jueves, 31 de enero de 2013

Rayuela, Julio Cortázar



Primera edición : 1963
Presente libro : Editorial Sudamericana, 19º edición, agosto 1976 

Cuando me hice de este ejemplar los puestos de los libreros aún ocupaban la primera cuadra del Jr. Quilca en Lima, la que desemboca a la Plaza San Martín. Lo recuerdo bien pues fue uno de los primeros libros que adquirí cuando me entró el bicho por la lectura. Pero, al primer intento por leerlo fue abandonado rápidamente: no estoy apto para Cortázar todavía, pensaba. No quería obviar las muchas frases en otras lenguas –con predominancia del francés- que prontamente van apareciendo en el transcurso de la trama, así como también las incontables menciones a bandas y músicos de jazz que los personajes de El Club de la Serpiente van compartiendo con nosotros. Recuerdo haber regresado al librero donde lo adquirí –con ellos se podía conversar de literatura, parecen haberse leído todos los libros y más, ya los vendedores de libros no, estos son fácilmente reconocibles- y me contaba que lo mejor era estar con una libretita y lapicero al lado e ir anotando las frases en otro idioma y los nombres de los músicos, bandas, actores/actrices, escritores y diversos artistas e ir a la biblioteca a buscar información sobre el significado, conocerlos, saber qué música hacían, en qué películas habían participado, y en lo posible hacerse de ellas; era mediados de 1994 e internet aún no era masificado. Y creo que hay otro nivel más: para los que tienen la suerte de viajar a París, poder recorrer las calles por la que los personajes de este libro se mueven, para ellos esta obra debe cobrar otro sentido, como abrirse a otro nivel. Así, esta lectura se ha postergado dieciocho años y medio, y con una computadora con conexión a internet -aunque sin viaje a París- es menos trabajoso saber más sobre las informaciones que el loco de Julio Cortázar (Ixelles, Bélgica, 1914 – París, Francia, 1984) nos va dejando, como migajas que develan un sendero. 

Sí, loco. Y para comprobar esa demencia es tan sólo llegar al capítulo 34: cómo maldije a la Editorial Sudamericana… No puede ser…, al igual que con el libro del venezolano Héctor Mujica de la Editora Pomaire, con errores de edición…, pero a la editora Pomaire nadie la debe conocer afuera de Venezuela, ya la Ed. Sudamericana es un clásico, y con errores de impresión y en un libro de Cortázar…. No, no hay ningún error con la edición. El bueno de Cortázar presenta dos historias en un mismo capítulo que se van alternando, una historia en las líneas (renglones) impares y otra en las pares, o sea, a sacar una tarjeta e ir leyendo con cuidado de no errar pues las letras son pequeñitas. 

Después de aquel capítulo 34 da ganas de sacar la encuadernación y verificar si no hay un breve capítulo escondido en el lomo del libro. Debo estar descubriendo el fuego pero de Cortázar hay que esperarlo todo. Otro ejemplo son las diversas palabras inventadas, tan musicales que se amalgaman perfectamente entre sí y con otras de nuestro idioma. 

Alguna vez escuché o leí –creo- a Ivan Thays sobre cómo sería Cortázar en esta época teniendo él un blog, haciendo entradas con enlaces infinitos a sitios en idiomas tan diversos como el árabe o el japonés; sí pues, ¡cómo se divertiría él! 

La primera versión, la que se lee de una manera “normal” en capítulos correlativos y que finaliza en el cap. 56 (404 páginas hasta ahí, en esta edición, como dije, de letras pequeñitas) está ambientada en París. Oliveira, La Maga, y todos su amigos y compinches se enfrascan en densas conversas donde cada quien expone de una manera muy particular y por momentos desaforada sus puntos de vista. Sobrellevan su difícil vida de inmigrantes en París sin –por lo visto- dejar en ningún momento que cualquier dificultad se interponga en cultivarse de una manera diaria e intercambiar informaciones analizando al extremo, por ejemplo, alguna canción o grupo musical. Por muchos momentos esto es exagerado, es llevado al límite, como durante el descubrimiento de la muerte de Rocamadour, el bebé de la Maga en medio de una de esas reuniones. 

Cada personaje es un mundo diferente y estando juntos muchas veces chocan, pero intentan concatenarse y son esos los momentos realmente deliciosos. 

A la segunda manera de leerlo se le suman 99 capítulos más, en su mayoría más breves que los del primer grupo y siguiendo el “Tablero de dirección” propuesto por el autor en el umbral de su laberinto. 



Rayuela. Poco más de dos meses –y alternando lecturas de otras obras: el libro de cuentos de Santiago Nazarian y la autobiografía de Jack London- para concluir esta obra. O la amas o la odias. Pero para encajarse en el primer grupo hay que darle su tiempo, dejarse arrobar por las palabras, hay que ir por la trama como pisando sobre cajas con huevos. Hay capítulos que incluso podrían considerarse como una obra independiente, pero juntas proporcionan un encanto mayor. En cada conversa de los personajes se respira arte –hasta que el arte te harte, como dice la canción- y nosotros los lectores estamos ahí, somos parte del Club de la Serpiente. Pareciera que esta obra no finalizara nunca, que siempre puede encontrarse una nueva manera de leerse inventando una nueva dirección, consiguiendo el autor como nunca unir al lector con él y con sus personajes a través de ese lenguaje tan lúdico e intimista. 

Rico, denso y a la vez cristalino, por momentos de una perturbadora obscuridad, inquietante, que fascina. 







Yellow Dog Blues - Louis Amstrong 


Como mencionaba líneas arriba, con un computador con conexión a internet es menos trabajoso conocer las informaciones que vamos encontrando. TheLSymbolic subió a su canal muchos de los temas que en esta obra aparecen. Ya es gratificante el poder escucharlos, pero hacerlo mientras lees el capítulo donde es mencionada la banda o música es mejor todavía. Dejo uno de los que él subió, (por cierto, ¡gracias!) y ahí al lado, en su canal podrán encontrar el resto del grupo llamado "Jazzuela". 

2 comentarios:

Ariel Rodríguez dijo...

Buena entrada y buen hallazgo el de Jazzuela.
Cortázar está entre mis autores favoritos desde que leí un primer cuento de él. En casa había una edición de Seix Barral de Rayuela que nadie leída y siendo un adolescente me lancé tras ella. Claro, se me hizo tan difícil como a vos, pero la leí.
Posteriormente, volví a ella y reconozco que mi juego favorito (Rayuela es para jugar) es inventar nuevos recorridos.

Un abrazo!

Manolo Ignacio Malpartida -manigna- dijo...

En Lima yo era lector de bus, o mejor, de combi (en Lima habían o hay muchas combis) y como la agarraba desde el paradero inicial iba 1 hora -y a veces más- de ida y otra de vuelta leyendo. Me resultaba imposible leer y anotar algo en algún papel viajando como sardina enlatada y con las frenadas intempestivas típicas de este peculiar medio de transporte limeño, así que recién ahora le llegó su momento.

Imagino que el libro está para que cada cierto tiempo se vuelva a tener entre manos y leerlo, combinándolo a nuestra manera y descubriendo otra forma adicional a las dos propuestas por el autor, y a ver qué encontramos.

Abrazo!