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domingo, 24 de marzo de 2013

El collar del perro, Rubem Fonseca




Título original : A coleira do cão 


Año de publicación : 1965 


Presente edición : Companhia das Letras, 1995 


La sensación tras leer los ocho relatos que trae este segundo libro publicado por Rubem Fonseca es como el de ser el encargado de limpiar los vidrios de un edificio y poder conocer, ver y escuchar los variados universos que existen en las diferentes personas que habitan en cada departamento. Estos relatos se caracterizan por la construcción minuciosa de sus personajes, desde lo más profundo de cada uno de ellos, desnudándolos completamente, tornándonos a nosotros lectores muy íntimos de ellos, como por ejemplo en “Os graus” (“Los grados”), donde estamos ante un hombre que se lamenta no haber tenido de joven las mujeres suficientes, y que ahora en su vejez, al tenerlas, no tenía el vigor de antaño para satisfacerlas, y satisfacerse. 


En “O grande e o pequeno” (“El grande y el pequeño”) dos primos adolescentes, tocayos; el menor verá en su primo mayor lo que probablemente hará su futuro, desde fumar hasta hacerse de una mujer y hacer prevalecer su voluntad a pesar de la rotunda negativa de su familia portuguesa por que la elegida es de raza negra. Aquí esa costumbre enraizada en muchas familias –inclusive hasta en nuestros días- donde por ser descendientes de europeos los hace sentirse algo superiores e intentan no mezclarse e imponer esa costumbre en las nuevas generaciones. En ambos relatos no parece haber un inicio y un fin, ingresamos a ellos en una historia ya iniciada y, tras conocer las peculiares situaciones abandonamos los relatos con la sensación de que esas historias continúan. 


Madona” nos presenta a un adolescente, aparentemente con una familia feliz, pero que está totalmente vacío, solo, y tal vez a la deriva. 


Y estos tres relatos son los que menos disfruté, no por considerarlos malos sino que pertenecen a un conjunto donde los otros cinco ofrecen realmente un disfrute mayor. 


En “A opção” (“La opción”) una junta médica barajará cuál es la decisión correcta a ser tomada para un paciente de nueve años morfológicamente masculino pero gonádicamente femenino. Las dudas y contrariedades están a flote, guerra de egos entre los colegas, presenciamos la busca de ese pequeño goce de ser quien tiene el poder de decidir qué sexo tendrá en adelante aquel niño, como jugar a ser Dios, mientras el niño está ahí, inerme, esperando que decidan su futuro. 


En “Relatório de Carlos” (“Informe de Carlos”) Fonseca nos hace entrar a la rutina de un influyente abogado y el difícil trato que éste lleva con su amante quien literalmente hace lo que quiere con él. Interesante la comparación al inicio que hace el personaje principal con su padre quien también se las traía, teniendo algunas amantes por ahí que luego aparecieron para llorarle en su entierro delante de toda la familia y amigos. “No quiero hablar de ventaja, pero en eso (y en otras cosas) superé a mi padre, pues Norma no es una mujer cualquiera.” Por lo visto el personaje guarda desde hace mucho el ansia de superar lo que su padre haya hecho, y en todo ámbito, aunque no perciba que, por ejemplo, las amantes de su viejo lo amaban, ya la de él lo usa cuando y como quiere. Es el relato más largo, quizá una nouvelle




A força humana” (“La fuerza humana”) es el relato que abre el libro, y desde la primera frase se percibe la impotencia del narrador, un probable campeón de box quien tendrá la mala suerte de encontrar y llevar al gimnasio (donde entrena, trabaja y vive) a un bailarín de samba sin ninguna experiencia pugilística pero con una agilidad felina y un biotipo único, quien poco a poco lo irá desplazando del gusto del entrenador, perdiendo inclusive parte de su comida pues el otro la aprovechará mejor. Fonseca utiliza jergas y el lenguaje del mundo boxístico –él fue boxeador de joven- transmitiendo muy bien cada respiro, cada golpe, cada desilusión de nuestro narrador. 

O gravador” (“El grabador”) está construido con la meticulosidad que debe tener un arquitecto. El autor nos presenta primero a Jorge Vale, un tipo que conoce a una mujer por medio de una encuesta telefónica. Esta mujer ­–Alda- se rehúsa inicialmente a conocer a Jorge pues dice ser casada, curiosamente su esposo también se llama Jorge. A la vez el mismo tipo recibe constantes llamadas de su madre, quien lo trata como a un niño. Las conversas son separadas por capítulos haciéndonos creer que son cuatro los personajes, cuando en realidad tanto Jorge y Alda tienen un juego de doble personalidad: la esposa es amante (o prospecto) y madre a la vez, y Jorge es un conquistador y un niño introspectivo necesitado de protección al mismo tiempo.

El que cierra es el que da título al libro, “A coleira do cão” (“El collar del perro”), un relato policial tan vertiginoso que parecemos estar en el patrullero a toda velocidad sondeando las inextricables favelas de algún morro carioca. Aquí también el manejo del lenguaje utilizado por los policías y soplones es tan verídico y certero –además de boxeador, Fonseca también fue policía- que nos grafica perfectamente cómo es aquel mundo corrupto y viciado donde ni los periodistas se salvan. Vilela es la antítesis de todos ellos: culto, honrado, metódico, pero ante todo justo, y esto hace que choque frecuentemente con sus propios subordinados, como en la decisión de cómo interrogar al sospechoso, entre la técnica violenta y dolorosa –e interesante- de Washington y la del uso de la psicología de Vilela, contrario a cualquier tipo de tortura. Pero Fonseca nos revela también al policía-torturador como un hombre bueno, pero curtido y atento a no dejarse timar. Con muchos trazos de humor negro éste es un relato con mucha acción enmarcado en la tristeza de la seguridad de que nada cambiará ese caos que por allá, lamentablemente, es rutina. 


En todos los relatos de este libro se percibe que cualquier tipo de  esperanza es mera ficción pues aquí se respira la crudeza de la realidad. Del conjunto, estos cinco últimos relatos -según fueron nombrados en esta entrada- fácilmente pueden ser considerados como obras maestras, muy bien estructuradas, donde todos los personajes que aquí el maestro Rubem Fonseca nos presenta parecen estar libres pero en realidad hay algo que los ata, que los mantiene hundidos en esa miseria que sólo ellos conocen -y nosotros, tras leer la obra-, aquella miseria que es parte de su cotidiano, y a la que parecen estar condenados. 

jueves, 2 de junio de 2011

Los prisioneros, Rubem Fonseca




Año de publicación : 1963
Título original : Os prisioneiros
Editora : Companhia Das Letras
Año de esta publicación : 1996


Este libro de relatos es la obra prima de Rubem Fonseca (Minas Gerais, 1925), quien junto a Ignácio de Loyola Brandão y Dalton Trevisan son quizá los tres escritores vivos más importantes del Brasil.

1963 era un año en que la temática cuentista brasileña era gris, parca, y es en ese contexto que aparece este libro, donde un novel escritor hace gala de diversos recursos y técnicas, desconocidas hasta ese entonces en escritores locales.

El libro abre con “Febrero y marzo”, donde unos aficionados a ejercitarse en un gimnasio salen en grupo por las calles, para pasar el rato, a golpear carnavalistas, y hasta levantarse a una comadre emocionada con tantos musculosos juntos. Uno de ellos, dedicado a vender su sangre para sobrevivir, conocerá una condesa quien lo adoptará para que ejerza lo que el conde dejó de ejercer hace algún tiempo. El relato es entretenido pero regular a diferencia del resto, no te causa ese efecto de disfrute que sí deja el leer “Doscientos veinticinco gramos”, relato totalmente diferente: aquí el absurdo es válido desde el inicio. Dos hombres en una sala de espera observan cómo el elevador va subiendo hasta donde ellos están; llega un tercer tipo que se junta a ellos. Los tres llegaron ahí por la misma razón: información sobre la muerte de una mujer de quienes ellos eran íntimos, sin ninguno saber de la existencia de los otros dos. El legista que los atiende, al ver que ellos son lo más cercano que la mujer tenía como familia, querrá que asistan a la autopsia que él dirigirá. Tras muchas indecisiones, uno de ellos entrará, y la autopsia comenzará. La descripción que Fonseca hace del entorno, desde la sala de espera, como del interior de la sala es tal que sientes el frio de aquellos lugares, pero sobre todo, el minucioso ejercicio de la autopsia, los sonidos al abrir la piel, el rostro cada vez más deforme del amante ante el cuerpo de su amiga, todo tan bien detallado, hacen de este descarnado cuento un deleite.

El conformista incorregible” es una sátira al supuesto orden que la sociedad debía tener, todo cuadriculado y a raya, donde alguien carente de miedo es considerado altamente peligroso para el resto de la sociedad. Es el caso de Amadeu, quien es analizado por los más prodigiosos profesionales, todos devotos de Erich Fromm. El relato a manera teatral consigue divertir en las absurdas hipótesis de los psicoanalistas ante la impotencia de Amadeu.

Teoría del consumo conspicuo” es el primer cuento publicado de Fonseca, apareció en la revista “Senhor”, de 1961, y es también el más flojo del conjunto de este libro. Aquí un tipo que tiene por costumbre llevarse a la cama una mujer en cada carnaval conoce a una que lleva una grande máscara negra que le cubre el rostro. Ella niega sacársela por avergonzarse de su nariz. Cuando accede sacarse aquel artilugio el tipo verá que la nariz de la joven era linda, mas ella se sentía incómoda. Fonseca nos muestra el inconformismo de las personas con cosas e inclusive partes del cuerpo que no necesitan reparo o cambio, y cómo esto influye en sus vidas.

Henri” es una de las obras maestras que este libro trae. Aquí un tipo aparentemente normal, educado y correcto esconde un observador innato, un paciente calculador, un frio asesino. Podemos apreciar cómo piensa y planea metódicamente su nueva acción, como un artista previo a una obra. Hacia el final el relato se torna más crudo, sin perder la elegancia en la escrita.

En “Gacela”, un tipo recordará a su primer amor en la juventud. Todo lo que se puede llegar a sentir por una joven, y cuando se está, supuestamente, consolidando una madura relación, ambos caen en cuenta de que todo se acabó. Aquí la técnica narrativa es otra: el personaje principal rememora, y va liberándose de sus recuerdos que parecieran incomodarlo, conversando con su auditor –el lector-, a manera de confesión. Como en los anteriores relatos en éste el humor está muy presente.



Si con los dos últimos relatos ya Fonseca se hizo un lugar en la larga lista de escritores por leer, con “Naturaleza podrida o Franz Potocki y el mundo” esa sublime sensación al fin de la lectura aumenta. Un introvertido pintor, especialista en expresar la podredumbre en la naturaleza queda atónito al ver la repercusión que sus cuadros genera. Cada vez más sus obras llegan a precios absurdos, considerándose hasta vergonzoso no tener un Potocki en casa, los niños adoraban sus obras, al igual que sus profesores; él no se explica el por qué, llegando a ser muy infeliz. Nadie entiende cómo él teniendo todo en la vida podía sentirse así. Para su tranquilidad, en un inesperado día, de un momento a otro todo cambiará. Fonseca parece burlarse de aquellas personas que gastan millones en obras que, en el fondo, no gustan, pero necesitan tener para mostrar en su círculo de amistades y conocidos.

El agente”, relato crítico, el más breve de este conjunto. Un agente inmobiliario entra a la oficina de un edificio para encuestar al encargado, pero éste, desinteresado por las preguntas, cortantes y directas, le confesará que en breve se suicidará. En un mundo de todos contra todos y en que nadie está interesado en escuchar a nadie, una confesión de esas incomoda al auditor; hacen perder tiempo.

Tanto “Curriculum vitae” como el cuento que intitula el libro, “Los prisioneros”, no los encuentro tan logrados como el resto. En el primero un músico aficionado, desempleado, no consigue entrar en una orquesta cubana por no poder adecuarse al mambo y al cha cha cha, pues él sólo acompañaba con su bongó músicas de Bach. En el segundo Fonseca retoma la narración teatral, presentándonos a un hombre ante su psicoanalista. La incomodidad de la profesional al verse acorralada por las preguntas del paciente, y el trato que éste recibe al entrar en colapso son interesantes. Si el paciente no tiene quién reclame por él será una estadística más. Son divertidos, pero en comparación a los relatos anteriores éstos pasan desapercibidos.

El enemigo” es el relato más extenso del grupo, y también es otra pequeña obra maestra. Dividido en tres tiempos, un tipo tiene –o al menos cree tener- sólidos recuerdos de los personajes que rodearon su infancia, pero al buscar a aquellas personas en su presente comprobará que nada de lo que él creía haber vivido sucedió, nadie fue cómo él los recuerda. Un relato que raya en la paranoia.

Un conjunto de relatos que nos presenta a un joven Rubem Fonseca, que desde esta publicación hace 48 años fue comenzando a hacerse de una legión de admiradores atentos a lo que él vaya a publicar, y que transbordan las fronteras de su enorme país. Me uno a ellos.