miércoles, 24 de julio de 2013

Historia de una barrica / La batalla entre los libros, Jonathan Swift


Año de publicación : 1704

Títulos originales : A tale of a tub / A full and true account of the battel fougth laft friday between the Antient and the Modern books in St Jame’s Library


Editorial Labor, 1976

Colección Maldoror, libro 35

Traducción : M. Sol de Mora Charles


Encontrar un libro de Jonathan Swift (Dublin, 30 de noviembre de 1667 – 19 de octubre de 1745) que no sea su famoso “Los viajes de Gulliver” es ya para revisarlo y dedicarle un tiempo en la estantería de la librería, y más si es en español.

No sabía de la existencia de “Historia de una barrica”, y tras ojearlo encuentro también en el mismo ejemplar “La batalla entre los libros” que no es anunciada en la tapa, de la cual sí había escuchado alguna vez hablar a alguien acerca de este último título, acerca de una tremenda batalla entre fastuosos ejemplares, clásicos de aquella época –y de la actualidad-, y los más modernos títulos editados, también por aquel tiempo, teniendo como escenario una famosa biblioteca. Ese tipo de conversas que se daban en el Jr. Quilca acerca de autores y/o libros, las cuales yo no sabía si en realidad eran verdaderas o eran ficción pura del afiebrado interlocutor del momento, pero yo igual regresaba a casa apretado en la combi sin sombra de duda sobre su veracidad. 

En la primera obra “Historia de una barrica” Swift hace una tremenda sátira donde se mofa de la religión, el fanatismo por parte de sus miembros, la manera muchas veces absurda cómo tratan de imponer sus creencias, y sobre todo las bifurcaciones que estas tienen, abriendo paso a otras religiones y el constante roce entre sus representantes, deslizando que lo que en realidad se disputan es la división de poder, pues pareciera que su real motivación es la parte política y no menos la económica. Entonces Swift se inventa una historia sobre tres hermanos: Pedro, Juan y Martín, refiriéndose así en sentido figurativo al catolicismo (por Pedro, el pescador, considerado como el primer Papa), al calvinismo (por John Calvin, y la iglesia de Inglaterra), y al luteranismo (por Martín Lutero, los disidentes protestantes) respectivamente. Estos tres hermanos están ante el lecho de muerte de su padre (¿Dios?, no porque muera, sino porque se aleja dejándolos a su libre albedrío) quien les deja una levita a cada uno y su testamento (haciendo referencia al Nuevo Testamento) con instrucciones específicas a ser seguidas. Pero Pedro timará a sus otros dos hermanos, haciendo suyo y concentrando el mayor poder, subiéndosele a la cabeza unos aires de Dios, tornándose sibilino, volviéndose autoritario por creerse divino. Swift se burla de cosas tan básicas que hasta hace poco se mantenían: el lujo en las vestimentas, comidas y lugares a los que el papado está acostumbrado (últimamente el papa Francisco cambió en algo esos hábitos) totalmente innecesario, incentivando de manera indirecta a sus seguidores y fieles. Pedro ve su levita heredada y aunque es de excelente material la encuentra simple e inicia un cambio radical en sus vestimentas, comenzando por unas fastuosas hombreras que serán sólo el inicio de una moda digna de un lord y no de un representante de Dios en la tierra.

El autor también se mofa de la manera como es interpretada las escrituras, de cómo era prohibida la lectura de la Biblia si no pertenecías a un selecto grupo de personas eruditas, y plasma en los personajes de su peculiar historia diálogos tan absurdos impuestos como verdades absolutas.

Generalmente está escrito con una enorme sensualidad, siendo por muchos momentos hilarante, y no me explico cómo el autor murió en la tranquilidad de su vejez y no fue asesinado con antelación pues me imagino la de enemigos que se debe haber hecho. Swift no deja pasar la oportunidad y también ridiculiza a escritores que él considera menores, oradores, y a la gente común y corriente que fácilmente se deja influenciar hasta en su modo de vestir, y claro, a aquellos que tienen una frase de la Biblia lista para ser insertada en cada conversación del cotidiano, muchos de ellos llevando sus vidas no tan santamente. Si Swift viera todas las religiones brasileñas que hay en la actualidad, ofreciendo milagros por tv y exportando pastores a cada canto de este planeta –cuan jugadores de futbol- en pleno siglo XXI, sin duda tendría un vasto material por explotar.

El autor tiene una peculiar manera de escribir: muchas veces comienza una frase y cuando va a explicar el motivo la deja en puntos suspensivos, y, tras la coma, ya pasó a otro tema. Esta obra cuenta con varias de esas lagunas. El traductor nos indica que Swift finge una omisión en el manuscrito y se desconoce el real motivo. Se cree que pueda ser que no considere tener nada digno a escribir para ser leído, o por ser un asunto de poca relevancia, o simplemente una manera más de burla para atraer aún más la atención del lector.
Este es otro punto que debo resaltar. Al igual que en el anterior libro leído (“Corazón”, de Natsume Soseki), este ejemplar de la Editorial Labor se jacta de presentarnos un gran trabajo de traducción, pues quien se embarcó en esta encomiable empresa además del dominio del idioma inglés sabía y/o investigó sobre los temas que Swift trataba. A final de cada página casi todas están llenas de anotaciones ya que esta obra del escritor irlandés está plagada de segundos e incluso terceros sentidos, que a bien el traductor se detiene a explicar el motivo y/o posibles motivos de cada frase o palabra. Pero aun así, el traductor no esconde que para disfrutar de todo el placer de esta obra lo mejor es leerlo en su idioma original. Yo hago una salvedad: siempre y cuando el lector que se aventure a conocer esta obra en el idioma original tenga las anotaciones que él nos presenta aquí acerca de los dobles sentidos, referencias a fábulas e incluso algo de mitología, que aún en el original pasarían desapercibidos –de seguro para mí- pues los motivos de la sorna del autor muchas veces son temas de aquel momento, de su entorno, y de su cotidiano.






El verdadero título de la otra obra es “Un completo y verídico relato de la batalla librada el viernes pasado entre los libros antiguos y modernos en la biblioteca de Saint James”, título extenso para una obra mucho más corta que la anterior. 

En este relato satiriza un desencuentro entre Sir William Temple y Earl de Orrey (que estaban a favor de los autores clásicos), quienes a través de un ensayo del primero encontró una furibunda respuesta por parte de W. Wotton y el Dr. Bentley (que estaban a favor de los autores modernos, considerándose como presente los años finales del siglo XVII). Swift mete su cuchara –como decimos en Lima- en la discusión inventándose una tremenda batalla entre los libros clásicos y modernos, donde cada autor se coloca el yelmo y enfunda la cota de mallas y, blandiendo sus espadas y tras sus escudos se van ordenando estratégicamente prestos a derramar ríos de tinta para obtener y/o conservar los mejores lugares en los estantes de la famosa biblioteca. También está el riquísimo duelo verbal entre la araña y la abeja, discusión que se produce paralelamente a la batalla en sí en un alto rincón de la enorme habitación, donde la primera hace alarde de que el material utilizado para la realización de su brillante arquitectura proviene de ella misma mientras la abeja necesita experimentar primero varias fuentes para recién poder llegar a crear algo, ya la abeja le retruca con acierto y elegancia haciéndole ver que aquello no es del todo cierto, que ella también necesita una pequeña ayuda del exterior, de los otros seres que ella va eliminando. Es una discusión ardua pero muy elegante, diría que hay hasta un falso respeto -algo así como modales- de una hacia la otra pero no esconden el odio que se tienen. Swift utiliza con maestría las metáforas para alcanzar con 
su feroz crítica a quienes tiene en su mira. 

Aunque "La batalla..." es la sátira más corta es también la que más disfruté, por las ricas conversas “entre los enemigos” al defender sus pasiones lacrimosas y también algo de sus pequeñas miserables vanidades; las estrategias utilizadas: quiénes estarían al mando de cada legión y por qué; todo me hace alucinar como en las mejores películas épicas tipo “Braveheart” o “Troya”, por citar dos, pero teniendo a los libros y sus autores como los valientes guerreros de esta ecuménica batalla.

Inicié la lectura directa de ambas obras dejando al final la nota de la edición de parte del traductor, la “Apología del autor”; la dedicatoria del librero a Lord Sommers, y otra dedicatoria del mismo librero dirigida al lector, y, finalmente, el prefacio del autor. Se me hizo imposible leerlas antes de las obras en sí.

Ambos son sus primeros escritos (de 1697, pero recién publicados en 1704), que conservan ese ímpetu y braveza de su juventud, donde no hay cabida al temor a errar, defendiendo pasionalmente el lado donde se siente al que pertenece, y a quienes lo representan, y dejando dos sendos relatos que son sus armas para criticar. Este libro es definitivamente un pequeño lujo. 

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