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lunes, 12 de abril de 2010

Casa Perini Moscatel




Vinícola Perini 

Casa Perini Moscatel 
8% Grad. Alc. 
Garibaldi, Rio Grande Do Sul, Brasil.

Aquí en Brasil se habla mucho y muy bien sobre los espumantes nacionales así que ayer bebimos uno de ellos. Fue uno sencillo, accesible, pero muy agradable, para quienes gustan los Asti o tipo Asti. Aquí generalmente la frase “espumantes Asti o tipo Asti” genera urticaria a quienes gustan de beber vinos y sus paladares exigen vinos más astringentes y repelen todo aquello que sea “dulce”. Nosotros no somos tan exquisitos. Los encontramos muy refrescantes para una tarde cualquiera. El color es de un amarillo algo más concentrado de lo visto en otros anteriormente, sin llegar a ser desagradable a la vista; sus burbujas son notorias y persistentes y, pareciera ser más gasificado que otros bebidos ya, al menos dejó esa impresión. En su olor encontré una leve nota a miel, es muy leve, pero igual eso no fue agradable para mi. Con aquello creí que en la boca sería muy dulce y llegar a ser empalagoso: no fue así. Al probarlo su dulzor no es tan marcado, no empalaga, es refrescante, y reafirmó lo que parecía al verlo: lo encontré más gasificado. En cuanto al sabor es algo más equilibrado incluso que el Sperone italiano que sí es un Asti (este no lo es por obvias razones), pero sin llegar a tener la elegancia del Riccadonna pero que, por este precio (el Riccadonna está RS55, unos $27, y este Casa Perini nacional unos RS17, unos $8 aprox) y por sus caracterízticas este espumante llega a ser una excelente opción “en esta línea”.



Publicidad de este espumante en una carretera del sur del país.


Como dato estadístico, este espumante se llevó la Medalla de Oro en el V Concurso do Espumante Fino Brasileiro celebrado en el estado de Rio Grande Do Sul en el 2007 junto con otras 35 marcas.
Es perfecto para quienes no están muy acostumbrados o no gustan de los espumantes demi-sec para arriba, y, encuentran agradables los vinos dulces.

martes, 6 de abril de 2010

Cambio de Guardia, Julio Ramón Ribeyro.



Cambio de Guardia; Novela 1976; Editorial Milla Batres; Julio Ramón Ribeyro, Perú.

Aún no terminaba de releer este libro, y ya tenía una frase en mi cabeza: ¡es un libro muy sabroso! La primera vez que lo leí fue hace 16 años aproximadamente, mediados de los 90’s, y ya había devorado los 4 tomos con sus cuentos reunidos –en esta misma editorial- bajo el excelente título “La Palabra del Mudo”, con los cuales me torné en un anónimo hincha de Ribeyro. No recuerdo bien cómo llegué a él: quizá en las conversas con los libreros del Jr Quilca, en el centro de Lima, o con las conversas con mi primo-hermano-amigo Erick, quien siempre estaba con un buen libro en la mano, y varios más esperando su turno. Recuerdo que la imagen de Ribeyro era asociada a un buen vino en la mesa y al cigarro en la mano, y recuerdo también que por aquel entonces mi interés por aquella bebida era casi nulo, lo que no impidió a Erick y a mi trasegar una botella, en nombre del maestro, aquel diciembre de 1994, cuando Ribeyro murió, mes en que también se hizo del prestigioso Premio Juan Rulfo.
Ahora, luego de haber leído ya algunas obras, de variados escritores, no mermó en lo absoluto el sabor encontrado en su exquisita prosa, en su elegante y detallada descripción por los personajes del día a día de Lima, y aquella satisfacción que deja en el alma; por el contrario, ahora lo valoro más, ya que son pocos los que con sus obras derrochen tal maestría.
“Cambio de Guardia” fue escrita entre abril de 1964 y setiembre de 1966 en Paris, Francia, pero fue recién editada 10 años después, en agosto de 1976, como bien nos advierte el autor al inicio de la obra:

“En nuestra época los acontecimientos se suceden con tanta celeridad que la actualidad se convierte rápidamente en historia. Es por ello inútil pensar que esta novela, escrita hace diez años, refleje la actualidad real del país. Es inútil además porque fue inspirada en hechos mucho más antiguos, y porque, en última instancia, una buena parte de lo que narro fue inventado y no tuvo otra finalidad que formalizar, gracias a situaciones relativamente claras, unas cuantas intuiciones oscuras. Si la publico ahora es porque las sociedades tienden a veces a efectuar movimientos pendulares o circulares y en estas condiciones lo pasado puede ser lo futuro, lo presente lo olvidado y lo posible lo real.”
Paris, 1976
J.R.R.

La novela consta de 13 capítulos, que a su vez están integrados por pequeños subcapítulos de media o una página cada uno, donde se intercalan diversos personajes de diferentes clases sociales en la Lima de mediados de los 50´s, que con el transcurrir de la novela van cruzando sus caminos de diversas maneras. Desde obreros relegados de una fábrica de pinturas que se alzan en huelga reclamando sus derechos; huérfanas en un orfanato asediadas por el depravado cura a cargo; un grupo de niños de un barrio noble de la capital que tienen por amigo a un policía con oscuras intenciones; hasta altos mandos de ejército peruano conspirando un golpe de estado contra el gobierno elegido.
Cada subcapítulo está escrito de manera tal que llega a detallar en lo mínimo a los personajes, graficándolos muy bien, y concluyendo estos, dejando un aura de suspenso en algunos o con un sutil humor negro en otros.

Las chicas esperan haciendo cola ante la capillita. Cuando la que ha terminado de confesarse sale, la próxima entra. Dorita se arrodilla ante el confesionario. A través de la tela metálica siente el aliento de don Sebastián. “¿Qué me tienes que decir hijita?. Dorita recuerda lo que le dijo su compañera de cuarto: que ellas no ven al cura, pero que el cura las distingue claramente a través de la rejilla. A pesar de ello dice que ha estado con cólera, que ha regañado contra la empleada que vigila la costura. “Eso no es grave, dice don Sebastián, todos tenemos momentos de mal humor”. Dorita añade que le ha dado envidia la pluma fuente de Raquel, que una vez en clase estuvo a punto de robársela. “Pero no pasó de una intención. ¿Qué más hijita?”. Dorita reflexiona. No sabe si decirle que con la asistenta social envió una carta a la señora Agostini quejándose de la comida. “¿Quieres que te ayude?” pregunta el sacerdote. Dorita dice que sí. “¿Has tenido malos pensamientos?, ¿Has dicho mentiras?. Ahora vacila; lo de la carta, ¿será una mentira?. “Has faltado a tus deberes religiosos? ¿has tomado el nombre de Dios en vano?”. Como Dorita no responde don Sebastián prosigue: “Has cometido actos indecentes?”. Siente, presiente el rostro de don Sebastián pegado a la rejilla. “Actos indecentes, solita, en el momento de acostarte o en el baño”. Nuevamente le llega el aliento de don Sebastián, olor a tabaco, a comida. “Cuéntame hijita, eso no se debe hacer, uno se puede volver loco, hay revistas que dicen que hasta se puede volver paralítico”. Sin poderse contener, Dorita empieza a sollozar. De buena gana se levantaría, pero teme quedarse sin absolución. Don Sebastián sigue hablando: “Yo sé muy bien hijita, a la edad de ustedes siempre ocurre eso, ¿cuántas veces? ¿todos los días?”. “¡Nunca!”, responde al fin Dorita. Don Sebastián queda un momento callado. “Estás mintiendo, una alumna me ha dicho que te ha visto, dice que cuando vas a la ducha en las mañanas….”. “¡No es verdad!”, exclama Dorita poniéndose de pie. Desde allí ve el pequeño altar con su llama eterna, su custodia que reluce y su Cristo retorcido. Don Sebastián asoma la cabeza por la puerta del confesionario: “¡Ponte de rodillas!”, pero Dorita se aleja rápidamente y abandona la capilla.
Cap III, Subcap. 39.

Las conversaciones entre los personajes fluyen de manera natural y me transporta como si estuviese en aquella escena.




Después de atravesar los muladares, entre perros y gallinazos, Felipe se detiene y señala una grieta disimulada entre montículos de desmontes. “Allí está el desfiladero”. Pipo avanza unos pasos y queda observando la abertura, que parece un tajo en el hormigón. “Nunca lo había visto, y he pasado miles de veces por aquí. ¿Da a la playa?”. Felipe se adelanta: “Claro, sígueme”. Es un verdadero callejón de apenas un metro de ancho, una fisura más bien en el acantilado, que serpentea y acentúa su declive a medida que avanza hacia el mar. Felipe va a la cabecera, con cuidado, pues cualquier movimiento brusco puede hacer desprenderse piedras. A la mitad se detiene: “¿Y que tal? Firme ¿no?”. “Aquí nunca me van a encontrar mis amigos, dice Pipo, el próximo sábado que venga con ellos me esconderé aquí y verás como no me chapan”. Felipe da unos pasos más y se vuelve a detener para sacar un cigarrillo. “¿Quieres seguir bajando?. Pipo dice que sí. “Mejor descansamos un rato, añade Felipe, este calor me corta la respiración”. Poniéndose de cuclillas empieza a fumar. Pipo observa los paredones pedrosos: “¿Y por qué se llama el desfiladero de la muerte?. Felipe no responde. De una pitada consume la mitad de su cigarrillo. “Qué raro eres de civil, añade Pipo, cuando nos encontramos en la bajada no sabía quien eras”. Felipe sigue callado. Pipo lo mira: “Es verdad, tienes otra cara”. Felipe apaga su cigarrillo contra el suelo: “¿Por qué no te sientas un rato? Fíjate acá”. “No, dice Pipo, quiero llegar hasta el mar”. “Ponte entonces tu ropa de baño, si tanto quieres el mar. Así apenas llegues, te bañas”. “No, dice Pipo, me la pongo en la playa. ¿Por qué me miras así?. Felipe se ha puesto de pie: “¿Jugamos a los ladrones y celadores? A ver, pasa, pasa hacia la playa”. Abriendo sus brazos le cierra el camino. “Claro que paso”, exclama Pipo tratando de escabullirse por un lado. Felipe lo atrapa de la camisa: “No pasas”. Al sentirse capturado Pipo se echa a reír. “Déjame, comenzamos otra vez”. Felipe está serio, mirándolo, pero como pensando en otra cosa. Sus ojos le dan miedo. “¡Otra vez! ¡Suéltame y empezamos otra vez!”, suplica Pipo. Pero la mano de Felipe no lo suelta: “No, ya no hay otra vez”.
Cap IV, Subcap. 76.

El momento en que se desarrola la historia deja entrever que es previo al golpe de estado del General Manuel Odría (General Chaparro en la historia) al presidente Bustamante Y Rivero. Pero como bien menciona el poeta Washington Delgado: “el tirano es sólo un personaje de segundo plano, bastante opaco y desvalido”.
Julio Ramón Ribeyro es conocido como uno de los mejores cuentistas en habla hispana, sin embargo, esta novela (entre otras) hace que ese dicho no sea del todo real, ya que lo limita a esa área, teniendo él una obra que va desde la novela, pasando por el teatro y ensayos: él es un escritor muy completo.
Totalmente imprescindible.

jueves, 1 de abril de 2010

O cara da moto, Sérgio Mahoe




Título en español : El joven de la moto
Editora : International Press Japan Co.
Año de publicación : 2003
Género: Crónicas de viajes


Éste fue el primer libro en portugués que leí. Llamaba mucho mi atención entre tantos magazines, diccionarios, y semanarios que estaban en los anaqueles de las tiendas de productos brasileros en la Sony Minokamo en Japón. Recuerdo que demoré en leerlo puesto que una cosa era escuchar el portugués y otra leerlo. Ahora, al releerlo en 2 tardes veo con gracia que encerré muchas palabras simples que en ese momento desconocía y ni idea hacía de qué podían significar.

El autor es un dekassegui que tuvo el coraje de realizar esta magnífica aventura y recorrer muchos países en 3 continentes: sale de Narita, Japón, en avión (obviamente), hasta Kuala Lumpur en Malasia. De ahí va en moto hasta Tailandia queriendo seguir por Mianma (ex Birmania), pero tiene que retornar a Tailandia puesto que la frontera está bloqueada por guerrilleros. De Tailandia va en avión hasta India y de ahí sí, continúa su periplo por toda India, Nepal, Paquistán, Afganistán, Irán, Turquía, Siria, Líbano, Jordania, Egipto, Sudán, Etiopía, Kenia, Uganda, Ruanda, Burundi, Tanzania, Zambia, Maui, Mozambique, Suazilandia, Sudáfrica, Lesotho y terminar en Ciudad del Cabo, Sudáfrica. De ahí en avión hasta Buenos Aires donde continúa por parte de Argentina, entra a Uruguay y por fin a su Brasil querido, hasta llegar a São Paulo. El libro es muy descriptivo: desde los preparativos: cómo hacerse de auspiciadores (su aventura fue relatado en varias crónicas mandadas por él al semanario IPC en Japón, antes de que se convierta en libro), hasta los problemas encontrados en cada lugar.



“Cuando amaneció, dejé el campamento kurdo y continué el viaje. El problema surgió en la primera villa que intenté atravesar. El ejército turco hacía un rigoroso control de entradas y salidas de las personas en todas las villas de la región. Durante la fiscalización, ellos querían saber de cualquier manera el local exacto donde había pasado la noche anterior. Recordé de un rio que crucé y me arriesgué a decirles que había sido en sus orillas. No hubo problemas y me dejaron ir. Ya sentado en la motocicleta y colocándome el casco agradecí a un sargento del ejército turco con la palabra “spaz”.

En aquel momento sabía muy poco de lo que sucedía en el sur de Turquía. Sabía que el gobierno turco combatía guerrilleros kurdos, pero no tenía la menor idea que los curdos tenían su propio idioma. “Spaz” significa “gracias” en kurdo, mas no en turco. En el momento en que mencioné aquella palabra el sargento me cogió del brazo, y mirándome fíjamente a los ojos me interrogó:

- ¿What? (¿Qué?)
- Thank you – le dije, pero él negaba con la cabeza mientras hablaba en inglés.
- ¡No! ¡Usted no dijo eso! – buscándome la mirada –

Los dos soldados que estaban cerca también negaban con la cabeza asegurando que yo no había dicho “thank you”.

- ¡Sí! – les respondí en portugués, pero nada les sacaba de la cabeza haber dicho “spaz”.
- Gracias…, chau…, chévere…, agradecido…, y, en mi barrio usamos mucho la palabra “paz” – intentaba explicarles-

No sé de dónde pero me vino la palabra “paz” a mi cabeza y decidí usarla para librarme de esta “metida de pata”.
La mentira funcionó y fui liberado.




El libro contiene un mapa y varias fotos de los diferentes lugares por donde pasó. Está lleno de anécdotas vividas con las diferentes personas de diferentes culturas con las que convivió, aunque en la parte de Latinoamérica no haya profundizado más. Al final hay tablas de los accesorios que llevó y lo gastado en cada lugar. Es muy gráfico en ese sentido. Excelente para salir de viaje sin salir de tu sala.

Página web del autor:
http://mmm.housaku.net/bra/route/index.html

Setembro Não Tem Sentido, João Ubaldo Ribeiro



Setembro não tem sentido; Septiembre no tiene sentido; Novela 1968; Ed. Nova Fronteira 2da Edición 1987; João Ubaldo Ribeiro, Brasil.

Este es el primer libro de Ubaldo Ribeiro que leo: una novela sobre un grupo de amigos en Bahía que discuten y actúan con ironía sobre las festividades en el mes de la patria brasilera: septiembre. El autor denuncia con esta obra que aquellas celebraciones son tomadas por las autoridades locales como simples fiestas, sin ningún sentimiento patriótico como deberían ser, y sirven tan sólo como fachadas para mantener a la gente en ese sopor que los envuelve. En ese sentido la obra cumple su objetivo, sin embargo, el tedio me invade con el transcurrir de sus páginas. Hay momentos muy buenos donde me engancho totalmente con la obra, como al inicio:



“Oh -dice la noviecita-, la pobreza no me asusta: soy de la Favela dos Alagados.
-¿Alagados? ¡Qué elegante! Tengo una tía que vive por allá – dice Tristão riendo-.
-¿Tu tía es doña Tristolda? – preguntó la noviecita, con tierno interés y sonrisa gentil -.
- ¡Eso! – respondió Tristão- . Es Tristolda, casada con Tristildo, mamá de Tristóbulo, Tristenio, Tristonio y Tristencio. ¿Los conoce por casualidad?
- Íntimos, íntimos. Somos vecinos. Vivimos exactamente en la frontera entre el agua y la basura. El gallinazo que tienen por mascota se llama Waldemar.
- Ah, si, Waldemar. ¿Y cómo está Waldemar?
- No muy bien. La basura últimamente anda cada día menos nutritiva: lamentable.
- Es verdad. Sobretodo cuando tantas personas dependen de la basura para su alimentación.
- Pero las damas de la caridad están haciendo una campaña de ámbito estadual – dice la noviecita, levantando entusiastamente su bouquet – Oh, oh, oh.
- ¿Una campaña? – preguntó Tristão muy interesado.
- Sí, una campaña meritoria – exclamó la noviecita con mucha sensatez – La campaña de “Más Vitamina en su Basura”. Todos los que participen de ella van para el cielo, y así nosotros comemos mejor, así todos quedamos satisfechos.
- Mire usted…, hay gente velando por nosotros.
- ¡Sí! – dice la noviecita - ¿No es un amor?
- Un amor, un amor, un amor – dice Tristão, reverenciando hasta tocar el piso con las manos - ¿Y el señor gobernador hace parte de esta campaña?
- Claro – responde la noviecita, juntando los labios en forma de beso.- El Gobernador siempre toma parte de las campañas. Esta vez realizó un reconocimiento en Alagados en primer lugar.
- ¡Un reconocimiento! ¡Qué interesante! ¿Él fue personalmente?
- Bueno, eso sería pedir demasiado. Él mandó a su asistente, que a su vez mandó a su asistente.
- Entonces fue el asistente del asistente.
- No. Éste también mandó a su asistente.
- ¡Qué organización!




El capítulo “Día 5” es muy bueno también, donde Tristão Borges Dos Santos se cuela entre las autoridades, con la ayuda de su amigo Jeremías, para convencer al miembro de la cámara municipal a dar unas palabras al pueblo, y luego ya en el estrado, con miedo, se manda con su perorata anti-gobierno, tratando de abrir los ojos a aquellas personas ahí abajo, ensimismados y distraídos de la realidad por fiestas, siendo luego detenido por los soldados.
A pesar de estos 2 buenos capítulos, y de que el autor maneja muy bien el idioma, la obra en sí se me hace tediosa, con sus conversas sobre política y su trabajo en un periódico.
Es la obra prima de un autor que es muy importante para conocer la literatura brasilera. Tengo que conseguir y leer sus obras posteriores.

El mal de la muerte, Marguerite Duras



Título original ; La Maladie de la Mort
Año de publicación : 1982
Editora : Tusquets, colección La sonrisa vertical, libro 40
Traductor : José M. G. Holgueira
Año de esta publicación : 1996




En esta “nouvelle” (novela corta) la escritora se da maña, con tan sólo dos personajes, para tejer con elegancia una bella historia sobre un hombre a quien le es imposible amar.
Él alquila una mujer por varias noches para intentar sentir aquello que nunca sintió, para poder sentirse vivo, para poder conseguir amar, sin llegar a conseguirlo, simplemente porque él lleva consigo aquel mal: el mal de la muerte.
Ella aceptó la propuesta porque, sin poder mencionarlo en un principio, pudo percibir que él padecía aquel mal.
Hay una analogía interesante entre el mar negro, visto desde la terraza del cuarto, de largas olas blancas atravesándolo, y el cuerpo de aquella mujer en la blancura de las sábanas.



“Debiera no conocerla, haberla encontrado en todas partes a la vez, en un hotel, en una calle, en un bar, en un libro, en una película, en usted mismo, en usted, en ti, al capricho de tu sexo enhiesto en la noche que grita por un cobijo, por un lugar en el que desprenderse de los llantos que lo colman.”

Al final del libro la autora deja en claro cómo debería ser la obra de ser llevada al teatro, explicando los detalles que tomaría en cuenta para ser representada.
Con una escrita elegante y un sutil erotismo la escritora francesa nos ofrece una mirada a una de las fases del amor, en este caso, del amor que no se llega a dar.

martes, 30 de marzo de 2010

Veronika decide morir, Paulo Coelho.




Título en español : Veronika decide morir
Editora : Planeta
Año de publicación : 1998
Año de esta publicación : 2006



Confieso que continué leyendo a Coelho primero: porque “O monte cinco” fue entretenida y, sobretodo, “A bruxa de Portobelo” me gustó, y segundo: en Japón no encontraba libros en español.

Este libro fue tedioso; no veía cuando acabarlo. Ya en la primera hoja encontré algo que no me agradó de entrada: página 7, capítulo 1, la frase “Embora não tivesse nenhum interesse especial por informática....”. Página 8, mismo capítulo, 10 líneas después: “Veronika começou a ler sobre informática, um assunto pelo qual não tinha o mínimo interesse”. Repetitivo. Y no es error de imprenta ya que es toda una frase, ni de traducción porque es edición brasileña. Así que con ese inicio no esperaba mucho del libro entre manos.

Verónica es una eslovaca con todo en la vida: linda, con buen trabajo, acceso a los novios que quisiese, familia que la quiere, pero, a pesar de todo eso no es feliz (parece novela de tv mexicana), y, con una sobredosis intenta suicidarse sin conseguirlo. En la clínica donde está internada y con su estado de salud quebrantado decide (las decisiones de la muchacha) vivir. Hay un capítulo algo interesante (pág 131), que hace que despierte del sopor en el que el libro me envuelve, cuando Verónica, pensando que le quedan pocos días de vida decide masturbarse por primera vez en su vida y delante de Edward, su amigo, a quien aparentemente sólo le interesa que ella toque el piano, ya que vive en un mutismo total, como en otro mundo. Ella se toca, hace que él la toque, desearía que su amiga Zedka estuviese ahí para que también entre a su juego “porque uma mulher sabe como tocar o corpo da outra como nenhum homem consegue, já que conhece todos os seus segredos”; llega a tres orgasmos seguidos y, pocos días después Edward le hace saber a la pequeña pervertida que recuerda todo lo pasado en aquella noche.




Recuerdo que estaba en un tren cuando pasé por esas líneas. Salvo esa parte que despertó mi morbo el libro fue aburrido, con demasiado edulcorante, teniendo a una Verónica que con 24 horas o menos de vida quiere hacer todo lo que no hizo hasta entonces.

Perfecto para quienes buscan un libro de auto-ayuda disimulado de novela. Incluso el autor aparece al inicio como un personaje que se cruza en la vida de Verónica. Estos son los libros que hacen que te alejes por completo de un autor. Un bodrio total.

jueves, 25 de marzo de 2010

Panul, Cabernet Sauvignon 2008




Viñedos Errazuriz Ovalle; Panul; Cabernet Sauvignon 2008; 13% Grad. Alc; Valle de Colchagua, Chile.


Como mi esposa no está por aquí me arriesgué a beber un vino del que no esperaba mucho, y luego de probarlo puedo decir que ya bebí peores. Leo en la etiqueta posterior que la palabra “Panul” significa “abrazo” en lengua nativa chilena (no mencionan cual). De color carmín, con apariencia de poco cuerpo. Olor con alcohol, parece tener algo más ahí pero la sensación de alcohol es persistente que no aguantas tener la nariz por mucho tiempo ahí, a pesar de que el vino ya descansó un tiempo en la copa. Al probarlo: tiene un punto de acidez, pero lo que incomoda es aquella sensación de alcohol que se siente en la garganta y luego en el cuerpo: muy desagradable. Hay algo de astringencia, muy leve, pero la presencia del alcohol es lo que hace imbebible este vino. Reconozco que aquel Casa Sierra chileno anterior fue una porquería: este creo que no es tan asqueroso, cuestan lo mismo (RS12), pero definitivamente no repetiría una experiencia como esta, y menos aún con mi esposa a mi lado: no le haría eso.