Retomando una costumbre antigua visitamos la exposición “Frida Kahlo, as suas fotografias” en el Museo Oscar Niemeyer (MON), y aunque nuestra hija entienda poco o nada de la tía Frida y el tío Diego (Rivera) ahí estábamos, recorriendo la amplia sala que alberga las 240 fotografías que repasan la vida y trayectoria de la artista mexicana.
Frida Kahlo con cinco años. Anónimo, 1912. Museo Frida Kahlo.
Sabíamos de la llegada de ésta muestra a Curitiba con antelación, y, aunque no sea una exposición de sus pinturas, ésta muestra fotográfica despertó el interés de muchas personas, y no sólo de las que vivimos en Curitiba, sino de muchas otras que por diferentes motivos visitan la ciudad y acuden al museo con el interés de retroceder en el tiempo e ingresar al difícil cotidiano de la que se convirtió en ícono de la cultura mexicana y latinoamericana. Así, por ejemplo, una pareja de buenos amigos que nos visita una vez al año desde São Paulo programaron su visita luego de confirmar que la muestra estaba dispuesta.
Es bacán ver, entre el mar de gente, muchas personas, muy probablemente mexicanos, acudiendo al museo con la camiseta de su equipo y otros con la de la selección mexicana. Entre los que pude ver y reconocer habían unos tres con la amarilla del América, uno con la blanquiroja del Chivas de Guadalajara, otro con una blanquiazul del Pachuca; si por aquí vendieran la del Querétaro habrían muchos brasileños vistiéndola ahora que Ronaldinho está por allá. Vestidos con la camiseta de la selección mexicana conté doce, sólo ese día.
Frida Kahlo por Guillermo Kahlo, 1932. Museo Frida Kahlo.
Es cierto que hace más de un año no caminábamos por el MON, pero nos atreveríamos a decir que esa cantidad de gente sólo la hemos visto con las exposiciones de Guayasamín, de Botero, de Chambi; en un rápido ejercicio intentamos imaginar cómo sería si una exposición de sus pinturas llegase a la ciudad.
Frida Kahlo por Nickolas Muray, 1946. Museo Frida Kahlo.
Su padre, el alemán Guillermo Kahlo (cuyo verdadero nombre fue Carl Wilhelm Kahlo) era fotógrafo profesional, y muchas de las obras de ésta muestra son de su autoría, así como también hay fotografías de la francesa Gisèle Freund y el húngaro Nickolas Muray, dos fotógrafos que compartieron muchos momentos de sus vidas con la artista, sobre todo el segundo, uno de sus amores más duraderos, con poco más de diez años de relación. Pero también Frida agarraba la cámara y capturaba momentos de su día a día, y, en tiempos en los que el photoshop era una utopía ella no se amilanaba a recortar su propio rostro por diferentes motivos de varias imágenes.
Frida Kahlo pintando el retrato de su padre, por Gisèle Freund, 1951. Museo Frida Kahlo.
La exposición comenzó su gira en la ciudad natal de Frida, Ciudad de México; luego estuvo en Lisboa, Portugal; de ahí estuvo en el Museum of Latin American Art en Long Beach, Estados Unidos; hasta llegar a Curitiba, siendo ésta la primera ciudad sudamericana a la que llega la muestra, y hasta el momento la única puesto que de aquí será expuesta en el Museo MARTa Herford en Herford, Alemania en febrero hasta mayo del 2015; en junio, y hasta setiembre del 2015 regresa a México, al Centro Cultural Tijuana en dicha ciudad; en octubre del 2015 hasta febrero del 2016 estará en el Bendigo Art Gallery, en Bendigo, Australia.
Frida Kahlo pintando en su cama. Anónimo, 1940. Museo Frida Kahlo.
La muestra aquí en Curitiba fue prorrogada hasta el 30 de noviembre del presente año, de martes a domingo desde las 10 horas hasta las 18 horas, y los jueves cierran a las 20 horas, siendo la entrada gratis desde las 18 horas. Oportunidad única de envolverse con un poquito de lo mucho que tiene por ofrecer México. Imperdible.
Capricho 1 - Francisco de Goya y Lucientes, Pintor
Caprichos en el ojo de Niemeyer.
Me faltaba subir acerca de la experiencia de
estar ante esta excelente exposición –como a las que nos tiene acostumbrado-
que trajo el MON: los ochenta grabados del aragonés Francisco de Goya y Lucientes (Fuendetodos, Zaragoza, 1746 –
Burdeos, 1828), que estuvo de gira por varias ciudades brasileñas, y cerrando
aquí en la capital del Paraná antes de retornar a España.
Capricho 13 - Están calientes
Capricho 23 - Aquellos polvos
Capricho 30 - ¿Por qué esconderlos?
Esta serie
fue trabajada con la técnica del aguafuerte, y para los fondos utilizó el
aguatinta. Datan de finales del siglo XVIII, entre 1797 y 1799, fue editada en aquel
año y puestas a la venta, aunque esto no durara mucho tiempo pues por temor
–totalmente justificado- de que la Inquisición se encargue de juzgar el
contenido, Goya las retira, y se las ofrece al rey a cambio de una pensión para
su hijo. El artista las llamó: “asuntos
caprichosos que se prestaban a presentar las cosas en ridículo, fustigar
prejuicios, imposturas e hipocresías consagradas por el tiempo.”
Capricho 45 - Mucho hay que chupar
Capricho 48 - Soplones
Capricho 49 - Duendecitos
A través de este conjunto Goya hace una fuerte
crítica a la sociedad de aquel entonces, burlándose de autoridades como el
clero y la propia Inquisición; la educación muchas veces severa y drástica; el
amor; la prostitución; los matrimonios convenidos; la hipocresía en la gente;
sin imaginarse tal vez que poco más de dos siglos después todo esto no mudaría
mucho.
Capricho 51 - Se repulen
Capricho 59 - ¡Y aún no se van!
Capricho 63 - ¡Miren que graves!
Capricho 79 - Nadie nos ha visto
Resaltan
y atraen aquellas imágenes donde seres fantásticos rodean e incluso son los
principales personajes: duendes; demonios; un hombre con cabeza de águila;
seres grotescos, deformados, inefables; y en particular aquella estampa donde
el proprio autor está entregado al sueño profundo, siendo rodeado por sus
demonios.
Capricho 43 - El sueño de la razón produce monstruos
Esta
muestra, que estuvo tres meses (de finales de enero a finales de abril) estará
sin duda entre lo mejor de este año 2012 en el MON. Fue una oportunidad única
para presenciar la sociedad española de aquel tiempo bajo el prisma de Goya. Y a ver si por aquí llega también la muestra de su compatriota que líneas abajo dejo.
Disparates en el monasterio.
Leyendo
acerca del terrible resultado –para variar- que obtuvo la selección el último
fin de semana me deparo con la noticia de la exposición “Goya – Dalí: Del capricho al
disparate” del siempre admirado Salvador
Dalí (Figueras, 1904 – 1989) en uno de los recintos más clásicos en
Arequipa, Perú -ciudad a la que con suerte estaremos a finales de año-: el
Monasterio de Santa Catalina.
Generalmente
las muestras de los diferentes artistas que aquí dejo son de fechas posteriores
al cierre de la exposición, y hasta ahora estrictamente de la ciudad en la que
estoy, pues mi idea no es informar el inicio de alguna muestra, sino dejar en
esta especie de diario lo que podemos apreciar por aquí, tal vez dando a
conocer las diferentes muestras de variopintos artistas que aquí llegan y que
podrían llegar a la ciudad en la que se encuentren. El MON debe estar entre los
mejores museos brasileños y probablemente de Latinoamérica: es demasiada suerte
estar en la misma ciudad de esta institución.
Esta
muestra de Dalí, que estuvo dos meses en el Centro Cultural de la Pontificia Universidad
Católica (PUCP) de Lima (el vídeo arriba es referente a la exposición en aquel lugar), será expuesta ahora en Arequipa, con entrada gratuita,
y tal como lo indica el título tiene mucho que ver con la exposición de Goya visitada aquí en Curitiba.
Trabajados
entre los años 1973 y 1977, con la misma técnica de aguafuerte que utilizó
Goya, el maestro catalán plasma su arte sobre los grabados de su compatriota, ¿trastornándolo…?
¿Corrompiéndolo…? ¿Completándolo…? ¿Enriqueciéndolo…? No sé. Probablemente logrando algo totalmente diferente. Es Dalí. ¡Qué otro
artista se atrevería a realizar su obra sobre la obra de otro, y de la talla de
Goya! Hay que tener los cojones y claro, el enorme talento que tenía Dalí. Y los
arequipeños –y quien esté por allá- podrán
apreciar esta muestra desde mañana jueves 07 de junio al sábado 07 de julio
en la galería del monasterio.
El
Monasterio de Santa Catalina de Siena fue inaugurado en octubre de 1580, está (o por lo
menos lo estaba en el 2002) en perfectas condiciones: es como estar en una
ciudad pequeña pues cuenta con calles empedradas, plazuelas, patios, todo en un
área cerca a 20 mil metros cuadrados:
una tarde no da para conocerlo y disfrutarlo enteramente.
Gran
oportunidad para presenciar el amalgama de Goya y Dalí, bajo las faldas del volcán
El Misti. Y ojalá que los del MON con los del Instituto Cervantes aquí nos den
esta sorpresa por aquí.
El término “Brasiliana” hace cuestión a todo
material impreso sobre Brasil con reconocida relevancia histórica, y esta
colección particular es una de las mayores brasilianas
existentes en el país.
A inicio de la
década del ’70 el banquero Olavo Egydio de Sousa Aranha Setúbal (1923 – 2008) –
más conocido como Olavo Setúbal: en Brasil el apellido materno tiene más
importancia que el paterno, inclusive muchas veces lo antecede- comienza a
coleccionar de manera impulsiva cualquier objeto que de una u otra manera haya
plasmado la historia de su país, por más diversas que sean las épocas.
Así este
conjunto agrupa libros, pinturas, grabados, documentos firmados por diversos
presidentes, mapas, monedas, primeras ediciones de obras cumbres de la
literatura brasileña, y mucho más: son cinco mil objetos en total los que logró reunir, bajo el asesoramiento
de Pedro Correa do Lago, quien es también el curador de la
muestra. Aunque para
dicha exposición se reducen a trescientos no pierde en nada su atractivo.
Son muchas las cosas que atraen, como una edición de Memórias
Póstumas de Brás Cubas, de Machado de Assis, ilustrado magistralmente por Cándido
Portinari; documentos sobre compra-venta de esclavos, y los diversos dibujos
que aventureros europeos hacían de lo que iban encontrando y descubriendo por
aquí.
En el siguiente vídeo tendrán un rápido repaso a las salas que integraron esta enorme muestra:
La exposición está
dividida en siete partes, que van desde los objetos del siglo XVI hasta los del
siglo XIX.
Ya de
entrada nos topamos con sendas cartografías que datan de finales del siglo XVI.
El primero es de Gerhard Mercator (Flandes, 1512 – 1594) y es un grabado en
cobre sobre papel de un mapa de nuestra región publicado un año después de su
deceso, probablemente vio la luz a través de su hijo Rumold Mercator, ya que
Gerhard dejó su Atlas inconcluso. Ahí se señala que Cuzco era la metrópoli del
continente.
La siguiente cartografía data de 1596, y pertenece
aJan
Huygen van Linschoten (Haarlem, 1563 – Enkhuizen, 1611) comerciante neerlandés
quien la publicó en su libro “Itinerario
para las Nuevas Indias”. Van Linschoten se empleó como escribano del
arzobispo de Goa, Vicente da Fonseca, y una vez ganada la confianza de éste se
infiltró en las salas donde eran guardados los portulanos –mapas, cartas de
navegación y manuscritos portugueses- haciéndose de las informaciones con las
cuales la Corona Portuguesa monopolizaba la ruta para las “Indias”, y
especialmente para el Brasil.
Este mapa fue publicado por vez primera en
1570 en el Atlas “Theatrum Orbis Terrarum”.
Pertenece al cartógrafo flamenco Abraham Ortelius (Amberes, 1527 – 1598). Es
considerada la mejor representación del Nuevo Mundo hasta esa época, y su Atlas
es tomado como el primer atlas moderno. Recibió innumerables reimpresiones en
los cuarenta años siguientes, tuvo un gran éxito. Para poder concebirlo
Ortelius realizó un extenso trabajo de investigación, pues ninguna información
de aquel nuevo continente eran divulgados por españoles ni portugueses.
El dibujante Joachim Du Viert plasmó a tres
indios Tupinambá –etnia brasileña- llevados a Europa. Los diseños fueron
grabados por Pierre Firens, e impreso por Pierre-Jean Mariette. Estos trabajos
nos muestran a los indios tupinambá de la Isla de Marañón con trajes de la
época de Luis XIII, están bailando y blandiendo unas maracas.
La
leyenda del primero dice: “Están aquí los
verdaderos retratos de los salvajes de la Isla de Marañon, llamados Tupinambás,
traídos al muy cristiano Rey de Francia y de Navarra por el señor Razilly em el
presente año de 1613.”
De
este segundo diseño, “Retrato al natural
de los bárbaros traídos a Francia, del país de los Tupinambás por el señor de
Razilly, para ser bautizados y convertidos a la fé de Jesús Cristo, y
presentados a Su Majestad em el año presente de 1613.”
Está también aquella pintura del francés Arnaud Julien Pallière
encomendada por el Príncipe Regente Don Pedro I, donde se pueden ver la
entonces pequeña ciudad de São Paulo –ahora metrópoli- a orillas del rio Tamanduateí, y divisar sus iglesias da Sé, do Carmo, y
Santa Teresa, tela avaliada en seis millones de dólares.
Estas monedas obsidionales -que deben dejar
salivando a cualquier numismático- de oro son de la segunda invasión
neerlandesa al Brasil (1630 a 1654, en Pernambuco, antes Recife) :
Florines
de 1645 y 1656,
VI
Florines de 1645 y 1646,
XXII
Florines de 1645 y 1646.
“Indio cazador” (Nuevas Indias), 178, a
partir de una obra de Albert Eckhout (1610 – 1666).
En
1678, un año antes de morir, el Príncipe Mauricio de Nassau decidió obsequiar
al Rey Luis XIV de Francia –el monarca más poderoso de Europa, por entonces-
com su preciosa colección de pinturas y diseños hechos en el Brasil por los
artistas que lo acompañaban, y que guardara por casi 35 años desde su retorno a
Holanda em 1644.
El
regalo de Nassau al Rey incluía, entre otras piezas, 27 obras de Frans Post, y
pinturas y diseños de la flora y fauna brasileña realizados por Eckhout.
Expuestos en 1680 estos trabajos encantaron a la Corte Francesa, fue ahí que
surgió entre los consejeros del Rey realizar grandes tapicerías incorporando
aquellos tan nuevos elementos exóticos, que era la especialidad de las empresas
reales.
"Indio cazando onza en la selva", 1819.
Carl
Friedrich Philipp von Martius (1794 – 1868): éste tío sí que se cultivaba: fue
médico, antropólogo y naturalista botánico, además de violinista. Fue el más
importante naturalista que investigó, describió y recolectó elementos de la
naturaleza brasileña, allá por la primera mitad del siglo XIX. El trabajo que
se muestra lo devela como un excelente dibujante y acuarelista, plasmando lo
que estaba ante sus ojos.
Estos siguientes trabajos de la parte inferior son del mismo artista, trabajo en conjunto con el zóologo Johann Baptist von Spix. Tal obra
fue conocida como el “Álbum Spix & Martius”, cuya difusión era revelar al “público culto” europeo (lo entiendo como
a los de clase pudiente) la naturaleza y los indios brasileños.
Armas, adornos, ornatos y utensilios de los
Indios Camacans, y de los Indios Puris, respectivamente.
El álbum “Viaje al Brasil” (de la primera mitad
del siglo XIX) fue concebido tras la expedición del Príncipe Maximilian de
Wied-Neuwied revelando por primera vez a Europa “imágenes reales” de los indios brasileños. Admirada por científicos
como Alexander von Humboldt, la obra de Maximilian fue traducida a muchas lenguas,
y es reconocida como una de las mayores contribuciones para el conocimiento del
Brasil en el inicio del siglo XIX.
Estos dibujos a continuación fueron encontrados en un
ejemplar del álbum “Viaje Pictoresco e
Histórico al Brasil” que data de 1835, de Jean-Baptiste Debret (1768 –
1848), pintor francés y traen nuevos conceptos en el proceso de impresión de
las litografías, encontrando elaborados diseños.
Se interesó también en el tema de la
esclavitud, plasmando con mucho arte lo que veía en su cotidiano en el Brasil.
Su trabajo es considerado como uno de los principales documentos gráficos en la
historia de este país.
Lo que más atrajo mi atención fueron los documentos
acerca de la posesión; compra-venta; póliza de seguro de vida, y demás de
esclavos. El tráfico humano era tan frio y normal que hasta vendían recibos ya
listos para ser rellenados y firmados.
Arriba : Documento de venta de un esclavo,
Boa Esperança –irónico el nombre del lugar- 27 de diciembre de 1860.
Documento manuscrito
firmado, Freguesía de Irajá, Rio de Janeiro, 19 de diciembre de 1849. En este documento, Antonio Francisco de Mello
concede la libertad para siempre a una esclava.
Seguro de vida del
esclavo. Documento semi-impreso firmado, Rio de janeiro, 10 de julio de 1857. Póliza expedida por la Previdencia Cia. de
Seguros contra la Mortandad de los esclavos, al Señor Delfino, por el seguro de la esclava
Virgulina.
Pasaporte del esclavo.
Documento semi-impreso firmado, Pernambuco, 6 de diciembre de 1841.
Anuncio en el periódico de
la fuga de un esclavo. Diario “O Parahybano”, 23 de abril de 1870. Era común anunciar en el diario la fuga de
los sirvientes. ¿A qué penas lo condenarían en caso de ser encontrado? Por
largas ocho décadas de Imperio era normal esta práctica.
Recibo de compra-venta de
esclavo. Increíblemente ya se vendían recibos listos para ser rellenados a la
hora de la transacción. Aunque uno ya sabe que esto –la esclavitud- existió, no
deja de sorprender estos documentos, todo formalizado. Se puede leer: “Vendo el esclavo tal, con todos sus vicios y
achaques, nuevos y viejos, físicos y morales, tal cual los tenía....”
Tratamiento dental del
esclavo, Rio de Janeiro 12 de diciembre de 1874. Era poco común que los “dueños” traten este tipo de problemas de
salud –y quizá por otros tampoco se interesaban- de sus esclavos, aunque hay
documentos como éste que prueban que habían algunos que sí “los llevaban” a
tratarse. No se sabe si luego tendrían que retribuírles de alguna manera, o no.
En este documento se asigna que el comendador José María dos Reis pagó al
cirujano dentista de la Casa Imperial, Thiago Beviláquia la cantidad de diez
mil réis por la obturación de la platina 3 y 4 de una esclava.
“La
siesta” de Johann Moritz Rugendas (Augsburgo,1802 – Weilheim na der Teck,
1858), más conocido como Mauricio Rugendas.
Descubierta hace poco
tiempo en Europa, esta obra se suma a las pocas pinturas conocidas hoy de este
artista alemán. Un viajero incansable –estuvo por Brasil, Argentina, Chile,
Perú, Colombia y México-, resumió todo lo visto en sus diversos viajes en los
países de esta región en una sola pintura.
“Don Pedro II”, 1846, del mismo artista.
Importante retrato de Don
Pedro II (Rio de janeiro, 1825 – Paris, 1891) – apodado “El Magnánimo”, fue el
segundo y último emperador del Brasil. Su reinado duró 58 años. Su estirpe
venía de la rama brasileña de la Dinastía de Braganza- a la edad de veinte
años, realizado por Rugendas en su segundo paso por el Brasil. El pintor
realizó apenas dos retratos del joven emperador.
“Vista
de São Luís de Maranhão” de Giusseppi Leone Righini (Turín, Italia, 1830 – Belém do Pará, Brasil, 1884), también llamado Joseph Léon Righini.
Preciosa pintura de este artista ítalo-francés quien dedicó una buena
parte de su obra a registrar los paisajes brasileños, vivió en Salvador de
Bahía, São Luís de Maranhão y Belém do Pará donde murió.
“Cataratas
de Paulo Afonso”, data de 1863, de Germano Wahnschaffe.
Poco se sabe de este pintor alemán que vivió em el Brasil entre 1850 y
1870 y fue socio del fotógrafo Auguste Stahl. En el Museo de Arte de São Paulo (MASP) existe otra versión de esta pintura pero en un tamaño mayor
firmada por E. F. Schute, y entendida por mucho tiempo como que fue pintada al
aire libre, al natural. Ambas, idénticas, fueron hechas a partir de una
fotografía de Stahl, cuyo único ejemplar conocido está en la Biblioteca
Nacional.
“El
hijo del artista tomando baño en el balcón de la residencia de su abuelo”,
1830. Armand Jullien Pallière (Bordeaux, 1784 – Bordeaux, 1862).
Desde su óptica de
inmigrante Pallière plasma una escena del cotidiano en la vida privada por
aquellos tiempos. La obra retrata al hijo del pintor en los brazos de su mujer
–hija de Grandjean de Montigny, aquel gran arquitecto que integró la Misión
Francesa.
La escena transcurre en la entrada de la famosa casa de Grandjean que
existe hasta hoy en Rio de Janeiro, en el barrio de Gávea. Se empieza a notar a
los esclavos domésticos siendo parte del entorno de la vida de los inmigrantes
europeos.
“Abolición
de la esclavitud”, 1888, de Victor Meirelles (Florianópolis, 1832 – Rio de
Janeiro, 1903).
Representación de un hecho de fundamental importancia para la historia
del Brasil, la firma de la Ley Aúrea por la Princesa Isabel. Esta pintura fue
conservada en el Castillo d’Eu hasta 1921, año en que falleció la princesa.
“Casamiento
de Don Pedro I y D. Amélia”, 1829, de Jean-Baptiste Debret.
En la actualidad son pocas
las pinturas al óleo conocidas de Debret acerca de temas brasileños, a
diferencia de lo que ocurre con sus acuarelas de las cuales se conocen centenas
de ellas. Este hecho refuerza la importancia de esta pintura para el estudio de
la obra de Debret. Solamente se hizo público en el 2007, cuando el Banco Itaú
la adquiere.
“Rescate
de los pasajeros de la Ocean Monarch por la fragata brasileña Afonso”,
1860, de Samuel Walters (1811 – 1882).
Única pintura al óleo con un tema ligado al Brasil de este pintor
marítimo inglés. Esta obra representa un incidente de gran repercusión en aquella
época: el rescate de 156 sobrevivientes del incendio y naufragio del barco
estadounidense Ocean Monarch, que llevaba inmigrantes para los Estados Unidos
en 1858. Aquel rescate fue realizado por una fragata a vapor brasileña
bautizada como “Afonso” –se distingue
claramente en la pintura el pabellón verde amarillo -, episodio que llenó de
honra al Imperio Brasileño.
Cinco meses
estuvo esta preciosa exposición que encierra gran parte de la historia de este
país-continente que es Brasil.