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lunes, 21 de marzo de 2011

Tokio, día 1

Hace algún tiempo ya quería subir algunas tomas de la aventura japonesa, mi breve paso por aquella hermosa isla que es Japón, donde una vez más el destino golpea nuevamente con fuerza a sus habitantes, gente trabajadora, honesta, humilde, donde la rectitud parece venirles con el instinto, la solidaridad es tácita, el empeño y dedicación que imprimen a todo lo que hacen nunca deja de sorprender, el respeto ante el más mínimo detalle..., estoy seguro de que así como se levantaron luego de las dos terribles bombas en Hiroshima y Nagasaki, del tremendo terremoto de Kobe en 1995, ahora el pueblo japonés también podrá salir adelante. Ayer leía en un diario de aquí, del Paraná (en Londrina está la segunda mayor colonia de japoneses del Brasil), que las personas que trabajan arduamente en las usinas de Fukushima están ya condenados a muerte por estar expuestos a la radiación, y aún así continúan con su labor, para evitar que el daño sea mayor, dando sus vidas por la de otros. La tristeza no se limita a los muchos conocidos y algunos amigos que ahí dejé, sino al pueblo todo. Ver aquí rogar para que los vientos continúen yendo hacia el Pacífico y no al sur de la isla, como normalmnete es, pues eso sería todavía más trágico. Si hay algo que los caracteriza es que no se dan nunca por vencidos; espero que el peligro pase pronto y todo vuelva a la normalidad, la mágica normalidad que es vivir allá, mezcla de hermosa y muy antigua arquitectura con edificios muy modernos y con alta tecnología.























































sábado, 19 de marzo de 2011

Un mundo para Julius, Alfredo Bryce Echenique



Título en portugués : Um mundo para Julius
Año de publicación : 1970
Editora : Rocco
Año de esta publicación : 1987
Traducción : Remy Gorga, hijo


Entrañable. Esta definitivamente es una de las novelas más emblemáticas del Perú.
Julius, el hijo menor de Susan, siempre linda, tiene una visión muy diferente del mundo, que no coincide en lo absoluto con el de su familia y amigos del colegio: él es más sensible, más justo, más tierno, medio huevón y algo maricón según Juan Lucas, su padrastro, siempre atlético, bronceado y lo más españolísimo posible. Mientras su familia se debate entre el Country Club o el Yatch Club, el Mercedes o el Jaguar, los viajes a Europa, Julius disfruta estar en la compañía de los empleados de su hogar- palacio, o entre los mendigos de un mercado, escuchar sus historias e imaginar cómo es aquel mundo tan diferente al de dónde él nació, un mundo muchas veces no tan lejano.

Es una visión de las diferentes realidades en Lima: muchas ciudades en una sola, de esos variopintos personajes que la habitan. Así como bajo la óptica de Julius la obra denota ternura y nostalgia, también encontraremos los comentarios racistas desde la óptica de los personajes de la burguesía: Bryce Echenique sabe plasmar esta característica en Juan Lucas, quien lleno de sarcasmo y soberbia sobrelleva los caprichos de Susan -a quien no le importa ir a Barrios Altos por una puerta vieja, por ejemplo- lanzando algún comentario de tal índole. Ya en Susan, el racismo es inherente; en ningún momento se percibe la intención de ofender, sino le sale tan natural que llega a ser cómica, está absolutamente convencida de que tal hecho es así.

“El ómnibus nuevo era inmenso, mucho más ancho que el viejo, pero Gumersindo alcanzaba siempre a la puerta desde su asiento. Y Julius podía observar la mano negra, enorme, esa palma color marfil, qué raro. Además las canas. Las canas tan blancas hacían del negro todo un señor y él contó en su casa y Susan le dijo que efectivamente el chofer era muy atento, lo había visto una vez, así son los negros descendientes de esclavos, continúan muy leales, muy nobles, viven felices con el nombre de sus antiguos amos. Julius la escuchaba encantado, quería más, más sobre Gumersindo Quiñones, más sobre los negros…. Le iban a dar gusto, ahí llegaba Juan Lucas que seguro sabe mucho sobre el asunto… No le hagas caso, darling, tío Juan Lucas anda siempre bromeando: una señora le estaba acariciando la cabeza a un negrito, negrito lindo, negrito lindo, le decía, ¿y sabes lo que le contestó el negrito? De chiquito negrito lindo, pero de grande negro’e mierda… No le hagas caso, darling.”

(Pág 107 Ed. en castellano / Pág 116 Ed. en portugués)

Esta novela concurrió al no adjudicado Premio Biblioteca Breve de 1970, siendo publicada en ese mismo año por Barral Editores -Carlos Barral quería publicarla en dos tomos-, obteniendo un éxito inesperado en España y Latinoamérica. Ya la edición de bolsillo fue editada por Editorial Laia –también de Barcelona- en 1977.


Ed. Peisa, 1993


García Márquez le escribió al respecto:


Tu Mundo para Julius, por ejemplo, Alfredo, es un libro imposible de leer de un solo tirón. Y como Mercedes mi esposa lo quiere leer al mismo tiempo que yo ¿sabes lo que hago? Pues termino una hoja, la arranco, se la paso, y luego la otra …


Bryce Echenique le envió el manuscrito de la novela por correo certificado a Vargas Llosa, quien estaba en Barcelona, para preguntarle si no era un error. Mario le agradeció el envío, diciéndole que había disfrutado mucho con el manuscrito, entre otros elogios que luego fueron usados en la contra tapa de la edición francesa.

Era mi primera novela, y francamente nunca pensé que fuera tan larga. No había sido concebida para ser tan larga. En realidad al comienzo sólo traté de escribir un cuento de unas diez páginas. Me di cuenta de lo extensa que era realmente la novela cuando Mario me dijo que iba a ser un volumen de unas 600 páginas, y me recomendó publicarla con Carlos Barral, pero esto fue en una tercera carta, porque yo le había respondido aterrado que mi manuscrito tenía sólo 450 páginas; Mario me lo aclaró todo, explicándome que normalmente las cuartillas se escriben a doble espacio, y tú no has dejado ni márgenes Alfredo.



Bryce Echenique escribe como habla, pasa de la primera persona a la tercera, y de ahí a la óptica de otro personaje; amigo de las comas, hace muy fluida la trama; por muchos momentos llega a ser hilarante. En la traducción de Remy Gorga hijo, esa particularidad no se pierde, y es de una plena satisfacción el poder leer, ahora en portugués, una obra que hace más de 15 años no leía. Muchas aclaraciones para el lector brasileño a pie de página: el doble sentido con el término “pericote”; “Ciudad de los virreyes” como se le conoce a Lima; “chicha morada” explicando la típica (y tan extrañada, por cierto) bebida peruana, entre muchas otras. Remy Gorga hijo es también traductor de varias obras de autores latinoamericanos como García Márquez, Cortázar, Bioy Casares, Vargas Llosa, Carlos Fuentes, José Donoso, Manuel Scorza, y toda esta experiencia se ve reflejada en la aclaración sobre “el Castillo Rospigliosi”, mencionado en esta obra como un monumento al mal gusto, “mistura de cagada e viva o Perú!” (pág. 215 Ed. brasilera), donde el traductor nos informa que también Vargas Llosa hace similar mención sobre esta singular arquitectura en su novela “Historia de Mayta”. Sólo le reclamo por el término “cholo”, que aparece como “caboclo”: “mezcla de indígena con europeo”, aunque traducido perfectamente, me hubiese gustado que dejara el término en castellano.

Obra cargada de un fino humor y mucha ironía, donde Bryce Echenique muy detallista, nos presenta como en una infografía 3d el estilo de vida de la alta clase limeña, caricaturizándola, burlándose de ese estilo que él conoce muy bien, y, en medio de todo eso, nos devela la inmensa soledad a la que está expuesta el personaje principal.

En el 2010 esta obra cumplió 40 años de su primera publicación, y, a inicios de éste año Alfaguara lanza una edición conmemorativa.

Julius, ese singular limeño, es ya un cuarentón; de seguro siempre orejón, y todavía lleno de preguntas.

jueves, 3 de marzo de 2011

Netherland, Joseph O'Neill



Título en portugués : Terras baixas
Traducción : Cássio de Arantes Leite
Año de publicación : 2008
Editorial : Alfaguara, 2009


Si alguna vez fuiste, o todavía eres un inmigrante, esta novela tendrá un saborcito especial. En esta obra estamos ante los recuerdos de Hans van de Broek, un ejecutivo holandés quien se muda junto a su familia de Londres a New York, a finales del siglo pasado, pero ante el regreso de su esposa e hijo a la capital británica -motivada por el temor ante el atentado del 11/09 y las noticias sobre la violencia en esa ciudad-, y la consecuente lejanía y separación que esto trae, evita caer en depresión –sin proponérselo- ayudándose de la amistad con Chuck Ramkissoon, trinitario, con quien comparte la pasión por el cricket.

Son como dos historias en una: por un lado la relación de Hans con Rachel que va deteriorándose de a pocos, y la amistad y compañerismo que va desarrollando con Chuck y otros inmigrantes tan dispares que él le va presentando, y de otros, igual de dispares, del edificio donde reside: New York, como cualquier metrópoli, debe ofrecer un resumen de culturas del mundo en una sola ciudad, a veces en un mismo barrio.
El libro prácticamente inicia cuando Hans es notificado por una reportera del New York Times anunciándole que encontraron el cadáver de Chuck esposado, debajo de un puente, y es ahí que Hans comienza a recordar de cómo lo conoció, y cómo encontró en gente tan diferente a él, otros inmigrantes, el mismo gusto que él sentía por el cricket. Es este deporte el lazo que los va uniendo, y del cual conoceremos hasta el más mínimo detalle, cada jugada, cada expresión, cada jerga, respetada en la presente traducción, con notas explicativas al final de cada página.

Chuck es un personaje enigmático, habla hasta por los codos, y se mete en todos los negocios que pueda, muchos de ellos oscuros, aunque Hans no lo perciba. Es tan amiguero que se gana rápidamente la confianza del holandés, sobre todo cuando le confiesa su sueño: construir el primer estadio de cricket de Estados Unidos en New York, donde se juegue el mundial de ese deporte.

El cricket, deporte por el cual reconozco tener nulo interés, pero que, en las descripciones que el personaje hace por esta modalidad se llega a percibir fácilmente esa vehemencia, encontrada en aquellos fanáticos hacia cualquier deporte, que tornan interesante los muchos conceptos vertidos, aunque como repito, ese deporte no me interese en lo absoluto, reconozco en los comentarios plasmados ser dignos de conocedores, y, por ser algo nuevo, mi atención no se pierde. Al ser éste un deporte poco popular, al menos en mi país, y al tener este tema en muchas de las páginas del libro, la historia corre el riesgo de ser tomada por aburrida, cosa que no ocurrió en ningún trecho, y el motivo quizá sea en la elegancia de la escrita –y en la traducción que Cássio nos ofrece, esto es también una particularidad- de la que O’Neill hace gala, pero hay momentos en que te preguntas, ¿es una novela sobre cricket? ¿Es necesario tanta información sobre esta disciplina? No, la trama principal no es acerca de ese deporte, y bueno, O’Neill quería dejar claro cuan fanáticos por el cricket son sus personajes en esa parte de la trama: aquellos parias, de lugares tan lejanos y hasta exóticos –exóticos, como somos considerados los latinos para un japonés allá en su isla-: inmigrantes de Sri Lanka, Paquistán, India, entre otros, antiguas colonias inglesas, motivo por el cual desarrollaron el gusto por ese deporte.

En la trama sobre la relación con Rachel encontramos el tedio de aquellas parejas que cayeron en la rutina; el descubrir en ellos un amor diferente por aquel bebé que conciben, Jake; el no saber los gustos del otro a pesar de tener varios años juntos; el tener todo y no tener nada (¡Qué frase tan trillada! Eso me pasa por leer a Bambarén): él, un alto ejecutivo en New York inmerso en la puta soledad; los celos que él desarrolla ante un pretendiente de su mujer, y la relación de éste con Jake; pero lo mejor en esta relación marital está en las conversaciones sobre la violencia en New York, la invasión a Irak, y el gobierno Bush: los conceptos antagónicos entre ambos sobre esos temas; O’Neill injiere en sus personajes los conceptos que muchos en el mundo todo tenemos acerca del nefasto mandato Bush, tocando indirectamente el atentado del 11/09; estas discusiones son frecuentes entre ambos en la trama.



Obra vencedora del PEN/Faulkner Award del 2009, siendo también uno de los invitados a la Festa Literária de Paraty (FLIP), -la enorme Feria del Libro de Rio de Janeiro- en el mismo año.

Entre los muchos críticos que no se ahorran elogios para O’Neill y Netherland, llamó la atención uno en especial quien eclipsó al resto: el presidente estadounidense Barack Obama comentó que leía la obra en los pequeños intervalos que tenía, tildándola de “fascinante y maravillosa”; el primer adjetivo me parece un exagero, estoy más cerca de concordar con el segundo, por darse maña de plasmar, en dos historias tan diferentes aunque relacionadas, temas como amistad, amor, compromiso, pasión, y por tocar un tema aparentemente soso –el cricket-, mostrándolo interesante y encajándolo tan bien en la historia. Admirable.

martes, 22 de febrero de 2011

El bigote, Emmanuel Carrère



Título original : La moustache
Título en portugués : O bigode
Año de publicación : 1986
Año de esta edición : 1988
Editora : Espaço e Tempo
Traducción al portugués : Herbert Daniel



¿Qué pasaría si un día decides afeitarte el bigote que siempre cultivaste con esmero, y, al hacerlo, ni tu mujer, ni tus amigos, absolutamente nadie perciba del cambio? O lo que es peor, te aseguren que nunca llevaste bigote, te miren extraño, frunciendo el ceño, y murmurando entre ellos ante la insólita pregunta. Esta novela parece escrita por un feminista, y es que, sólo nosotros los hombres podríamos pasar por una situación de esa laya; no me imagino a una mujer con esos problemas existenciales. En este caso, él se siente desnudo, y nadie se sorprende de ello. Aquí, lo que sería un acto mero y banal se convierte en una pesadilla. El prominente arquitecto francés, al ver que el hecho no tiene ninguna repercusión –y el iluso la esperaba- en los de su entorno, desatará en él una paranoia tal que lo llevará a pensar seriamente en que todos, desde Agnes, su mujer, hasta sus amigos Serge y Verónique, Samira y Jerome, están coludidos en una conspiración contra él.

La novela no está dividida en capítulos numerados, pero digamos que de sus 158 páginas, la primera mitad bordea lo hilarante, y esto desde las primeras páginas. Carrerè no te da tiempo de arrellanarte en el sofá o de acomodarte en el espacio del ómnibus; ver al personaje principal meterse en situaciones absurdas, humillándose, por esta absurda causa. Luego de su fuga a Hong Kong, las serias y profundas opciones que va elucubrando el arquitecto son algo densas y repetitivas, y cuando creo que la gran novela, que comenzó muy bien, va cayendo en la modorra, aparece de pronto Agnes en Hong Kong -¿realmente en Hong Kong?-, ahí, en el cuarto donde él está hospedado, y con ella, un gran final, muy violento, donde el resultado final de la acción del arquitecto iría muy bien en una capa de un disco de Cannibal Corpse; esto deja en el lector la opción de concluir la historia como mejor la interprete, en mi caso, asistimos al naufragio del raciocinio de éste compadre, sin que él despegue los pies del piso del baño frente a su espejo.

En la primera página, en la respuesta de Agnes ante la pregunta de su marido encuentro el posible motivo del click que activó esta alucinada. Me parece que en esa respuesta sin ninguna sorpresa ante lo cuestionado (acerca de quitarse el mostacho) hará despertar una ira interna que derivará en esa enajenación. El final violento no merma en absoluto lo divertida que resulta esta obra.

Esta no es la primera novela de Carrerè. Anteriores son “L'Amie du jaguar” (1983); “Bravoure” (1984), las cuales sospecho no deben de estar traducidas ni editadas al portugués, quién sabe al español. Espero que sí.





- ¿Qué piensas si me afeito el bigote?

Agnes, que ojeaba una revista, recostada en el sofá de la sala, rió levemente, y después respondió:

- Sería una buena idea.

Él sonrió. Sobre el agua, en la bañera donde permanecía despreocupadamente, flotaban pequeñas islas de espuma llenas de pelitos negros. La barba de él crecía mucho, y tan de prisa, que lo obligaba a afeitarse dos veces por día, si no quería, al final de la tarde, tener el rostro áspero. Al despertar, cumplía la tarea delante del espejo del lavabo, antes de entrar en la ducha, siendo él apenas una sucesión de gestos maquinales, destituido de cualquier solemnidad. Por la noche, por el contrario, esa obligación se convertía en un momento de relax que él organizaba con mucha atención, cuidando para que el agua del baño corriese de la ducha, para que el vapor no empañe los espejos que cercaban la tina incrustada, teniendo un vaso al alcance de la mano, esparciendo después calmamente la espuma por la barbilla, pasando de nuevo la navaja por el rostro, evitando minuciosamente cualquier ataque al bigote, del cual, emparejaría luego los pelos con una tijera.


Fragmento, página 7.

sábado, 19 de febrero de 2011

Virgem louca, loucos beijos, Dalton Trevisan



Traducción libre : Virgen loca, locos besos
Año de publicación : 1979
Año de la presente edición : 1980
Editora : Record
Género : Cuento


Nuevamente los personajes de estos seis relatos son esas personas comunes del día a día, María y João, que podrían ser de cualquier lugar pero, como en todo relato de Dalton Trevisan (1925) las historias están situadas en su Curitiba natal.

Con una prosa tan directa y precisa, y diálogos tan fríos y punzantes Trevisan nos devela una sórdida Curitiba, donde no imaginamos que aquella persona amable que conocemos tan sólo de vista pueda ser capaz de cometer actos bajos e inmorales.
Como en “Orgía de sangue” (“Orgía de sangre”), donde mientras los hijos están en la escuela la madre se hace un cachuelo, echándose un polvo de aquellos, por supuesto con alguien que no es el marido; chamba es chamba. También en “O beijo puro na catedral do amor” (“El beso puro en la catedral del amor”) donde estamos ante el encuentro furtivo de la señora –quien extraña los días de farra- con el amante, y con los hijos al lado. Aquí se alternan los lloriqueos de los bebés con los gritos y gemidos de la madre. En “O baile do colibrí nu” (“El baile del colibrí desnudo”) João, preocupado porque la “desgraciada” de María lo enjuició por pensión alimenticia, se verá envuelto en un caso policial por ser pillado en una fiesta, especie de mini-orgía, con una menor de edad. En “Mais dores, mais gritos” (“Más dolores, más gritos”) João no olvida a María, a pesar de irse con una rubia oxigenada pero veinteañera, y regresa a su antigua casa y a su antigua mujer, invirtiéndose el orden, siéndole infiel a la amante con la ex mujer. Aunque María reniega, siempre sus puertas están abiertas para él. En “O quinto cavaleiro do apocalipse” (“El quinto caballero del apocalipsis”) João, semi-desnudo, con las bolas al aire (al estilo de “el abuelo” de El día de la bestia”, de Álex de la Iglesia), como cansado de la vida, recordará el pasado y confesará los males que le aqueja sentado ante André quien lo visita; João está esperando su hora. Trevisan nos presenta en este relato a un João diferente al de los otros cinco relatos; éste cita a Jesús, Sócrates, es conocedor sobre la Ley Aúrea y la Princesa Isabel I quien la instauró, e incluso le adjudica al personaje una frase de Rimbaud, cuando espeta: “Mierda para Dios”.

El relato que abre es el que da título al libro, siendo también el más extenso, pudiendo ser una nouvelle. En “Virgem louca, loucos beijos” (“Virgen loca, locos besos”) Trevisan degrada a María hasta el punto de reducirla a un esperpento humano. Mirinha, seducida y ultrajada a los quince años por su jefe João, éste casado y padre de cuatro hijos, verá cómo su vida se va como por un desaguadero. Al quedar embarazada es llevada para practicarse un aborto ilegal, quedando al descubierto por la madre, una pacata y religiosa mujer quien la expulsa de casa y le quema sus pertenencias. João desenvolverá una obsesión por María al punto de querer asesinarla en un ataque de celos, previa tortura física y psicológica. El relato es crudo, no sólo en los trechos de violencia física explícita sino también en los diversos coitos que esta pareja mantendrá a lo largo de la historia. María, al igual que su hermana Lilí, también expulsada de su casa (la madre tiene una peculiar manera de corregir a sus hijas), entrará a la prostitución, y se volverá alcohólica. Su deformidad no será tan sólo moral, sino también física, siendo consciente ella de cómo la vida la ha tratado, al verse al espejo y no reconocerse. Cuando decide abandonar a João y tanto el personaje como el lector creeremos que su vida se encaminará aparecerá Zezé, una lesbiana quien también se obsesiona por María. Le será difícil salir de ese infierno.

Algunos de los personajes se repiten en los relatos (como Lilí, la hermana de María, y el doctor André), no llegando a ser una continuación; no es un todo segmentado en seis partes, sino seis relatos independientes.

A pesar de la tristeza que pueda dar el destino de los personajes hay espacio para el humor en la trama, un humor muy ácido, con el cual Trevisan nos muestra los problemas existenciales humanos de sus paisanos curitibanos. Las frases cortas y mordaces tanto en los diálogos de los personajes como del narrador omnisciente parecen ser el sello característico en la obra del curitibano Dalton Trevisan.




Orgía de sangre

- Traje la revista.
- ¿Quién te la dio?
- Aquel señor. Ya te dije. ¿Quieres ver?
- Bien juntitos.

Admirando página por página.

- Mira que rico.

Bebe el whisky y aprecia las bellezas.

- Esas posiciones las conozco todas.
- ¡Mira! ¡Qué barbaridad! Virgen santísima…
- ¿Nunca lo hiciste? Con dos es tan rico. Ni imaginas.
- ¿Tienes alguna amiga?
- ¡Por Dios! Ahora soy casada.
- Pucha…, mira. Qué confusión. ¿Cómo pueden?
- Dame un sorbo más.

Primero bebe y luego responde.

- Qué pena. Acabó.

Ella le muerde el cuello.

- Ahora es nuestra vez.

Ya abre el cierre del pantalón.

- Espera.

Dos vueltas a la llave. Cierra la cortina. Abre el sofá.

- Así es mejor.

Desnudo y de medias negras.

- Virgencita… Olvidé el calzoncito.

De malla blanca, hace una bola y lo tira debajo del sofá.

- Quédate de zapatos. Me gusta verte con tacos altos.
- ¿Todo blanquito eh?

Mejor no, el peligro de estar ante el horrible pezón negro.

- Déjate el brasier.

De pronto, el besito furtivo en la boca, sólo uno.

- Quiero ver esa lengüita de lagartija.

Por entre la ropa dispersa ella alcanza la revista.

- Ve espiando.
- Espera. Mi cabeza está fuera del sofá. Arrímate más allá.
- Caramba, igual al viejo dragón de San Jorge.

Con un ojo en la revista, otro en ella.

- ¿Por qué?
- Porque escupe fuego
- ¿Cuál de las dos te gusta más?
- ¿Sólo dos? Mucho más que dos. ¿Quieres ver?

Se exhibe de frente, sentada, de espaldas, de rodillas, ya ni sé.

- Ay…, que buena mano. Bendita…
- Detente. Detente con eso.
- …
- Más despacio.

La revista, olvidada en el suelo.

- ¿Ahora, mi ángel?

Ella es la dama y el sota de los naipes del Kama Sutra.

- Mira, cómo es quietecito.
- Ahora, bueno.
- ¿Y aquí? ¿Ya salió sangre?

Babea el cuello para defenderse del beso en la boca.

- Haz que vibre mi ángel. Ay, qué rico.
- Un poco más puto. Rásgame.
- …
- ¡Más! Ponlo todo. ¡Mátame!
- …
- Lo que puedas. Sácame sangre… Golpéame… Reviéntame… ¡Más! Ay…, que muero.
- …

De rodillas, ella agarra el dinero debajo del sofá.

- ¿Nada más? ¿Ni una más?

Todo vestido, extiende dos billetes sobre la mesa.

- No tengo. ¿Cómo aprendiste?
- Por ahí. En la vida.
- ¿Fue con André?
- Con ése no. Creo que tiene vergüenza. Me vio niña. Sólo me descuenta cheque. ¿Sabes, el de dos millones? Di para uno. Él pasó para otro. Y cayó en las manos del agiotista.
- Ahora estás perdida.
- ¿No quieres ser mi aval?
- Pobre de mí. ¿Tienes algún amor?
- Quien tenía se murió.
- ¿De niña nadie te agarró?
- Recuerdo que tenía cinco años. Mi mamá iba a buscar agua.
- ¿No había agua en casa?
- Sólo de pozo. Para beber ella traía del tubo. Me dejaba sentada en una sillita. Yo me quedaba abanicando al abuelo. Con un abanico de cartón. Él tenía falta de aire. Estaba en las últimas.
- ¿Y qué hacía él?
- Ahogado usaba una bombita, que envidiaba. Sufría por no ser asmática. ¿Ya viste? Cuando murió me dejó esa bombita. Hasta ahora la tengo.
- No pregunté por eso.
- ¿Sólo piensas en eso eh?
- Anda, cuenta.
- Pasión fue la del viejo Pedrinho. Era jubilado. Me perseguía por la ciudad. De cada esquina salía atrás mío.
- ¿Dónde eran los encuentros?
- En la pensión de Teteia.
- ¿Te gustaba él?
- Me daba todo lo que yo pedía. Setenta y tres años. Yo, en la flor de los diecisiete. Casado con una mujer sin quijada. La hija loca y encerrada en el altillo.
- ¿Tu mamá nunca desconfió?
- Sólo una vez ella me dijo: Pedrinho es un viejo sucio.
- ¿Qué hacía él?
- Era gordo. Siempre bufando. No llegaba a ... Me pedía: Cuenta. Cuando eras niña. Cuenta. Tú y Ditinha. Cuenta angelito. Yo repetía lo que él me enseñaba. De repente a los gritos: Ahora mi ángel, ahora. Tan cansado estaba que necesitaba dormir, hasta roncaba. No podía agacharse. Yo le ponía los zapatos. Pobrecito de mi abuelito, ¿Sabes que se murió?
- ¿Y el de la revista quién es?
- Un señor muy diferente. Pulcro. Viudo.
- ¿Te gustan los viejos?
- Siempre que necesito él me ayuda.
- ¿Tu marido no desconfía?
- No, por Dios.
- ¿Los hijos son de él?
- ¿Quién puede saber mejor que yo? Después del segundo yo volví a salir. Antes no podía arriesgarme.
- ¿No hay peligro?
- Quien habló de mí bien que pagó. Si mamá comienza, yo le digo: Calma mamita. ¿Pero tú pararías? Ni ella. Y eso con un sólo diente.
- ¿Aquí adelante?
- Ya le dije: No se queje mamita. Es dolor aquí, dolor allí. Me hace pasar cada vergüenza. Cuando ella mastica…
- Con el último canino.
- … yo volteo la cara. Una porque no sale de la ventana. Otra porque se pinta demás. ¿Eso sí ve la señora, no? Y todavía se queja de que está ciega. Mire que Dios castiga.
- ¿Qué tipo de hombre te gusta?
- Muchachos no. Sólo hombres hechos.
- ¿Cómo yo?
- Yo te quiero mucho. ¿Sabes que Dios castiga? Todas las que hablaban de mí. Vea a la hija del doctor. Me despreciaba. ¿Y en qué acabó? El marido no sale del bar. El hijo con una pedrada en el ojo. ¿Te acuerdas de Odete? Tanto habló, y ahora mire. Corriendo atrás del paraguayo. ¿Existe mayor holgazán? ¿Y Lili? Toda puritana. ¿Y ahora? En los brazos del sargento. Allá en el banco de la plaza. Desnuda debajo del sacón. ¿Vio cómo no sirve hablar?
- ¿Y tu marido en la cama?
- Pobre de mí. Cada uno en su esquina.
- ¿Nada más?
- Soy perseguida por una doctora.
- No me digas.
- De terno. Cabello corto. Voz gruesa. Se dejó crecer el bigote.
- ¿Y el maridito sabe?
- Ahora voy a encontrarlo. Ay…, ya me atrasé.

Los hijos en el colegio.

Tres besitos en la cara. Afligido, hasta la revista se olvidó.

lunes, 14 de febrero de 2011

Los hombres astados y otros relatos amazónicos, Juan Saavedra Andaluz



Editado por : Municipalidad Provincial de Maynas, Iquitos
Año de publicación : 1986
Género : Cuento
Colección Serie Municultura Amazonía Siglo XXI


Es de por sí ya gratificante poder ver y conocer la literatura que se realiza en la selva peruana pues es muy poco lo que se conoce en Lima al respecto. De haber más apoyo por las autoridades habría más publicaciones como ésta, que dan a conocer lo que se genera en las diversas provincias. Esta obra data del mismo año que la colección Munilibros (aquella de los dos libros de “Cantos y cuentos quechuas”, de José María Arguedas), auspiciada por la Municipalidad de Lima, en aquel lejano 1986. Este libro, por el cual puedo conocer la obra de Juan Saavedra Andaluz, pertenece a una colección de títulos, todos de esa hermosa región, y que fue patrocinada y llevada a las imprentas por la Municipalidad Provincial de Maynas en Iquitos, en aquel entonces teniendo como alcalde al Ing. Rony Valera Suarez, quien hace una presentación al inicio del libro. Si más autoridades siguieran esos escasos ejemplos, los peruanos podríamos conocer a más autores que buscan una casa editora que acoja sus obras. No creo que en ambos casos el objetivo haya sido lucrar; sería muy inocente pensar eso. Como autoridades deberían destinar un monto para fomentar la cultura de cada región, y no que muchos escritores pasen desapercibidos para la mayoría de nosotros, los peruanos. El que nos guste o no las diversas obras dependerá de cada uno de nosotros, los lectores; lo importante radica en darlo a conocer. Como en este caso, lo plausible es haber concretado esta empresa.

No hay mención sobre las otras obras y escritores de esta colección, ni cuántos títulos la conforman.

Por momentos no sé si estoy ante un relato de ficción o algún artículo periodístico. Esta percepción la tengo con “Los ojos del más allá”, donde narran una experiencia de aquellos fenómenos ufo, en el río Napo; y en “Noches de Santa Rosa”, donde la naturaleza pareciera opinar ante la caza que linda con la depredación. En la profundidad del Amazonas el paraíso puede convertirse de pronto en un infierno. Esto último está también presente en “Aventura en la selva”, donde padre e hijo, este último, nuestro narrador, están cazando diversos animales y recolectando huevos de las diversas tortugas (cupisos, taricayas y charapas) que allí hay. El hijo, al querer salir solo en el bote será arrastrado por las fuertes corrientes del rio. En “Soldaditos maldecidos” encontraremos eso que en el Perú se da, lamentablemente, con mucha frecuencia: abuso de la autoridad con la población, sobretodo en zonas alejadas. Esta vez entre la línea imaginaria y divisoria con Ecuador. “Treinta minutos siniestros” es un relato psicológico, donde el personaje será víctima de su propia mente.

Encuentro como el menos logrado –como siempre en este blog, gusto muy particular y por supuesto discutible- “La mujer de Cristo”, donde William encontrará en el burdel a una ex pretendiente. El tema da para mucho, pero la historia, y sobretodo el final no termina de encajar. Hay un flash back interesante aquí. Los diálogos de este relato no me los creo, no son convincentes.
Lo mejor de esta obra está en el relato inicial, que da título al libro, estructurada con personajes bíblicos, donde el Jesús de esta historia tiene un final diferente; en “El maletín con dólares”, el relato inicia algo lento con las cavilaciones del personaje principal, mejorando a la mitad del relato y con final inesperado. “Posesión”, es un excelente relato con connotaciones arguedianas. Lo fantástico lo encontramos en dos relatos que versan sobre una misma experiencia: tanto en “Sacha Mama” como en “El extraño monstruo del muelle fiscal”, los personajes descubrirán lo que hasta entonces es una leyenda ancestral, estarán frente al Yacu Mama, enorme serpiente que hace ver a una anaconda de 6 metros como una lombriz. En ambos hay también momentos con esa sensación de estar ante un reportaje periodístico y no ante un relato de ficción.

Algunos datos que podrían estar más claros, por ejemplo, para un lector extranjero, que no tiene ni idea quién es Santa Rosa, y menos aún cuándo es su día (30 de agosto), el final de “Noches de Santa Rosa” no tiene el mismo efecto que para un lector peruano. También, en ningún relato encontré entre los diálogos de los diversos personajes plasmar ese acento particular del oriente peruano, o al menos no lo percibí. No sé si esto sea una carencia, pero quizá lo esperaba, por ser muchos de los personajes personas del cotidiano.

Por otro lado, lo resaltante es que en todos los relatos encuentro, ya sea las costumbres de las personas de esa región: colectar huevos de tortugas; llegar al baile de un caserío en una canoa; cocinar pijuayos en una “tushpa”; sacrificar una res atrayendo a las pirañas, para ´poder cruzar con el resto del ganado lejos de aquel lugar donde estos peces hacen su festín; etc; así como también conocemos algunos de sus mitos y leyendas: las enormes luces en los ríos; la Yacu Mama, etc.

Durante la lectura retornan aquellos recuerdos de cuando los mosquitos te pican a través de la ropa; el tener cuidado al caminar por algún caserío ante una mordida de una culebra; ese calor diferente producto de la rápida evaporación del agua de las fuertes lluvias que allá se dan.

Mediante esta obra regresé a Iquitos, a Nauta, y a los alejados caseríos a orillas del río Tigre al que alguna vez tuve la suerte de ir.

Ojalá podamos encontrar con mayor facilidad más obras como esta.



El extraño monstruo del muelle fiscal

En el presente siglo, las instalaciones del Muelle Fiscal abarcaban poco más de una cuadra, entre la calle Loreto y Yavarí, con frente a la calle Raimondi. Empero, la plataforma del muelle llegaba casi hasta la plazuela Clavero, en la parte que da a la calle Távara.

Allí, periódicamente, acoderaban grandes barcos que hacían ruta por el Atlántico, ingresando al Amazonas hasta nuestro puerto trayendo diversas mercaderías. Entonces, existía un intenso intercambio comercial con Europa, que hacía de Iquitos poco menos que un paraíso.

Es por estos tiempos que se registró aquí un hecho extraordinario, muy misterioso, que alarmó a los que intervinieron directa o indirectamente en el suceso.
Uno de los barcos de gran calado, llegado desde Inglaterra, era reparado para iniciar su larga travesía a su puerto de origen. Por un lamentable descuido, uno de los mecánicos dejó caer una importante pieza de la máquina al agua, desde la plataforma flotante del muelle. Luego, la pieza debió quedar en el lecho del río debajo de la plataforma.

Hacer un pedido a Inglaterra requería demasiado tiempo. Por lo mismo, los responsables de la nave decidieron solicitar a Lima un buzo para rescatar esta valiosa pieza de motor y así resolver el problema.
Cuando el buzo contratado llegó a Iquitos, se hicieron los preparativos y se procedió a la búsqueda de la pieza perdida.

En aquel tiempo, el buzo recibía oxígeno desde la superficie. Dependía por lo tanto, para el descenso y el ascenso, del auxilio de operarios externos.
El buzo descendió en las turbias aguas del Amazonas, ante la expectativa de los responsables del equipo de buceo, del capitán y demás autoridades del barco inglés. Progresivamente el buzo fue ganando profundidad, hasta tocar el lecho del río, a unas sesenta brazas aproximadamente, pues en esa parte del río parecía existir un canal.
Como era usual, en caso de querer el buzo ascender o descender, según necesidades originadas por su movimiento en el lecho del río, éste debía dar unos tirones al cordón que le servía de sustento.

Luego de unos quince minutos de búsqueda, los operadores recibieron no una señal de ascensión normal, sino desesperados tirones del cordón que fue interpretado como un llamado de auxilio. ¿Habría sufrido un accidente el buzo? Desde luego no tenían tiempo para hacerse preguntas y maniobraron rápidamente para sacar al buzo del Amazonas.

Una vez en la plataforma del muelle, libre ya del equipo de buceo, los testigos pudieron apreciar algo inexplicable en un profesional de la experiencia del buzo capitalino: temblaba de pies a cabeza, parecía estar llorando y sus labios no podían pronunciar palabra alguna. Conducido a la enfermería del barco se le hizo un tratamiento adecuado hasta que recuperó la serenidad.

Esto es lo que contó el buzo antes de regresar a Lima, negándose terminantemente a ingresar nuevamente al Amazonas, por más dinero que le ofreciesen. Provisto de una linterna especial, el buzo fue llegando al lecho del río, colocándose debajo de la plataforma flotante. Durante unos minutos que le resultó imposible precisar trató de ubicar la pieza del barco. Desde el lugar donde cayó la pieza se movió en el sentido de la corriente, más al norte, calculando que esta pudo haber sido arrastrada muchos metros más adelante, antes de tocar el lecho del río.

Se movía con mucha dificultad y aunque la visibilidad no era muy buena, a varios metros de distancia podía observar formas que se movían (probablemente grandes peces). De pronto, vio algo que le llamó poderosamente la atención: era algo como un gran árbol o pedazo de él, asentado en el lecho del río. La forma era un tanto difusa, pero sus contornos le indicaban que podía ser un gran palo de gran diámetro. Continuó su búsqueda sin darle mayor importancia a lo que había visto.

Posteriormente, pasó de frente por la parte donde él creía que terminaba el palo, sin encontrar nada. Al volverse, para seguir buscando en la dirección contraria, se encontró con dos ojos enormes que aunque no brillaban muy intensamente podía verlos con claridad. Los ojos tenían forma ovoide y eran tan grandes como un par de platos. Aunque el buzo no percibió ningún movimiento de este monstruoso animal, sintió que era fuertemente atraído hacia esos dos ojos, lo que le llenó de espanto.
Fue cuando los operarios externos sintieron los alocados y violentos tirones del cordón.

El buzo no pudo o no quiso dar más detalles. Le bastaba con haber salido con vida de esta aventura muy parecida a una espantosa pesadilla.
Lo que casi termina engulléndose al buzo con escafandra y todo ¿será el mismo animal avistado en el siglo pasado?

¿Fue una ilusión, una alucinación o ahí estaba el Yacu Mama en espera de una presa?
Difícil de responder. Preferimos decir que en nuestra Amazonía muchas cosas todavía se cubren con el manto del misterio.

viernes, 11 de febrero de 2011

El hilo de la araña, Ryunosuke Akutagawa 芥川 龍之介




Título original : 蜘蛛の糸 – Kumo no ito - El hilo de la araña
Editora : Shinseken Limited
Año de publicación : 1918
Publicación de esta edición: 2008
Traducción : Eduardo Campelo
Ilustraciones : Hideyuki Fujikawa


Este relato es más corto que el del libro anterior, y también es más antiguo, data de 1918. Está situado en dos mundos paralelos: el Paraíso a orillas del Lago de Loto, y en las profundidades del Infierno, en el Lago de Sangre. Aquí la historia nos devela cómo en una especie de pequeño juicio final, será rescatada la única buena acción que en vida Kandata realizó, y también cómo el malhechor, por su egoísmo, no será salvo, a pesar de tener una última oportunidad.

Aunque ambos libros son de cuidada edición (tapas duras y con diseños, forro con diseños, las hojas de respeto en papel grueso y de color; y las utilizadas para los relatos en grueso papel lustrado, amplias) el precio fue casi irrisorio: RS3, menos de $2, quizá por estar en un idioma para ellos extranjero. ¡Que importen más!

Por otro lado, las expresiones en los diseños son más realistas, respetando los rasgos orientales, a diferencia de muchos mangas y animes que acostumbramos ver, con los ojos occidentales, aquí eso no se da. También los colores usados tanto en el Paraíso (más tenues) como en el Infierno (más vivos y tornándose oscuros) contrastan entre sí.

La historia es más que entretenida; aunque sea previsible la prueba en el final, no deja de maravillar la sencillez y la elegancia con la que Akutagawa crea esta historia, ambas características principales de la literatura japonesa.



El hilo de la araña

Amanece en el paraíso. El sublime Buda camina despacio por las márgenes del Lago de Loto. Las flores, de espléndida blancura, tienen estambres dorados que exhalan, día y noche, un suave perfume.

El sublime Buda permanece un poco junto al lago, para ver lo que ocurre bajo el manto de las flores de loto. Mirando a través del agua cristalina, contempla durante algunos instantes, en el remoto fondo de este lago celeste, las profundidades del infierno. Observa claramente, como imágenes en un límpido espejo, el río Styx, y la siniestra Montaña de las Agujas. Su mirada capta la forma de un hombre, de nombre Kandata, que se debate entre los demás condenados.

Kandata fue en vida un notorio malhechor, culpado de robos, incendios y muertes. Pero el sublime Buda se acuerda de la única buena acción por tal hombre practicada. Cierto día, atravesando un denso bosque, Kandata avistó una araña pequeñita que se arrastraba descuidada por el suelo. Sin pensar, levantó el pie para aplastarla, pero se contuvo. “No, no”, pensó. “Aunque no pase de una cosa insignificante, esta araña es un ser vivo. No debo quitarle la vida sin motivo.” Y siguió su camino.

El sublime Buda considera lo que acaba de ver. Teniendo en cuenta que Kandata había perdonado la vida a una araña, decide, por esta única buena acción, encontrar un medio de sacarlo del infierno. Mirando atentamente la superficie del lago, descubre, sobre una hoja de loto de color jade, una araña del paraíso, que engendra su hilo plateado. Satisfecho con el hallazgo, el sublime Buda toma el hilo cuidadosamente y lo hace descender por un espacio entre las bellas flores de loto, hasta las profundidades cavernosas del infierno.

En ese lugar está el Lago de Sangre, absolutamente negro como la brea. Junto con los otros condenados, Kandata fluctúa y se sumerge sin cesar. A veces, entrevé un bulto amenazador emergiendo de las tinieblas, y reconoce, postrado en la desesperación, los aguijones resplandecientes de la Montaña de las Agujas. Se hace el silencio como dentro de una tumba. Sólo se escucha, alguna vez, el débil suspiro de uno u otro condenado. Esto porque, cuando alguien cae tan bajo, y sufre la tortura de tantos infiernos, este alguien perdió las fuerzas para llorar. Incluso un ladrón sabido y vivido como era Kandata, nada pudo hacer sino debatirse como una rana cogida en las garras de la muerte, al ahogarse en la sangre del lago.

Sin embargo, aquel día, Kandata consigue levantar la cabeza y ver, en el cielo oscuro y mudo que se cierne encima del Lago de Sangre, un plateado hilo de araña que se mueve a lo alto. Esta línea delgada y centelleante, sólo visible, poco a poco, se aproxima de Kandata. Al verla, el condenado aplaude de alegría. ¡Tal vez consiga colgarse del hilo y, subiendo por él, huir del infierno! ¡Si todo sale bien llegará al paraíso! Entonces, ¡nunca más será forzado a recorrer la Montaña de las Agujas, ni ahogarse en el Lago de Sangre!

Pensando en eso, Kandata agarra rápidamente con las dos manos el hilo de la araña y empieza a subir, sujetándolo fuertemente. Habiendo siendo en el pasado un ladrón experimentado y ágil, el ejercicio no implicaba ninguna novedad para él.

Pero la distancia entre el infierno y el paraíso es de diez mil leguas. Por mucho que se esfuerce, el camino hacia arriba no parece nada fácil. Tras algún tiempo de escalada, Kandata no consigue seguir adelante, ni incluso empleando todo su espantoso vigor. Sin otra opción sólo le resta parar y descansar un poco. Mientras oscila, pendiente del hilo, contempla los parajes que dejó hacia atrás.

Debido a la altura ya alcanzada, el Lago de Sangre, que hasta poco lo mantenía prisionero, yace ahora en la completa oscuridad. El brillo tenue de la Montaña de las Agujas difícilmente se ve. Si sigue subiendo a ese ritmo, tendrá la oportunidad de escapar del infierno. Tal vez no sea tan difícil como había imaginado. Kandatya aprieta firmemente, con las dos manos, el hilo de la araña, y empieza a reir, como nunca lo había hecho antes:

- ¡Sí, sí! ¡Lo conseguiré!

Sin embargo, en ese instante, siente que, debajo de él, como una procesión de hormigas, numerosos condenados van subiendo, determinados, por el hilo. Con los ojos fuera de sus órbitas de miedo, y la boca abierta de par en par, como un tonto, Kandata los observa. ¡Este hilo, tan delgado, corre el riesgo de romperse, no puede soportar el peso de tanta gente! Si se revienta, todo el esfuerzo para subir será inútil. Kandata –y con él, otros condenados- sería, de nuevo, lanzado hacia el infierno. ¡Eso no puede pasar! ¡Sería horrible!

Mientras Kandata se aterroriza, cada vez más condenados, desde el Lago de Sangre, van subiendo por el hilo brillante. Ya no se cuentan por centenares, ni por millares. Son enjambres enormes. Kandata decide actuar con rapidez, antes que el hilo se rompa, haciéndolo despeñar sin remedio otra vez hacia las profundidades del infierno.
Kandata grita con voz de trueno: “¡Alto, condenados! ¡Este hilo de araña es mío! ¡Sólo mío! ¿Quién os dio permiso para subir en él? ¡Para atrás! ¡Volved!”

En el mismo instante en que acabó de hablar, el hilo de araña, que hasta entonces no había sufrido ningún daño, de repente cruje y se parte, justamente por donde Kandata se agarraba. Kandata está perdido. No tiene tiempo de decir nada más. Aturdido, empieza a caer haciendo giros, hasta precipitarse en las profundidades del infierno.
El hilo acortado de araña permanece suspenso, reflejando una brizna de luz en el centro de ese cielo sin luna ni estrellas.

En el paraíso, el sublime Buda estaba al lado del Lago de Loto, acompañando, desde el inicio al desenlace, los episodios de este drama. Cuando, al final, Kandata cae como una piedra, en lo más hondo del Lago de Sangre, una expresión de tristeza atraviesa el rostro del sublime Buda. Se aparta del lago, con la intención de terminar su paseo. Aunque el duro corazón de Kandata, que intentó huir solo del infierno, haya recibido un castigo absolutamente justo, un destino tan infeliz llena de compasión al sublime Buda.

Tales hechos no conmueven a las flores, las lindas flores blancas del Lago de Loto, que inclinan sus cálices a los pies del sublime Buda, y exhalan, día y noche, un suave perfume que proviene de los estambres dorados. Dentro de poco, será mediodía en el paraíso.