical: Bakun es dado de baja, jubilándose de la Marina y mudándose para Curitiba: aquel día, Brasil perdió un marino, y ganó un pintor.

Inicialmente trabaja como fotógrafo ambulante, pintor de letreros y anuncios y decorador de interiores.
Autodidacta, Bakun se dedica a la pintura. Su obra iría a constituirse de paisajes, además de naturalezas muertas, retratos y estudios en dibujo. Algunos de sus últimos trabajos poseen una visión animista de la naturaleza, y también temática religiosa.

Em 1938 se casa com Teresa Veneri y, em 1939 vive una breve temporada en Rio de Janeiro. A su regreso se sumerge en la vida cultural de la Curitiba de los años 40, participando de un atelier colectivo, ubicado entre la Plaza Tiradentes en pleno centro curitibano. Junto con Loio-Pérsio (pintor, dibujante, grabador carioca, o sea, de Rio de Janeiro); Alcy Xavier (artista plástico paranaense); y otros. Esa fértil convivencia con artistas e intelectuales estimula su producción artística.

En 1944 participa de la “Exposição de Arte Paranaense” en Rio de Janeiro, que fue promovida por la “Sociedade Amigos de Alfredo Andersen”, y por el “Salão Municipal de Arte” en Curitiba. De 1946 a 1962 participa intensamente de las ediciones locales del “Salão Paranaense de Belas Artes” y del “Salão de Belas Artes da Primavera” del Club Concordia, recibiendo diversas premiaciones; en 1948 su trabajo participa en el “Salão Nacional de Belas Artes” en Rio de Janeiro.

En 1949 construye un atelier en la parte posterior de su casa, en la calle Paraguassu y promueve una exposición abierta al público. Al año siguiente, se dedica a la ejecución de murales (aproximadamente 517 metros cuadrados) en la residencia del entonces gobernador paranaense Moisés Lupion, hoy “Castelo do Batel”. Lupion a su vez era mecenas de cuanto artista paranaense conociese: Alfredo Andersen, João Turin, Potty Lazarotto, etc, siendo Bakun uno de los privilegiados, viviendo una temporada en dicho castillo (otro lugar que merece ser visitado y fotografiado).

Bakun, ya como miembro de la APA (“Associação Paranaense de Artistas”) expone las muestras organizadas por esta entidad, como el “Salão de Maio” y visita, acompañado por un grupo de artistas paranaenses la “I Bienal Internacional de São Paulo”.
En 1955 se da una exposición individual en un inmueble localizado en la calle XV de Novembro, en Curitiba.

En 1957 realiza una individual en la Biblioteca Pública de Paraná, y participa de la colectiva “Mostra do Pintores do Paraná”, en el “Museu Nacional de Belas Artes” y en el “Museu de Arte de São Paulo”. Al año siguiente expone la colectiva “6 Pintores do Paraná”, en la Galería Cocaco, donde comercializa sus trabajos.

En 1962, un año antes de su muerte (14 de febrero de 1963, a los 53 años), Miguel Bakun pinta cafetales y otros paisajes del norte de Paraná durante su estancia en la hacienda de su amigo y coleccionador Oscar Martín Gomes.

Después de su muerte, innumerables muestras retrospectivas, individuales y colectivas fueron organizadas en Paraná, y su obra participa de la “18va Bienal Internacional de São Paulo” y de la “Bienal Brasil Século XX” de la Fundación Bienal de São Paulo.



Sin título, sin fecha.



"Pessegueiro" (Árbol de Duraznos)



"Pinheiros", sin fecha






Las dos obras de la parte superior pertenecen al grupo "Cais do Porto de Paranaguá"




"A Polaquinha" (La Polaquita")


El Modernismo de Bakun.

Objeto de estudio de reconocidos especialistas, la obra de Miguel Bakun permanece en el presente como una importante contribución al modernismo brasileño. Debidamente analizada, la magnitud de su producción retrata y fundamenta la cultura del arte en Paraná, para “retornar” a todo el público como bagaje y legado artístico. Un verdadero exponente del arte paranaense, que gana aún más valor cuando son descubiertos los caminos autodidactas de Bakun.

Luego de vivir un breve período en Rio de Janeiro y dejar su vida en la marina, donde conoció a Pancetti (José Pancetti, 1902 – 1958, otro gran pintor modernista brasileño, quien también se había enrolado a la marina – Nota del bloguero) retornó y comenzó a participar de un atelier colectivo. La intensa convivencia con artistas e intelectuales, de la Curitiba de los años 40’s estimuló su producción fértil. Las limitaciones financieras y la falta de estudio formal en arte, que normalmente serían obstáculos, llevaron a Bakun a desarrollar una pintura muy propia, en una incondicional entrega como pintor.

Museo Oscar Niemeyer.


El pequeño vídeo anexado aquí es sobre una muestra anterior llamada “A Natureza do Destino”, donde la entrevistada, la artista plástica Eliane Prolik fue la curadora de dicha muestra. Igual me atrevo a subirlo ya que no hay vídeos sobre este artista brasileño. La muestra el día de mi visita fue “Na Beira do Mundo”(“Al Margen del Mundo”, o “A la Orilla del Mundo”). En la presente muestra, además de Prolik, también fue curador el crítico de arte Ronaldo Brito. La muestra estuvo en el MON del 15 de abril al 15 de agosto del presente año.

domingo, 29 de agosto de 2010

Museo Oscar Niemeyer (MON) - Curitiba

Ya me debía la visita al quizá mejor museo de Curitiba, y probablemente uno de los mejores en Brasil, el Museo Oscar Niemeyer. Grande fue mi sorpresa encontrar la obra de un cusqueño aquí: Martín Chambi (1891 - 1973). Parte de su vasta obra estuvo aquí del 29 de abril al 01 de agosto del presente año. Las 88 fotografías de la muestra llamada "O poeta da luz" del peruano estaban en cuatro de los cinco pisos del museo, en la torre que lleva "al ojo". Además, estaban las obras de la pintora mexicana Cordelia Urueta (1908 - 1995) con la muestra "La emoción del espíritu y el color"; frente al espacio dedicado a la mexicana estaba la retrospectiva del mineiro (Minas Gerais) Carlos Bracher (1940) con "Um resistente da pintura"; un artista local también estaba aquí, el paranaense Miguel Bakun (1909 - 1963) con "Na beira do mundo"; sorpresa fue descubrir la obra del excelente grabador y dibujante paulista Marcello Grassmann (1925) con la muestra "Sombras e sortilégios"; como si todo esto fuera poco, dos amplias salas albergan (estará hasta el 26 de setiembre de este año) "Uma América pintada" del maestro ecuatoriano Oswaldo Guayasamín: estar ante su obra es un sueño que no esperaba cumplir.

Por ahora algunas tomas del museo que de por sí es una obra de arte, salida de otro genio, brasileño él, el arquitecto Oscar Niemeyer (1907), que con sus 102 años de vida, en una entrevista reciente declaró tener muchos proyectos en mente. El museo fue inaugurado el 22 de noviembre del 2002 y es popularmente conocido como "el museo del ojo", o "el ojo de Niemeyer". Poco a poco iré subiendo material de esta visita al MON que hicimos, aprovechando la visita de mi amigo, el también fotógrafo Charles Trigueiro.


































Camino subterráneo que une la primera parte del museo con la torre "del ojo", llegando al área destinada a Chambi.

lunes, 23 de agosto de 2010

Garibaldi Moscatel



Vinícola Garibaldi; Garibaldi Moscatel; sin añada; 8% Grad. Alc; Garibaldi, Rio Grande Do Sul, Brasil.

De un tenue color amarillo, con perlage (entiéndase las burbujas formadas al interior de la copa) mediano, y de generosa espuma al verterse en las copas. Leve olor cítrico, a cáscara de lima; el sabor es suave también. Lo que llama la atención es su controlada dulzura, para ser un moscatel; agradable sensación. Es el dulzor más equilibrado hasta ahora encontrado.

Este es el espumante más premiado de Brasil: Medalla de Plata en el “7mo Concurso de Vinos y Licores Vinus 2010” en Mendoza, Argentina, además de la reciente Medalla de Oro del “IX Concurso Internacional de Vinos Bacchus – 2010” en Madrid, España, elegido entre 1600 muestra de 28 países. Ya en el 2009 se llevó dos Medallas de Oro en la “San Francisco International Wine Competition”; también Medalla de Oro en “Der Grosse Internationale Weinpreis Mundus Vini” en Alemania ese mismo año, y por dos años consecutivos (2008 y 2009) el máximo premio en la “Effervecents du Monde” en Francia.

Si en Chile destaca la cepa carmènére y en Uruguay la uva tannat, en Brasil, la calidad de sus espumantes (no sólo en la variedad moscatel, en otras de las seis variedades también, por los premios que reciben) están siendo reconocidos en el extranjero desde ya hace algún tiempo, y este Garibaldi en particular, viene siendo el mejor representante brasilero en el mundo todo.

martes, 17 de agosto de 2010

Cantos y cuentos quechuas II, José María Arguedas



Cantos y cuentos quechuas II; Ed. Municipalidad de Lima Metropolitana; Munilibros 1986; José María Arguedas, Perú.

A diferencia del libro primero, en este no aparecen los textos en quechua, tan sólo en español. Son ocho relatos, comenzando por “Historia de Miguel Wayapa”, donde el personaje que da nombre al relato es un tipo rico y malvado, que al morir desciende a los infiernos. Por otro lado está otro hombre muy pobre, quien estando totalmente ebrio acepta ser alférez (padrino, mayordomo) de una fiesta religiosa, principal en el pueblo. Salió a caminar en compañía de sus tres hijos y cargados de sacos de harina arreados por llamas, en un intento por hacerse de dinero para costear las fiestas. En el camino se encontrarán con Santiago (el apóstol) quien les indicará el sendero correcto, pero al llegar a la bifurcación el hombre preguntará a sus hijos cuál era el camino indicado: el padre escuchará la respuesta del hijo mayor, encontrándose con “el condenado” (“fantasma”) Wayapa quien aconsejará al hombre pobre a su entrada al pueblo. A su segundo encuentro con Santiago verán cómo él los libra de los demonios que iban tras de ellos, y éste, al reconocer a Wayapa le recriminará por la vida perversa que llevaba, le otorgará la resurrección con la condición del cambio de actitud a un hombre de bien. El hombre pobre retorna a su casa viendo convertido su carga en monedas de oro y plata, pudiendo cumplir con los gastos de la fiesta tal y como lo había prometido.
Aquí encontramos (a diferencia de otros relatos del libro anterior) un contacto y complicidad del personaje humano con “el condenado”; también vemos que la credulidad del padre al hijo mayor es más fuerte que hacia el hijo menor, a pesar de este exponer sus motivos con firmeza; y tenemos un acto de resurrección.

En “El torito de la piel brillante”, el personaje principal es un becerro, quien acompañaba diariamente a su dueño en los campos, hasta encontrarse un día con el diablo encarnado en un feroz y gran toro negro quien lo retará a una pelea: de ganar él lo arrastrará al fondo del lago, de ganar el torito obtendrá su salvación, de negarse arrastrará al torito y a su dueño con él.
Aquí los animales hablan, no sólo entre sí, también con los personajes humanos: el torito narra a su dueño lo pactado y le da ánimo a continuar con su vida junto a su esposa ante la tristeza del pastor por la posible pérdida; transmite fidelidad y denota resignación ante su destino trazado.

Aquí mejoran los relatos (gusto particular y discutible, como todo en este blog): en “La amante de la culebra”, una joven pastora, hija única, acostumbraba a cuidar del ganado en una montaña, hasta que un día un joven delgado y muy fino se le acercó con propuestas de amor convenciéndola de ser su amante. Un tiempo después, al comentarle que está embarazada concuerdan en vivir juntos, en la casa de ella y a escondidas de los padres de ésta. Ella no puede ver la apariencia real de aquel personaje. Los padres ayudados de un chamán descubrirán dónde y qué es el padre de su futuro nieto, encontrando su escondrijo y dándole caza. El final es mágico: la mujer quejándose ante sus padres por el trato inhumano a su pareja aborta ipso-facto cientos de serpientes.

En el cuarto cuento encontramos sacrificio, amor, abandono: en “El joven que subió al cielo”, un matrimonio manda a su único hijo a vigilar la cosecha de papas que venía sufriendo constantes robos. La primera vez el hijo durmió un instante y fue en aquel momento que ocurrió otro robo. Apaleado por los padres ante la incredulidad de estar vigilante en el campo, el joven regresa, y es en esta oportunidad que descubre a las ladronas: un grupo de ninfas, de lindos rostros y cabelleras doradas. Obnubilado ante ellas consigue capturar y secuestrar a una, escapando las demás en forma de estrellas hacia el cielo. Él le pide que sea su esposa. Ante varias negativas ella acepta con la condición de no ser vista por los padres del joven. Él se las ingenia y la presenta a sus padres viviendo en su casa. La joven consigue escapar hacia el cielo, dejando al muchacho triste pero decidido en ir a buscarla. En la cima de una montaña un cóndor divino (“mallku”) le propone llevarlo a lo más alto, a donde ella está, a cambio de dos llamas, una para devorarla en el momento y otra para el camino; el joven acepta. El cóndor le pondrá otra condición: el cerrar y apretar los párpados fuertemente, con la otra llama en los hombros lo llevará cielo a cuestas, y cada vez que él le diga “carne” el joven tendrá que alcanzarle al pico un pedazo de carne. De no hacerlo o de abrir los ojos para mirar el cóndor lo dejará caer. El problema viene cuando se acaba la carne y el viaje aún no ha terminado.
Lo mejor de este relato es que su sacrificio no tendrá un final feliz.

El siguiente relato, “El jefe del pueblo y el demonio”, también sorprende: el jefe de un pueblo se enamora de una joven, de corazón malvado, quien una noche le prohíbe ir a verla las noches de los martes y viernes. El señor, creyendo que le es infiel decide ir a escondidas, descubriendo que su amante tiene un pacto con el demonio. Decide seguirla, presenciando así un bizarro rito: los adoradores formaban una larga fila, esperando estar ante las nalgas del demonio y besarlas, mientras éste expele gases inmundos, saliendo luego, a borbotones, del ano del demonio, oro, plata y piedras preciosas. Ella, al descubrirlo en la fila, absorta por encontrarlo ahí le explica que se presentará ante el demonio con él, y que durante la exhalación de gases él no deberá hacer ningún gesto de desagrado, teniendo que disfrutar el hedor. De no cumplir lo pactado no sólo no accederán a las riquezas sino que serán expulsados a los abismos del infierno.

En “La amante del cóndor” una joven recibe la visita de un elegante señor, de grandes “kkarawatanas” (“polainas”), un collar de oro y un hermoso “chullo” (gorro andino con orejeras, tejido con lana de alpaca) quien galantemente le pide ser su amante. Ella acepta (en varios relatos los personajes masculinos se van sin titubeos, directamente piden ser amantes, y las mujeres aceptan de inmediato), a escondidas de sus padres. Este dandi era un cóndor, que tomaba la forma de un hombre para estar con la muchacha. Al quedar embarazada él decide llevarla a vivir con él. Ella acepta y huyen juntos. Él le advierte (así como en un relato anterior de este libro) que durante el viaje no podrá abrir los ojos, sino la dejará caer. La lleva a vivir a su cueva, enclavada en medio de una montaña, entre abismos, en medio de carne descarnada. Lamentándose día tras día, y en la ausencia del cóndor ella conoce un “kkenti” (picaflor, colibrí) quien elaborará un plan para devolverla con sus padres en el pueblo, y explicará a ellos cómo deshacerse del cóndor cuando se transforme en hombre y vaya a reclamarla.

En “El negociante en harinas” encontramos la historia de un comerciante, quien acompañado de un poblador de Sicuani va a la casa de un comprador. La ambición y el amor por el dinero hacen que el negociante no reconozca en la voz que lo llama a “un condenado” y entra a la casa; el sicuañero queda esperando en el patio, sabiendo que esa voz cada vez más cercana no es humana y que sólo puede ser de una ánima pronta a devorarlos. Temeroso y con frio el acompañante entrará en la casa para ver qué ocurrió.

Finalmente está el relato “Isicha Puytu” donde presenciamos la ambición de una hija malagradecida, quien en su turno de ir a la “mita” (“turno de trabajo”) en casa del Curaca del pueblo comienza una relación con éste, quedándose a vivir ahí y recibiendo un trato de gran señora, accediendo a lujos que nunca tuvo por ser de familia de pobreza extrema. Ante la ausencia de ella y la preocupación de los padres mandan a los hermanos a preguntar por la hija. Ella, al salir, previo llamado de los sirvientes, los echará de la mansión, desconociéndolos como familia suya, con frases fuertes. Los padres no creerán en lo narrado por los hijos y será el padre quien irá a hablar con ella, recibiendo un trato aún peor, siendo humillado por su hija. La madre incrédula irá, llevándole su comida preferida: galletas de harina de quinua, “kkañiwa” (“k’ispiñu”), mote cocido y chuño (papa deshidratada, expuestas al frío y al sol, base alimentaria andina) hervido, recibiendo el mismo trato despectivo. La madre, armándose de coraje le echará una maldición: descubriéndose un seno hace un gesto como ordeñando hacia el suelo, y mirándola le dirá: “¡Con esto has de encontrar la vida eterna”. La vida de Isicha Puytu tendrá un drástico cambio.



El joven que subió al cielo.

Había una vez un matrimonio que tenía un solo hijo. El hombre sembró la más hermosa papa en una tierra que estaba lejos de la casa que habitaban. En esas tierras las papa crecía lozana. Sólo él poseía esa excelsa clase de semilla. Empero, todas las noches, los ladrones arrancaban las matas de este sembrado, y robaban los hermosos frutos. Entonces el padre y la madre llamaron a su joven hijo, y le dijeron:

- No es posible que teniendo un hijo joven y fuerte como tú, los ladrones se lleven todas nuestras papas. Anda a vigilar nuestro campo. Duerme junto a la chácara y ataja a los ladrones.

El joven marchó a cuidar el sembrado.
Y pasaron tres noches. La primera, el joven la pasó despierto, mirando las papas, sin dormir. Sólo al rayar la aurora le venció el sueño, y se quedó dormido. Fue en ese instante en que los ladrones entraron a la chácara, y escarbaron las papas. En vista de su fracaso, el mozo tuvo que ir a la casa de sus padres a contarles lo sucedido. Al oír el relato sus padres le contestaron:

- Por esta vez te perdonamos. Vuelve y vigila mejor.

Regresó el joven. Estuvo vigilando el sembrado con los ojos bien abiertos, hasta el amanecer. Y justo, a la medianoche, pestañeó un instante. En ese instante los ladrones ingresaron al campo. Despertó el mozo y vigiló hasta la mañana. No vio ningún ladrón. Pero al amanecer tuvo que ir a la casa de sus padres a darles cuenta del nuevo robo. Y les dijo:

- A pesar de que estuve vigilante toda la noche, los ladrones me burlaron tan sólo en el instante en que a la medianoche cerré los ojos.

Al oír este relato los padres le contestaron:

- ¡Ajá! ¿Quién ha de creer que robaron cuando tú estabas mirando? Habrás ido a buscar mujeres, te habrás ido a divertir.

Diciendo esto lo apalearon y le insultaron largo rato. Así, muy aporreado, al día siguiente, lo enviaron nuevamente a la chacra.

- Ahora comprenderás cómo queremos que vigiles- le dijeron.

El joven volvió a la tarea. Desde el instante en que llegó a la orilla del sembrado estuvo mirando el campo, inmóvil y atento. Esa noche la luna era brillante. Hasta la alborada estaba contemplando los contornos del papal; así, mientras veía, le temblaron los ojos, y se adormiló unos instantes. En esa ráfaga de sueño que tuvo, mientras pestañeaba el mozo, una multitud de hermosísimas jóvenes, princesas y niñas blancas poblaron el sembrado. Sus rostros eran como flores, sus cabelleras brillaban como el oro; eran mujeres vestidas de plata. Todas juntas, muy de prisa, se dedicaron a escarbar las papas. Tomando la apariencia de princesas eran estrellas, que bajaron del altísimo cielo.
El joven despertó entonces, y al contemplar la chácara exclamó:

- ¡Oh! ¿De qué manera podría yo apoderarme de tan bellísimas niñas? ¿Y, cómo es posible que siendo tan hermosas y radiantes puedan dedicarse a tan bajo menester?

Pero, mientras esto decía, su corazón casi estallaba de amor. Y pensó para sí.

- ¿No podría, por ventura, reservar para mí siquiera una parejita de esas beldades?

Y saltó a todo vuelo sobre las hermosas ladronas. Sólo en el último instante, y a duras penas, pudo apresar a una de ellas. Las demás se elevaron al cielo, como luces que se mueren.
Y a la estrella que pudo apresar le dijo, enojado:

- ¿Con que erais vosotras las que robabais los sembrados de mi padre?- Diciéndole esto la llevó a la choza. Y no le dijo más acerca del robo. Pero luego agregó:
- ¡Quédate conmigo; serás mi esposa!

La joven no aceptó. Estaba llena de temor y rogó al muchacho:

- ¡Suéltame, suéltame! ¡Ten piedad! Mira que mis hermanos le avisarán a mis padres. Yo te devolveré todas las papas que te hemos robado. No me obligues a vivir en la tierra.

El mozo no dio oídos a los ruegos de la hermosa niña. La retuvo en sus manos. Pero decidió no volver a la casa de sus padres. Se quedó con la estrella en la choza que había junto al sembrado.
Entre tanto, los padres pensaban: “Le habrán vuelto a robar las papas a ese inútil; no pueden haber otros motivos para que no se presente aquí.”
Y como tardaba, la madre decidió llevarle comida al campo, y averiguar de él. Desde la choza, el muchacho y la niña atisbaban el camino. En cuanto vieron a la madre, la joven dijo al mozo:

- De ninguna manera puedes mostrarme, ni a tu padre ni a tu madre.

Entonces el joven corrió a dar alcance a su madre, y le gritó desde lejos:

- ¡No, mamá; no te acerques más! ¡Espérame atrás, atrás!

Y recibiendo la comida en aquel lugar, tras la choza, llevó los alimentos a la princesa. La madre se volvió apenas hubo entregado el fiambre. Cuando llegó a su casa, contó a su esposo:
- Así es como nuestro hijo ha aprisionado a una ladrona de papas que bajó de los cielos. Es así como la cuida en la choza. Y con ella dice que se casará. No permite que nadie se aproxime a su choza.

Entre tanto el joven pretendía engañar a la doncella. Y le decía:

- Ahora que es de noche, vamos a mi casa.

Pero la princesa insistía:

- De ninguna manera deben verme tus padres, ni puedo encontrarme con ellos.

Sin embargo el mozo la engañó, diciéndole:

- Otra es mi casa.

Y durante la noche la llevó por el camino.
De este modo, y sin que ella quisiera, la hizo entrar al hogar de sus mayores y la mostró a sus padres. Los padres recibieron asombrados a esa criatura, de tal manera luminosa y bella que la palabra no es capaz de describirla. La cuidaron y criaron, teniéndola muy bien amada. Sin embargo, no la dejaban salir. Y nadie la conoció ni vio.

Y ya hacía mucho tiempo que la princesa vivía con los padres del joven. Llegó a estar encinta y dio a luz. Mas la criatura murió, sin saberse por qué, misteriosamente.
La ropa luminosa de la joven la guardaban encerrada. A ella la vestían de ropas comunes; y así la criaban.
Cierto día, el joven fue a trabajar lejos de la casa; y mientras estaba fuera, la niña pudo salir, haciendo como que sólo iba por ahí cerca. Y se volvió a los cielos.
El mozo llega a su casa. Pregunta por su mujer. No la encuentra. Y como ve que ella ha desaparecido, suelta el llanto.
Cuentan que vagó por los montes, llorando con locura, sonámbulo, enajenado, caminando por todas partes. Y en una de las cimas solitarias a donde llegó se encontró con un Cóndor divino. Entonces el cóndor le dijo:

- Joven, ¿Por qué causa lloras de esta suerte?

Y el mozo le contó su vida.

- He aquí, señor, que era mía la mujer más hermosa. Ahora no sé por qué caminos ha partido. Estoy extraviado. Temo que haya huido a los cielos de donde vino.

Y cuando dijo esto, el Cóndor le respondió:

- No llores joven. Es cierto; ella ha vuelto al alto cielo. Pero, si quisieras y es tanta tu desventura, yo te cargaré hasta ese mundo. Sólo te pido que me traigas dos llamas. Una para devorarla aquí, la otra para el camino.

- Muy bien, señor –contestó el mozo- Yo te traeré las dos llamas que me pides. Te ruego esperarme en este mismo sitio.

E inmediatamente se dirigió a su casa en busca de las llamas. Luego que llegó, dijo a sus padres:

- Padre mío, madre mía: voy en busca de mi esposa. He encontrado a quien puede llevarme hasta el lugar donde ella se encuentra. Sólo pide dos llamas en pago de tan gran favor; y voy a llevárselas ahora mismo.

Y cargó las dos llamas para el Cóndor. El Cóndor devoró inmediatamente una, hasta el hueso de los huesos, arrancando las carnes con su propio pico. A la otra la hizo degollar con el joven, para comerla en el camino. E hizo que el mozo se echara la res degollada en las espaldas; luego le ordenó que subiera sobre una roca; cargó al joven, y le hizo esta advertencia:

- Has de cerrar y apretar los párpados; por ninguna causa abrirás los ojos. Y cada vez que yo te diga: “¡Carne!”, me pondrás en el pico un trozo de la llama.

Luego el Cóndor levantó el vuelo.
El hombre obedeció y no abrió los ojos en ningún instante; tenía los párpados cerrados y duros. “¡Carne!”, pedía el Mallku, y luego el mozo cortaba grandes trozos de llama y le metía en el pico. Pero en lo más raudo del viaje, se acabó el fiambre. Antes de alzar vuelo, el Cóndor le había advertido al joven: “Si cuando diga ¡Carne! no me pones carne en el pico, donde quiera que estemos, te soltaré”. Ante ese temor, el joven empezó a cortarse trozos de su pantorrilla. Cada vez que el Cóndor le pedía carne, le servía las raciones de su propia carne. Así, a costa de su sangre, consiguió que el Cóndor le hiciera llegar hasta el cielo. Y se cuenta que tardaron tres años en elevarse a tan gran altura.

Cuando llegaron, el Cóndor descansó un rato; luego volvió a cargar al joven y voló hasta la orilla de un mar lejano. Allí le dijo al mozo:

- Ahora, mi querido, báñate en este mar.

El joven se bañó en seguida. Y también el Cóndor se bañó.
Ambos habían llegado al cielo, sucios negros de barba; viejos. Pero cuando salieron del baño estaban hermosamente rejuvenecidos. Entonces le dijo el Cóndor:

- En la otra orilla de este lago, frente a nosotros, hay un gran santuario. Allí se ha de celebrar una ceremonia. Anda, y espera en la puerta de ese hermoso templo. A la ceremonia han de asistir las jóvenes del cielo; son una multitud, y todas tienen el mismo rostro que tu esposa. Cuando ellas estén desfilando junto a ti, no has de dirigirle la palabra a ninguna. Porque la que es tuya vendrá la última, y te dará un empujón. Entonces la asirás y por ningún motivo la soltarás.

El joven obedeció al Cóndor. Llegó a la puerta del gran recinto, y esperó de pie. Y llegaron una infinidad de jóvenes de idéntico rostro. Entraban, entraban; una tras de otra. Todas miraban impasibles al hombre. Él no podía reconocer entre tantas a la que era su mujer. Y cuando estaban ingresando las últimas, de pronto, una de ellas le dio un empujón con el brazo; y también entró al gran templo.
Era el resplandeciente templo del Sol y de la Luna, padre y madre de todas las estrellas y de todos los luceros. Allí, en ese templo, se reunían los seres celestiales; allí venían los luceros para adorar el Sol, día a día. Cantaban melodiosamente para el Sol; cual jóvenes blancas, las estrellas; como innumerables princesas, los luceros.
Cuando terminó la ceremonia, as jóvenes empezaron a salir. El mozo seguí esperando en la puerta. Ellas volvieron a mirarle con igual indiferencia que antes. Y nuevamente le era imposible distinguir entre todas a la que era su esposa. Y como en la primera vez, de pronto, una de las princesas le dio un empujón con el brazo, y luego pretendió huir; pero él entonces la pudo aprisionar. Y no la soltó.
Ella lo guío a su casa diciéndole:

- ¿A qué has venido hasta aquí? Yo iba a volver donde ti, de todos modos.

Cuando llegaron a la casa, el mozo tenía el cuerpo frio a causa del hambre. Viéndolo así, ella le dijo:

- Toma este poco de quinua y cocínalo.

Le dio una cuchara escasa de quinua. Entre tanto el joven lo observaba todo, y vio de qué lugar ella sacaba la quinua. Y cuando vio los pocos granos de quinua que tenía en las manos, dijo para sí: “¡La miseria que me ha dado! ¿Cómo es posible que esto aplaque mi hambre de todo un año?” Y la joven le dijo:

- Es necesario que vaya un instante donde mis padres. No debes mostrarte ante ellos. Mientras vuelvo, haz una sopa con la quinua que te he dado.

Apenas salió ella, el joven se puso de pie, se dirigió al depósito y trajo una buena porción de quinua y la echó a la olla. De pronto, la sopa rebosó, hirviente, y se desbordó a chorros. El comió todo lo que pudo, se hartó hasta donde ya no era posible más, y enterró el resto. Pero aún de debajo de la tierra la quinua empezó a brotar. Y cuando estaba en ese trance, volvió la princesa, y le dijo:

- ¡No es de esta manera como se debe comer nuestra quinua! ¿Por qué aumentaste la ración que te dejé?

Y se dedicó a ayudar al mozo a esconder la quinua rebosada para que los padres de ella no lo descubrieran. Entre tanto le advirtió:

- No deben verte mis padres. Sólo puedo tenerte escondido.

Y así fue. Él vivía escondido; y la hermosa estrella le llevaba alimentos a su refugio.
Durante un año vivió de esta suerte el mozo con su esposa. Y apenas cumplido el año, ella se olvidó de llevarle alimentos. Un día salió, diciéndole: “Ha llegado la hora en que debes irte”; y no volvió a aparecer más en la casa. Lo abandonó.
Entonces, con el rostro lleno de lágrimas, el joven se dirigió nuevamente a la orilla del mar del cielo. Cuando llegó allí, vio que desde la lejanía surgía el Cóndor. El joven corrió para darle alcance. El Cóndor voló hasta posarse junto a él; y así observó que el Mallku Divino había envejecido. El Cóndor a su vez vio que el mozo estaba avejentado y marchito. Cuando se encontraron, ambos gritaron al mismo tiempo:

- ¿Qué ha sido de ti?

El joven volvió a contarle su vida, y se quejó:

- Así, Señor, de este modo triste, mi mujer me ha abandonado. Se ha ido para siempre.

El Cóndor lamentó la suerte del mozo.

- ¿Cómo es posible que haya procedido de este modo? ¡Pobre amigo! –le dijo. Y acercándose más, le acarició con sus alas, dulcemente.

Como en el primer encuentro, le rogó el joven:

- Señor, préstame tus alas. Vuélveme a tierra a casa de mis padres.

Y el Cóndor le respondió:

- Bien. Te llevaré. Pero antes nos bañaremos en este mar.

Y ambos se bañaron; y rejuvenecieron. Y saliendo del agua, el Cóndor le dijo:

- Tendrás que volverme a dar dos llamas por mi trabajo de cargarte nuevamente.
- Señor, cuando esté en mi casa te entregaré las dos llamas.

El Cóndor aceptó; se echó al joven sobre sus alas y emprendió el vuelo. Durante tres años estuvieron volando hacia la tierra. Y cuando llegaron, el mozo cumplió y entregó al Cóndor dos llamas.
El mozo entró a su casa y encontró a sus padres muy viejos, muy viejos, cubiertos de lágrimas y de pena. El Cóndor dijo a los ancianos:

- He aquí que les devuelvo a vuestro hijo, sano y salvo. Ahora debeis criarlo cariñosamente.

El joven dijo a sus padres:

- Padre mío, madre mía: ahora ya no es posible que pueda amar a ninguna otra mujer. Ya no es posible encontrar una mujer como la que fue mía. Así, solo, viviré, hasta que venga la muerte.

Y los ancianos le contestaron:

- Está bien. Como tú quiera, hijo mío, solo te criaremos, si no es tu voluntad tomar otra esposa.

Y de este modo vivió, con una gran agonía en el corazón.

- He aquí este corazón que amó tanto a una mujer. He vagado sufriendo todos los dolores. Y he de entregarme ahora al llanto.


Como se mencionó con el libro anterior, estos son cuentos recogidos que se narran oralmente en la sociedad andina peruana. Arguedas hizo la transcripción y, en muchos casos la traducción.
Todos tienen como característica en el inicio de los relatos frases como “Había una vez….”; “Había un hombre….”; “En un ayllu había una mujer…”, que hacen recordar los cuentos infantiles occidentales; al final de los textos también generalmente terminan con un: “Y su vida fue feliz.”; “…y así concluyó toda esta historia”.

No sólo la obra creativa de José María Arguedas es importante: el imprimir nuestras costumbres en sus historias, también está su esfuerzo por compilar obras como las reunidas en ambos volúmenes, obras de nuestro pueblo andino que él conoció muy bien, para que no se pierdan con el pasar del tiempo.