jueves, 24 de abril de 2014

Una sincera jaculatoria

Abril comenzó diferente. Un par de repentinos y largos viajes de Cris coincidieron con la quema de mi disco duro y problemas en la placa del laptop; pero esto resultó ser lo de menos. 









Caricatura del artista brasilero Raphael tomada de su blog. 



Así, con la tv usándola como poco solemos usarla, como tv (generalmente la usamos para conectar el dvd, y Sofía a veces de pizarra cuando ve un fondo blanco), veía cómo el mes iniciaba con la sorpresiva noticia del deceso del actor brasilero de cine y televisión José Wilker (Juazeiro do Norte, 20 de agosto de 1944 – Rio de Janeiro, 5 de abril del 2014). Su voz gruesa, gutural, era presencia usual en la tv brasilera, así como también en las ceremonias del Oscar, donde demostraba conocimiento acerca de directores y películas de varios lugares del orbe.



Aquí un programa de comedia y de otro canal le rinde un sentido homenaje a Wilker. Curiosamente no encontré algún vídeo ni igual ni mejor de la Globo, canal al que pertenecía el actor. 











El día 17 de este mes dos maestros más nos dejaron: 


Caricatura del artista cubano Ángel Boligán Corbo tomada de su página web.


Gabriel García Márquez (Aracataca, 6 de agosto de 1927 – México D.F. 17 de abril del 2014). Procuro leer y releer las obras de este colombiano universal por lo menos una por año porque simplemente no hay otro que escriba como él. Sus libros fueron y son una ventana a otro mundo, me acompañaron en momentos jodidos y a lugares lejanos. Aunque creemos estar ya enraizados aquí en Brasil todavía tenemos algunas obras de él en Lima. En el último viaje de diciembre entre diversos libros que pude comprar dos fueron de él. No debe ser sorpresa, pero sus obras cruzarán la barrera del tiempo siendo los anaqueles de las librerías efímeros lugares de paso hacia su destino final, lectores del mundo todo. 







Caricatura del artista puertorriqueño Kike Estrada tomada de su página web.


Ese mismo día 17 también se fue Cheo Feliciano (Ponce, 3 de julio de 1935 – San Juan, 17 de julio del 2014). No recuerdo cómo y cuándo vine a gustar de la salsa. Forzando un recuerdo creo que porque de una vez me hice de varios amigos del Callao y de sus alrededores. También tuve una enamorada a la que le fascina esta música, y aun así no aprendí a bailarla. Aunque la salsa sea un género que se escuche en todo el Perú en el Callao llega a cobrar dimensiones que no he visto en otra ciudad peruana. Desde hace varios años, porque muchos chalacos están por todo Lima -inclusive y felizmente una amiga muy querida con su familia en mi casa- es fácil pasear por cualquier barrio y que de la ventana no salga salsa a todo volumen, aunque esta sea una costumbre que no solo se restringe a los chalacos. Y así, conocí los diversos discos de El Gran Combo, La Sonora Ponceña, las letras de Rubén Blades, Irakere, Héctor Lavoe y con él a los artistas de la Fania All Stars donde Cheo Feliciano era uno de ellos. 







Caricatura del artista brasilero Casso tomada de su blog


Dos días después, y cuando por cualquier medio por aquí ya están en cuenta regresiva para el inicio del mundial de fútbol una de la voces televisivas más representativas se apagó. Al saber del deceso del periodista deportivo Luciano do Valle (Campinas, 4 de julio de 1947 – Uberlândia, 19 de julio del 2014) egoístamente pensé: ¿y ahora dónde voy a ver el mundial? En el único país pentacampeón buenos narradores los hay, pero la voz de aquel señor imprimía una fuerza y emoción que solamente la experiencia debe dar. 










Estas son personas que aunque no las conozcamos personalmente uno se acostumbra a su presencia a través de sus obras. Se hará sentir la ausencia de cada uno de ellos.


Pero esta entrada es quizá una excusa ya que en el ámbito familiar una persona muy querida también se fue, y esa pérdida realmente dolió. Mi tío Pancho, quien junto a su familia, mi tía Beatriz -mi gordita-, y mis primos me apoyaron en el momento más difícil de mi vida. El consuelo que tengo es de haberlo podido visitar, verlo, y llevarle a Sofía, cosa que no pude hacer con mi tía hace algunos años; la parte jodida de vivir lejos es esa, no estar cerca de los familiares y amigos en momentos difíciles. Erick, mi primo y amigo, escribió un recuerdo para la familia que recién hace poco pude leer y transcribo a continuación. Plasma muy bien el sentimiento que todos en la familia tenemos y el lindo recuerdo que de papá Pancho –porque aunque fue mi tío se comportó como un padre- guardaremos. 




Sofía con su tío abuelo.


Ahora que papá Pancho ha partido, debemos estar agradecidos por haberlo conocido y gozado buena parte de sus 92 años de existencia. 

Recordar y valorar sus enseñanzas, su ejemplo.
Quienes tuvimos el privilegio de disfrutarlo más tiempo, después de los hijos, fuimos los nietos mayores, quienes no me dejarán mentir, cuando estábamos en el colegio en la etapa de primaria, y mi padre nos levantaba en la madrugada a estudiar, a mi hermano y a mí, el abuelo hacia lo mismo con mi primo Hugo. Al bajar a la sala del primer piso, aún antes de ver a papá Pancho, nos llegaba una voz, era la de Ramírez Lazo de Radio Cora, la cual nos torturaba dándonos la hora minuto a minuto y que el abuelo escuchaba infaltablemente. Nuestro vecino criaba gallos, pero yo creo que el abuelo siempre los despertaba; nunca pudimos levantarnos antes que él.  
 
Ya en la sala lo veíamos sentado a la cabecera de la mesa con una taza de café, leyendo sus diarios Extra y Expreso. Conforme avanzaban los minutos, él se iba a cambiar y nosotros hacíamos lo propio, nos llevaba a los tres al Ricardo Bentín, ya por la tarde pasaba a recogernos y regresábamos caminando a la casa, siempre por la misma ruta, por la espalda del colegio San Basilio, atravesábamos ese parque y no se molestaba que nos demoráramos jugando por las gradas, luego cortábamos camino por el club Sporting Cristal parar llegar a casa. 

Los sábados cuando tenía que hacer compras siempre se iba a Monterrey, donde ahora queda Plaza Vea, o se iba hasta Chorrillos, regresaba por la tarde siempre cargado de bolsas. 

Cuando a mi hermano y a mí nos cambiaron de colegio, el abuelo nos acompañaba hasta el paradero de la línea 1 de Enatru, donde quedaba el Banco Popular y esperaba pacientemente que avanzara la cola, algunas veces venía con nosotros, otras nos dejaba y llevaba al primo Hugo al colegio Bentín. 

Cuando era niño me daba la percepción de que era serio, tal vez un poco renegón, quizás por la responsabilidad con que se tomaba las cosas, conforme fui creciendo descubrí un abuelo bromista. 

Cuando el abuelo se jubiló de la compañía Camet, que en ese entonces era ministro, nos contó que lo había llamado el dueño en persona J. J. Camet y que habían brindado por sus años de servicio. Luego que estuvo jubilado se aburría en casa, él era un hombre de acción, así que comenzó a trabajar con mi papá. Cuando me pasaba a la oficina, veía que el abuelo saludaba a los otros chicos de la oficina, siempre les decía “zambo” y ellos le respondían lo mismo. 

Luego la oficina pasó cerca a mi casa, y el abuelo venía temprano todos los días. Cuando mis padres viajaron, mi padre nos dejó -según él- guardada la llave de su auto, y un día le dije al abuelo para jalarlo, pese a no tener brevete ni mucha experiencia, y él me dijo: “si tu papá se llevaba mi auto, porque no puedes agarrar el suyo” y nos reímos, lo llevé al paradero para que tome su micro. 

Todos en la casa teníamos mucho respeto por él, no sólo los nietos o los hijos, también sus hermanos le decían papá Pancho, por eso acudían a visitarlos y pedir consejo.

Cuando yo comencé a fumar a escondidas, lo cual molestaba a mis padres, no sé cómo se enteró el abuelo y me llamó la atención, pero de una manera amical, lo más gracioso es que luego ingresé a la universidad y no sé en qué fiesta el abuelo me brindó un vaso, y luego nos tomaron una foto abrazados con mi papá y el abuelo Pancho, cada uno con una botella de cerveza y cigarrillos en manos. Mientras tomaban la foto alcancé escuchar al abuelo decir: los 3 jugadores, mientras mamatiz se reía. 

Recuerdo verlo los sábados por la mañana tomando café, y en un plato había máchica, claro, siempre atendido por mamatiz. Y cómo le gustaba en los almuerzos que hubiese papa sancochada, camote, para acompañar la comida. Con el pasar de los años se fue volviendo como un niño, juguetón, le gustaba darle la mano a Dana y no soltarla. Salía a regar su jardín y miraba a la gente pasar desde la reja, saludándolos cortésmente. 

Luego pusieron un colegio frente a casa. Él se paraba en la reja del garaje, pasaban muchos niños y les preguntaba cómo les había ido. El viernes mientras lo velábamos en casa, un niño tocó la puerta y preguntó quién se había muerto, le dijeron que el abuelito. Pasó a saludarlo, pidió un banco para estar a la altura del cajón, dijo que estaba bonito, que parecía dormido, y sentía pena pues ya no tenía con quien jugar a las escondidas. 

Bertolt Brecht decía: 

Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años, y son muy buenos. Pero hay los que luchan toda la vida, esos son los imprescindibles. 

Y eso es el abuelo. Eso es papá Pancho.



Erick Tapia Vital

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