sábado, 7 de septiembre de 2013

Monte Cinco Petit Verdot 2009



Arturo Bertona

Monte Cinco, Petit Verdot 2009

15,4% Grad. Alc.

La Puntilla, Luján de Cuyo, Mendoza, Argentina. 



Hace algunos meses abrimos el malbec de esta marca Monte Cinco: ¡qué vinazo! Estas mismas palabras pueden ser adjudicadas a este varietal de petit verdot.

No es común –al menos por aquí- encontrar un varietal de petit verdot, una uva que generalmente es utilizada para hacer ensambles, blends, o sea, ser mezclada en menor proporción a otras más conocidas como el cabernet sauvignon, malbec, tannat, así que al ver un varietal 100% petit verdot es para llamar la atención. Pero como siempre los jodidos precios hacían sólo mirarlos en los estantes: US$60 (unos RS 120 aprox.) era demasiado, hasta que por diciembre del año pasado los ofrecían a poco menos de mitad de precio (US$ 27 aprox, unos RS55, creo) en la vinoteca “Vino!”, oportunidad única de conocerlos; hace una semana pasamos nuevamente por aquel lugar y ahí estaban, a sus precios normales.


A la vista, de un granate muy oscuro, negro al centro, bordes ligeramente naranjas, es un vino cubierto. Corpulento, tiñe las paredes de la copa. 

En nariz, Cris le encuentra frutas rojas, como a frambuesas, es de una intensa sensación afrutada, Hacia la tercera copa (cinco horas después, aprox.) hay notas como de chocolate amargo, también intenso.

En boca, primero sin comida: lo primero a percibirse es la marcada acidez, resultó muy sorpresivo y difícil el depararse con esa característica de entrada, luego está la mediana corpulencia, lo afrutado es algo intenso.

40 minutos después, con comida: la acidez bajó considerablemente pero sigue siendo marcada, penetrante. Hay notas especiadas, pimienta. De final mediano a largo, con retrogusto a chocolate.



Un detalle que no quería dejar pasar: en la parte superior del corcho trae el año de la cosecha, detalle que pocas marcas se atreven a ofrecer. Es un vino de una muy rica corpulencia, eso a Cris le encanta. La acidez es marcada, quizá es su característica especial que le da esa personalidad tan diferente a los vinos que normalmente acostumbramos beber, éste es un caldo con mucho nervio. La primera copa, sin comida, mientras cocinábamos, el disfrute no fue tal, nos parece un vino que te pide comida. Lo disfrutamos más con ésta en la mesa y, en las últimas copas –hace poco, por la noche- con tabla de embutidos y quesos. Ah..., y a pesar de su alta graduación no se percibe alcohólico, aunque ahora estamos con un sueñito..., de aquí directo al sobre. ¿La melatonina será mayor en esta cepa? 

Esta bodega parece concentrarse solamente en trabajar el malbec y el petit verdot, al menos por aquí sólo se ofrecen esos dos vinos. Al precio encontrado el disfrute se duplica, ojalá y los pongan en oferta nuevamente. 

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