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viernes, 18 de mayo de 2012

Ysern Roble Tannat 2007



Bodegas Carrau
Ysern Roble
Tannat 2007
13% Grad. Alc.
Cerro Chapeu / Las Violetas, Montevideo, Uruguay.

Una de las ventajas de estar al sur de Brasil es poder encontrar toda una gama de vinos uruguayos –en Suzuka nos hacíamos de vinos búlgaros, croatas, alguno del Líbano, experiencias que desde aquí difícilmente se repetirán-, descubriendo botella a botella los muy buenos caldos charrúas –en su mayoría- que hasta hace un par de años nos era un mundo totalmente desconocido. Y aunque todavía hay mucho por descubrir, siempre hay una expectativa antes de descorchar un vino uruguayo, y más si es de la uva tannat. Pero últimamente las experiencias con los vinos de la Bodega Carrau no han sido de las mejores, y hasta el Castel Pujol Gran Reserva –un blend- nos dejó con las ganas, esperando más de lo que al final nos ofreció. El primer vino de esta casa fue justamente de esta línea Ysern, un sauvignon blanc del cual guardamos buenos recuerdos y que motivó a hacernos de otros vinos de esta bodega, pero después de aquel hasta el presente vino no hemos encontrado ningún disfrute. Es cierto que son pocos los probados: de cuatro vinos sólo el primero agradó. 

El presente vino: desde que es servido ya decíamos: “¡Pucha..., parece aguado!” De un rubí vivo, de una intensidad alta. Denota poca corpulencia, de mediana para abajo, es ralo: puedo ver a través del vino las letras del corcho sobre la servilleta blanca. “Esse tannat ta fraquinho viu...!”, -se quejaba C. En nariz, frutas secas, aroma discreto, algo alcohólico. En boca, tiene un punto de acidez a más, un poco desequilibrado, resalta este detalle; es tosco. Se refrenda la poca corpulencia que denotaba a la vista: es ralo. La madera incomoda un poco, algo desequilibrada también. Puede que ya haya pasado su tiempo, pero cinco años –está dentro del rango que debe durar- quizá sea mucho para esta línea Roble. Lo encontramos leve, de una pobre sensación tánica. 

Nada de esa fuerza que esperamos encontrar en un vino de la uva tannat: decepcionante.

martes, 15 de mayo de 2012

Muerte de Carlos Fuentes



Hoy nos dejó el maestro Carlos Fuentes y lo primero que se me viene a la mente es que no se le haya concedido el Premio Nobel cuando desde hace tiempo era totalmente merecido, sumándose a la larga lista de tantos otros –Borges, Cortázar, Machado De Assis, y contando- que debieron conocer aquella sensación de gloria; eso jode. Igual, no deja de ser universal. 

La mayoría de mis libros están en Lima, hay un par de él, poco, lo sé, y mantengo mi deseo de no querer hacerme de sus obras en portugués -aquí en Brasil los derechos de su obra está con la Editora Rocco- por creer que autores como Roa Bastos, Borges, Cortázar, Vargas Llosa, García Márquez y Carlos Fuentes tengo que disfrutarlos en nuestro idioma, el castellano. 

A inicios del presente año el periodista brasileño Geneton Moraes Neto lo entrevistó para su programa “Dossiê del canal de cable de la tv Globonews, y aunque sorprende que la entrevista haya sido hecha en inglés –para luego poner la voz del periodista en portugués-, lo importante es el testimonio que dejó. Aquí Fuentes deja frases como “A los ochenta y tres años sólo lamento no tener tiempo de escribir las muchas historias que imagino.”

Descanse en paz, genio. 









domingo, 13 de mayo de 2012

Terranoble Reserva Terroir Carménère 2010




Viñedos Terranoble S.A.
Terranoble Reserva Terroir 2010
95% Carménère, 5% Cabernet Sauvignon  
13,5% Grad. Alc.
La Higuera, Valle del Maule, Chile. 

Muchas veces no me agradan los nombres elegidos para las diferentes categorías en una misma marca. El anterior de esta misma casa era un “Reserva”, y este, una categoría arriba “Reserva Terroir”. Sé que son de diferentes terruños pero la elección del nombre me parece escogido al apuro. Lo mismo sentí con un ejemplar uruguayo adquirido hace poco pero que se descorchará más adelante. 

Esto me hace recordar el comentar que normalmente las botellas compradas no son abiertas el mismo día de la compra, por el manoseo de la botella previa a la compra, el movimiento del caldo en el carro camino a casa, etc, los dejamos descansar mínimo dos semanas, para los vinos normales y algunos medios tipo Marqués de Casa Concha; Montes Alpha; Alma Negra; Terrunyo; Rosemount Estate, un par de añitos, y a veces más. 

El vino : a la vista denota una desnsidad mediana a más; es de un violeta obscuro; forma lágrimas intensas. En nariz tiene un fuerte aroma a café, también a madera, a frutos negros, esas ciruelas grandes y negras. En boca frutas negras de nuevo, se refrenda las ciruelas negras; sensación de tabaco muy presente; hay un punto de acidez perceptible, rico; algo de clavo de olor. De final mediano a más, con retrogusto a higos, muy agradable. 

Un vino muy superior a la categoría que la antecede, fue una experiencia muy agradable.

sábado, 12 de mayo de 2012

Rosemount Show Reserve Traditional 2007



Rosemount Estate
Show Reserve Traditional 2007
82% Cabernet Sauvignon; 10% Merlot; 8% Petit Verdot
14,5% Grad. Alc.
Mc Laren Vale, Australia. 

Sabíamos que al siguiente vino a degustar le iba a costar más de lo normal el hacer que dejemos de pensar –al menos por un tiempo- en el disfrute que el Terrunyo cabernet sauvignon chileno nos proporcionó, así que decidimos girar la tapa rosca de este Show Reserve Traditional venido desde los valles Mc Laren, allá en la enorme isla que es Australia. 

Primer vino australiano que trasegamos juntos, y así como fue con el primer caldo sudafricano –el L'avenir Pinotage-, ahora nuestro primer “Aussie” es de una casa de tradición allá en su país de origen. Rosemount Estate es uno de los nombres más importantes en el mundo vitivinícola australiano, y en su haber cuenta desde la conocida –al menos por aquí- línea Rosemount Diamond, por su calidad y muy buena rpc –o “best value”, como dicen los gringos-, y más si es comprado afuera de tierras brasileñas, hasta íconos como el Rosemount Roxburgh Chardonnay, que quienes están circulando por la vinoteca lo recomiendan aunque nunca vi a nadie hacerse de una botella; también, con los precios que llegan por aquí. Pero lo bacán es escuchar los comentarios, apuntar las marcas, líneas y cosechas, y buscarlos afuera de la frontera brasileña. Este por ejemplo, afuera costó cerca de RS29 (US16) y aquí lo venden a poco más de RS110 (US60): diferencia abismal.

El vino: a la vista es de un elegante violeta oscuro con bordes violaceos; denota mediana corpulencia; forma lindas y grandes lágrimas em las paredes de la copa. 

En nariz hay frutas negras, esas ciruelas grandes, también algo así como clavo de olor; el olor se va soltando com el pasar del tiempo. En boca: aquí en casa hay una crema balsámica para las ensaladas: “Fedora, Crema di Balsámico, Nera”, es la marca: no es de mi agrado, pero a C le encanta: tiene un sabor fuerte, y este vino me hace recordar esa sensación –aunque en menor medida- de ardor, al inicio algo especiado, no tan agresivo como aquella crema. Ya C no lo encuentra así, yo lo encuentro extraño, diferente. Con el tiempo esse “ardor” desaparece y esa sensación de fuerte astringencia se llega a disfrutar: además de la madera hay algo como ahumado, también tabaco. El alcohol y la acidez se tornan muy equilibrados; con comida mejora y mucho. De final largo y un retrogusto de frutas negras, ciruelas negras. 

Tengo que mencionar el diseño de la botella es excelente, muy diferente a lo normal. Quizá necesitó ser decantado previamente.  Experiencia diferente, agradable, más si es comprado fuera de Brasil, pero que no hace olvidar los efectos orgásmicos del Terrunyo chileno anterior.

domingo, 6 de mayo de 2012

Terrunyo Cabernet Sauvignon 2007



Viña Concha y Toro
Terrunyo, 2007 
95,5% Cabernet Sauvignon, 4,5% Cabernet Franc 
Viñedo Pirque Viejo
14,5% Grad. Alc.
D.O. Pirque, Cuartel Las Terrazas, Valle Del Maipo, Chile. 

Hacía mucho que no trasegábamos un caldo de la Viña Concha y Toro, y si mal no recuerdo la última botella de esta bodega fue también de esta línea Terrunyo, pero en la cepa Sauvignon Blanc, que aunque los recuerdos son agradables, aquel disfrute no llegó ni cerca a lo que estamos –porque todavía hay caldo en la botella, pero maldita sea…, ya se acaba- experimentando con este tinto. 

Estos vinos dan ganas de entrar al carro e ir a Foz de Iguazú ipso facto para cruzar a Ciudad del Este, Paraguay a sus grandes centros comerciales, y regresar con más vino, porque el comprarlo en Brasil nones, es pagar mucho más del doble; las ventajas de una frontera. 

De un hermoso violeta que linda con lo negro, forma intensas lágrimas, denota mediana corpulencia. Su olor es a grosellas negras, se siente un poco de vainilla, cuero; no es un aroma que desborde las copas y acapare el ambiente, no, pero en copa es muy profundo. En boca viene el show: de taninos muy sedosos, una acidez equilibrada, un amargor que hace recordar chocolate bitter, no hay notas dulces. De una corpulencia mayor que la media, para nada alcohólico a pesar de sus 14,5% de graduación; de final largo con retrogusto a café. Muy equilibrado, muy elegante. Perfecto con brochetas de carne, cebolla, tomate y pimientos.

¡Qué orgasmo cholita!

viernes, 4 de mayo de 2012

Novelas nada ejemplares, Dalton Trevisan


 
Novelas nada exemplares, 1959 
Editora Record, 1979 

El primer libro publicado por el maestro del cuento brasileño es este, que tanto alboroto causó en su momento: no estaban preparados para tanta frialdad. Pareciera que hasta entonces no habían plasmado la verdad cruda en historia alguna, y al salir esta obra con sus treinta relatos extraídos de la realidad curitibana, que puede extenderse a la brasileña y latinoamericana, fue albo de duras reseñas y feroces críticas que podrían relegar al olvido a cualquier joven escritor, y más cuando vienen de personajes tan respetados en el ambiente cultural de la época, como Otto Maria Carpeaux, ensayista y crítico literario austríaco radicado en Brasil. 

En todos los relatos se percibe que como nunca la ficción está muy unida a la realidad, como si el escritor hubiese sido testigo presencial en cada historia, para poder describir los detalles –parpadeos, tics, sudores, olores, hedores, silencios, etc- más mínimos para las diversas escenas que grafica con maestría. 

Aunque todas las historias aquí tienen su encanto –desde la más pícara hasta la más triste- los que más disfruté fueron “Pedrinho” que abre el conjunto, donde la tristeza es total: estremece, abruma, desde un principio ronda esa ausencia total de esperanza; “João Nicolau” donde nos presenta las vicisitudes del João del título, un paria, desde su juventud hasta su muerte, relato corto que con mucha habilidad nos entrega lo peor en la vida de aquel tipo; “La sopa”, en la intimidad de una familia humilde, la señora hará una confesión al marido, confesión mucho más dura que una infidelidad; “Penélope”, donde los silencios llegan a ser ensordecedores. 

Algo en común entre todos los relatos es esa tristeza y desánimo que hay en los personajes aunque ante un tercero parezcan felices, normales. Son esos momentos más tensos y duros por los que todos pasamos en alguna etapa de la vida los que Trevisan llega a “cazar” y plasmar en sus historias. 

Al repasar lo que el escritor Carlos Heitor Cony –quien se manda con la reseña e información en las lengüetas- indica, imagino que lo que Carpeaux hizo con su crítica, sin querer, fue atraer la atención de la gente, despertando la curiosidad por saber quién era éste loco por quien el “maestro Carpeaux” –como lo llama Cony- dedicaba tiempo en este libro. 

El maestro Trevisan sigue en pleno proceso de creación y lo que es mejor, publicando: en el 2011 salió su último libro de cuentos “O anão e a ninfeta” (“El enano y la ninfa”); yo por ahora sigo descubriendo sus obras más antiguas, conforme las vaya encontrando. 

Hasta ahora las historias de Dalton Trevisan son un manjar que no empalaga.




Pedrinho 

El niño jaló la falda de la mamá quejándose de un dolorcito de cabeza. Bueno, que vaya a jugar con el hermano; jugando el dolor pasaba. Ella ya estaba atrasada con la cena. 

La familia reunida alrededor de la mesa. 

-         - ¿Dónde está Pedrinho? – preguntó el papá.
-         - Jugando allá afuera – respondió la mujer.
-         - No con nosotros – añadió el hermano. 

La madre se asomó por la ventana: 

-         - Vecina, ¿no vio a Pedrinho? 

Regresando del cuarto el hermano contó que Pedrinho estaba allá, en la oscuridad, él, el más miedoso de la familia. 

-         - ¡Echado con zapatos, mi hijo! 

El niño tenía los ojos abiertos en la obscuridad. El papá encendió la luz, le alisó el cabello, le descalzó el zapato de suela ahuecada. 

-         - Quiero unas zapatillas, papá. 
-          - Después te las compro. ¿Te duele?
-         - Un poco. 
-         - Tu mamá te traerá una sopita. 

Él lloró que no, con los ojos fijos en la lámpara. 

-         - No mires hacia la luz, mi hijo. 

El niño pidió para que la apagase. 

-         - ¿No tienes miedo? 

Sábado frio, con garúa. El papá llevó en los brazos a Pedrinho hasta la farmacia de la esquina. Resfriado, sentenciaba el farmacéutico, después de espiar en la lengua del niño. Recetó un jarabe, una cucharada cada dos horas.
El domingo Pedrinho no quiso salir de la cama. El hermano se cansó de jalarle el cabello, él ni lloró. El papá abrió la ventana. 

-         - ¿No irás a jugar, Pedrinho? 

Susurró bajito que no. 

-         - ¿Todavía con el dolor de cabeza?
-         - Sólo un poquito.
-         - ¿Qué cuente una historia? 

El niño fijaba los ojos en la lámpara apagada. No hizo ni una pregunta, prueba de que no escuchaba. Allá afuera el hermano corría a los gritos. En el almuerzo tomó sopita, por la tarde pestañeó. La madre cosía al lado de la ventana, y, para saber la hora del jarabe, iba a mirar el reloj en la sala. El reloj estaba antes en el cuarto, hasta que el niño hizo señal con la mano, de un día para otro muy pálido. 

-         - El reloj mamá. Duele…

El tic-tac le estremecía la cabeza. La mamá alejó el reloj y, de dos en dos horas, daba a Pedrinho una cucharada del segundo vidrio del jarabe. El niño con la mirada fija en la lámpara. 

De la cocina la mamá escuchó que la llamaba: 

-         - Agua, mamá. Agua.
-         - ¿Duele la cabeza mi hijo? 

Que sí, con el párpado, bajándolo en el ojo vacío. Tanteaba distraído en el aire. Ella le dirigió la mano que se cerró en el vaso. 

La luz encendida, Pedrinho lloriqueaba. Fue enrolado una hoja de papel alrededor de la lámpara. El papá tocó la puerta de la farmacia. El niño no estaba bien, tenía mucha fiebre, y aquel dolorcito en la cabeza. 

-         - No es nada – dijo el farmacéutico. – Es gripe. Es igual a mi bronquitis – y comenzó a toser, llevando la mano a su boca desdentada.
Al día siguiente el niño no quiso almorzar. La mamá le ponía el vaso en la mano: él bebía, con los ojitos cerrados. De la cocina ella escuchó: 

-         - André, dame la pelota. ¡Mamá…! Mira a André.

Llegó a la puerta con el secador en las manos. 

-         - ¿Qué pasa mi hijo?
-         - Nada, mamá.
-         - ¿Su hermano está aquí en el cuarto?
-         - No mamá. Era una broma. 

La mujer regresó a la cocina. 

-         - André, dame la pelota. ¡Mamá…! André no quiere. ¡André me está jalando el cabello mamá! 

Ella corrió hasta la esquina, vino con el farmacéutico. 

-         - Don Juca, ¿no cree que pueda ser …?
-         - ¡Qué esperanza, doña!

Levantó con cuidado la cabeza del niño. 

-         - ¿Él se quejó?
-         - No.
-         - ¿Vio usted? Si fuese aquella enfermedad, gritaría de dolor. 
-         - No para de gemir, el pobrecito. 

A las seis, del regreso del trabajo, el papá entró en el cuarto. 

-         - Él gimió el día entero – advirtió la mujer.
-         - ¿Qué tiene mi machito?
-         - Dolor, papá.
-         - Ya pasa mi hijo. 

No se movía en la cama, muy grande para él, de ojos abiertos en la obscuridad. Lloriqueaba, hasta dormido. El papá saltaba de la silla. Venía a acariciarle la frente: ardía. 

Por la mañana pidió las canicas coloridas. Se agitaba con ellas debajo de la sábana. 

Al retornar del trabajo, el papá vio desde la esquina a los vecinos delante de la casa. 

-         - ¿Por qué demoró tanto hombre de Dios? 

La mujer lloraba en pie, con la cabeza apoyada en la pared. Una vecina restregaba vinagre en los pulsos del niño desmayado. El papá se inclinó en la cama, el niño puso los ojos blancos. 

-         - ¡Pedrinho…! ¡Pedrinho! 

Rechinaba los dientes que ni ataque de perros. Morado de tanto retorcerse, el cuerpo en arco desde la nuca hasta los talones. Después de cada convulsión cerraba penosamente los ojos. Una mosca vino a importunarlo, retiró la mano de la frazada para espantarla. Ella le andaba por el rostro, el niño daba golpes en la oreja. El papá le alisó el cabello sin ver la mosca. 

-         - Pss…, pss… Duerme hijito. 

Con sed, el chibolo con los labios agrietados. Empezó a gemir, no dejó que le inclinasen la cabeza, volteándola en la almohada. Cerraba la mano vacía sin alcanzar el vaso. De súbito un salto en la cama. 

-         - Desvariando, el pobre – dijo la vecina. 

Aquella mosca empezó a volar, él la espantaba con la mano libre. El papá le agarró los dedos. 

-         - Pss…, pss… 

La mamá le inclinó la cabeza y Pedrinho gritó. De noche, el niño de ojos perdidos en la lámpara. Con el papel de color verde no le dolían los ojos. La mujer salió del cuarto, el papá agitó la mano delante del rostro de su hijo: estaba ciego. 

A las once horas el niño gimió de nuevo: 

-         - ¿Te duele mi hijito? 

Tieso en la cama, los ojos presos en la lámpara. El papá llamó a la mujer, ni bien vio al hijo, ella se echó a llorar. Se debatía con la mano libre, un gemido allá en lo hondo. Tragando en seco, agitaba la cabeza en la almohada mojado en sudor. La boca chueca quería morder la oreja como un perrito muerde sus pulgas. 

La mamá rezaba de rodillas al lado de la cama. Pedrinho de ojos quietos. Ella soltó un grito: 

-         - ¡Murió…..! ¡Mi hijito murió! 

-         - No llore, mujer. Soy el papá, y no estoy llorando. 

Con la ayuda de un pariente el papá lo bañó. El niño permaneció duro sobre la tina, no pudieron sentarlo en el agua. Después la mamá lo vistió, ni era domingo; pantalón azul, camisa blanca, con saco, como un hombrecito. No calzó los viejos zapatos. Lo abrazó tan fuerte, quería ser enterrada con él en el mismo cajón –el hijo tenía miedo a la oscuridad. 

El papá compró las zapatillas dos números mayores. Con el paquete bajo el brazo vio, entre cuatro velas prendidas, al hijo que descansaba sobre la mesa. Calzó las zapatillas blancas, nuevas, en los pies fríos. Al peinarle el rubio cabello constató la cabeza: todavía hervía. 

Se acurrucó en un lado, encendió un cigarro. El cigarro cayó de la boca, y se le partió el corazón en siete pedazos.