miércoles, 14 de abril de 2010

La guerra conyugal, Dalton Trevisan



A Guerra Conjugal, 1969
Editora Civilização Brasileira, 2da edición 1970, ejemplar 588.

Un escritor muy importante y leyenda viviente en la literatura de este país es el curitibano Dalton Trevisan. Él tiene una vasta obra en su haber. La lectura fue rápida, su prosa te envuelve con facilidad. En esta obra encontramos 30 cuentos: todos tratan en base al tema de las relaciones de pareja. Sus personajes son parias, lo que me hace recordar al autor del libro anterior: Julio Ramón Ribeyro, que en sus cuentos encuentro personajes similares. En esta obra las parejas, personajes principales de cada cuento, llevan el mismo nombre: João y María, quizá justamente para graficarlos como personas igual de comunes que sus nombres. Las escenas descritas son de situaciones diversas, en diferentes estratos sociales, y las tramas se desarrollan en Curitiba.
El libro empieza con el gran relato: “O Senhor meu Marido”, pero este cuento lo retomaré al final.
Los textos son de gran calidad. “A Morte do Rei da Casa”, donde la infidelidad está presente pero, a diferencia del cuento anterior, aquí esto causa la sorpresa normal en uno de los personajes.

“Diecinueve años vivió la pareja en paz, hasta el día en que D. María recibió la siguiente carta: -“Tu marido tiene otra. El nombre de ella es…. ¡Rosinha!-. Un amigo.”

El cuento trata en cómo María repara -luego de aquel aviso- detalles notorios, que delataban ya una posible infidelidad, y que no percibía antes. Excelente trama.
En “O Leito de Espinhos”, la historia es muy interesante porque los personajes comienzan con una personalidad marcada y conforme va pasando la historia van intercambiando de carácter, llegando a ser, al final, ella como era él al inicio, y viceversa. Así, el texto comienza con el matrimonio de María y João, donde todo era felicidad, y a la media hora de estar en el cuarto nupcial ya empezaron las peleas, por creer él (sin ver la prueba en las sábanas) que María no era pura.
Encuentras que no siempre son los personajes varones los malvados: se van intercalando esta característica en varios cuentos, así se ve nuevamente en “O Martírio de João da Silva”.
“O Anjo da Perdição”, es quizá el cuento más extenso, pero está tan bien escrita la conversación entre los personajes, con un fino sentido del humor, que se llega a leer muy rápido. Trata de la conversa entre un hombre casado maduro y de ella, una joven con poses de inocente (sólo poses) que se deja seducir de a pocos, disfrutando por igual de las caricias recibidas como de las frases pomposas del caballero, las cuales no estaba acostumbrada recibir.

- No está bien que usted coja mi mano. Total, soy novia del sargento, y lo que estamos haciendo es una traición, ¿no lo es doctor?.
- Traición ninguna. Ser novia no es ser monja. Mi cariño por ti es de padre. Me contento con mirar ese rostro tan lindo….- mientras uno de sus brazos trabajaba intentando subirle el vestido, siempre con desvariados elogios para cada pedacito de su cuerpo.- Esta imperfección – por la pequeña cicatriz en el cuello- , ¡es la mayor perfección de la naturaleza!
Acabó envolviéndola entre sus brazos.
- ¡El señor no me puede forzar!- retrayéndose, dejando duro su cuerpo, con ojos enemigos.
- No tenga miedo mi ángel. Siéntese un poco más. Una conversación no hace mal. La línea del amor – mirándole la mano y haciéndole cosquillas en la palma -, revela que es esclava de la lujuria.
- Creo que no le gusto al sargento.
- ¿Por qué?
- Él nunca me dice eso.
- Si no lo hace es porque es un bruto. Quien mira ese rostro tan dulce – pellizcándole el cachete con la mano trémula – no puede dejar de decirlo. Tú lo que necesitas es de cariño.
- ¿El doctor es así de cariñoso con sus hijos?
- Contigo es diferente. Para mi eres un ángel perdido del cielo.
(Extracto)


Los cuentos “O Críme Perfeito”; “A Normalista”; “A Noiva do Diabo”; “Idílio Campestre”; “A Última Carta”; “Quarto de Horrores”; “A Traição da Loura Nua”; “Este Leito que é o Meu, que é o Teu” siguen esa línea, dejándo un gran sabor y con ganas por querer continuar ya con la siguiente historia.

Mención aparte para los cuentos “Paixão Segundo João” y “Os Mil Olhos do Cego” ya que tienen un tema en común: la homosexualidad. Las historias son relatadas con un fino sentido del humor.

El cuento “O Senhor meu Marido”, es diferente, una traición y un marido sumiso. Con un final diferente.

João está casado con María y vivían juntos en una casa pequeña de dos piezas en Juvevê: era una calle de barro y él no quería que la esposa se mojase los pies. El defecto de João era ser demasiado bueno: le daba todo lo que ella pedía.
Mozo del "Buraco do Tatu", trabajaba hasta muy tarde; una noche regresó a casa más temprano encontrando a sus hijas solas, y a la menor con fiebre. João le trajo agua con azúcar, y cuando ella se durmió se fue a la esquina a mirar la calle. María llegaba abrazado de otro hombre, despidiéndose con un beso en la boca. Embistió furioso contra los dos, el amante corrió y la esposa de rodillas pidió perdón en nombre del hijo que llevaba en el vientre.
João era bueno, era manso, y María era única, para él no había otra: se mudaron de Juvevê para Boiquerão, donde nació la tercera hija. Ellas eran las nuevas Marías: María da Luz, María Dores, María da Graça. Con tantas Marías él confiaba que su mujer se encaminase; en poco tiempo la encontró de bata lanzando besos volados a un sargento de la policía.

Triste era el regreso a casa: sorprendió al sargento en cueros saliendo por la ventana. Con la ilusión de que María se arrepienta, juntando sus ahorros y las propinas de mil noches en pié (¡ay!, sus pobres piernas, azules de varices) construyó unos pequeños cuartos en Prado Velho.

María era pecadora de alma, cuerpo y vida, no se arrepentía de sus errores. Ni bien nuestro João le daba la espalda, ella dejaba a las hijas con la vecina y salía, toda pintada. Se volvió amante del chofer de la línea de ómnibus Prado Velho – Praça Tiradentes: subía gloriosamente por la puerta del frente, sin pagar pasaje.
Una noche la casa fue apedreada. Era la esposa del chofer que quebraba todos los vidrios. María despertó a las hijas y golpeaba en ellas para que llorasen a los gritos. Con tal escándalo João vendió a pérdida el inmueble y se mudaron de Prado Velho a Capanema.

Ahí María anduvo de amoríos con un malandro de fino bigote y zapato marrón de punta blanca.

Él no se preocupaba con salir, recibía al fulano con él en casa. Era el célebre Candinho, de las noches alegres, quien deslumbraba a as niñas con caramelos de miel y trucos de magia con cartas.

João encontró un calzoncillo de seda extendido en el tendedero; con una preciosa "C" bien grande. Rasgó la prenda en tiras y convidó a la cuñada a casa, rogándole que hable con la hermana. Pobre de él: ella era otra perdida. Candinho apareció con un compañero, que afanaba a la cuñada. María preparaba emparedados con refresco de maracuyá. Encerradas en el cuarto, las niñas escuchaban las risas de la mamá.
João no tenía suerte: regresó antes de lo normal y el amante estaba ahí. Incitado por la mujer, Candinho no huyó, y los dos hombres se pusieron a discutir. El marido agarró un cuchillo afilado y María de brazos abiertos cubrió el cuerpo del amante.
João reparó en el volumen de la barriga y dejó caer el arma. Con dolor en su corazón, él durmió en la sala hasta el nacimiento de la cuarta hija: otra María para intentar desviar a la mujer del mal camino. La esposa salió de la maternidad y se mudaron nuevamente, de Capanema para Mercês.

Mujer sin juicio: comenzó de nuevo con el tal Candinho. Un domingo, con João en casa, inventaba para salir a comprar remedios para una de las hijas. Él exigía entonces que llevase consigo a la mayor. Ahí se iban los tres: la mujer, la hija y el amante, a comer pollito. La niña tenía que prometer que no contaría nada sino se iría directo al infierno. La niña se sentía culpada delante del papá y sólo conseguía dormir de luz prendida; la obscuridad estaba llena de diablitos.

João soportó las mayores vergüenzas en público y en la presencia de las hijas. La mujer no se corregía. Tan flaco era que estaba todo esquelético, con una llaga en el duodeno.

Se llevó a la suegra a casa y se mudaron de Mercês para Água-Verde. Otra vez, encontró el patio un calzoncillo con las iniciales con florecitas, esta vez acompañado de una camisa. João expulsó a la suegra y luego mostró las ropas a la hija mayor que, abrazándolo, reveló que ella y las hermanas quedaban encerradas en el cuarto solitas hasta la una o dos horas de la madrugada en cuanto mamá paseaba en la calle. Ella llegaba con un señor perfumado, que les ofrecía caramelos de miel y su nombre era "tío Candinho". La mamá le servía tallarines con vino tinto, y reían mucho, pero ella no podía dormir por acordarse de él, su papá, corriendo sin descanso entre las mesas. Antes que João decidiese una nueva mudanza, esta vez de Água-Verde para Bigorrilho, Maria huyó con el amante, dejando un recado pegado con goma de mascar en el espejo del tocador:

“Siendo usted mi marido, un insensible sinvergüenza, sepa que luego regreso a buscar a las niñas, que son de mi sangre, y digo mi sangre porque usted sabe bien que de la suya no son. Usted no pasa de un extraño para ellas. En caso usted no sea buenito yo revelaré el nombre del verdadero padre, no sólo a ellas, sino también a todos tus colegas del “Buraco do Tatú". Ya me cansé de ser siempre señalada como culpada, digo eso para que usted no sea un cretino y salga corriendo atrás de un trasero en una falda. Sólo desprecio es lo que siento por usted, sabe muy bien que para mí usted no vale nada.”

Once días después María telefoneó para que por caridad fuese a buscarla. Enferma y hambrienta, abandonada por Candinho en una pensión de mujeres. João era manso y María era única, para él no había otra. Fue a su encuentro a la pensión. Ella con feas heridas por todo el cuerpo. Gracias a los cuidados de João sanó rápidamente. Prueba de su mejoría, un calzoncillo con inicial diferente se agitaba en el tendedero.
Sin cuenta de los barrios en Curitiba: se mudaron para Bacacheri, después de ahí para Batel (donde nació una hija más) y por ahora, están bien felices en una casita de madera en Cristo Rey.


Tiene un final inesperado: un final feliz, o quizá no tanto. Siempre pensaba que me eran desagradables los finales felices, hasta que leí ese cuento: excelente texto, excelente libro.

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