lunes, 23 de julio de 2012

El candelabro de los siete brazos, Rafael Cansinos-Assens




Primera edición : 1914
Alianza Editorial, 1986 

Mucho antes de concluir la lectura de este libro pensaba: cuánto me estoy perdiendo con no leer a los escritores españoles, si Rafael Cansinos-Assens (Sevilla, 1882 – Madrid, 1964) siendo uno de los menos publicados y probablemente menos difundidos –al menos en Perú- escribe de esta manera, tan magistral, logrando develar con estos poemas en prosa toda la belleza que el idioma castellano puede alcanzar.


“¡Oh hombres ya marchitos! ¿Qué otra dicha podemos ya esperar sino la de entregarnos al sueño, cuando nuestras mejillas se ponen encendidas por nuestros soliloquios y nuestros recuerdos removidos nos dan la pesadez de los que se embriagan?

¿Qué otra cosa podíamos hacer, ¡oh hombres marchitos!, que permanecer en la casa, cuando ya en la ciudad todos han hecho su elección y las calles están llenas de parejas enlazadas?

¿Qué otra cosa podíamos hacer que recatarnos tras las celosías, cuando ya nuestra hora pasó, ¡oh hombres marchitos!, que somos ya semejantes a los senos que se recogen, después de henchir los labios de los niños?”

Pág. 62


Aquí en Brasil no existe traducción al portugués de algún libro suyo, y en Perú recuerdo haber escuchado o leído “algo” de él porque en textos y/o entrevistas Jorge Luis Borges lo menciona con frecuencia, refiriéndose a él siempre de “maestro”, tal y como aparece en el prólogo de esta edición, que es un bocado a más, donde con su elegancia característica pareciera inclinarse a él tal como un musulmán lo hace hacia la meca, pero el plato fuerte sin duda alguna son los psalmos del sevillano. 

A través de sus metáforas hace parecer sencillo lograr un lenguaje tan directo, y sus sentencias tan contudentes te dejan en el aire; cuenta con la calma irritante de quien pareciera llevar la verdad consigo.

La amargura de los hombres maduros que, en medio de la noche, solitarios y desposeídos, evocan los amores de su juventud y se admiran, como jugadores que han tenido en su mano una fortuna.

La amargura de los hombres maduros, que, en medio de la noche, vagan como los cuervos sobre los restos del día, y cuyos encantos ya no tienen poder para seducir uma ramera.

La amargura de los hombres maduros, a quienes un resto de esperanza hace caminar a través de las calles como cortesanas, y cuyos ojos opacos no logran conmover ni a la luna.

La amargura de los hombres maduros, que, en medio de la noche, no tienen otra compañía que su sombra, y ante los cuales se abre un abismo ancho y profundo como un osario.

La amargura de los hombres maduros, transnochadores austeros, a quien en medio de la noche mil luces claras revelan su triste soledad y cuyo corazón no puede ni engañarse a sí mismo.

La amargura de los hombres maduros, a quien tiene en las calles, en medio de la noche, el miedo a estar más solos y la perspectiva de su lecho blanco como un sepulcro.

(Pág.113 y 114)


La menorá que aparece en la portada es desde hace tres mil años el símbolo más antiguo del judaísmo, e incluso forma parte del escudo de Israel. Cansinos-Assens estuvo siempre interesado en abarcar los temas judíos ya sea desde sus ensayos (“Los judíos en la literatura española”, 1937), o novelas (“Las luminarias de Janucá”, 1924 ) o recopilar textos, muchas veces traducidos por él (“Cuentos judíos contemporáneos, 1920), porque además de literato era traductor, siendo estos trabajos parte de su enorme legado. Cansinos-Assens es el culpable de traducir del ruso al español las obras de Fiódor Dostoievski, Leonid Andréyev, Iván Turgéniev, Liev Tólstoi y Máxim Gorki; del francés a Honoré de Balzac, y “L’Enfer” –“El infierno” (Borges se sorprende por el olvido de esta obra ¿Acaso habrá alguna reedición?)- de Henri Barbusse; del alemán a Johann Wolfgang von Goethe y Friedrich von Schiller; del inglés los “English Traits” de Ralph Waldo Emerson; del griego la obra de Juliano el Apóstata;  del húngaro a Max Nordau; además de encargarse de traducir “Las mil y una noches”, esta última publicada en México. 

Fue un coleccionador de idiomas. Se jactó una vez de poder saludar a las estrellas en catorce lenguas clásicas y modernas.
Borges lo recuerda así en su prólogo. Esto sembró muchas dudas al respecto de si realmente dominaba tantos idiomas; quizá haya algo de verdad, pero probablemente haya también mucho de envidia.

En estos escritos transmite mucha serenidad hasta en descripciones de momentos difíciles; es extraño pero la tristeza plasmada en el libro me fue reconfortante. El recorrer algunas de sus páginas nos devela también una persona  con una inteligencia superior, además de transmitir aquella sensibilidad, sello característico en todo poeta; el joven Cansinos-Assens se devela un arquitecto con las palabras. 






En la inconsciente mescolanza de idiomas que a veces suele reinar en esta casa el darme con este libro resultó como un salvavidas del idioma castellano, aquel idioma que queremos que S sepa apreciar y cultivar es éste, o lo más parecido a éste. He demorado en leerlo pues hay que saborearlo y darle su debido tiempo y momento, no es un libro todo-terreno para ir con él por donde vayas. 

Algunos de sus hermosos escritos aquí reunidos son soberbios, muchos son simplemente sublimes; en tierras donde el castellano es un idioma extranjero, el destino jugó nuevamente a nuestro favor.

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