lunes, 18 de octubre de 2010

La mujer de las maravillas, Alberto Bevilacqua




La donna delle meraviglie; A mulher das maravilhas; La mujer de las maravillas, Alberto Bevilacqua 1984; Ed. Círculo do livro 1986; Italia.

Escritor, poeta, reportero, director de cine y crítico de televisión, Alberto Bevilacqua (Oltretorrente, Parma 1934) es toda una personalidad en el ámbito cultural italiano. Él cuenta que a los seis años de edad vivía en una casa lo más parecido a un cuartel de mujeres. Era época de guerra, y todos los hombres de la familia habían escapado, perseguidos por el fascismo. Se sentía solitario, y su único consuelo era observar aquella comunidad de féminas: sus pequeños dramas, sus amores perdidos, su inmensa soledad, pero sobretodo el no perder su manera de vestirse, de peinarse, de mantenerse bellas. En sus novelas Bevilacqua suele retratar el complejo universo femenino.

A sus veinte años comenzó a trabajar en un diario de su ciudad natal, “La Gazeta”, encargándose de la sección literaria. Dos años después se trasladó a Roma colaborando en “Il Messagero” y en “Corriere della Sera” donde permaneció por muchos años.
Su oportunidad se da cuando el escritor Leonardo Sciascia hace una mención elogiando el libro de cuentos “La Polvore sull’Erba” de Bevilacqua. El encuentro con Sciascia fue definitivo en el futuro de Alberto.

En cuanto a esta obra:

En una noche tranquila Alberto ve como una silueta de mujer invade su hogar, profanando sus cosas. Inicialmente piensa en una ladrona, pero luego percibe que no se lleva nada, sólo revisa con minuciosidad cada canto, como si tuviera un derecho que él desconoce. Ella parece no preocuparse en ser descubierta, y llega incluso hasta el borde de la cama, observándolo; él finge dormir. Alberto no intenta descubrirla, y cuando decide hacerlo es ya muy tarde. Ahí comenzará una búsqueda por un ansiado reencuentro con aquella misteriosa mujer, que lo llevará a repasar las mujeres que alguna vez formaron parte de su vida, sobre todo Luisa, ex pareja y madre de sus hijos, quien vive en el departamento que alguna vez compartió con ella, y que ahora, desde una habitación de enfrente él puede observar las fiestas que ella organiza con sus diferentes novios, haciendo amistad inclusive con uno de ellos cuando aquel es también relegado por ella.



A cada capítulo el personaje irá deshilvanando una compleja madeja y cayendo en cuenta que aquella mujer lo conoce y mucho, más de lo que él imagina, descubriendo que en vez de querer confundirlo o jugarle una pasada la intención es ayudarlo.
La novela cuenta con una breve presentación por parte del personaje de esta historia. Desde ahí parece proponer alguna experiencia… mágica, rememorando sus viajes a Perú, Brasil (son mencionados cuatro veces en todo el libro) y al Tibet, donde conoce a un monje de nombre Khoda, todo esto hace que el personaje (autobiográfico al parecer) esté convencido en que aquella experiencia es algo sobrenatural.

La novela es de corte psicológico, y le encuentro un ritmo denso; al inicio del libro, a cada capítulo que voy pasando, las ganas de alejarme de este libro son cada vez mayores, luego la trama mejora o al menos no se me hace tan densa. El problema es que la trama no engancha, o yo con ella, aunque la idea no parece mala (esto me hace recordar la misma sensación que tuve con el “Budapeste” de Chico Buarque) la narración es pesada y, en su intento por descubrir quién es la mujer de las maravillas la trama se va enredando con un pasado que el personaje central de a pocos va recordando. No despierta en mí curiosidad alguna por descubrir quién es aquel “misterioso” personaje, y conforme voy avanzando sólo espero en llegar al final.

El mismo Bevilacqua dirigió una película basada en este libro con Claudia Cardinale y Ben Gazarra, entre otros, al parecer sin éxito alguno, a diferencia de otro libro escrito y también dirigido por él: “La Califfa” (escrita en 1964 y filmada en 1971, nominada a la Palma de Oro del Festival de Cannes de aquel año) donde actuaron Romy Schneider y Ugo Tognazzi; en esta obra, tanto el libro, como la película, tuvieron un reconocimiento al parecer merecido.

Es cierto que por una obra no debo calificar a un escritor, quizá esta no sea la más recomendada para conocerlo. Espero poder encontrarme en algún momento con otro libro suyo como “Questa specie d’ amore” que se alzó con el Premio Campello de 1966, o “L’occhio del gato” que a su vez obtuvo el Premio Strega de 1968, o “El Eros”, obra traducida al español y editada en aquellos libros rosados de la colección “La sonrisa vertical” de Tusquets Editores.

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