lunes, 29 de diciembre de 2014

El árbol del tesoro, Alonso Cueto





Año de publicación : 2011

Editora : Planeta Junior

Ilustraciones : Isabelle Decencière




Hace exactamente un año nuestra hija ganaba este libro, y hace exactamente un año fue que lo leí por primera vez. En una relectura constante que hacemos a Sofía ésta obra estuvo al término de muchos de sus días durante este año que acaba, expuesto al ajetreo inocente que un niño puede imprimir llevándolo, a veces arrastrándolo, de un lado a otro. Felizmente no lo pinta ni lo corta, y no que estemos atento a que no lo haga, parece que simplemente supiese que no se debe hacer eso con un libro.

Desconocía hasta aquel momento que Alonso Cueto hubiese escrito una obra infantil. Niños trabajadores que están acostumbrados desde muy pequeños a alternar sus juegos con trabajo, no sólo está en esta ficción, lamentablemente es una realidad que no muda, más en lugares alejados de las grandes urbes. La de Esteban y su hermana Fernanda es una bella historia que ensalza la amistad y el amor más puro. La amistad de dos tiernos y maduros niños con un árbol que hace parte de sus vidas, que les da no sólo sombra y cobijo, sino que es un recio amigo que aguanta firme sus juegos, un fiel y silencioso testigo de su felicidad en medio de la pobreza. Felicidad interrumpida cuando su madre les dice que tienen que cortarlo para poder venderlo como leña y así paliar en algo sus necesidades por la sequía que no permite a esta familia de campesinos llevar a buen puerto sus acostumbradas cosechas. Y con hacha en manos, cuando llegan a él, lo abrazan fuertemente, disculpándose por lo que estaban siendo obligados a realizar, cuando la sabia naturaleza les pinta otra opción. 




En aquella oportunidad pensaba que a mis 38 años debía estar viejo ya, puesto que aquel diciembre del 2013 intentaba con algo de éxito –yéndome al baño- disimular unas lágrimas que no podía contener. Barajaba si era producto de estar en mi ciudad en el día previo a nuestro retorno, por poder haber visto varios –aunque no todos- amigos y familiares que no veía hace algún tiempo, o hasta quizá por ser mes navideño con mi hija en Lima, pero en la relectura que hacía para Sofía en las noches curitibanas tampoco podía evitar ese nudo extraño que se formaba en mi garganta. Recordaba constantemente cuando estuve en medio de los Andes, y posteriormente también partiendo desde Nauta hacia el corazón de la selva para hacer un estudio de extrema pobreza, una pobreza que quienes no la han visto no se imaginan cuán dura es, y siempre encontrando familias numerosas, gente olvidada por los diferentes gobiernos de turno, con niños siempre con la sonrisa estampada en el rostro, y que, así como Esteban y Fernanda, los personajes de este libro, ellos le dan una importancia extrema al río que los baña y que les ofrece parte de su alimento, a los animales con quienes conviven, a la tierra que pisan y trabajan, a los árboles que los rodean, algunos inclusive considerados sagrados, sentimientos que los citadinos no les damos importancia, que creemos cursi, y que para ellos, sabios, es vital.

Las ilustraciones de Isabelle Decencière merecen mención aparte. Las expresiones de los niños con el viento en contra son tan naturales; la de sorpresa y desánimo cuando su madre les comunica su decisión impresas tan bien en sus ojos y en sus boquitas; la del abrazo final al amigo árbol en la previa de acometer la orden de su madre derrocha mucha sensibilidad. Llego a la conclusión que no sólo es el cuento de Cueto el que me mueve el piso, sino sus ilustraciones que grafican muy bien cada momento de este relato. Me haces llorar. Tus diseños tienen el poder de desnudar una extraña fragilidad.

Inspirado en una historia contada por el hijo –de seis años en aquel momento- del escritor, esta relato de Alonso Cueto conmueve hasta la médula, y ofrece aquella esperanza de que, cuando se cree todo perdido, hay generalmente un camino alternativo con que gambetear al duro destino. Tanto Cueto como Decencière están soberbios. 




Túnel do tempo - Frejat 

Cris gusta bastante de la música de Frejat, el fundador de la antigua banda brasilera Barão Vermelho, con Cazuza en la voz. Tras la muerte del cantor de aquel grupo él comienza su carrera de solista y tiene varios temas con los que engancho, ya Cris en su fan, y a Sofía le encanta ver sus vídeos animados, así que él está en nuestros días y lo llevamos por donde vayamos.   

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