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domingo, 12 de febrero de 2012

Rashomon y otros cuentos, Ryunosuke Akutagawa




Traducción : Kazuya Sakai
Colección Biblioteca Básica Universal
Centro Editor de América Latina
Año de esta publicación : 1970


El ver mezclado entre varios otros ejemplares de tamaño normal el lomo de un librito delgado resaltando el apellido Akutagawa hace que ipso facto mi brazo se acerque al estante, en un movimiento brusco, quizá hasta desesperado. Es increíble cuando vas sin la esperanza de encontrar algo y de pronto, ahí está, un libro que ni imaginaba podía encontrar, en este caso la obra de la presente entrada, en muy buen estado y a un monto muy accesible.

Esta recopilación trae cinco relatos del Ryunosuke Akutagawa (1892 – 1927) y abre con el que da título al libro, “Rashōmon” (羅生門, 1914), relato oscuro, donde nos muestra un Kioto en ruinas y la gente acostumbrada a vivir entre una miseria inhumana, donde pareciera no haber inocentes.

La nariz” (鼻,”Hana”, 1916) nos trae la historia del monje Zenchi Naigu quien es portador de una enorme nariz que lo hace el hazmerreír de todos, que lo deja abstraído al punto de llegar a evitar el mencionar la palabra “nariz” en sus conversas. No imaginará cuál será el resultado al querer mudar de apariencia para mejorar su auto-estima. Cuando crees que estás mal no sospechas que podrías estar peor.

En el bosque” (藪の中, “Yabu no naka”, 1922) es una de las obras maestras en este conjunto, sin desmerecer en lo absoluto las otras tres narraciones, ésta (y “El biombo del infierno” que cierra el libro”) la encuentro totalmente redonda, magistral. Un asesinato: conoceremos las declaraciones de un leñador; de un policía; una anciana; el arrestado por el policía, aquel, Tajomaru; la esposa del asesinado; y lo más deslumbrante, la declaración del fiambre con la ayuda de una médium. Con esta última declaración, la de la víctima, Akutagawa nos muestra cómo una sola verdad puede diferir bajo el prisma de cada declarante.

En “Kesa y Moritō” (1919) encontramos los soliloquios de ambos, filosofando sobre el amor, el amor que se prodigan, aunque Kesa sea casada con Wataru Saemon-no-Jō. Aquí comprobamos todo lo capaz de hacer cada uno por amor: Wataru aprendió el difícil arte de la poesía waka (forma poética nipona compuesta por treinta y un sílabas) para conquistar a Kesa, lográndolo; ya luego Moritō convencerá a Kesa asesinar a su esposo, en nombre del amor, convenciéndola también; fácil de convencer esta comadre. Las dudas embargan a ambos en varios momentos: Moritō reconoce en el odio a esta mujer la razón para amarla; Kesa recuerda a su esposo justo cuando resuelve participar en su asesinato, barajando la opción del suicidio. Ambos son discursos muy poéticos con final abierto que deja todo en el misterio.



El biombo del infierno” (地獄変, Jigokuhen; abril de 1918) es la más extensa, quizá una novela corta, junto con “En el bosque” son las joyitas de este grandioso librito. Aquí un artista, Yoshihide, quien a pesar de cultivar con esmero el arte de la pintura es despreciado y generaba con facilidad la antipatía entre otros artistas, y también con el público de diferentes castas sociales. Con su actitud él mismo menoscaba su imagen, es consciente de ello y no parece importarle en lo más mínimo. Yoshihide es de los que encuentran la belleza en medio de la fealdad, de lo grotesco, y entre tanta vibra mala que sembraba a su paso el Señor de Horikawa le encargará pintar una obra especial que el artista llamará como el título del presente relato. Pero, para terminar su grandiosa obra, pedirá un modelo vivo, envuelto en las más finas ropas, en un coche elegante –en un “biroge”: carroza antigua usada en la corte por los nobles de las más altas jerarquías-, y ardiendo en fuego, que represente un sufrimiento más cercano a lo vivido en el infierno para poder graficar con más exactitud y su obra sea lo más verosímil posible.

Esta edición trae la traducción directa del japonés del artista argentino Kazuya Sakai (1927 - 2001), quien por lo visto era acostumbrado a difundir el arte japonés no solo para Argentina, sino a Latinoamérica.

Los cinco relatos son oscuros, odas a la decadencia, provocan e incitan a empaparse con más escritos del bueno de Akutagawa, y de no conocerlo a empezar a hacerlo. Sospecho que ninguna de sus obras se acerca a lo nimio, y varias son realmente magistrales. Es imperdible, de hecho necesario.

viernes, 11 de febrero de 2011

El hilo de la araña, Ryunosuke Akutagawa 芥川 龍之介




Título original : 蜘蛛の糸 – Kumo no ito - El hilo de la araña
Editora : Shinseken Limited
Año de publicación : 1918
Publicación de esta edición: 2008
Traducción : Eduardo Campelo
Ilustraciones : Hideyuki Fujikawa


Este relato es más corto que el del libro anterior, y también es más antiguo, data de 1918. Está situado en dos mundos paralelos: el Paraíso a orillas del Lago de Loto, y en las profundidades del Infierno, en el Lago de Sangre. Aquí la historia nos devela cómo en una especie de pequeño juicio final, será rescatada la única buena acción que en vida Kandata realizó, y también cómo el malhechor, por su egoísmo, no será salvo, a pesar de tener una última oportunidad.

Aunque ambos libros son de cuidada edición (tapas duras y con diseños, forro con diseños, las hojas de respeto en papel grueso y de color; y las utilizadas para los relatos en grueso papel lustrado, amplias) el precio fue casi irrisorio: RS3, menos de $2, quizá por estar en un idioma para ellos extranjero. ¡Que importen más!

Por otro lado, las expresiones en los diseños son más realistas, respetando los rasgos orientales, a diferencia de muchos mangas y animes que acostumbramos ver, con los ojos occidentales, aquí eso no se da. También los colores usados tanto en el Paraíso (más tenues) como en el Infierno (más vivos y tornándose oscuros) contrastan entre sí.

La historia es más que entretenida; aunque sea previsible la prueba en el final, no deja de maravillar la sencillez y la elegancia con la que Akutagawa crea esta historia, ambas características principales de la literatura japonesa.



El hilo de la araña

Amanece en el paraíso. El sublime Buda camina despacio por las márgenes del Lago de Loto. Las flores, de espléndida blancura, tienen estambres dorados que exhalan, día y noche, un suave perfume.

El sublime Buda permanece un poco junto al lago, para ver lo que ocurre bajo el manto de las flores de loto. Mirando a través del agua cristalina, contempla durante algunos instantes, en el remoto fondo de este lago celeste, las profundidades del infierno. Observa claramente, como imágenes en un límpido espejo, el río Styx, y la siniestra Montaña de las Agujas. Su mirada capta la forma de un hombre, de nombre Kandata, que se debate entre los demás condenados.

Kandata fue en vida un notorio malhechor, culpado de robos, incendios y muertes. Pero el sublime Buda se acuerda de la única buena acción por tal hombre practicada. Cierto día, atravesando un denso bosque, Kandata avistó una araña pequeñita que se arrastraba descuidada por el suelo. Sin pensar, levantó el pie para aplastarla, pero se contuvo. “No, no”, pensó. “Aunque no pase de una cosa insignificante, esta araña es un ser vivo. No debo quitarle la vida sin motivo.” Y siguió su camino.

El sublime Buda considera lo que acaba de ver. Teniendo en cuenta que Kandata había perdonado la vida a una araña, decide, por esta única buena acción, encontrar un medio de sacarlo del infierno. Mirando atentamente la superficie del lago, descubre, sobre una hoja de loto de color jade, una araña del paraíso, que engendra su hilo plateado. Satisfecho con el hallazgo, el sublime Buda toma el hilo cuidadosamente y lo hace descender por un espacio entre las bellas flores de loto, hasta las profundidades cavernosas del infierno.

En ese lugar está el Lago de Sangre, absolutamente negro como la brea. Junto con los otros condenados, Kandata fluctúa y se sumerge sin cesar. A veces, entrevé un bulto amenazador emergiendo de las tinieblas, y reconoce, postrado en la desesperación, los aguijones resplandecientes de la Montaña de las Agujas. Se hace el silencio como dentro de una tumba. Sólo se escucha, alguna vez, el débil suspiro de uno u otro condenado. Esto porque, cuando alguien cae tan bajo, y sufre la tortura de tantos infiernos, este alguien perdió las fuerzas para llorar. Incluso un ladrón sabido y vivido como era Kandata, nada pudo hacer sino debatirse como una rana cogida en las garras de la muerte, al ahogarse en la sangre del lago.

Sin embargo, aquel día, Kandata consigue levantar la cabeza y ver, en el cielo oscuro y mudo que se cierne encima del Lago de Sangre, un plateado hilo de araña que se mueve a lo alto. Esta línea delgada y centelleante, sólo visible, poco a poco, se aproxima de Kandata. Al verla, el condenado aplaude de alegría. ¡Tal vez consiga colgarse del hilo y, subiendo por él, huir del infierno! ¡Si todo sale bien llegará al paraíso! Entonces, ¡nunca más será forzado a recorrer la Montaña de las Agujas, ni ahogarse en el Lago de Sangre!

Pensando en eso, Kandata agarra rápidamente con las dos manos el hilo de la araña y empieza a subir, sujetándolo fuertemente. Habiendo siendo en el pasado un ladrón experimentado y ágil, el ejercicio no implicaba ninguna novedad para él.

Pero la distancia entre el infierno y el paraíso es de diez mil leguas. Por mucho que se esfuerce, el camino hacia arriba no parece nada fácil. Tras algún tiempo de escalada, Kandata no consigue seguir adelante, ni incluso empleando todo su espantoso vigor. Sin otra opción sólo le resta parar y descansar un poco. Mientras oscila, pendiente del hilo, contempla los parajes que dejó hacia atrás.

Debido a la altura ya alcanzada, el Lago de Sangre, que hasta poco lo mantenía prisionero, yace ahora en la completa oscuridad. El brillo tenue de la Montaña de las Agujas difícilmente se ve. Si sigue subiendo a ese ritmo, tendrá la oportunidad de escapar del infierno. Tal vez no sea tan difícil como había imaginado. Kandatya aprieta firmemente, con las dos manos, el hilo de la araña, y empieza a reir, como nunca lo había hecho antes:

- ¡Sí, sí! ¡Lo conseguiré!

Sin embargo, en ese instante, siente que, debajo de él, como una procesión de hormigas, numerosos condenados van subiendo, determinados, por el hilo. Con los ojos fuera de sus órbitas de miedo, y la boca abierta de par en par, como un tonto, Kandata los observa. ¡Este hilo, tan delgado, corre el riesgo de romperse, no puede soportar el peso de tanta gente! Si se revienta, todo el esfuerzo para subir será inútil. Kandata –y con él, otros condenados- sería, de nuevo, lanzado hacia el infierno. ¡Eso no puede pasar! ¡Sería horrible!

Mientras Kandata se aterroriza, cada vez más condenados, desde el Lago de Sangre, van subiendo por el hilo brillante. Ya no se cuentan por centenares, ni por millares. Son enjambres enormes. Kandata decide actuar con rapidez, antes que el hilo se rompa, haciéndolo despeñar sin remedio otra vez hacia las profundidades del infierno.
Kandata grita con voz de trueno: “¡Alto, condenados! ¡Este hilo de araña es mío! ¡Sólo mío! ¿Quién os dio permiso para subir en él? ¡Para atrás! ¡Volved!”

En el mismo instante en que acabó de hablar, el hilo de araña, que hasta entonces no había sufrido ningún daño, de repente cruje y se parte, justamente por donde Kandata se agarraba. Kandata está perdido. No tiene tiempo de decir nada más. Aturdido, empieza a caer haciendo giros, hasta precipitarse en las profundidades del infierno.
El hilo acortado de araña permanece suspenso, reflejando una brizna de luz en el centro de ese cielo sin luna ni estrellas.

En el paraíso, el sublime Buda estaba al lado del Lago de Loto, acompañando, desde el inicio al desenlace, los episodios de este drama. Cuando, al final, Kandata cae como una piedra, en lo más hondo del Lago de Sangre, una expresión de tristeza atraviesa el rostro del sublime Buda. Se aparta del lago, con la intención de terminar su paseo. Aunque el duro corazón de Kandata, que intentó huir solo del infierno, haya recibido un castigo absolutamente justo, un destino tan infeliz llena de compasión al sublime Buda.

Tales hechos no conmueven a las flores, las lindas flores blancas del Lago de Loto, que inclinan sus cálices a los pies del sublime Buda, y exhalan, día y noche, un suave perfume que proviene de los estambres dorados. Dentro de poco, será mediodía en el paraíso.

jueves, 10 de febrero de 2011

Toshishun, el cuento chino del joven pródigo y el mago ermitaño - Ryunosuke Akutagawa 芥川 龍之介



Título original : 杜子春 - Tu Tze-chun
Editora : Shinseken Limited
Año de publicación : 1920
Publicación de esta edición : 2008
Traducción : Eduardo Campelo
Ilustraciones : Hideyuki Fujikawa


Conocí este escritor a través de aquella antología de literatura fantástica, el libro de Borges-Bioy-Ocampo, en donde aparece el cuento “Senin”. Ahora, al igual que con algunos de los cuentos de Gabo que se editaron (por Norma en español y Editora Record en portugués) por separado, y llegaron a ser ilustrados por Carme Solé Vendrell, se lanzó al mercado a inicios de este siglo, en inglés, japonés y portugués (2003), dos cuentos de Akutagawa, ambos excelentemente ilustrados por Hideyuki Fujikawa, con la intención de acercar la obra de este gran escritor japonés a los jóvenes; la presente edición en español es del 2008. Akutagawa escribió este cuento a los 28 años, en 1920, y es una adaptación de una historia tradicional china.

Akutagawa se interesó por la literatura de su país y también la occidental desde muy joven, llegando a conocer a Natsume Soseki quien lo apoya en su carrera literaria; Akutagawa se hace discípulo de Soseki, acudiendo a las tertulias literarias que éste realizaba. Akutagawa es destacado en 1921 por el diario Mainichi Shimbun a China por el periodo de cuatro meses.

Toshishun es un joven descendiente de una familia rica en la antigua capital de la dinastía Tang, Luoyang. Él malgastó toda su herencia y ahora en la soledad, no tenía nada para comer, ni lugar donde vivir. Un anciano tuerto, aunque de porte imponente, lo abordará, preguntándole qué le sucedía. Tras enterarse, le dará un consejo: pararse bajo la luz del sol y observar donde cae la sombra de su cabeza, y por la noche, al cavar exactamente donde daba la sombra encontrará oro suficiente para llenar una carreta. Toshishun, algo incrédulo, obedecerá al anciano, encontrando lo prometido. Su vida cambiará radicalmente: tendrá una gran mansión, manjares en su mesa, y sobretodo muchos amigos a su alrededor, quienes no se cansan de adularlo. A ese ritmo la fortuna le durará poco, y nuevamente quedará como al principio. El anciano le dará una segunda oportunidad, pero nuevamente en poco tiempo Toshishun pasará hambre, penurias, pero sobre todo, notará que las personas que decían ser sus amigos cuando era rico, ahora ni lo miraban para saludarlo, ignorándolo. Cuando el anciano le iba a dar una tercera oportunidad, Toshishun la rechaza, contándole al anciano aquel detalle, y pidiéndole que en vez de una tercera oportunidad, éste lo acoja como aprendiz de mago. Luego de cavilar por un tiempo, el anciano lo acepta como discípulo, y le revela ser el mago Tekkanshi, llevándolo luego hasta lo más alto del Monte Emei donde él vivía, volando en una vara de bambú. Al llegar lo dejará solo, ordenándole mantener la boca cerrada, sin mencionar palabra alguna, previniéndole que vendrán criaturas queriendo hechizarlo, pero por más tentaciones y amenazas que tenga deberá mantenerse callado; de no hacerlo abandonará su camino hacia la magia.

Diversas tentaciones, desde grandes tigres hasta serpientes blancas; truenos y relámpagos caerán sobre él, consiguiendo mantener su promesa. Un demonio de treinta pies de altura y con una armadura de oro y un gran tridente lo interrogará ferozmente, pero Toshishun se mantendrá callado. El guerrero al ver que no obtenía respuesta mata a Toshishun con un sólo chispazo de su tridente. El espíritu del joven se desprenderá de su cuerpo, descendiendo al Mundo Inferior a través del túnel llamado “El Pasaje de la Oscuridad”, que conecta el mundo de los hombres con el mundo inferior, hasta llegar el santuario conocido como el “Vestíbulo del Universo”, en donde sentado en un gran trono y con corona de oro estaba Yanma Dawang, Señor del Mundo Inferior, quien también interrogará al joven, pero el aprendiz continuará inmutable. El soberano ordena que lo lleven a la “Montaña de las Espadas”, al “Lago de Sangre”, al “Valle del Infierno”, y al "Mar de los Glaciares”, recibiendo en cada uno de estos lugares torturas insoportables, pero aun así Toshishun no mencionará palabra alguna. El Señor, al ver que el joven no se quebraba, mandó a uno de sus demonios al “Mundo de las Bestias”, donde estaban confinados los espíritus de los padres de Toshishun, convertidos en caballos. Su Señoría mandará torturar a los caballos, y, al escuchar la voz de su madre, Toshishun exclamará una palabra, apareciendo repentinamente en el centro de Luoyang, con el anciano tuerto haciéndole una mueca. Toshishun no llega a ser mago, pero se gana el respeto del anciano, por quebrantar lo prometido tan sólo al ver sus padres sufrir. Tekkanshi al despedirse, le dejará una casa en el campo y tierras alrededor para sembrar en la colina del Monte Tai, donde Toshishun podrá vivir, por ver en él una persona honesta.



La historia de este gran relato, de corte psicológico, transmite la consciencia que toma el personaje principal al llegar a distinguir que aquellas personas que lo adulaban en la abundancia no eran realmente sus amigos sino que estaban con él por interés. También, al rechazar una nueva chance para ser rico, demuestra estar desprovisto de toda avaricia. Toshishun también denota sapiencia, a pesar de su juventud, además de valentía y coraje al pasar por todas las pruebas a pesar de las diversas torturas, todas tan bien detalladas –e ilustradas, vale recalcar-, y así no quebrar la promesa hecha a su mentor. Inclusive al quebrarla tendrá un buen motivo, pues aunque su madre le diga que lo que realmente importa es que él sea feliz, Toshishun tira por la borda su deseo, quebrando la promesa hecha sabiendo que dejará de ser mago, demostrando sacrificio. En la actitud final de Tekkanshi encontramos el reconocimiento en ofrecerle una oportunidad para continuar su vida, por encontrar una sabiduría atípica en un joven de esa edad.

Aquí hay una historia muy bien desarrollada, en la que, por ejemplo, destina a su personaje principal una muerte temprana, que es tan sólo el inicio del sufrimiento mental de Toshishun. La historia de Akutagawa no se limita solamente a la moraleja, que de hecho transmite, hay también una calidad literaria que la diferencia de muchas historias que solamente quieren mostrar, dirigir, sesgar a un público determinado.