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lunes, 26 de noviembre de 2018

The Walking Dead Bloody Red Blend 2016




The Last Wine Company

The Walking Dead Bloody Red Blend 2016

13,5% Grad. Alc.

Sonoma, California, Estados Unidos.



Realmente fue una sorpresa depararse con esta botella con el nombre de la famosa serie (y venida a menos, dicho sea de paso) The Walking Dead. Ciertamente, no esperábamos mucho del vino, pero aun así nos hicimos con la botellita en ciernes. Al final, el tinto no defraudó, y además, trajo una sorpresita en la etiqueta.


De un rubí, obscuro, bordes violáceos, denota mediana corpulencia. Forma lágrimas pequeñas, persistentes.

Aroma de frutos rojos como de compota, ciruelas, cerezas, frambuesas. Hay un leve toque de madera, leve sensación a cuero también. Aroma de mediana persistencia.

En boca los frutos rojos se perciben notoriamente, aunque no llegan a ser una explosión. Ligeramente cálido de inicio, se amansa con un tiempo en copa. La madera, el cuero, pimienta son sensaciones leves, llega a ser equilibrado. Taninos sedosos, hay un toque dulzón ahí. De final mediano, con un rico especiado en el retrogusto.



Adquirido en Food Lion de Chesapeake a U$ 15,90, tiene una buena rpc.

Acompañó unos ravioles en salsa blanca con carne y ensalada.

Pide comida. Ahí va bien. Ya en la previa, solo, no se disfruta. La verdad es que nos sorprendió. Sin llegar a ser un vino de aquellos memorables en sí por el caldo, no está mal para el diario, más a ese precio. Buena acidez, afrutado, un poquito dulzón para mi gusto, ya para Cris ni tanto.

De hecho, está mejor que la serie, últimamente. Trae una sorpresita en la etiqueta: entras a la página web de ¨Living Wine Labels¨, bajas el aplicativo en tu celular, enfocas con éste directo a la etiqueta, y aparecerá un corto animado en b/n con la voz del actor principal Andrew Lincoln en su personaje del sheriff Rick Grames matando un zombie cerca a unos anaqueles destruidos de vino. Un artilugio interesante para atraer potenciales compradores, y el tinto, lo más importante, tal vez genere una recompra, no en nosotros, pero sí iremos por el varietal de cabernet sauvignon. 
No defrauda.
     

viernes, 2 de marzo de 2018

Crossfork Creek Cabernet Sauvignon 2013




Sheridan Vineyard Inc.

Crossfork Creek Cabernet Sauvignon 2013

14% Grad. Alc.

Yakima Valley, Washington, Estados Unidos.



Ya habíamos probado un blend de esta bodega, aunque de eso ya cuatro años, pero los buenos recuerdos se mantienen. Hoy descorchamos éste varietal de cabernet sauvignon washingtoniano, un excelente motivo para salir de la rutina de los californianos en cuanto a vinos estadounidenses se refiere.



De un púrpura intenso, profundo, negro hacia el centro, violeta en los bordes, denota una mediana corpulencia, forma lágrimas medianas intensas.

Aroma a frutos negros intensos, un leve toque de tabaco, algo especiado. Aroma de mediana intensidad.

Lo afrutado en boca es intenso también, ahí están las moras, hay casis, al igual que el toque de tabaco, pero lo que realmente envuelve es la fruta madura. De taninos redondos, y con un leve especiado. De final largo, retrogusto ligeramente mentolado.



Adquirido en Steamworks Liquor Store del Downtown en Vancouver a CA$ 37 Justin’s, tiene una buena rpc.

Acompañó unos pimientos (por aquí no hay rocoto) rellenos con carne, arroz y ensalada.

De una elegancia y equilibrio única. Un tinto goloso, se disfruta a cada sorbo esa rica sensación de fruta madura. Los leves toques a tabaco y especiado son tan solo un marco. Este tinto de Washington lo disfrutamos de principio a fin.

sábado, 9 de septiembre de 2017

William Hill Chardonnay 2014




William Hill Estate Winery

William Hill Chardonnay 2014

13,8% Grad. Alc.

Healdsburg, Sonoma, California, Estados Unidos.



Un blanco californiano despunta como opción en esta tarde calurosa. Tal vez por estar tan cerca de la frontera con Estados Unidos las variedades y opciones de vinos del vecino sureño parecen inagotables. A ciegas, escogimos este chardo’ para acompañarnos a la mesa.



Es de una linda tonalidad dorada, denota mediana corpulencia, forma lágrimas medianas, de mediana persistencia.

Aroma afrutado, piña, sensación intensa, hay un toque a mantequilla, lácteo. Aroma de mediana intensidad.

Sabor afrutado, la sensación a piña se refrenda, al igual que la mediana corpulencia. Llega a ser algo goloso, llena la boca. De una marcada acidez. Amantequillado, de final largo, con retrogusto almendrado.



Adquirido en BC Liquor Store de Burnaby, a 20 Justin’s, tiene una gran rpc.

Acompañó un strogonoff de pollo.

Es reconfortante cuando escoges a ciegas sin saber nada, absolutamente nada de la etiqueta que tienes al frente. Ayuda que por aquí el factor precio generalmente tiende a no llevarte al erro, salvo una u otra experiencia diferente que no es para nosotros, pero últimamente y, ante tantas opciones –que parecen infinitas- a veces no te queda otra. Con esto del vino –así como con otras muchas cosas en la vida- hay que aventurarse, más si estás en un país donde el precio es terrenal.

Un blanco sabroso, algo -inclusive- oleoso, daban ganas de masticarlo. Cremosito y muy fresco. Nunca habíamos escuchado acerca de los vinos de William Hill Estate Winery, y ahora estaremos atentos por si nos cruzamos con otra botella de ellos. Una excelente experiencia, todavía más a ese precio.

miércoles, 9 de agosto de 2017

Apothic Inferno 2014





Apothic Wines

Apothic Inferno 2014

16 % Grad. Alc.

California, Estados Unidos.




Debo admitir que la etiqueta de éste Apothic Inferno es, a primera vista, atractiva. Sólo a primera vista. Luego te detienes a los detalles: un blend que descansa por sesenta días en barricas que fueron utilizadas en whiskey (sólo por curiosidad: ¿Cuál whiskey? ¿Por cuánto tiempo fue utilizada en whiskey? No indican. No importa. Ya esperamos un desmadre.), y ahí ya frunzo el ceño. De una graduación alcohólica alta (16, nada menos), dejando fuera los oporto, madeira, ice wine, no recordamos otro vino con una graduación así, y no es ni de guarda, sino para beberse joven.

Mercadeo. ¿Será que hicieron un estudio para saber si hay mercado para un vino así? ¿O simplemente se animaron con la idea y a lo que salga? Bueno pues, veamos qué salió.



De un granate obscuro, bordes ligeramente ambarinos, denota leve corpulencia, forma lágrimas medianas, intensas.

Aroma a frutas negras, una fuerte sensación a especiado eclipsa lo afrutado: pimienta, anís. Aroma intenso y duradero.

Frutas negras, nuevamente sensación eclipsada por la especiada, pimienta, canela, anís, pero muy, muy fuerte. Las sensaciones a madera y vainilla también son fuertes, más la primera. De una leve corpulencia, de final largo, con retrogusto a ají rojo seco en hojuelas: quema, arde.



Adquirido en BC Liquor Store de Burnaby a 13 Justin’s, tiene una pésima rpc.

Este pequeño Frankenstein es eso, una prueba, que gustará a unos y a otros no; nosotros nos ubicamos en el segundo grupo. Si quisiéramos experimentar las sensaciones de un whiskey pues compraríamos uno. Si adquirimos un vino tinto pues queremos lo que éste nos pueda ofrecer (que ya es mucho, sensaciones casi infinitas).

No hubo sensación de disfrute en momento alguno. De inicio quema. Lo dejamos descansar una media hora, que respire, pero bueno, nada que aminore considerablemente sus exageradas características. Todo lo que el roble aporta al vino aquí es multiplicado a la n, eclipsando las características que las uvas (es un blend, no sabemos de cuáles cepas) tienen.

Beberlo solo es un martirio. Con queso, un desperdicio. Ni con comida mejoró, por el contrario, nos malograba el sabor de la comida.

Un cuarto de la botella fue, con mucha dificultad, por nuestro gaznate. El resto del contenido directamente al lavadero de la cocina, puesto que ni para utilizarlo como ingrediente nos atrevemos. Hacía mucho que no teníamos una experiencia tan desagradable con un vino. Si tienen la oportunidad pruébenlo, debe ser único.

sábado, 15 de julio de 2017

Conundrum 25 Anniversary 2013





Conundrum Wines Rutherford

Conundrum 25 Anniversary 2013

14,2% Grad. Alc.

California, Estados Unidos.




Un vino que –hasta el momento de recibirlo- no habíamos reparado de su existencia. Un californiano que indica ser un blend aunque sea un misterio con cuáles castas fue trabajado. Tras el descorche, lo que dejó de ser un misterio, es que estábamos ante un tinto de aquéllos.



De un rubí denso, con tonalidades violáceas, denota mediana corpulencia, forma lágrimas medianas, persistentes.

Explosión de frutas rojas, ciruelas, cerezas, un leve toque dulzón, hay también un rico especiado. Aroma persistente.

En boca, las ciruelas, cerezas, frambuesas, a mirtilo; lo afrutado destaca, pero no eclipsa. Un toque a pimienta, de corpulencia mediana, de taninos sedosos, equilibrado. De final largo, con retrogusto a chocolate.



Esta botella fue un presente, pero lo hemos visto en los anaqueles de la Columbia Británica a 29 Justin’s. Aunque algo elevado, ante lo que ofrece, tiene una buena rpc.

Acompañó una carne asada, con espárragos salteados en mantequilla, y verduras.



Sorprendió. Es envolvente desde que acercas la nariz a la copa. En boca nos cautivó de principio a fin. Aunque coqueto, no deja de ser elegante. Es goloso, y por momentos hasta suntuoso. Ya hemos visto que hay un blanco también. Éste tinto fue, sin lugar a dudas, una gran experiencia.
 





Zamba para mis amigos - Hernan Figueroa Reyes

Un disco de los pocos que guardo de mi viejita. El cuarto tema del lado A del disco "Recuerdo al cantor..." (1973) del salteño Hernan Figueroa Reyes (prensaje uruguaya) es el tema que adjuntamos. Con Cris jugamos a imaginar qué haría mi vieja cuando escuchaba sus discos, qué comía, qué bebía, con quienes..., yo, poco recuerdo. Hoy, treinta y cinco años después, su nieta los escucha. 

domingo, 9 de julio de 2017

Trump Blanc De Blanc 2010




Trump Winery

Trump Blanc De Blanc 2010

100% Chardonnay

12,5% Grad. Alc.

Monticello, Charlottesville, Virginia, Estados Unidos. 



Caminando por el estante de “vinos locales” (entiéndase, del propio estado) me topo con la enorme sorpresa de depararme con algunas botellas con la marca Trump grandota en la etiqueta frontal, en la enorme tienda de vinos aquí en Virginia. Compré dos pensando llevarlas de presente a unos amigos en British Columbia, pero ya con Cris en el hotel conversábamos, ¿y si no son buenos? La duda saltó pues nunca antes los habíamos visto en otro lugar, ni leído sobre ellos cuando nos deparamos con información sobre vinos de famosos. Así que, ante la duda, abrimos una botella; vaya sorpresa.

Está elaborado bajo el método champenoise (100% chardonnay). Otro detalle: trae el año de la cosecha.



De un amarillo paja, con burbujas abundantes pero poco persistentes.

Aromas afrutados: manzana, pera, lichi. Aroma persistente.

En boca lo afrutado se refrenda: la sensación a manzanas, a peras, a lichi, sensaciones muy marcadas. Es crocante, de muy buena acidez, de final largo, leve retrogusto a nueces.



Adquirido en Total Wine & More de Chesapeake, Virginia, a 32,60 Trump’s, tiene una buena rpc.

Trasegamos la botella sola, conversando, sin nada para acompañar, en el cuarto del hotel, y la sensación fue que se acabó rápido. Ésa, creemos, es una buena sensación.

Ante todo, hay que separar las opiniones y conceptos políticos antes de comentar sobre el producto. Nosotros, nos basamos en el vino, en lo que encontramos al interior de esta botella. 
El espumoso sorprendió. Está más que aceptable. Muy fresco, se bebe fácil, y con esa rica sensación en boca, equilibrado y compacto. Tiene una personalidad rebelde, no te deja indiferente. Sorprendió gratamente. Lo único que le podríamos achacar es el precio, ya que las otras variedades de vino Trump en el estante (un rosado y un chardonnay, que tras este disfrute ya pronto esperamos probar) estaban más baratas. Ahora tendremos que comprar otra botella para reponer el presente. 




Hope - Jack Johnson 

Del cuarto disco del hawaiano "Sleep Through the Static" (2008), dejamos éste tema. Hasta en los viajes Cris lo lleva consigo. Ya hasta me está empezando a gustar. 


jueves, 6 de julio de 2017

La Crema Chardonnay 2013





La Crema Winery

La Crema Chardonnay 2013

13,5% Grad. Alc.

Sonoma Coast, Sonoma County, Estados Unidos.




Una marca estadounidense con mucha presencia en British Columbia es La Crema, tanto en blancos como en tintos. El primero a ser degustado es éste chardonnay.



De un brillante y llamativo color amarillo, denota mediana corpulencia, forma lágrimas medianas y persistentes.

Aromas cítricos, limón, lima, hay un toque de vainilla. Aroma persistente.

En boca lo cítrico es leve, sensación a cáscara de limón rallada, a melón, a lichi, de mediana corpulencia, un toque a mantequilla. De final largo, con retrogusto mineral.



Adquirido en BC Liquor Store de Burnaby, a 26 Justin’s, aunque de precio algo elevado, consideramos que tiene una buena rpc.

Acompañó perfectamente unas tilapias asadas con camarones salteados en salsa blanca con arroz y pedacitos de mango con pico de gallo.

Es un blanco muy bien trabajado, jugoso, persistente, notorio en todas las fases. Una gran experiencia para ambos a ese rango de precio. 




Everything Zen - Bush

Del extraordinario disco duplo "Sixteen Stone" (1994) de los británicos Bush, extraemos este tema, de la reedición de aniversario en vinilo transparente. Todo el álbum, de principio a fin, no tiene pierde.  

Sofia Rosé 2014




Francis Ford Coppola Winery

Sofia Rosé 2014

Syrah – Pinot Noir

12,5% Grad. Alc.

Monterey Vineyards, Monterey County, California, Estados Unidos.



Ayer fue el cumple’ de nuestra hija y Cris se topó con éste rosado con su nombre. Ipso facto se hizo con ésta botella. Yo ya había leído con antelación sobre éste rosé en homenaje a la directora de cine Sofia Coppola, hija del director y dueño de la bodega Francis Ford Coppola, pero hasta ahora no nos habíamos deparado con una botella.

El resultado final fue muy diferente para ambos.



De un rojo intenso, forma lágrimas pequeñas, de poca intensidad, denota una leve corpulencia.

Olor a frutas rojas, cerezas, un toque dulzón, y una leve sensación a mantequilla.

En boca el desmadre, para ambos: las frutas rojas de inicio, fresas, frambuesas, cerezas, el dulzón se confirma muy leve, al igual que la leve sensación a mantequilla. De final mediano, con retrogusto almendrado, especiado, como a leve clavo de olor, ya para Cris leve a mantequilla.



Adquirido en Harris Teeter en Chesapeake, Virginia, a 18 Trump’s, para mi tiene una buena rpc, ya para Cris una mala rpc.

Mientras a mí me pareció un rosado interesante, Cris lo encontró desagradable; mientras yo me sorprendo con lo que ofrece a tres años de su lanzamiento, a ella le resulta indigno de llevar el nombre de la directora –y de nuestra hija-; mientras lo disfruto a cada sorbo, ella me mira con desagrado, pues no hay otro vino para ella, no repite, le costó acabar su primera y única copa.

No siempre coincidimos, felizmente. 



One Headlight - The Wallflowers

Hoy escuchamos algunas de los años 90's, y rememoramos qué hacíamos, cada quien por su lado, cuando aún cada uno no sabíamos de la existencia del otro. Y ahora, veinte y un años después del lanzamiento de éste, el segundo álbum de The Wallflowers, "Bringing Down the Horse" (1996), aquel que trae el escudo patrio peruano en la portada, motivo por el cual se cree que el título se debe al héroe Alfonso Ugarte -nada confirmado-, lo escuchamos con el mismo disfrute de aquel tiempo.     

Hey, come on try a little
nothing is forever
there's got to be something better than
in the middle
but me & Cinderella
we put it all together
we can drive it home
with one headlight

sábado, 10 de junio de 2017

Apothic White 2014




Apothic Wines

Apothic White 2014

Chardonnay – Riesling - Pinot Grigio

12% Grad. Alc.

California, Estados Unidos.



Luego de las buenas experiencias con sus versiones Dark, Crush (ésta sólo para Cris, a mí no me encandiló), y sobretodo Red, hoy abrimos la versión blanca, con un resultado totalmente diferente a las anteriores y en el que ambos coincidimos: no está a la altura de sus hermanos tintos.



De un leve color amarillo con tonalidades verdes, forma lágrimas pequeñas de poca intensidad, denota poca corpulencia.

Aroma afrutado: peras muy notorio, aunque no es um aroma persistente.

Lo afrutado se refrenda, las peras, es fresco, la leve corpulencia también, hay un muy leve dulzor, y, a la vez, un punto de amargor luego de una leve mezcla de sequedad y astringencia. De final corto, con alguna leve sensación a miel en el retrogusto.



Adquirido en BC Liquor Store de Burnaby a CA$15, tiene una mala rpc. Bebiéndolo solo demoramos en secar la copas, ya con los trozos de salmón (aquí en Canadá hay salmón por todos lados) del sashimi de Cris mejora la cosa pero lejos de un disfrute con este blanco estadounidense. No llega a ser caro, pero, aun sabiendo que es un vino de base creemos que ofrece muy poco.

El Red nos encantó a ambos; el Dark no fue todo eso aunque no estaba nada mal; el Crush a ella le agradó, a mí para nada; hoy éste White nos deja con una mueca de disgusto por estar en British Columbia y beber un vino tan soso, tan poquita cosa. 

sábado, 15 de abril de 2017

Blindfold 2013




The Prisoner Wine Company

Blindfold 2013

Chardonnay – Viognier – Roussanne – Marsanne - Grenache Blanc - Chenin Blanc - Semillon.

14,2% Grad. Alc.

Napa Valley: Stagecoach, Rodgers, Somerston vineyards.

Sonoma / Carneros : San Giacomo, La Prenda, Kunde vineyards.

Santa Barbara : Camp 4, Vogelzang vineyards.

California, Estados Unidos.




Ya habíamos probado hace algún tiempo el tinto de la casa The Prisoner Wine Company, intitulado The Prisoner, el cual nos maravilló, y hace algunos días nos deparamos con ésta versión blanca, un blend de siete cepas nada menos, del cual esperábamos mucho, y no defraudó ni un poco.

Así como con el tinto, el arte de la etiqueta sorprende: un tío enmarrocado a un madero, con los ojos vendados, resignado a su triste destino. Como siempre, el arte en las etiquetas nos es atractivo más cuando el vino es de buena calidad; es el caso de éste blanco californiano.

Por diez meses 85% descansa en barricas, de las cuales el 25% son nuevas, una mezcla de roble francés y húngaro. El otro 15% pasa por tanques de acero. De botella grande y pesada, con hendidura profunda en la base; sí, ya estábamos salivando.



De un amarillo ligeramente dorado, brilloso. Es denso, corpulento, forma lágrimas grandes, persistentes y duraderas.

Aroma a melocotones, algo cítrico, como de cáscara de naranja, hay un leve toque dulzón, como de miel, y una leve sensación mineral. De aroma duradero y persistente.

En boca los melocotones, la cáscara de naranja, con una sensación a mantequilla, cremoso, corpulento, llena la boca, hay una sensación almendrada. De buena acidez, con final largo, y un retrogusto mineral, también un leve dulzor como de miel.



Adquirido en BC Liquor Store de Vancouver a 42 Justins, de una excelente rpc. Acompañó un pavo relleno asado con arroz y verduras.

Ayer decíamos que si eres de aquellos al que no le gustan los vinos blanco intenta con el Esporão Reserva. Intenta también con este Blindfold. ¡Qué elíxir! Cuántas gamas de aromas y sabor nos brinda este tremendo blend. ¿Quién puede dudar que el enólogo es un artista? Siete uvas ensambladas de tal manera para crear esta obra maestra. Derrocha elegancia, personalidad, aplomo. Un blanco de aquellos. Habrá que ver si ya venden el 2014. 




Candela - Buena Vista Social Club 

La tercera del Lado C, Disco Dos, de los eternos músicos de Buena Vista Social Club. La verdad es que todo el doble álbum no tiene pierde. Uno de esos discos que vencerá la barrera del tiempo, de aquí a mil años más se les seguirá escuchando. 

lunes, 13 de marzo de 2017

The Police Synchronicity Red Blend 2013




Wines That Rock Vineyards

The Police Synchronicity Red Blend 2013

85% Grenache – 15% Syrah

14,5% Grad. Alc.

Mendocino County, Ukiah, California, Estados Unidos.




No tenemos buenos recuerdos de la última y única -creemos- botella de vino de una banda de rock que bebimos, lo que no quita la emoción al descubrir en los anaqueles una etiqueta de un disco y una banda clásica. Ahora es un red blend estadounidense, del grupo The Police, con el nombre de su último disco de 1983.

Con la uva garnacha predominante éste es un corte con syrah que pasó 24 meses en barricas de roble. La empresa Wines That Rock Vineyards encargada de producirlo también se encarga de un tinto de los Rolling Stones, y un blanco con el nombre y logo del famoso Festival de Woodstock.



Es de un granate vivo, inclusive brillante. Es leve, algo transparente, denota poca corpulencia, forma lágrimas medianas y muy persistentes.

De inicio aroma a frutos rojos, fresas, cerezas, tiene un toque dulzón, madera muy leve, algo de vainilla, inclusive algo herbal.

Lo primero son los frutos rojos, como a guindas, fresas, cerezas, es una sensación muy marcada. La corpulencia leve se refrenda. De inicio pareció algo alcohólico, luego de una media hora en copa –y en adelante- mejora, aunque no desaparece del todo aquella sensación. De final mediano, con una sensación afrutada en el retrogusto.



Adquirido en Steamworks Liquor Store en el centro de Vancouver, a 31 Justin’s, tiene buena rpc.

Le viene bien abrirlo con anticipación. Es un tinto fácil de beber, muy afrutado, de un tremendo color granate muy vivo, quizá le falte una acidez algo más marcada pero nada que lo torne desagradable en boca. No es para alocarse, pero estuvo más que bueno, lo disfrutamos, fue una interesante experiencia. A buscar el de los Rolling Stones y el de Woodstock. 





Synchronicity - The Police

Como ya mencionamos, Synchronicity (1983) es el último álbum de la banda, y también el tema que abre el disco. 




domingo, 23 de octubre de 2016

Apothic Crush 2014




Apothic Wines

Apothic Crush 2014

Petit Sirah – Pinot Noir

14,5% Grad. Alc.

California, Estados Unidos.




Tercera variedad que probamos de las cinco que ofrece la bodega Apothic Wines, y hoy no hubo acuerdo. Mientras a Cris le fascinó, a mí simplemente no me agradó. Yo bebí una copa y media, a ella le quedó corta el resto de la botella. Ésta presentación denominada Crush es, según la bodega, una edición limitada (aunque vemos botellas en cantidades industriales por aquí), y ya que las experiencias anteriores con sus dos hermanos fueron óptimas pues el traerla a casa era cuestión de tiempo solamente.



De un intenso color granate, con reflejos púrpuras, denota una corpulencia mediana, forma lágrimas medianas pero muy intensas.

Aroma a frutos rojos, cerezas, frambuesas, también algo de moka, y un toque especiado.

De corpulencia mediana, frutas rojas, goloso, dulzón, una muy ligera sensación de especiado. De final largo, con retrogusto a chocolate.



Adquirido en BC Liquor Store de Burnaby a CA$ 14, tiene una buena (para Cris excelente) rpc. Su propuesta es lo intenso, y, toda esa intensidad para mí desborda, aquel dulzor a mí me empalaga, a ella esto le suena a herejía. No lo disfruto. Ya Cris lo saborea y saborea y hasta le brillan los ojos. Lo elegimos para acompañar nuestra noche de pizza: mitad 4 quesos, mitad pepperoni. No sé si era lo ideal, aunque esto no mermó en lo absoluto para Cris. Ella dice que no se presenta alcohólico, yo le siento un poco. Sabroso, me dice, mientras pienso qué bueno que lo esté disfrutando. Yo no me volvería a hacer con otra botella de esta variedad, ya ella compraría un par más. Lo importante es que estamos juntos. 




Rayando el sol - Maná 

La que dejamos a continuación es la tercera canción de su segundo álbum llamado "Falta Amor" de 1990 de los mexicanos de Maná. Yo recuerdo que es la primera canción de ellos que escuché hace mucho, por los inicios de los años 90's. Ella conoció el grupo a finales de esa misma década y siempre lleva sus temas consigo. Yo ya fui a un concierto de ellos en Lima. Sé que a ella le encantaría ir a uno, y, aunque ya estuvieron por Brasil, nunca fueron por Curitiba. Cuando nos conocimos, en el 2008, ella me hablaba de ellos, yo le decía que tenía sus cd's. Sonaban bastante en el carro cuando manejábamos hasta Florianópolis. No nos podemos quejar nos trae buenos recuerdos. Quién sabe, algún día estaremos en la misma ciudad y podré ir con Cris a un concierto de ellos.  


martes, 18 de octubre de 2016

Joel Gott Zinfandel 2013





Joel Gott Wines

Joel Gott Zinfandel 2013

14,4% Grad. Alc.

St. Helena, Napa County, California, Estados Unidos.




Embelesados por el último tinto descorchado queríamos que el siguiente vino fuese de la misma uva, un varietal de zinfandel estadounidense. Queríamos saber si todo ese entusiasmo creado se repetía, o, al menos, estuviese cerca de aquella sensación de goce. Y vaya que los tintos trabajados con ésta uva continúan haciendo crecer nuestras ganas por conocer más sobre estos vinos.

Joel Gott Wines es una empresa relativamente joven, data de 1996. Poseen terruños, además de California, en Oregon y Washington. No recordamos haber visto sus vinos por allá, en Orlando. Eso no quiere decir mucho puesto que en Estados Unidos nuestra atención recaía en los vinos europeos a precios más accesibles que aquí, inclusive. Ellos comenzaron su empresa justamente con zinfandel, para luego, dos años más tarde continuar abriendo su abanico de variedades con sauvignon blanc. En 2003 sumaron el cabernet sauvignon, y, en la actualidad producen vinos con ocho variedades de uvas. Hoy nosotros fuimos de zinfandel.



De un granate profundo, denso, forma lágrimas grandes y muy persistentes.

Lo afrutado lo percibes sin necesidad de acercarte a la copa, frutas rojas, algo dulzón, como a guindas, aroma persistente y duradero.

En boca lo afrutado se refrenda. Las frutas rojas son una explosión, sin llegar a eclipsar otras sensaciones: algo de chocolate de leche, y ese rico y suave especiado en el final, que por cierto, es largo. La corpulencia es mediana, cuando a la vista parecía algo más denso. Todo con enmarcado en una finura y elegancia que no esperábamos.




Adquirido en BC Liquor Store de Burnaby a CA$ 23,30, tiene una gran rpc. Acompañó bien un yakisoba de cerdo. Es tan diferente de aquella última botella de la misma cepa que nos sorprendió tan gratamente. Ésta derrocha elegancia en las tres etapas. En cuanto aquel fue un joven que se quiere comer el mundo, éste Joel Gott Zinfandel es el cuarentón que va por la vida tranquilo, con algo de experiencia y clase. Es redondo, no empalaga en ningún momento, pues aquel dulzor en nariz no es tan notorio en boca, solo un trazo. Aunque su graduación es alta no se percibe alcohólico. Muy equilibrado, sabroso. 
De encontrar algún otro de ésta misma casa se vendrá con nosotros, y además, los tintos de la uva zinfandel deben de ser una constante en casa. 




Jive at five - Zoot Sims

Del lp "Down Home, The Great Zoot Sims" del año 1960 (el que tenemos es un edición nipona de 1975), el tema que abre el lado Aes el que dejamos ahora. Danny Richmond en batería, George Tucker en bajo, Dave McKenna frente al piano, y Zoot Sims en el saxofón, es el cuarteto para éste gran disco. Buena música, buena comida, buen vino, y mejor compañía. 

martes, 27 de septiembre de 2016

Seven Deadly Zins 2013





Michael David Winery

Seven Deadly Zins 2013

100% Zinfandel

15% Grad. Alc.

California, Estados Unidos.




Éste tinto estadounidense le fue obsequiado hace algunos meses a Cris en su trabajo. Un tinto fácil de encontrar aquí en Canadá y que por lo visto tiene bastante salida pues ya lo hemos visto más de una vez en el cesto o coche de las personas con una o inclusive más de esta botella haciendo la fila para pagar (sí, aquí se hace fila para pagar, pues así de grande es el movimiento en una vinoteca. Ya quisieran ese flujo de clientes en Curitiba. En Lima es algo mayor, pero no tanto como por aquí). Es nuestra primera experiencia con un varietal de zinfandel californiano.



Es de un granate muy intenso, marcado, casi morado, con reflejos azulados inclusive, denota mediana corpulencia, forma lágrimas grandes e intensas.

Frutas negras en nariz, ciruelas, moras, un leve toque de vainilla, café en granos. Se va abriendo conforme pasa el tiempo. De aroma muy intenso y perdurable.

En boca lo afrutado se refrenda, una explosión de todas esas frutas negras que van apareciendo en nariz, también la leve vainilla, así como la mediana corpulencia. De taninos muy sedosos y elegantes. De final medio a más, inclusive, con retrogusto a café y ligeramente especiado.



Como dijimos, fue un regalo, pero ésta experiencia estuvo tan buena que ya hemos pasado por el anaquel con la banderita norteamericana para ver a cuánto es expendido: CA$ 25. Ya luego en Orlando lo vimos por todos lados y creo que no pasaba de US$ 14. En ambos casos cuenta con una excelente rpc. ¡Vaya experiencia! Un tinto muy intenso, y a la vez elegante, que agrada en las tres etapas, desde su particular coloración, su intenso aroma, y la sensación de placer que ofrece en boca. No se percibe en ningún momento alcohólico, a pesar de su alta graduación. ¡Qué californiano tan sabroso!





Azamane Tiliade - Bombino

El tercer tema del lado A del disco "Nomad" (2013) del tuareg Bombino, es la que dejamos hoy. Él es un guitarrista muy respetado por estos lares, y no es tan difícil el depararse con sus discos por aquí, inclusive ha venido a ofrecer algunos conciertos éste año a Vancouver. Su música es un viaje. Sus temas, en idioma tuareg, envuelven, enganché rápidamente con esta mezcla de psicodelia con rock y hasta blues, música de Niger. Son once temas los que trae éste álbum que no dejan indiferente.    

jueves, 22 de septiembre de 2016

Francis Coppola Diamond Collection Chardonnay 2014





Francis Ford Coppola Winery

Francis Coppola Diamond Collection Chardonnay 2014

Chardonnay 90% - Viognier 8% - Riesling 2%

13,5% Grad. Alc.

Monterey Vineyards, Monterey County, California, Estados Unidos.



El primer vino bebido en Orlando durante nuestras vacaciones fue uno de la vinícola del director de cine Francis Ford Coppola. Con el calor que hace en esta época por allá el elegido fue éste blanco, trabajado con la uva chardonnay, con una pequeña presencia de viognier y riesling. La amplia línea Diamond Collection es la línea de entrada de ésta empresa del buen director, y claro, no por eso prescinde de la calidad de los caldos que llevan su nombre. Rondan entre los US$ 11 y US$ 18, o sea, muy accesibles, algo que en Curitiba costaban alrededor de los RS 130 (y ahora deben estar más todavía), hecho que, sumado al reconocido nombre del papá de Sofia en la etiqueta frontal le imprime una jerarquía que ésta línea no tiene en su país de origen (de hecho, hay otras líneas superiores de esta bodega), pero como repito, no significa que deje de lado la calidad, al menos tras lo experimentado con éste blanco.



De un amarillo vibrante, dorado, brillante, denota una corpulencia entre leve y mediana, forma lágrimas medianas de mediana intensidad.

Aroma a manzanas, hay un toque cítrico también. Sensaciones de mediana intensidad.

Lo afrutado aparece primero, las sensaciones a manzanas, peras, de mediana corpulencia, y un toque a cáscara de lima. De final mediano con retrogusto mineral.



Adquirido en Total Wine & More de Orlando a US$ 11, de una excelente rpc. Acompañó muy bien un risotto de salmón y mariscos. Para ser una línea de entrada éste chardonnay estuvo espectacular. Hasta llega a ser entendible que en Brasil lo vendan a un precio tan alto; es un buen vino y por eso aprovechan. Es un blanco intenso, que deja un rico sabor en el paladar, perdurable. A ese precio debería ser para comprarlo por cajas. Genera ansias en conocer a sus hermanos en esa misma línea. 





See-Saw - Pink Floyd

El segundo surco del lado B del disco "A saucerful of secrets" (1968) de Pink Floyd es todo un viaje. Ya el tema que lo antecede y que da título al disco también lo es. Aunque aquel segundo disco de la banda es hermoso en su totalidad, son esos dos temas del lado B que más me satisfacen. Hoy dejamos el segundo

domingo, 22 de mayo de 2016

Apothic Dark Red Blend 2014





Apothic Wines

Apothic Dark Red 2014

Petite Sirah – Cabernet Sauvignon – Petit Verdot - Teroldego

14% Grad. Alc.

Modesto, California, Estados Unidos.




Tras la excelente experiencia con el Apothic Red, ésta versión denominada “Dark Red Blend” estaba en pauta, y solo hoy podemos abrirlo, confesamos que con algo de ansia, y quizá por este motivo le hayamos puesto algo alta la valla.

Los vinos estadounidenses se afirman cada vez más en nosotros, y, aunque no debemos dejar de lado a los “nacionales” (entiéndase, canadienses), ésta es una buena oportunidad de conocer más y mejor los vinos del vecino país del sur.



De un color negro profundo, con bordes rubís brillantes, denota una corpulencia alta, forma lágrimas medianas e intensas.

Aroma a frutos negros desde el inicio, hay una muy leve y rica sensación a madera. La sensación a vainilla también es muy tenue, hacia la segunda copa (una hora aproximadamente después del descorche) aparecen sensaciones a cacao y a café.

Los frutos negros, moras, ciruelas maduras en el inicio, las notas de vainilla y madera son leves y elegantes. De taninos muy sedosos, con una corpulencia mediana a más. De final medio, con retrogusto lácteo, y a chocolate, Cris a café.





Adquirido en BC Liquor Store de Burnaby a CA$ 15,00, tiene una excelente rpc. Este tinto se presenta más sedoso y elegante que su hermanito menor “Apothic Red”, de una coloración más intensa y una densidad mayor que se deja apreciar desde que se vierte el caldo en las copas, pero no es mucha la diferencia con aquel Apothic Red. Aunque está mejor trabajado quizá lo esperábamos más opulento y no fue así. Nada que haga que nuestra experiencia haya sido muy gratificante. Acompañó bien nuestros pimientos rellenos de carne. La línea de vinos Apothic pueden confundir puesto que su publicidad es fuerte –al menos por estos lares-, pero el producto final es de una gran calidad, no exageran ni un poco en sus promesas de goce. Dos Apothic hasta ahora, y los dos muy sabrosos.




Penguin in Bondage - Frank Zappa & The Mothers 

El primer tema -luego del preámbulo- del lado A del disco doble en vivo "Roxy & Elsewhere" (1974) es el que dejamos. Estos dos discos son los que están tocando mientras almorzamos en esta fría tarde de primavera. Hace poco me deparé con este disco, y trae un detalle: en el primer disco el lado A trae al reverso el lado D, y en el segundo disco están los lados B y C. Los discos, originales de 1974, están en perfecto estado, y, cuando traen estos características de fábrica me agradan más. Hacerse de vinilos de éste maestro en Lima o Curitiba son, además de difíciles (en buen estado), caros. Ya por aquí éste doble salió por 20 dólares; una ganga. Frank Zappa  siempre es bienvenido en casa.   

sábado, 12 de diciembre de 2015

Apothic Red 2013




Apothic Wines

Apothic Red 2013

Zinfandel – Merlot – Syrah – Cabernet Sauvignon

13,5% Grad. Alc.

Modesto, California, Estados Unidos.



Creo que ya lo hemos dicho en otra entrada: vinos estadounidenses pareciera que hubiera una cantidad infinita aquí en Vancouver, y, entre tantos ejemplares y variedades éste Apothic Red es destaque en publicidad y merchandising. Lo ves en anuncios de revistas, en publicidad que aparece en internet, en estantes especialmente creados que sobresalen ante otros, insistiendo en que su etiqueta se quede en tu memoria, y de ahí, a hacerte con una botella. También es verdad que no es un producto estancado: en una sola tarde contamos hasta unas seis personas/parejas con una botella en manos enrumbando a caja; la última vez que vimos algo parecido (un final de año en Florianópolis) fue con la emblemática marca chilena Casillero del Diablo (no sabemos si en Marte hay agua, pero de seguro hay Casillero del Diablo) en sus diversas variedades. Bueno, algo parecido vimos aquí con Apothic Red. Y la pregunta es la misma: ¿podemos confiar en un vino que es producido en cantidades industriales? La respuesta la obtendremos obviamente probándolo, y como todo en la vida puede generar reacciones opuestas ante un mismo producto. Aunque, en este caso, deben ser pocos los que no sean seducidos por ésta diferente propuesta. Nosotros nos vinimos a casa con una botella, y sí, tras el descorche, nos dejamos seducir.


Entre gustar y seducir hay una brecha amplia. Se alguém está começando a degustar esta é uma opção bem bacana de migrar de vez para o vinho, me dice Cris. Y es más, para alguien que ya tiene algunas botellas en el bagaje éste blend de zinfandel, merlot syrah y cabernet sauvignon californiano puede resultar tan exótico como ambicioso. Eso es lo que nos sedujo, aquella singular mezcla tan bien lograda.



De un granate intenso, bordes rubíes, brillante, denota mediana corpulencia, forma lágrimas grandes y muy intensas.

Aroma a frutos rojos y negros, a vainilla, a café. Después de una media hora (o quizás más) aparecen notas a chocolate.

En boca lo afrutado de inicio, como una explosión, como de compota; la vainilla, aunque intensa, es como una brisa. Tiene una mediana corpulencia. Hay un punto de dulzor, sin llegar a empalagar. De final mediano con retrogusto a café en granos.



Adquirido en BC Liquor Store aquí en British Columbia a CS a 14,80 dólares canadienses (unos S/ 36 soles ó RS 40 reais, aproximadamente). Tiene una excelente rpc. Tiene un punto de dulzor que no empalaga, deja una sensación como aquella de los rellenos que vienen en algunos bombones, como de jarabe; extraño, interesante. Nos sedujo de principio a fin. Es extrañamente interesante, y si así es un californiano "de ese rango de precio" (y tras las experiencias mayores con el Titus y The Prisioner), digamos que bajo, entonces sólo tenemos ansias por otros compatriotas suyos, comenzando por su hermano mayor, el Apothic Dark. Armonizado con una suculenta pizza con carne, éste tinto estadounidense estuvo memorable. 







Danse Macabre - Scalene

En Brasilia no sólo hay muchos políticos corruptos, también hay muy buena música. De la misma ciudad de origen de la memorable "Legião Urbana". Scalene, ésta joven agrupación independiente tiene dos discos grabados y muchos oyentes/seguidores aunque no suene en radio. Éste tema de su primer disco "Real/Surreal" (2013) es el que dejamos. Hoy armonizamos nuestra pizza y vino con buen rock brasileño. 



viernes, 3 de julio de 2015

Apex Cabernet Sauvignon 2011




Apex Cellars

Apex Cabernet Sauvignon 2011

14,5% Grad. Alc.

Walla Walla, Washington, Columbia Valley, Estados Unidos



Aunque estemos realmente sorprendidos por los últimos vinos estadounidenses que pudimos probar lamentablemente aquí en Brasil (y por lo que vimos en Perú también) no da para salir a hacerse con algún ejemplar de ese país pues los que llegan por aquí son líneas menores a precios casi de tops de línea. Otro tinto que refuerza nuestra admiración hacia caldos de la tierra del Tío Sam es este varietal de la bodega Apex trabajado con la cepa cabernet sauvignon.



De un granate intenso, negro hacia el centro, de bordes violáceos. Se presenta corpulento, denso, tiñe las paredes de las copas. Forma lágrimas grandes e intensas.

Aromas a frutos negros, higos, ciruelas, muy afrutado. Un toque de pimentón, carboncillo y un trazo mineral.

Se refrenda la sensación muy afrutada, es voluminoso en boca, denso, de muy buena acidez, taninos aterciopelados. De final largo con retrogusto lácteo (yo) y mineral (Cris).



Acompañó muy bien una pizza mitad de carne a la parmegiana, mitad cinco quesos. El tinto fue adquirido en Total Wine & More en Chesapeake, VA a US$ 28 dólares (unos S/ 78,40 soles ó RS 85 reais, en julio del 2014) y a ese precio tiene una gran rpc. Es un vino voluminoso que llena la boca, su gusto se mantiene y se deja apreciar buen tiempo tras ser trasegado. Así como con los últimos tintos estadounidenses ésta fue una gran experiencia. 







Mamãe natureza - Cilibrinas do Éden

El cuarto tema del lado B de este lp "pirata" es el que dejamos. Cilibrinas do Éden es el primer trabajo de la diva Rita Lee después de su extraña salida de Os Mutantes. El hecho es que se juntó a Lucia Turnbull y el dúo duró lo que duran dos cubos de hielo en un whisky on the rocks (Sabina dixit). Solo tuvieron una presentación en 1973 y nunca este disco vio la luz. En 2008 unos fans en Europa consiguieron lanzar esta edición pirata: 500 cds y 500 lps, y hace poco me pude deparar con este lp inédito aquí en Brasil. Más información aquí y aquí sobre este disco pirata editado en gran calidad (hasta trae los sellos de la antigua grabadora Philips, en las carátulas y en el disco). Una joyita. 

jueves, 11 de junio de 2015

Rip Van Winkle, Washington Irving




Año de publicación : 1819 – 1820

Año de la presente edición : 1987

Editora : Hesperus / José J. De Olañeta, Editor

Libro 2, ejemplar 520

Traducción : Carmen Bravo-Villasante

Ilustraciones : Arthur Rackham




Un hombre –cuyo nombre intitula el cuento- quien vivía siempre bajo la constante reprimenda de su esposa por llevar una vida descuidada y alejado de toda responsabilidad, una tarde saldrá de su casa a caminar con su fiel perro Wolf e ingresará, casi sin querer, en lo más alejado de las montañas Catskill, pudiendo avistar a lo lejos el río Hudson, deparándose con extraños seres de trajes holandeses, jugando a los bolos, quienes desde épocas remotas habitan aquel lugar. Lo invitarán a unirse al grupo y con ellos Rip Van Winkle beberá de un licor pendenciero que lo sumirá en un profundo letargo, y al despertar, en el mismo lugar, pero en un lejano futuro, donde todo, absolutamente todo le será desconocido, y él un reverendo extraño a los habitantes de su aldea en aquel presente. 


"Rip se despertó. "Seguramente -pensó- he dormido aquí toda la noche. ¡Oh, ese frasco! ¡Ese maldito frasco! ¿Qué excusa le daré a la señora Van Winkle?" 
Pág. 71


Mención aparte y especial merecen el prólogo de Carmen Bravo-Villasante (quien además ejerce de traductora) lleno de datos acerca de la vida y obra del autor, así como la excelente y cuidadosa edición de Hesperus/José J. De Olañeta, Editor, publicado en papel de alta calidad donde las dieciséis ilustraciones a color de Arthur Rackham resultan verdaderas obras de arte que a la vez me devela a un gran ilustrador que desconocía hasta el depararme con esta obra. Para suerte mía también estaba otro título de ésta colección en el estante de la librería de viejo aquí en Curitiba. Para este título se imprimieron solamente 3000 ejemplares, siendo el que se cruzó en mi camino el 520. Aunque son pocos los libros en castellano en la ciudad cuando llegan vaya que sorprenden. 




Una bella historia de corte fantástico que pertenece al libro “The sketch book of Geoffrey Crayon, Gent” (“El libro de apuntes”) publicado a mediados del siglo XIX, libro donde el relato más famoso que alberga sea acaso “The legend of Sleepy Hollow”, aunque este “Rip Van Winkle” brille con luz propia. Relato escrito mientras Washington Irwing (Manhattan, New York, 1783 – Tarrytown, Wetschester, 1859) vivía junto a su hermana en Birmingham, Inglaterra. Por aquella época él estudiaba alemán y estaba muy interesado en la literatura germánica y las diversas leyendas que tocan el tema sobre la fascinación de la ausencia del tiempo. El autor era un empedernido viajero, y gustaba de tomar apuntes de todo lo que podía ver y conocer. Desde su propio estado, Nueva York, hasta Canadá, y su salto a Europa donde visita Francia, Inglaterra, Austria, Alemania, y España donde llega a trabajar de Agregado en la Legación Norteamericana. De cada lugar que visitó Washington Irwing escribió y publicó: “Bracebridge Hall” de 1822; “Tales of a traveller” (“Cuentos de un viajero”) de 1824; “A history of the life and voyages of Chistofer Columbus” (“Vida y viajes de Cristóbal Colón”) de 1828, siendo “Tales of the Alhambra” (“Cuentos de la Alhambra”) de 1832 su libro más popular, por el que más se le recuerde en el extranjero, y con más de un siglo y medio después de haber publicado sus obras se torna en un autor que sin duda venció al paso del tiempo, felizmente para nosotros. 

miércoles, 6 de mayo de 2015

Erecciones, eyaculaciones, exhibiciones, Charles Bukowski




Título original : Erections, ejaculations, exhibitions, and general tales of ordinary madness

Año de publicación : 1972

Año de la presente edición : 1996

Editorial : Anagrama

Traducción : J. M. Álvarez y Ángela Pérez.




¡Un Bukowski por favor!, imploro a la montaña de grandes cajas de un plástico duro (son 12, por ahora) que albergan mi biblioteca embolsada (cada libro debidamente enfundado en aquellas bolsitas transparentes, para intentar alejarlos lo más posible del polvo), pues si las mudanzas de un barrio a otro ya son jodidas, de un país a otro lo son más. Cris, amable ella, guardó los libros que traje de Lima en dichas cajas. En cuanto cupiesen ella seguía guardando, quitando unos de aquí, acomodándolos en otra caja allá y así, saltándose olímpicamente los letreritos que yo pegué en las laterales donde evidenciaba el orden por países, pero cumpliendo a rajatabla aquello de no dejar siquiera uno fuera de ellas.

Después de una larga búsqueda por fin lo encontré. Diecinueve son los relatos que este libro trae, disímiles unos de otros, algunos muy bien logrados y otros no tanto, y aunque no brillen como los del primer grupo tienen un aura especial, con todos los elementos y características de su literatura. Sólo cinco relatos no me entusiasman, tornando el balance final muy satisfactorio.

Comienzo a evidenciar de aquel segundo grupo cuando termino “Doce monos voladores que no querían fornicar adecuadamente”, y aunque el título es bien bukowskiano y el relato inclusive tiene ese ambiente muy de él, en sí no caló fondo, quizá por venir justamente después de los cuatro primeros que sí disfruté bastante. Destaco aquella característica de Hank, un gran observador, narrándonos cada friki que cruza su camino.

Un coño blanco” es quizá el que más desapercibido pasa, pero eso sí, aquello de sólo con el delantal es una gran sugestión.

Cuantos chochos queramos” está narrado en tercera persona, donde Harry y Duke son los personajes principales. Son como dos historias en una que no llegan a fusionarse del todo.

Luego los otros dos vienen juntos: “La gran boda zen”, y “Los Cristos estúpidos”. Los dos guardan una similitud: son muy extensos, o peor, parecen serlo, la trama no me divierte en nada como otros relatos de este libro y pasan esa impresión de interminables.

Los catorce restantes fueron disfrutados a plenitud. Ya extrañaba escritos así, e inicia de gran manera con “La chica más guapa de la ciudad” donde el suicidio parece inminente en Cass, la chica del título, la chica de Hank.

Kit Stardust en el matadero” narra una derrota, una de tantas. No hay espacio para la depresión.

En “Vida en un prostíbulo de Tejas” Bukowski no es un asalariado, sino un periodista que persigue una mujer a quien conoció de manera fortuita, pero sin saber acaba en el lugar que menciona el título.

Quince centímetros” sorprende por ser un relato fantástico, y Bukowski se sale muy bien. Uno de los más logrados.

Nacimiento, vida y muerte de un periódico underground” es uno de los más extensos del grupo. Toda la interna de un joven periódico, Open Pussy, donde el personaje Bukowski escribe su columna “Notas de un viejo asqueroso”. Es muy envolvente desde un inicio, a pesar de su extensión se lee rápidamente, vertiginoso.

El día que hablamos de James Thurber” trata de la suplantación de otra persona. Aunque generándose inicialmente como un equívoco Hank se hace pasar por un famoso poeta francés de quien era huésped, tan famoso por los poemas que escribe como por el tamaño de su miembro, recibiendo Hank los honores que todo poeta respetado debe recibir por parte de sus afiebrados lectores.

El asesinato de Ramón Vásquez” tiene un inicio totalmente diferente, muy fuerte, crudo, donde dos hermanos asesinan al del título. Basado en un hecho real, aunque el autor diga que no ha sido influido por tal, o por alguna noticia de aquel hecho en una advertencia al inicio de este relato, todo hace parecer que se basa en el asesinato del actor mexicano Ramón Novarro, todo un galán de Hollywood en la primera mitad del siglo pasado quien tuvo un trágico final, como el Ramón del cuento. Es otro de los más logrados del grupo.

Un compañero de trago” Bukowski nos presenta otro friki más, pero uno muy violento, Jeff. Toda esa violencia reprimida y desencadenada de pronto parece esconder un trauma de niñez.

La barba blanca” es un título muy sugestivo, delata un abuso de Herb a manera de travesura. Ambientado en una tregua, el relato está enmarcado en la total miseria que una guerra puede ofrecer.

Un 45 para pagar los gastos del mes” nos presenta a Duke, un ladrón, tal vez hasta asesino si las circunstancias lo ameritan, pero a la vez parece ser un gran padre. Una dualidad interesante en un mismo personaje.

En la cárcel con el enemigo público número uno” las vicisitudes del personaje Bukowski en la cárcel rinden muy buenos trechos. “Demasiado sensible” derrocha ironía más que otros relatos; en una “Ciudad maligna” Frank encontrará pecado por donde vaya, sintiéndose rodeado a cada paso reaccionará, convirtiéndose en lo que probablemente deteste; y en “¡Violación! ¡Violación!” una inocente parafilia en una voluptuosa mujer llevará a Hank del cielo al infierno en poco tiempo, éste último es otro relato que está entre los mejores del grupo.






En estas páginas abunda aquella sinceridad desgarradora y brutal típica en casi todos los libros suyos. Parece interminable la colección de frikis que desfilan en esta obra probablemente extraídas de jugosas anécdotas concretizando relatos inolvidables llenos de ese humor ácido. Tanta crudeza podría parecer soez en varios momentos, Bukowski a su manera, celebra la vida.


                         Quince centímetros



Los primeros tres meses de mi matrimonio con Sara fueron aceptables, pero luego empezaron los problemas. Era una buena cocinera, y yo empecé a comer bien por primera vez en muchos años. Empecé a engordar. Y Sara empezó a hacer comentarios.

—Ay, Henry, pareces un pavo engordando para el Día de Acción de Gracias.

—Tienes razón, mujer, tienes razón —le decía yo.

Yo trabajaba de mozo en un almacén de piezas de automóvil y apenas si me llegaba la paga. Mis únicas alegrías eran comer, beber cerveza e irme a la cama con Sara. No era precisamente una vida majestuosa, pero uno ha de conformarse con lo que tiene. Sara era suficiente. Respiraba SEXO por todas partes. La había conocido en una fiesta de Navidad de los empleados del almacén. Trabajaba allí de secretaria. Me di cuenta de que ninguno se acercaba a ella en la fiesta y no podía entenderlo. Jamás había visto mujer tan guapa y además no parecía tonta. Sin embargo, tenía algo raro en la mirada. Te miraba fijamente como si entrara en ti y daba la impresión de no parpadear. Cuando se fue al lavabo me acerqué a Harry, al camionero.

—Oye Harry —le dije—. ¿Cómo es que nadie se acerca a Sara?

—Es que es bruja, hombre, una bruja de verdad. Ándate con ojo.

—Vamos, Harry, las brujas no existen. Está demostrado. Las mujeres aquellas que quemaban en la hoguera antiguamente, era todo un error horrible, una crueldad. Las brujas no existen.

—Bueno, puede que quemaran a muchas mujeres por error, no voy a discutírtelo. Pero esta zorra es bruja, créeme.

—Lo único que necesita, Harry, es comprensión.

—Lo único que necesita —me dijo Harry— es una víctima.

—¿Cómo lo sabes? .

—Hechos —dijo Harry—. Dos empleados de aquí. Manny, un vendedor, y Lincoln, un dependiente.

—¿Qué les pasó?

—Pues sencillamente que desaparecieron ante nuestros propios ojos, sólo que muy lentamente... podías verles irse, desvanecerse. ..

—¿Qué quieres decir?

—No quiero hablar de eso. Me tomarías por loco.

Harry se fue. Luego salió Sara del water de señoras. Estaba maravillosa.

—¿Qué te dijo Harry de mí? —me preguntó.

—¿Cómo sabes que estaba hablando con Harry?

—Lo sé —dijo ella.

—No me dijo mucho.

—Pues sea lo que sea, olvídalo. Son mentiras. Lo que pasa es que le he rechazado y está celoso. Le gusta hablar mal de la gente.

—A mí no me importa la opinión de Harry —dije yo.

—Lo nuestro puede ir bien, Henry —dijo ella.

Vino conmigo a mi apartamento después de la fiesta y te aseguro que nunca había disfrutado tanto. No había mujer como aquélla. Al cabo de un mes o así nos casamos. Ella dejó el trabajo inmediatamente, pero yo no dije nada porque estaba muy contento de tenerla. Sara se hacía su ropa, se peinaba y se cortaba el pelo ella misma. Era una mujer notable, muy notable.

Pero como ya dije, hacia los tres meses, empezó a hacer comentarios sobre mi peso. Al principio eran sólo pequeñas observaciones amables, luego empezó a burlarse de mí. Una noche llegó a casa y me dijo:

—¡Quítate esa maldita ropa!

—¿Cómo dices, querida?

—Ya me oíste, so cabrón. ¡Desvístete!

No era la Sara que yo conocía. Había algo distinto. Me quité la ropa y las prendas interiores y las eché en el sofá. Me miró fijamente.

—¡Qué horror! —dijo—. ¡Qué montón de mierda!

—¿Cómo dices, querida?

—¡Digo que pareces una gran bañera llena de mierda!

—Pero querida, qué te pasa... ¿Estás en plan de bronca esta noche?

—¡Calla! ¡Toda esa mierda colgando por todas partes!

Tenía razón. Me había salido un michelín a cada lado, justo encima de las caderas. Luego cerró los puños y me atizó fuerte varias veces en cada michelín.

—¡Tenemos que machacar esa mierda! Romper los tejidos grasos, las células...

Me atizó otra vez, varias veces.

—¡Ay! ¡Que duele, querida!

—¡Bien! ¡Ahora, pégate tú mismo!

—¿Yo mismo?

—¡Sí, venga, condenado!

Me pegué varias veces, bastante fuerte. Cuando terminé los michelines aún seguían allí, aunque estaban de un rojo subido.

—Tenemos que conseguir eliminar esa mierda —me dijo.
Yo supuse que era amor y decidí cooperar...

Sara empezó a contarme las calorías. Me quitó los fritos, el pan y las patatas, los aderezos de la ensalada, pero me dejó la cerveza. Tenía que demostrarle quién llevaba los pantalones en casa.

—No, de eso nada —dije—, la cerveza no la dejaré. ¡Te amo muchísimo, pero la cerveza no!

—Bueno, de acuerdo —dijo Sara—. Lo conseguiremos de todos modos.

—¿Qué conseguiremos?

—Quiero decir, que conseguiremos eliminar toda esa grasa, que tengas otra vez unas proporciones razonables.

-¿Y cuáles son las proporciones razonables? —pregunté.

—Ya lo verás, ya.


Todas las noches, cuando volvía a casa, me hacía la misma pregunta.

—¿Te pegaste hoy en los lomos?

—¡Si, mierda, sí!

—¿Cuántas veces?

—Cuatrocientos puñetazos de cada lado, fuerte.

Iba por la calle atizándome puñetazos. La gente me miraba, pero al poco tiempo dejó de importarme, porque sabía que estaba consiguiendo algo y ellos no...


La cosa funcionaba. Maravillosamente. Bajé de noventa kilos a setenta y ocho. Luego de setenta y ocho a setenta y cuatro. Me sentía diez años más joven. La gente me comentaba el buen aspecto que tenía. Todos menos Harry el camionero. Sólo porque estaba celoso, claro, porque no había conseguido nunca bajarle las bragas a Sara.

Una noche di en la báscula los setenta kilos.

—¿No crees que hemos bajado suficiente? —le dije a Sara—. ¡Mírame!

Los michelines habían desaparecido hacía mucho. Me colgaba el vientre. Tenía la cara chupada.

—Según los gráficos —dijo Sara—, según los gráficos, aún no has alcanzado el tamaño ideal.

—Pero oye —le dije—, mido uno ochenta, ¿cuál es el peso ideal?

Y entonces Sara me contestó en un tono muy extraño:

—Yo no dije «peso ideal», dije «tamaño ideal». Estamos en la Nueva Era, la Era Atómica, la Era Espacial, y, sobre todo, la Era de la Superpoblación. Yo soy la Salvadora del Mundo. Tengo la solución a la Explosión Demográfica. Que otros se ocupen de la Contaminación. Lo básico es resolver el problema de la superpoblación; eso resolverá la Contaminación y muchas cosas más.

—¿Pero de qué demonios hablas? —pregunté, abriendo una botella de cerveza.

—No te preocupes —contestó—. Ya lo sabrás, ya.

Empecé a notar entonces, en la báscula, que aunque aún seguía perdiendo peso parecía que no adelgazaba. Era raro. Y luego me di cuenta de que las perneras de los pantalones me arrastraban... y también empezaban a sobrarme las mangas de la camisa. Al coger el coche para ir al trabajo me di cuenta de que el volante parecía quedar más lejos. Tuve que adelantar un poco el asiento del coche.

Una noche me subí a la báscula.

Sesenta kilos.

—Oye Sara, ven.

—Sí, querido...

—Hay algo que no entiendo.

—¿Qué?

—Parece que estoy encogiendo.

—¿Encogiendo?

—Sí, encogiendo.

—¡No seas tonto! ¡Eso es increíble! ¿Cómo puede encoger un hombre? ¿Acaso crees que tu dieta te encoge los huesos? Los huesos no se disuelven! La reducción de calorías sólo reduce la grasa. ¡No seas imbécil! ¿Encogiendo? ¡Imposible!

Luego se echó a reír.

—De acuerdo —dije—. Ven aquí. Coge el lápiz. Voy a ponerme contra esta pared. Mi madre solía hacer esto cuando era pequeño y estaba creciendo. Ahora marca una raya ahí en la pared donde marca el lápiz colocado recto sobre mi cabeza.

—De acuerdo, tontín, de acuerdo —dijo ella.

Trazó la raya.


Al cabo de una semana pesaba cincuenta kilos. El proceso se aceleraba cada vez más.

—Ven aquí, Sara.

—Sí, niño bobo.

.—Vamos, traza la raya.

Trazó la raya.

Me volví.

—Ahora mira, he perdido diez kilos y veinte centímetros en la última semana. ¡Estoy derritiéndome! Mido ya uno cincuenta y cinco. ¡Esto es la locura! ¡La locura! No aguanto más. Te he visto metiéndome las perneras de los pantalones y las mangas de las camisas a escondidas. No te saldrás con la tuya. Voy a empezar a comer otra vez. ¡Creo que eres una especie de bruja!

—Niño bobo...


Fue poco después cuando el jefe me llamó a la oficina.

Me subí en la silla que había frente a su mesa.

—¿Henry Markson Jones II?

—Sí señor, dígame.

—¿Es usted Henry Markson Jones II?

—Claro señor.

—Bien, Jones, hemos estado observándole cuidadosamente. Me temo que ya no sirve usted para este trabajo. Nos fastidia muchísimo tener que hacer esto... quiero decir, nos fastidia que esto acabe así, pero...

—Oiga, señor, yo siempre cumplo lo mejor que puedo.

—Le conocemos, Jones, le conocemos muy bien, pero ya no está usted en condiciones de hacer un trabajo de hombre.

Me echó. Por supuesto, yo sabía que me quedaba la paga del desempleo. Pero me pareció una mezquindad por su parte echarme así...

Me quedé en casa con Sara. Con lo cual, las cosas empeoraron: ella me alimentaba. Llegó un momento en que ya no podía abrir la puerta del refrigerador. Y luego me puso una cadenita de plata.

Pronto llegué a medir sesenta centímetros. Tenía que cagar en una bacinilla. Pero aún me daba mi cerveza, según lo prometido.

—Ay, mi muñequito —decía—. ¡Eres tan chiquitín y tan mono!

Hasta nuestra vida amorosa cesó. Todo se había achicado proporcionalmente. La montaba, pero al cabo de un rato me sacaba de allí y se echaba a reír.

—¡Bueno, ya lo intentaste, patito mío!

—¡No soy un pato, soy un hombre!

—¡Oh mi hombrecín, mi pequeño hombrecito!

Y me cogía y me besaba con sus labios rojos...


Sara me redujo a quince centímetros. Me llevaba a la tienda en el bolso. Yo podía mirar a la gente por los agujeritos de ventilación que ella había abierto en el bolso. Ahora bien, he de decir algo en su favor: aún me permitía beber cerveza. La bebía con un dedal. Un cuarto me duraba un mes. En los viejos tiempos, desaparecía en unos cuarenta y cinco minutos. Estaba resignado. Sabía que si quisiera me haría desaparecer del todo. Mejor quince centímetros que nada. Hasta una vida pequeña se estima mucho cuando está cerca el final de la vida. Así que entretenía a Sara. Qué otra cosa podía hacer. Ella me hacía ropita y zapatitos y me colocaba sobre la radio y ponía música y decía:

—¡Baila, pequeñín! ¡Baila, tontín mío, baila! ¡Baila, baila!

En fin, yo ya no podía siquiera recoger mi paga del desempleo, así que bailaba encima de la radio mientras ella batía palmas y reía. Las arañas me aterraban y las moscas parecían águilas gigantes, y si me hubiese atrapado un gato me habría torturado como a un ratoncito. Pero aún seguía gustándome la vida. Bailaba, cantaba, bebía. Por muy pequeño que sea un hombre, siempre descubrirá que puede serlo más. Cuando me cagaba en la alfombra, Sara me daba una zurra. Colocaba trocitos de papel por el suelo y yo cagaba en ellos. Y cortaba pedacitos de aquel papel para limpiarme el culo. Raspaba como lija. Me salieron almorranas. De noche no podía dormir. Tenía una gran sensación de inferioridad, me sentía atrapado. ¿Paranoia? Lo cierto es que cuando cantaba y bailaba y Sara me dejaba tomar cerveza me sentía bien. Por alguna razón, me mantenía en los quince centímetros justos. Ignoro cuál era la razón. Como casi todo lo demás, quedaba fuera de mi alcance.

Le hacía canciones a Sara y las llamaba así: Canciones para Sara:


sí, no soy más que un mosquito, no hay problema mientras no me pongo caliente, entonces no tengo dónde meterla, salvo en una maldita cabeza de alfiler.

Sara aplaudía y se reía.

Si quieres ser almirante de la marina de la reina no tienes más que hacerte del servicio secreto, conseguir quince centímetros de altura y cuando la reina vaya a mear atisbar en su chorreante coñito...

Y Sara batía palmas y se reía. En fin, así eran las cosas. No podían ser de otro modo...


Pero una noche pasó algo muy desagradable. Estaba yo cantando y bailando y Sara en la cama, desnuda, batiendo palmas, bebiendo vino y riéndose. Era una excelente representación. Una de mis mejores representaciones. Pero, como siempre, la radio se calentó y empezó a quemarme los pies. Y llegó un momento en que no pude soportarlo.

—Por favor, querida —dije—, no puedo más. Bájame de aquí. Dame un poco de cerveza. Vino no. No sé cómo puedes beber ese vino tan malo. Dame un dedal de esa estupenda cerveza.

—Claro, queridito —dijo ella—. Lo has hecho muy bien esta noche. Si Manny y Lincoln lo hubiesen hecho tan bien como tú, estarían aquí ahora. Pero ellos no cantaban ni bailaban, no hacían más que llorar y cavilar. Y, peor aún, no querían aceptar el Acto Final.

—¿Y cuál es el Acto Final? —pregunté.

—Vamos, queridín, bébete la cerveza y descansa. Quiero que disfrutes mucho en el Acto Final. Eres mucho más listo que Manny y Lincoln, no hay duda. Creo que podremos conseguir la Culminación de los Opuestos.

—Sí, claro, cómo no —dije, bebiendo mi cerveza—. Llénalo otra vez. ¿Y qué es exactamente la Culminación de los Opuestos?

—Saborea la cerveza, monín, pronto lo sabrás.

Terminé mi cerveza y luego pasó aquella cosa repugnante, algo verdaderamente muy repugnante. Sara me cogió con dos dedos y me colocó allí, entre sus piernas; las tenía abiertas, pero sólo un poquito. Y me vi ante un bosque de pelos. Me puse rígido, presintiendo lo que se aproximaba. Quedé embutido en oscuridad y hedor. Oí gemir a Sara. Luego Sara empezó a moverme despacio, muy despacio, hacia adelante y hacia atrás. Como dije, la peste era insoportable, y apenas podía respirar, pero en realidad había aire allí dentro... había varias bolsitas y capas de oxígeno. De vez en cuando, mi cabeza, la parte superior de mi cabeza, pegaba en El Hombre de la Barca y entonces Sara lanzaba un gemido superiluminado.

Y empezó a moverme más deprisa, más deprisa, cada vez más y empezó a arderme la piel, y me resultaba más difícil respirar; el hedor aumentaba. Oía sus jadeos. Pensé que cuanto antes acabase la cosa menos sufriría. Cada vez que me echaba hacia adelante arqueaba la espalda y el cuello, arremetía con todo mi cuerpo contra aquel gancho curvo, zarandeaba todo lo posible al Hombre de la Barca.

De pronto, me vi fuera de aquel terrible túnel. Sara me alzó hasta su cara.

—¡Vamos, condenado! ¡Vamos! —exigió.

Estaba totalmente borracha de vino y pasión. Me sentí embutido otra vez en el túnel. Me zarandeaba muy deprisa arriba y abajo. Y luego, de pronto, sorbí aire para aumentar de tamaño y luego concentré saliva en la boca y la escupí... una, dos veces, tres, cuatro, cinco, seis veces, luego paré... El hedor resultaba ya increíble, pero al fin me vi otra vez levantado en el aire.

Sara me acercó a la lámpara de la mesita y empezó a besarme por la cabeza y por los hombros.

—¡Oh querido mío! ¡Oh mi linda pollita! ¡Te amo! —me dijo.

Y me besó con aquellos horribles labios rojos y pintados. Vomité. Luego, agotada de aquel arrebato de vino y pasión, me colocó entre sus pechos. Descansé allí, oyendo los latidos de su corazón. Me había quitado la maldita correa, la cadena de plata, pero daba igual. No era más libre. Uno de sus gigantescos pechos había caído hacia un lado y parecía como si yo estuviese tumbado justo encima de su corazón: el corazón de la bruja. Si yo era la solución a la Explosión Demográfica, ¿por qué no me había utilizado ella como algo más que un objeto de diversión, un juguetito sexual? Me estiré allí, escuchando aquel corazón. Decidí que no había duda, que ella era una bruja. Y entonces alcé los ojos. ¿Sabéis lo que vi? Algo sorprendente. Arriba, en la pequeña hendidura que había debajo de la cabecera de la cama. Un alfiler de sombrero. Sí, un alfiler de sombrero, largo, con uno de esos chismes redondos de cristal púrpura al extremo. Subí entre sus pechos, escalé su cuello, llegué a su barbilla (no sin problemas), luego caminé quedamente a través de sus labios, y entonces ella se movió un poco y estuve a punto de caer y tuve que agarrarme a una de las ventanas de la nariz. Muy lentamente llegué hasta el ojo derecho (tenía la cabeza ligeramente inclinada hacia la izquierda) y luego conseguí subir hasta la frente, pasé la sien, y alcancé el pelo... me resultó muy difícil cruzarlo. Luego, me coloqué en posición segura y estiré el brazo... estiré y estiré hasta conseguir agarrar el alfiler. La bajada fue más rápida, pero más peligrosa. Varias veces estuve a punto de perder el equilibrio con aquel alfiler. Una caída hubiese sido fatal. Varias veces se me escapó la risa: era todo tan ridículo. El resultado de una fiesta para los chicos del almacén, Feliz Navidad.

Por fin llegué de nuevo a aquel pecho inmenso. Posé el alfiler y escuché otra vez. Procuré localizar el punto exacto de donde brotaba el rumor del corazón. Decidí que era un punto situado exactamente debajo de una pequeña mancha marrón, una marca de nacimiento. Entonces, me incorporé. Cogí el alfiler con su cabeza de cristal color púrpura, tan bella a la luz de la lámpara, y pensé, ¿resultará? Yo medía quince centímetros y calculé que el alfiler mediría unos veintidós. El corazón parecía estar a menos de veintidós centímetros.

Alcé el alfiler y lo clavé. Justo debajo de la mancha marrón.

Sara se agitó. Sostuve el alfiler. Estuvo a punto de tirarme al suelo... lo cual en relación a mi tamaño hubiese sido una altura de trescientos metros o más. Me habría matado. Seguía sujetando con firmeza el alfiler. De sus labios brotó un extraño sonido.

Luego toda ella pareció estremecerse como si sintiese escalofríos.

Me incorporé y le hundí los siete centímetros de alfiler que quedaban en el pecho hasta que la hermosa cabeza de cristal púrpura chocó con la piel.

Entonces quedó inmóvil. Escuché.

Oí el corazón, uno, dos, uno dos, uno dos, uno dos, uno...

Se paró.

Y entonces, con mis manitas asesinas, me agarré a la sábana y me descolgué hasta el suelo. Medía quince centímetros y era un ser real y aterrado y hambriento. Encontré un agujero en una de las ventanas del dormitorio que daba al Este, me agarré a la rama de un matorral, y descendí por ella al interior de éste. Sólo yo sabía que Sara estaba muerta, pero desde un punto de vista realista no significaba ninguna ventaja. Si quería sobrevivir, tenía que encontrar algo que comer. De todos modos, no podía evitar preguntarme qué decidirían los tribunales sobre mi caso. ¿Era culpable? Arranqué una hoja e intenté comerla. Inútil. Era intragable. Entonces vi que la señora del patio del sur sacaba un plato de comida de gato para su gato. Salí del matorral y me dirigí al plato, vigilando posibles movimientos, animales. Jamás había comido algo tan asqueroso, pero no tenía elección. Devoré cuanto pude... peor sabía la muerte. Luego, volví al matorral y me encaramé en él.

Allí estaba yo, quince centímetros de altura, la solución a la Explosión Demográfica, colgando de un matorral con la barriga llena de comida de gato.

No quiero aburriros con demasiados detalles de mis angustias cuando me vi perseguido por gatos y perros y ratas. Percibiendo que poco a poco mi tamaño aumentaba. Viéndoles llevarse de allí el cadáver de Sara. Cómo entré luego y descubrí que era aún demasiado pequeño para abrir la puerta de la nevera.

El día que el gato estuvo a punto de cazarme cuando le comía su almuerzo. Tuve que escapar.

Ya medía entonces entre veinte y veinticinco centímetros. Iba creciendo. Ya asustaba a las palomas. Cuando asustas a las palomas puedes estar seguro de que vas consiguiéndolo. Un día sencillamente corrí calle abajo, escondiéndome en las sombras de los edificios y debajo de los setos y así. Y corriendo y escondiéndome llegué al fin a la entrada de un supermercado y me metí debajo de un puesto de periódicos que hay junto a la entrada. Entonces vi que entraba una mujer muy grande y que se abría la puerta eléctrica y me colé detrás. Una de las dependientas que estaba en una caja registradora alzó los ojos cuando yo me colaba detrás de la mujer.

—¿Oiga, qué demonios es eso?

—¿Qué —preguntó una cliente.

—Me pareció ver algo —dijo la dependienta—, pero quizá no. Supongo que no.

Conseguí llegar al almacén sin que me vieran. Me escondí detrás de unas cajas de legumbres cocidas. Esa noche salí y me di un buen banquete. Ensalada de patatas, pepinos, jamón con arroz, y cerveza, mucha cerveza. Y seguí así, con la misma rutina. Me escondía en el almacén y de noche salía y hacía una fiesta. Pero estaba creciendo y cada vez me era más difícil esconderme. Me dediqué a observar al encargado que metía el dinero todas las noches en la caja fuerte. Era el último en irse. Conté las pausas mientras sacaba el dinero cada noche. Parecía ser: siete a la derecha, seis a la izquierda, cuatro a la derecha, seis a la izquierda, tres a la derecha: abierta. Todas las noches me acercaba a la caja fuerte y probaba. Tuve que hacer una especie de escalera con cajas vacías para llegar al disco. No había modo de abrir, pero seguí intentándolo. Todas las noches. Entretanto, mi crecimiento se aceleraba. Quizá midiese ya noventa centímetros. Había una pequeña sección de ropa y tenía que utilizar tallas cada vez mayores. El problema demográfico volvía. Al fin una noche se abrió la caja. Había veintitrés mil dólares en metálico. Tenía que llevármelos de noche, antes de que abrieran los bancos. Cogí la llave que utilizaba el encargado para salir sin que se disparase la señal de alarma. Luego enfilé calle abajo y alquilé una habitación por una semana en el Motel Sunset. Le dije a la encargada que trabajaba de enano en las películas. Sólo pareció aburrirla.

—Nada de televisión ni de ruidos a partir de las diez. Es nuestra norma.

Cogió el dinero, me dio un recibo y cerró la puerta. La llave decía habitación 103. Ni siquiera vi la habitación. Las puertas decían noventa y ocho, noventa y nueve, cien, 101, y yo caminaba rumbo al norte, hacia las colinas de Hollywood, hacia las montañas que había tras ellas, la gran luz dorada del Señor brillaba sobre mí, crecía.






Sonata for Cello & Piano in D Minor - Dmitri Shostakovitch feat. Mattia Zappa, Cello & Massimiliano Mainolfi, Piano 


En el relato “Un 45 para pagar los gastos del mes” Duke, el personaje principal menciona al compositor ruso durante sus cavilaciones (Pág. 133). Además de los buenos momentos que la lectura del libro ofrece también me deja éste compositor desconocido por mí hasta ahora, y de paso, al celista suizo Mattia Zappa y al pianista italiano Massimiliano Mainolfi.