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lunes, 14 de julio de 2014

Grandes simios, Will Self




Título original : Great apes

Año de publicación : 1997

Título en portugués : Grandes símios

Año de esta publicación : 2006

Editora : Alfaguara

Traducción : José Rubens Siqueira
 


Instantes antes de abrir este libro de Will Self, viendo sólo la portada, intentaba imaginar cuán lejos llegaría con sus alucinaciones en esta historia, más aun viendo la cantidad de páginas de esta obra (406, nada menos) y tras la lectura, a la que voy cayendo y envolviéndome a cada capítulo de una manera cada vez más frenética se reafirma en mí en que por lo menos un libro de él tengo que leer por año. Porque ofrece historias totalmente diferentes de cualquier otro escritor; porque llega a inventarse su propio vocabulario que al poco tiempo lo adopto como si ya conociera de antemano esos términos; porque hace ver aquella realidad tosca y hostil tan cotidiana y normal, y sólo al cerrar el libro en algún capítulo caigo en la real de esta enorme diatriba: basta sentarse frente al noticiero de cualquier noche para reparar un entorno tan o más animalesco que el que aquí este escritor inglés me presenta; el mundo al revés.

Simon Dykes es un reputado artista plástico quien en una noche llena de alcohol, cocaína y éxtasis, luego de salir del club con sus amigos y enamorada, y tras una noche de amor con ella, despierta convertido en mono, y para su sorpresa él no es el único, su amante también es una bella macaca, el mundo todo por su ventana y también por la televisión están poblados y dominados por monos quienes son el ser supremo, la raza dominante, y el hombre, esa simpática criatura proveniente de África está relegado a eso, a ser vistos con gracia a través de algún documental o del vidrio o jaula de algún zoológico de la ciudad: por favor, está prohibido alimentarlos. Esta singular paranoia, la de creerse un humano y aparente pérdida de su “chimpunidad” despierta la curiosidad científica del Dr. Busner, renombrado psiquiatra londinense, quien desde que se entera del caso lo toma con pinzas y define un tratamiento especial para que este buen tipo –ah…, los artistas- recupere su conciencia y su identidad, la de ser un simio, y no cualquier simio, sino uno importante en esta gran sociedad, uhuhu… ahahah…

Los toqueteos entre uno o varios congéneres, personajes en la trama son normales –si hasta se da en el hombre, lo que refuerza aquella teoría de provenir de ellos- así, la Dra. Jane Bowen hace lo mismo con Sarah, la guapa novia de Simon, mientras la entrevista para conocer más detalles –rozando su mano con el sexo de su entrevistada mientras conversan- del excéntrico paciente, y es que Simon lo es: en un ala psiquiátrica donde hay desde quienes se creen gallinas, emperadores y hasta alienígenas, el nuevo paciente, a pesar de sus chillidos y ululos de proporciones estentóreas intercaladas en su voz está convencido de ser un hombre; vaya orate. 


El sexo está presente sin hipocresías, generalmente cumpliendo una función anti estrés, también para crear un vínculo afectivo, generar confianza ante un pedido, una conversación, o para reforzar una, pero es verdad que aquel comportamiento es altamente lascivo, libidinoso, es tan común que antes de la mitad del libro ya me acostumbro a encontrar tan normal esos toqueteos entre desconocidos que hasta hubo días en que temía hacer algo similar con alguna colega en el gym. 





Will Self consigue ser más equilibrado en su alucinada trama, no pierde el rumbo como en “Mi idea de la diversión”, consiguiendo atraer al lector, capturar su atención rápidamente como en “Cock & Bull”, aunque tras esta lectura reconozca que aquel primer libro es menos elaborado que el de la presente reseña. Aquí también envuelve desde las primeras páginas pero en ningún momento te deja de sorprender, sosteniendo la intriga y la curiosidad por poco más de 400 páginas que fluyen ávidamente. Tiene un fondo muy cotidiano: conforme avanza la historia uno piensa en cómo no necesitamos ser monos para adoptar comportamientos muchas veces tan inadecuados a las de un ser pensante: exagerar con alcohol; uso de drogas como si fuese el pan de cada día; asesinatos que de tanto ocurrir llegan a ser hechos banales; la cotidianeidad de la promiscuidad. De lejos deja claro que no quiere sermonear, tan solo reírse de la raza humana, de uno mismo.

Lecturas como ésta -donde a cada capítulo encuentro escenas sorprendentes llenas de un humor ácido y muy negro- reafirman el gusto por la literatura. Ojalá y encuentre más traducciones de sus obras, que veo son varias. Gracias Will, lo hiciste de nuevo.


The lazy song – Bruno Mars 



No conocía a Bruno Mars hasta que cantó en el último Super Bowl a inicio de este año así que buscando entre sus vídeos apareció éste con el que nuestra niña enganchó. Le encanta ver este vídeo, y encalza justo a mi salida de este universo simiesco disfrutado en el libro de Self. Es rico verla reír viendo a los monitos bailando aunque lo hagan en honor a la ociosidad. El vídeo parece grabado en una sola toma lo que lo torna atractivo. All you need is pop, como cantaba Calamaro.

martes, 24 de abril de 2012

Mi idea de la diversión, Will Self




 
Mi idea of fun, 1993 
Minha idéia da diversão, Geração Editorial, 2002
Traducción : Eliana Sabino 


Confieso que tras la lectura de Cock & Bull guardaba cierta expectativa por iniciar otra obra de Will Self, y aunque tenía ya en mi poder “Grandes simios” quería primero encontrar la obra de la presente entrada, pues ya la había visto por ahí, para así ir conociendo al autor en orden cronológico, dentro de lo que se puede, de lo que de él haya traducido. 

En “Mi idea de la diversión”  Self nos presenta a Ian Wharton, joven y hábil ejecutivo marketero que desde muy chico irá aprendiendo a desarrollar su memoria eidética con la ayuda del Sr. Broadhurst o Samuel Northcliffe como se hará llamar después –Ian lo llama “El Controlador Gordo”-, así, el bueno de Ian se mueve en dos mundos paralelos, el real y el de la fantasía, llamado éste último de “Tierra de las anécdotas infantiles” al que es inducido por el psiquiatra Hieronymus Gyggle o simplemente Dr. Giggle -nombre que me hace recordar a una película gore de inicio de los 90’s-. Mientras Ian se cree un tipo normal, con un gran empleo, y con su linda esposa Jane Carter, son aquellas sesiones las que le harán recordar todo lo animal que fue, y es: autor de actos que supera todo límite, como decepar a un  mendigo para luego violarlo –no sé si ese término sea correcto- por el orificio del cuello, hecho que es detallado al mínimo, y esa situación llega a ser “suave” comparada con lo que le espera a su mujer embarazada de ocho meses al final de la historia. 

La novela está dividida en dos partes, la primera está escrita en primera persona y llamada tal cual “Primera Persona” donde Ian es nuestro narrador. Ya a la mitad de la trama, llamada de “Tercera Persona” es un narrador omnisciente el que se encarga de guiarnos. Esta segunda parte es más densa y pesada pues los “viajes” a los que que Ian es inducido se presta para todo: “Alicia en el país de las maravillas” se queda corto ante tanta fantasía, aunque francamente aquí por muchos momentos aburre. 

Hay referencia a “Confesiones de un comedor de opio” de Thomas de Quincey, que pareciera ser el libro de cabecera del autor; se nota que Self admira esa obra, ¿y quién no? Si has visto “Fear and loathing in Las Vegas” y te gustó, puedes llegar a disfrutar tanto dislate aquí reunido, aunque es verdad que hay varios momentos en que dan ganas de tirar el libro a un lado. El personaje del Controlador Gordo, en quien Ian se refleja ante la total ausencia de su padre, es misterioso y muy atractivo: es elegante, culto, sereno, mordaz, decidido, pareciera que inmortal, y un grandísimo hijo de puta, todo lo que Ian no es en su presente, o sea, pareciera ser el Tyler Durden –el personaje de Brad Pitt en “Fight Club”- de Ian pero en grotesco, aunque esta posibilidad del alter ego queda en el aire, como muchas cosas en la historia. El narrador de la segunda parte del libro parece ser el mismo Ian recordando desde un futuro y narrándolo en tercera persona. Puede ser. En Perú ya tuvimos un presidente –el presidente Alejandro Toledo- al que le encantaba hablar en tercera persona, incluyéndose, como un personaje más en su parlamento, así que esa posibilidad no la descarto. 
Es un hecho que esta novela es algo totalmente diferente a lo que suele editarse, aunque reconozco también lo largo que se te hace terminarla. Pensaba: o lo amas o lo odias, aunque yo me ubico al medio, no rechazaría otra obra de este autor, aunque sea más fácil el hacerlo después de soplarte la segunda mitad de este libro. Yo le encuentro en esa forma irreverente de escribir una fortaleza, un diferencial que no hay así no más por ahí. En este caso en particular sus divagues se extienden y a veces mucho, pero cuando por momentos empieza a tornarse soporífero –y pareciera que fuese adrede, que el autor te quiere llevar a ese estado, para luego ¡Paf!, regresarte a la trama- hay un giro repentino que te devuelve a la acción, pero está más lograda en la primera parte que en la segunda. Es como la vida real, no a todo momento estás feliz o triste, aquí lo personajes entran a esos momentos de inercia para luego llegar a un límite, en esta novela muchas veces desbordarlo.  




Muchas cosas quedan en el aire, no sabes si Ian en realidad es un psicópata; si El Controlador Gordo existe; y si existe, si es inmortal; si el mundo real no lo es, siendo tan solo un sueño de ser “normal”, etc. Y eso es lo bacán de esta obra –salvo hacia el final- que te deja las posibilidades abiertas a nuestra interpretación. 

No creo que sea el libro más indicado para iniciar con este autor, pero, si enganchas con alguna otra obra de él –en mi caso fue “Cock & Bull”-, esta se hace más digerible. Valoro su sinceridad para escribir, más que una sacudida quiere aturdir, y lo consigue, pero como ya mencioné, se extiende en demasía hacia la segunda mitad del libro perdiendo el ritmo inicial. Igual no deja de ser una interesante historia de un aún más interesante escritor.   

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Cock & Bull, Will Self



Cock & Bull: Twin novellas; Cock & Bull: Histórias de phadas e phodas; Cock & Bull: historias gemelas; Will Self, 1992; Geração Editorial 1994.

Si inicialmente piensas que “Cock” se refiere a algún “gallo” estás totalmente equivocado. En esta primera historia encontramos a Carol, una inglesa que se ve sorprendida al ver cómo le va naciendo un pene cerca de la vagina. Lo mejor es que lejos por preocuparse, va asimilando su nueva condición hermafrodita, disfrutando su nuevo órgano sexual, explorándolo, masturbándose (con ambas manos ocupadas, una en cada órgano), y, en una de las partes más hilarantes de este primera nouvelle, llega al punto de auto-penetrarse: es cogida y cogedora, pasiva y activa, al mismo tiempo. Sin embargo, ese no es el punto central de esta obra. Carol, después de aventurarse en el lesbianismo asiste a una fiesta donde conoce a Dan, futuro alcohólico, quien tuvo la fortuna de ser el primero en hacer que Carol se viniera, siendo este orgasmo el motivo para fijarse en él al punto de casarse. La relación llega al hastío y a la indiferencia rápidamente, hasta que la providencia, el destino, o vaya a saber qué, hiciera nacer en ella ese falo, arma de su futura venganza.

Dan dedica más tiempo a sus amigos, sobre todo a Dave 2, con quien asiste a Alcohólicos Anónimos. Carol utilizará toda su sensualidad femenina para hacer quebrar la resistencia de Dan al alcohol: aquel logro que con mucho esfuerzo él conseguía día a día se fue al tacho en pocos minutos, y, una vez ebrio, aflorará en ella una actitud totalmente desconocida en ella, penetrándolo como nunca él la penetró, destruyendo su esfínter, y corriéndose, a modo de venganza, por la vida miserable que junto a él tiene. Momentos después Dave 2 tocará el timbre, buscando a su amigo para ir a sus reuniones: a él también le dará guerra, y de qué manera.

En la segunda historia, John Bull, un joven atlético y musculoso, jugador amateur de rugby, y periodista deportivo, despertará una mañana encontrando una virginal vagina atrás de su rodilla en la pierna izquierda. Este nuevo órgano sexual ocupa parte de su músculo gastrocnemio -entiéndase gemelos-; él creerá inicialmente tener una herida o quemadura, yendo al hospital, donde será atendido por Alan Margoulies, un pervertido médico quien se obsesionará con este joven, e intentará ser él quien desflore la virginidad del nuevo sexo de Bull.

Aquí, a diferencia de la primera historia, el personaje central demora –aunque no mucho, ciertamente- en aceptar su hermafroditismo. No tiene resistencia alguna por la nueva experiencia homosexual.

La manera de narrar es muy directa, por trechos Self se dirige al lector, con una fuerte carga de sorna e ironía. No se preocupa (ni necesita) en cuidarse al momento de detallar al mínimo los actos, totalmente extravagantes, y aún así hay muchos momentos geniales: por más estrafalario que sea lo que nos describe no llega a ser vulgar.

En “Cock” hay también otra voz además del primer narrador, que no es de ningún personaje: como si algún dios, o algo superior se manifestase intercalando al narrador. Esta voz me hace recordar a aquel coro griego que aparece en “Mighty Aphrodite” (“Poderosa Afrodita”) de Woody Allen; aquí esta voz surge también, anunciando y guiando lo sucedido.

Ambas historias son totalmente bizarras, hilarantes por muchos momentos, salvo aquellos en que el autor se enfrasca en detallar alguna historia en la que el personaje principal se ve envuelto: sobre el señor Wiggins y su esposa sub-Carol, en el capítulo siete de “Cock”, por ejemplo. “Bull” la encuentro mejor lograda, pues las relaciones de los principales personajes (John Bull y el Dr, Alan Margoulies) ramificadas en cortas historias son igual de cómicas que la relación entre ellos. Así, encontramos la relación con Naomi, la esposa del Dr. Margoulies; los compañeros del equipo de rugby de Bull; el breve pero muy jocoso relacionamiento con la travesti Ramona; las aventuras del Dr. Margoulies junto al pervertido Dr. Krishna Naipaul. El resultado final es muy divertido.



Will Self (1961) es un periodista y escritor inglés, formado en filosofía en Oxford. Fue historietista en New Statesman. Su primer libro de cuentos “The quantity, Theory of insanity” de 1991, se llevó el Premio Geoffrey Faber Memorial del mismo año. Self llegó a la Bienal do Livro de São Paulo en 1994, donde pasó casi desapercibido, aunque ya habían dos libros de él editados en portugués: el del presente post y “My idea of fun” (“Minha idéia de diversão”), ambos editados por “Geração Editorial”. Luego vendría la publicación de “Great apes” (“Grandes símios”), “How the dead live” (“Como vivem os mortos”), “The book of Dave” (“O livro de Dave”) y la última “The butt” (“A guimba”), estas cuatro últimas editadas por Alfaguara Brasil, haciéndolo regresar a este país en el 2007, en aquella ocasión a la FLIP (“Festa Literária Internacional de Paraty” ) en Rio de Janeiro.

Self, consumidor de drogas duras desde los doce años, tuvo mucho destaque en la prensa amarilla británica cuando era reportero del “Observer”, por ser pillado consumiendo heroína en el baño del avión del Primer Ministro John Major en 1997.

Nunca había escuchado hablar de este autor, y, buscando libros de él por internet, en nuestro idioma, solamente encontré “Grandes simios”, editado por Anagrama. Me imagino que debe haber –como lo hay en portugués- traducciones de otros libros suyos, y por haber hecho una búsqueda ligera no los encontré. Sería una lástima, que no haya otras obras de Will Self traducidas y editadas en español.