martes, 24 de abril de 2012

Mi idea de la diversión, Will Self




 
Mi idea of fun, 1993 
Minha idéia da diversão, Geração Editorial, 2002
Traducción : Eliana Sabino 


Confieso que tras la lectura de Cock & Bull guardaba cierta expectativa por iniciar otra obra de Will Self, y aunque tenía ya en mi poder “Grandes simios” quería primero encontrar la obra de la presente entrada, pues ya la había visto por ahí, para así ir conociendo al autor en orden cronológico, dentro de lo que se puede, de lo que de él haya traducido. 

En “Mi idea de la diversión”  Self nos presenta a Ian Wharton, joven y hábil ejecutivo marketero que desde muy chico irá aprendiendo a desarrollar su memoria eidética con la ayuda del Sr. Broadhurst o Samuel Northcliffe como se hará llamar después –Ian lo llama “El Controlador Gordo”-, así, el bueno de Ian se mueve en dos mundos paralelos, el real y el de la fantasía, llamado éste último de “Tierra de las anécdotas infantiles” al que es inducido por el psiquiatra Hieronymus Gyggle o simplemente Dr. Giggle -nombre que me hace recordar a una película gore de inicio de los 90’s-. Mientras Ian se cree un tipo normal, con un gran empleo, y con su linda esposa Jane Carter, son aquellas sesiones las que le harán recordar todo lo animal que fue, y es: autor de actos que supera todo límite, como decepar a un  mendigo para luego violarlo –no sé si ese término sea correcto- por el orificio del cuello, hecho que es detallado al mínimo, y esa situación llega a ser “suave” comparada con lo que le espera a su mujer embarazada de ocho meses al final de la historia. 

La novela está dividida en dos partes, la primera está escrita en primera persona y llamada tal cual “Primera Persona” donde Ian es nuestro narrador. Ya a la mitad de la trama, llamada de “Tercera Persona” es un narrador omnisciente el que se encarga de guiarnos. Esta segunda parte es más densa y pesada pues los “viajes” a los que que Ian es inducido se presta para todo: “Alicia en el país de las maravillas” se queda corto ante tanta fantasía, aunque francamente aquí por muchos momentos aburre. 

Hay referencia a “Confesiones de un comedor de opio” de Thomas de Quincey, que pareciera ser el libro de cabecera del autor; se nota que Self admira esa obra, ¿y quién no? Si has visto “Fear and loathing in Las Vegas” y te gustó, puedes llegar a disfrutar tanto dislate aquí reunido, aunque es verdad que hay varios momentos en que dan ganas de tirar el libro a un lado. El personaje del Controlador Gordo, en quien Ian se refleja ante la total ausencia de su padre, es misterioso y muy atractivo: es elegante, culto, sereno, mordaz, decidido, pareciera que inmortal, y un grandísimo hijo de puta, todo lo que Ian no es en su presente, o sea, pareciera ser el Tyler Durden –el personaje de Brad Pitt en “Fight Club”- de Ian pero en grotesco, aunque esta posibilidad del alter ego queda en el aire, como muchas cosas en la historia. El narrador de la segunda parte del libro parece ser el mismo Ian recordando desde un futuro y narrándolo en tercera persona. Puede ser. En Perú ya tuvimos un presidente –el presidente Alejandro Toledo- al que le encantaba hablar en tercera persona, incluyéndose, como un personaje más en su parlamento, así que esa posibilidad no la descarto. 
Es un hecho que esta novela es algo totalmente diferente a lo que suele editarse, aunque reconozco también lo largo que se te hace terminarla. Pensaba: o lo amas o lo odias, aunque yo me ubico al medio, no rechazaría otra obra de este autor, aunque sea más fácil el hacerlo después de soplarte la segunda mitad de este libro. Yo le encuentro en esa forma irreverente de escribir una fortaleza, un diferencial que no hay así no más por ahí. En este caso en particular sus divagues se extienden y a veces mucho, pero cuando por momentos empieza a tornarse soporífero –y pareciera que fuese adrede, que el autor te quiere llevar a ese estado, para luego ¡Paf!, regresarte a la trama- hay un giro repentino que te devuelve a la acción, pero está más lograda en la primera parte que en la segunda. Es como la vida real, no a todo momento estás feliz o triste, aquí lo personajes entran a esos momentos de inercia para luego llegar a un límite, en esta novela muchas veces desbordarlo.  




Muchas cosas quedan en el aire, no sabes si Ian en realidad es un psicópata; si El Controlador Gordo existe; y si existe, si es inmortal; si el mundo real no lo es, siendo tan solo un sueño de ser “normal”, etc. Y eso es lo bacán de esta obra –salvo hacia el final- que te deja las posibilidades abiertas a nuestra interpretación. 

No creo que sea el libro más indicado para iniciar con este autor, pero, si enganchas con alguna otra obra de él –en mi caso fue “Cock & Bull”-, esta se hace más digerible. Valoro su sinceridad para escribir, más que una sacudida quiere aturdir, y lo consigue, pero como ya mencioné, se extiende en demasía hacia la segunda mitad del libro perdiendo el ritmo inicial. Igual no deja de ser una interesante historia de un aún más interesante escritor.   

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